1789 CAPITAL: EL PROYECTO DE DONALD TRUMP JR. PARA RECONFIGURAR EL MUNDO DE LOS NEGOCIOS
“Queremos invertir en cualquier empresa que vaya a mejorar la seguridad y la prosperidad de los Estados Unidos”.
Omeed Malik
“Esto es una rebelión del libre mercado contra el sesgo liberal del mundo corporativo”.
Donald Trump Jr.
“1789 Capital marca el inicio de una nueva era en las finanzas, una que empodera a inversores y negocios que quieren lograr el Excepcionalismo Americano”.
Paul Abrahimzadeh
“Dispara ahora, paga después” es la consigna que usa GrabAGun –la empresa de venta de armamento en línea que respalda Capital 1789 en la Bolsa de Valores– para motivar a compradores jóvenes y a los defensores de la Segunda Enmienda de la Constitución a adquirir sus productos. “El Amazon de las armas” es un de los tantos proyectos de negocios que se financia con recursos del fondo de inversión creado por Omeed Malik, ex director del Bank of América y en el que participa como socio y pieza clave Donald Trump Jr., el primogénito de Donald J. Trump.
Concebido como un proyecto político, Capital 1789 tiene como propósito apoyar iniciativas alineadas con los principios del movimiento MAGA y transformar a su favor el mundo de las finanzas y los negocios. En nuestra sexta entrega de la serie Universo Trump 2.0 que realizamos en colaboración con Supernova, analizamos el papel de la empresa en este momento de reordenamiento político, el rol del hijo mayor del presidente y sus relaciones con el trumpismo. La próxima entrega estará dedicada a Christopher Landau, subsecretario de Estado y ex embajador de Estados Unidos en México.
VIDAS PARALELAS: DON JR. Y OMEED MALIK
Apenas seis días después de que su padre alcanzara por segunda vez la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump Jr. declaró que no iba a asumir ningún puesto oficial en el gobierno. En su lugar, se iba a incorporar al fondo de riesgo 1789 Capital. La decisión sorprendió a buena parte de La Casa Blanca. El primogénito de Trump había participado activamente las dos campañas presidenciales de su padre, replicando su estilo agresivo en declaraciones públicas, redes sociales y dos libros de títulos inequívocos: Triggered: How the Left Thrives on Hate and Wants to Silence Us y Liberal Privilege: Joe Biden and the Democrats’ Defense of the Indefensible. Fueron los contactos de Trump Jr. con una abogada rusa para denunciar a Hillary Clinton en 2016, los que alentaron las sospechas de una interferencia de Putin en la campaña presidencial. Sean Spicer, secretario de Prensa del primer gobierno de Trump, describió a Don Jr. como “el representante no electo más prominente de la base MAGA, el suplente número uno”.
En el retorno de MAGA al poder, Trump Jr. fue uno de los principales promotores de J.D. Vance como compañero de fórmula presidencial de su padre. Y de Tulsi Gabbard y Elon Musk en el gabinete. Luego de la victoria electoral, se involucró en la transición, evaluando la lealtad de los futuros funcionarios: “Quiero asegurarme de quiénes son las personas que realmente cumplirán con el mensaje del presidente”. Llegó a reclamar poder de veto sobre aquellos posibles funcionarios que su olfato de MAGA pura raza detectase como oportunistas o impostores.
Pero ahora, el guardián del trumpismo daba en apariencia un paso al costado: “Soy un ciudadano particular que ha sido empresario toda su vida”. Algo de eso es cierto. Desde que egresó de la prestigiosa Escuela Wharton de negocios en el año 2000, Trump Jr. se unió a la Organización Trump como vicepresidente ejecutivo y supervisó proyectos inmobiliarios como el Trump International Hotel and Tower o el Trump Soho. También emprendió sus propios negocios, como World Liberty Financial, una compañía de criptomonedas que fundó con sus hermanos Eric y Barron. Pero en el universo Trump los negocios y la política son difíciles de decantar. Uno de los proyectos de Donald Jr. que mejor expresa este entramado es Executive Branch, un club privado con una membresía de 500 mil dólares, un monto que apunta a filtrar a los lobistas de segunda y captar a las personas más ricas e influyentes, muchos de ellos funcionarios y empresarios ligados al trumpismo. En junio, en su cena de inauguración a la que asistió también Christopher Buskirk, el tercer socio principal de 1789 Capital, estuvieron presentes Alex y Zach Witkoff, hijos de Steve Witkoff, enviado especial del presidente Trump para Medio Oriente; Jensen Huang, CEO de Nvidia; Keith Rabois, co-fundador de PayPal; Woody Johnson, propietario de los New York Jets; “El Zar de las criptomonedas” y asesor de La Casa Blanca David Sacks; el secretario de Comercio Howard Lutnick; el secretario del Tesoro Scott Bessent; la fiscal general Pam Bondi; el secretario de Salud y Servicios Humanos Robert F. Kennedy Jr.; la secretaria del Departamento de Seguridad Nacional Kristi Noem; el director de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid, Dr. Mehmet Oz; la secretaria de Educación Linda McMahon; la Secretaria de Trabajo Lori Chávez-DeRemer; los jefes de gabinete adjuntos de La Casa Blanca Taylor Budowich, Dan Scavino, James Blair y Stephen Miller; el subsecretario de Defensa para Investigación e Ingeniería Emil Michael; así como la embajadora de los Emiratos Árabes Unidos en los Estados Unidos Yousef Al Otaiba, entre otros. Una lista nada despreciable para ser el primer encuentro.
…en el universo Trump los negocios y la política son difíciles de decantar. Uno de los proyectos de Donald Jr. que mejor expresa este entramado es Executive Branch, un club privado con una membresía de 500 mil dólares, un monto que apunta a filtrar a los lobistas de segunda y captar a las personas más ricas e influyentes, muchos de ellos funcionarios y empresarios ligados al trumpismo.
Don también es el único fideicomisario de Trump Media & Technology Group, propietaria mayoritaria de Truth Social, la plataforma que salió a competir con Twitter, hoy X, luego de la expulsión de su padre de esa red social. Sin embargo, el ingreso de Trump Jr. a 1789 Capital no se trata de otro negocio de un hombre de negocios: es un proyecto político, más aún, es un intento de politizar a su favor plenamente al mundo de los negocios.
Hasta 2020, Omeed Malik, presidente de 1789 Capital y cofundador del referido Executive Branch, se definía como un “demócrata corporativo más”, un hijo de inmigrantes que votó por Hillary Clinton en 2016, participó en el Council on Foreign Relations y fue director ejecutivo del Bank of America. Pero llegó la pandemia y, con ella, las medidas restrictivas que Malik consideró intolerables: “Durante el período del COVID, la Primera Enmienda estuvo bajo ataque(…) empezamos a ver una alianza realmente aterradora entre las grandes empresas y el gobierno federal”. Espantado por lo que consideraba una ofensiva del establishment contra las libertades civiles, Malik se mudó de Manhattan a Florida, a menos de tres kilómetros de Mar-a-Lago, el palacio ducal de Trump en Palm Beach, y desde allí comenzó a relacionarse con el Partido Republicano: fue aportante de Vivek Ramaswamy y del propio Trump, además de contribuir al acercamiento entre éste último y Robert Kennedy Jr.
Pero el verdadero contraataque al establishment tuvo forma de negocio: “Iniciamos un fondo de inversión privado llamado 1789 Capital para poner en marcha empresas que lucharán contra estos problemas”. El nombre del fondo remite al año de redacción de la llamada Bill of Rights, las primeras diez enmiendas de la Constitución de los Estados Unidos que en la historia, la jurisprudencia y la imaginación norteamericana constituyen la piedra angular de las libertades individuales. Aparentemente la idea de constituir un fondo de inversión orientado ideológicamente surgió en 2022, en Palm Beach, durante un café de la Rockbridge Network, un lobby conservador fundado por Buskirk y J. D. Vance, e integrado mayormente por empresarios y ejecutivos del sector digital. En aquella mesa fundacional, además de Malik, estaban el propio Buskirk, también editor de la revista American Greatness; Blake Masters, un protegido de Peter Thiel y fallido candidato a senador por el trumpismo; y Rebekah Mercer, hija del magnate y mecenas conservador Robert Mercer, y principal inversora de Breitbart, el medio de Steve Bannon. Entre los primeros miembros del fondo también se cuentan el inversor tecnológico Marc Andreessen y el influencer derechista Charlie Kirk.
“Iniciamos un fondo de inversión privado llamado 1789 Capital para poner en marcha empresas que lucharán contra estos problemas”. El nombre del fondo remite al año de redacción de la llamada Bill of Rights, las primeras diez enmiendas de la Constitución de los Estados Unidos que en la historia, la jurisprudencia y la imaginación norteamericana constituyen la piedra angular de las libertades individuales.
En una primera ronda de fondeo, 1789 Capital reunió unos modestos 150 millones de dólares, que invirtió en medios de comunicación: la plataforma de blogging Substack –que se ha convertido en el sitio predilecto de Curtis Yarvin, Yoram Hazony, Christopher R. Rufo, Oren Cass y hasta del Departamento de Estado para difundir sus ideas–, la plataforma de video Rumble y en Tucker Carlson, una plataforma en sí mismo. Recién despedido de Fox News, Carlson estaba usando X como principal medio de difusión, a la espera de un inversor que le financiara un medio propio. Hasta que llegó 1789 Capital con 15 millones de dólares más un acuerdo publicitario con PublicSq, un marketplace antiwoke que cotiza en la Bolsa como PSQ Holding y está respaldado por 1789 Capital. En términos financieros, ninguna de estas inversiones puede considerarse exitosa: aún en pleno ciclo bursátil alcista de 2022, las acciones de Rumble cayeron un 50%; y las de PSQ, un 91%. El éxito vino por otro lado: Donald Trump Jr., que ya era inversor de PSQ, se integró a su directorio. Y en noviembre de 2024, anunció su ingreso a 1789 Capital en una conferencia de prensa organizada por la Rockbridge Network. Tras la investidura presidencial de Donald Trump en enero de 2025, 1789 Capital recaudó 500 millones de dólares.
CÓMO HACER NEGOCIOS CON VALORES CONSERVADORES
El enfoque conservador de 1789 Capital pareciera reivindicar cierta racionalidad económica distorsionada por las políticas woke, en particular por los principios de prácticas empresariales conocidos como ESG (ambiental, social y de gobernanza, por sus siglas en inglés) y las políticas de diversidad (DEI). “En la práctica ―dice Malik― ESG y DEI en muchos casos llevaron a la destrucción del valor para los accionistas. Creemos en la meritocracia, el capitalismo y en que las empresas deben enfocarse en su misión principal: entregar valor a los clientes y a los accionistas, no en ingeniería social (…) creemos que el capital debe asignarse según el riesgo, el rendimiento y el potencial, no por presión política o ideológica”. Trump Jr. fue más taxativo y calificó al ESG como “Una estafa para castigar a las empresas conservadoras”. Malik ponderó el éxito de Musk –a quien a pesar de su distanciamiento con la administración Trump siguen apoyando financieramente– al frente de X, al eliminar las políticas de moderación: “Esto demuestra que el mercado está comenzando a recompensar a las empresas que no intentan suprimir el discurso político de forma arbitraria, especialmente cuando se inclina hacia lo conservador”.
“Creemos en la meritocracia, el capitalismo y en que las empresas deben enfocarse en su misión principal: entregar valor a los clientes y a los accionistas, no en ingeniería social (…) creemos que el capital debe asignarse según el riesgo, el rendimiento y el potencial, no por presión política o ideológica”.
Sin embargo, dentro de 1789 Capital asumen que la misión es esencialmente política: “Queremos construir un ecosistema empresarial en el que las ideas conservadoras prosperen sin trabas”. El propio Malik reconoce que en el mercado busca talento pero solo si está ideológicamente alineado: “Apuntamos particularmente a la gente que comparte nuestro punto de vista”. Si esta primacía de la política suena extraña en un mundo de negocios aparentemente desapasionado y guiado por el frío cálculo de beneficios, para Malik no fueron los conservadores los que empezaron el fuego: “La politización del sector privado empezó con Biden y las políticas ESG desde 2010, muchas compañías estaban en componendas con la administración federal y así privaban a otras de derechos constitucionales, por eso Don y yo comenzamos a financiar productos alternativos. Creo que esto es la consecuencia y el reflejo del hecho de que la gente y las marcas, en ciertos aspectos, quieren comprar según sus valores. La política entró a la sala de juntas, eso es innegable”.
De manera que el modelo de negocios de Malik y Trump Jr. es intrínsecamente político. Al modelo ESG han respondido con el modelo EIG (por sus siglas en inglés), que prioriza el emprendimiento, la innovación y el crecimiento. Al momento de ingresar a 1789 Capital, Paul Abrahimzadeh, un veterano de Wall Street y ex codirector de Citigroup –que también respaldó a Musk y su trabajo en SpaceX–, dijo: “Estoy muy emocionado de asociarme con Omeed, Chris y Don Jr. para armar una firma de inversiones que prioriza tanto los rendimientos como los principios. 1789 Capital marca el inicio de una nueva era en las finanzas, una que empodera a inversores y negocios que quieren lograr el Excepcionalismo Americano”. Alinear rendimientos con principios fue la premisa que siguieron las grandes firmas desde los años 90, con el marketing filantrópico y, más adelante, el propio ESG. Solo que ahora son otros principios. ¿De qué manera se pueden hacer negocios con los valores conservadores?
CRIPTO, ARMAS, DEFENSA, TECNOLOGÍA, MEDICAMENTOS…
“Estamos construyendo un gran gestor de activos multiestrategia ―dijo Malik― Es un camino abierto”. Las inversiones de 1789 Capital se dispersan por senderos como la desglobalización, los sectores “marginados por el establishment corporativo” (energía fósil, defensa y armamento), y las “tecnologías de vanguardia que transforman industrias atrofiadas por una burocracia excesiva”. En todas predomina el criterio político: el fondo invirtió más de 50 millones de dólares en xAI y SpaceX, dos firmas de Elon Musk, pero rechazó una invitación a invertir en OpenAI, un poco por las disputas entre Musk y Sam Altman, otro poco por las donaciones de Altman a la campaña de Joe Biden en 2024. Por otro lado, y pese a sus inversiones iniciales en medios de comunicación conservadores, 1789 Capital decidió mantenerse fuera de Trump Media & Technology Group. Aquí la política que prima es la cautela.
…el fondo invirtió más de 50 millones de dólares en xAI y SpaceX, dos firmas de Elon Musk, pero rechazó una invitación a invertir en OpenAI, un poco por las disputas entre Musk y Sam Altman, otro poco por las donaciones de Altman a la campaña de Joe Biden en 2024.
Una rama de negocios particularmente cargada de sentido político son las criptomonedas. La historia de la familia Trump con el mundo cripto traza una comba que va desde que Trump padre dijo “no ser un gran fan de Bitcoin” en 2019, hasta que en plena campaña presidencial de 2024 denunció la “guerra de Biden contra las cripto” debido a las regulaciones, y ponderó al minado como “patriotismo contra los controles financieros autoritarios de Biden”. Trump Jr. aportó a la épica: “Las criptomonedas son la protesta definitiva contra el capital woke”. Las criptomonedas son un activo financiero fungible pero también pueden entenderse como una forma de capitalismo anticentralista y antirregulación, incluso anti ESG por su conflicto con las políticas energéticas verdes. 1789 Capital se propone reforzar ese sentido partisano financiando a empresas de minería de Bitcoin que se relocalicen en estados gobernados por el Partido Republicano, como Texas o Wyoming, aprovechando sus políticas energéticas desreguladas. Con todo, al fondo de Buskirk, Malik y Don Jr. no le repugna la banca tradicional y su sucio dinero fiduciario. Sobre todo desde que Trump prometió desregular el sector y privatizar algunas instituciones, como Fannie Mae, la Asociación Hipotecaria Nacional Federal de cuya junta ya participa 1789 Capital y por cuya adquisición ya mostraron interés.
Otro negocio cargado de valores conservadores son las armas de fuego. 1789 Capital respaldó a la armería GrabAGun para salir a la Bolsa mediante la SPAC Colombier Acquisition Corp. II, una empresa con propósito especial de compra que se fusiona con una empresa privada (en este caso GrabAGun) y así le permite ingresar al mercado público sin hacer su propia oferta pública inicial, evitando las auditorías y controles particularmente duros en Wall Street para negocios relacionados con armamento. Trump Jr. describió a las SPAC que respalda Capital 1789 como “una rebelión del libre mercado contra el sesgo liberal del mundo corporativo”. Aunque su salida a la Bolsa fue atropellada (sus acciones cayeron 24%) GrabAGun se ha ido recuperando y los accionistas son optimistas sobre el futuro de la plataforma, dirigida a las nuevas generaciones dispuestas a armarse, que cuenta con planes de financiamiento accesibles (“Dispara ahora, paga después”) y que ya es conocida como el “Amazon de las armas”.
Escalando al rubro de la defensa, Trump Jr. se unió al directorio de Unusual Machines, una fábrica de drones y componentes aeronáuticos que aspira a reducir la dependencia norteamericana de tecnología china, a pesar de que ella misma importa muchos insumos del país asiático. El CEO de Unusual Machines tuvo que salir a desmentir que usaría a su contacto trumpista en Washington en el caso de que una guerra comercial con China complicara su abastecimiento. Sin embargo, a inicios de junio el presidente Trump firmó el memorando “Unleashing American Drone Dominance”, en el que dispone a su administración acelerar la comercialización de drones y sistemas no tripulados de producción nacional, coincidiendo una vez más padre e hijo en las agendas.
…a inicios de junio el presidente Trump firmó el memorando “Unleashing American Drone Dominance”, en el que dispone a su administración acelerar la comercialización de drones y sistemas no tripulados de producción nacional, coincidiendo una vez más padre e hijo en las agendas.
Otra firma del portafolio de 1789 Capital es Firehawk Aerospace, una empresa de Texas que desarrolla motores de cohetes y combustible sólido a bajo costo utilizando impresoras 3D. Firehawk ya firmó contratos con el Pentágono y está desarrollando nuevos motores para misiles en sociedad con la NASA y la Fuerza Aérea. El CEO de Firehawk destacó que, pese a sus vínculos con sectores conservadores, “también tenemos en la mesa directiva a personas muy de izquierda”.
Anduril Industries es otra de las empresas respaldadas por Capital 1789 dedicada al rubro de la defensa y la tecnología militar que también comparte los valores conservadores… y cristianos. Trae Stephens, su CEO –y socio de Peter Thiel en el fondo de capital de riesgo Founders Fund–, es un ferviente defensor de la necesidad de potenciar a la industria de la defensa nacional e inyectar en Silicon Valley una dosis de fe y de cristianismo. Junto con su esposa, Michelle, Trae fundó el colectivo ACTS 17, dedicado a predicar el Evangelio entre empresarios y emprendedores en California.
1789 Capital también tiene inversiones en dos emprendimientos disruptivos del sector salud y biotecnología. BlinkRx, una plataforma digital que ofrece medicamentos a bajo costo, recibió una inversión de 140 millones de dólares y nombró a Trump Jr. en su directorio: “BlinkRx construyó la tecnología más avanzada para corregir este sistema roto. Es indignante que los trabajadores estadounidenses no puedan acceder a los medicamentos que necesitan. Esto no es solo un negocio: es una misión”. Por otro lado, 1789 Capital también coparticipó en una ronda de inversión para los Enhanced Games, un proyecto de competencia deportiva internacional alternativa que permite el uso de sustancias prohibidas por el Comité Olímpico Internacional. La iniciativa es presidida por Aron D’Souza, un deportista y empresario australiano que dirigió el litigio de Peter Thiel contra Gawker Media (la justicia obligó al medio a pagar 140 millones de dólares al luchador Hulk Logan por divulgar un video sexual, lo que los llevó a la bancarrota. El medio también había revelado la homosexualidad de Thiel). Hay planes para llevar adelante un evento internacional de Enhanced Games con sede en Estados Unidos el próximo año. Trump Jr. respaldó públicamente la iniciativa: “Esto se trata de excelencia, innovación y del dominio estadounidense en el escenario mundial. Todo lo que representa el movimiento MAGA”. Según Paul Abrahimzadeh, miembro del equipo de Capital 1789, el fondo está evaluando más de una veintena de proyectos de inversión en áreas esenciales para el trumpismo como IA y software, centros de datos, energía geotérmica y nuclear, así como en minerales de tierras raras.
1789 Capital también coparticipó en una ronda de inversión para los Enhanced Games, un proyecto de competencia deportiva internacional alternativa que permite el uso de sustancias prohibidas por el Comité Olímpico Internacional. La iniciativa es presidida por Aron D’Souza, un deportista y empresario australiano que dirigió el litigio de Peter Thiel contra Gawker Media.
LOS FANTASMAS DE ELON Y HUNTER
En medio de este momento de apogeo político empresarial, a Donald Trump Jr. lo acosan dos fantasmas. Uno es el de Elon Musk, apadrinado por él mismo dentro del gobierno y financiado por su fondo de riesgo, ahora convertido en un paria del trumpismo, casi en un disidente.
El otro fantasma es el de Hunter Biden, el hijo del ex presidente denunciado por los republicanos por integrar la junta de la empresa ucraniana Burisma. En el contexto de la guerra ruso-ucraniana, la sospecha caía en la posible influencia de Hunter en la política exterior de la administración demócrata para beneficio personal. Las críticas aumentaron cuando Biden fue procesado por los delitos de evasión fiscal y falso testimonio sobre consumo de drogas, y más tarde indultado por su padre. Sin embargo, Hunter no tuvo un rol en la campaña electoral ni en el gobierno de Joe Biden. Y el Senado, con mayoría republicana, concluyó que no había influido en las políticas norteamericanas hacia Ucrania.
Todavía no hay denuncias formales contra Trump Jr. a pesar de que forma parte del directorio de dos empresas y participa de otras tantas inversiones, algunas muy afectadas positivamente por las políticas comerciales de EE.UU., al tiempo que influye en nombramientos del gobierno. El Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, controlado por los republicanos, no se pronunció todavía al respecto. Pero a Don Jr. la comparación le molesta y le pesa: “La diferencia ―posteó en X― es que yo he sido un empresario toda mi vida y él se convirtió en empresario después de que su padre llegó a la presidencia. Ah, y que él es un delincuente drogadicto y yo no”.
…a Don Jr. la comparación le molesta y le pesa: “La diferencia ―posteó en X― es que yo he sido un empresario toda mi vida y él se convirtió en empresario después de que su padre llegó a la presidencia. Ah, y que él es un delincuente drogadicto y yo no”.
LA ECONOMÍA PARALELA
La estrategia de Trump Jr. es clara: monetizar la visión de su padre para Estados Unidos y construir un ecosistema empresarial ideológicamente alineado con el trumpismo. Su doble rol de lugarteniente de los negocios de la familia y guardián ideológico de MAGA se sintetiza en esta comisaría política de la economía y los negocios: el respaldo del Trump Jr. puede marcar la diferencia entre acceder a oportunidades de lucro o quedar afuera. Y el criterio no sólo será económico, sino también político e ideológico. Pero ese ecosistema deberá convivir con un sistema capitalista que no se rige necesariamente por esas condiciones.
“Economía paralela” es el término que usa Malik para definir a esa constelación de emprendimientos de derecha que se posicionan como alternativa a los negocios tradicionales, y a lo que Trump Jr. y el resto del Partido Republicano llaman “capitalismo woke”. En otras ocasiones Malik también invoca a una “economía patriota”.
Este particular reclamo de un capitalismo alternativo al propio capitalismo se puede entender desde dos factores. Por un lado, es el efecto de la polarización de una sociedad profundamente mercantilizada, en donde los consumos y las marcas forman parte sustancial de las identidades. Las protestas conservadoras contra empresas consideradas woke apuntan a marcas que manifestaron apoyo a la comunidad LGBTQ, o a iniciativas de diversidad e inclusión. El boicot contra la cerveza Bud Light en 2023, por ejemplo, empezó luego de una breve campaña publicitaria con la influencer trans Dylan Mulvaney, y le costó perder su posición como la cerveza más popular de Estados Unidos. Las empresas de indumentaria Target y Kohl’s, así como las ligas deportivas MLB y NASCAR, fueron criticadas por publicaciones y productos vinculados al mes del Orgullo; lo mismo le pasó a las cadenas de restaurantes Chick-fil-A y Cracker Barrel por adoptar políticas de inclusión. Incluso Joe Rogan y Ben Shapiro se dedicaron a denostar a la cerveza Miller Lite por un anuncio alusivo al Mes de la Historia de la Mujer.
En ese clima, algunas empresas y emprendedores buscan capitalizar ese nicho identitario. The Daily Wire anunció una inversión de 100 millones de dólares en los próximos tres años para crear una plataforma de streaming de entretenimiento infantil llamada Bentkey, que se presenta como una respuesta conservadora al contenido de Disney, incluyendo una adaptación alternativa de Blancanieves. El emprendedor e influencer conservador Seth Weathers creó la cerveza Ultra Right Beer. Y un veterano del Ejército norteamericano fundó Black Rifle Coffee, que se publicita en Rumble como un café dirigido a simpatizantes de la ya referida Segunda Enmienda de la Constitución norteamericana, que garantiza el derecho del pueblo a poseer y portar armas, con especialidades como el “AK-47 Espresso Blend” o el “Silencer Smooth Coffee Roast”.
Por otro lado, a medida que la competencia se intensifica en una “economía de déficit atencional”, como la llaman algunos expertos en marketing, para las marcas, productos y empresas es cada vez más difícil llamar la atención. Una forma de hacerlo es apelar a la ideología y los valores más explícitos como un argumento para convertirse en cliente. En ese caso, es posible que una iniciativa como la de 1789 Capital no hable tanto de la fuerza del trumpismo como de un fenómeno más general, asequible para cualquier otra ideología. ¿Qué sucederá con estos negocios si el impulso de MAGA se debilita? ¿Se podrán reconvertir en otros negocios o morirán con la ideología que las vio nacer? ¿Qué pasará si el proyecto MAGA se consolida? ¿La tan anhelada renovación de la derecha estadounidense que implica el trumpismo alcanzará definitivamente al mundo de los negocios? La moneda está en el aire, y mientras las cosas se decantan Donald Trump Jr. y su entorno radicalizan su discurso, acumulan poder y crecen en influencia.




