Durante el último año, Estados Unidos incrementó de manera sostenida su presencia militar en América Latina y el Caribe, en el marco de una estrategia explícita de remilitarización continental. Esta orientación, definida por analistas como un “corolario Trump de la Doctrina Monroe”, quedó plasmada sin ambigüedades en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense, que plantea la necesidad de reafirmar la preeminencia de Washington en el hemisferio occidental. En ese contexto, Paraguay se convirtió en uno de los casos más sensibles y alarmantes.
El 15 de diciembre de 2025, el gobierno paraguayo firmó en Washington un Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas (SOFA) con Estados Unidos, rubricado por el secretario de Estado Marco Rubio y el canciller Rubén Ramírez Lezcano. El convenio fue aprobado sin pasar por el Congreso paraguayo y habilita el despliegue de tropas estadounidenses en el país bajo el argumento de combatir el terrorismo transnacional y el narcotráfico. El acuerdo establece, además, un régimen amplio de inmunidades para el personal militar, civil y contratistas estadounidenses, equiparable al del personal diplomático.
El contenido del acuerdo revela una cesión profunda de soberanía. Estados Unidos obtiene jurisdicción penal sobre su personal en territorio paraguayo, exenciones impositivas y aduaneras totales, libertad de movimiento por aire, tierra y ríos, operación autónoma de sistemas de telecomunicaciones, incluido el uso gratuito del espectro radioeléctrico, y la posibilidad de contratar bienes y servicios bajo legislación estadounidense. Las instituciones paraguayas quedan, en los hechos, impedidas de intervenir en operaciones de seguridad ejecutadas por fuerzas o contratistas norteamericanos.
Este tratado consolida una relación de dependencia estructural, convirtiendo al país en un actor funcional dentro de la nueva arquitectura de seguridad de Estados Unidos. Los intereses estratégicos involucrados exceden largamente la retórica antinarcóticos: el control de la hidrovía Paraguay-Paraná, la Triple Frontera y los excedentes energéticos de Itaipú,energía limpia y estratégica proyectada para la próxima década aparecen como ejes centrales.

