El presidente Donald Trump busca que Perú se convierta en un aliado principal extra OTAN para Estados Unidos, en medio de la agenda de Washington de supuestos operativos antinarcóticos, que se han enfocado principalmente en el Caribe venezolano y el Pacífico ecuatoriano. El canciller peruano, Hugo de Zela, calificó las expresiones del mandatario estadounidense como una «decisión política de significativa relevancia«.
Si Perú fuera designado como principal aliado extra-OTAN, se agilizaría la entrega de licencias para tecnología satelital y los esfuerzos «antiterroristas» entre los dos países. De hecho, en las últimas semanas, el gobierno del presidente interino de Perú, José Jerí, se reunió con delegados del FBI para elaborar un nuevo plan de seguridad. En ese encuentro se habló sobre la situación en las fronteras peruanas, especialmente con Ecuador.
En dicho marco, Jeri y el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, lideraron un Gabinete Binacional donde resaltaron la urgencia de combatir la delincuencia transnacional y la minería ilegal. Tal y como sucedió en Ecuador en este mes, el Congreso peruano aprobó el ingreso de soldados estadounidenses armados a su territorio para operaciones conjuntas de entrenamiento en 2026. En suma, este encuentro subrayó la prioridad que ambos mandatarios otorgan al alineamiento con la administración Trump, consolidando un posicionamiento clave en la región andina.
No obstante, la estabilidad política del presidente Jeri se ha visto comprometida por un conflicto interno en su partido, Somos Perú. El vocero oficial de la agrupación ha lanzado graves acusaciones contra el mandatario, señalando que Jeri estaría «pagando favores» a bancadas de oposición como el fujimorismo, Alianza para el Progreso (APP) y Acción Popular. Esta ruptura sugiere un aislamiento del presidente respecto a sus propias bases partidarias. Queda la pregunta sobre si estos enfrentamientos podrían poner en duda la continuidad del gobierno y la agenda de relaciones exteriores impulsada por Jeri.

