Si me hubieran dicho en 1984, cuando la gente se moría de sida, que 30 años después estaría legalmente casado y tendría dos hijos por gestación subrogada no lo habría creído.
Scott Bessent en Yale Alumni Magazine, 2015
Scott es ampliamente respetado como uno de los principales inversionistas internacionales y estrategas geopolíticos y económicos del mundo… Nos aseguraremos de que ningún estadounidense se quede atrás en el próximo y mayor auge económico, y Scott liderará ese esfuerzo por mí y por el gran pueblo de los Estados Unidos de América.
Donald Trump al confirmar a Bessent como Secretario del Tesoro, 22 de noviembre de 2024
La mentalidad tiene que cambiar hacia el crecimiento. O se sale de la deuda con austeridad —nadie la quiere— o creciendo. Nuestra invitación es: vengan a crecer con nosotros, vengan a construir fábricas a EE.UU.
Bessent, en una entrevista para Fox News durante la última Cumbre de Davos, 2026
El secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent, se ha convertido en uno de los activos más valiosos del segundo mandato de Donald Trump. Desde asesorar al presidente hasta negociar con China y Argentina o defender las decisiones de su jefe en Davos y en el Congreso, el antiguo hombre de confianza de George Soros en Wall Street es hoy uno de los funcionarios más activos y eficientes de la administración. ¿Quién es este personaje proveniente del mundo de las finanzas que pasó de ser donante de campañas demócratas a férreo defensor de los planteamientos económicos heterodoxos del gobierno republicano? Como parte de nuestra serie Trump 2.0 analizamos a detalle su trayectoria y planteamientos.
En 1981, el gobernador de Alabama, George Wallace, postrado en una silla de ruedas y con una larga trayectoria como defensor de la segregación racial en su estado, renunció a presentarse por quinta vez como candidato a presidente de los Estados Unidos. En un dormitorio de la residencia estudiantil de Yale, un joven sureño llamado Scott Bessent quedó desconsolado con la noticia y así lo consignó en el periódico universitario The Yale Daily News. Nacido en Conway, un pequeño pueblo pesquero de Carolina del Sur, e hijo de un promotor inmobiliario que había quebrado dos veces, Scott había tenido que trabajar de camarero para contribuir a la economía familiar. Pero ahora estudiaba en una universidad privada del noreste de Estados Unidos, y se preguntaba por su futuro laboral como periodista, así como por su futuro personal como sureño en el norte del país y como homosexual en plena epidemia de VIH. Los caminos de la vida no serían los que imaginaba.
A LA SOMBRA DE SOROS
Scott perdió la candidatura a editor del Yale Daily News y decidió cambiarse de carrera: “pasé de la informática a la historia del arte y finalmente aterricé en la ciencia política, pero si pudiera hacerlo todo de nuevo, elegiría duplicar la especialización en psicología y filosofía”, contó en 2015. Pronto consiguió una pasantía con Jim Rogers, inversor y socio comercial de George Soros. Incluso, Rogers le cedió un sofá en la oficina para que se quedara a dormir, y de paso, para que aprendiera más rápido. El joven Bessent incorporó dos elementos cardinales de la filosofía financiera de Rogers: atender a la macroeconomía y sostener puntos de vista a contracorriente. Para 1991, seis años después de haber entrado como pasante, Bessent ya era socio gerente en Londres de Soros Fund Management, encargado de las inversiones europeas de la firma. Su más legendaria operación allí fue apostar, en 1992, a que el Banco de Inglaterra no defendería la libra esterlina y especular con su devaluación. Soros ganó más de mil millones de dólares con la apuesta de Bessent.
Durante los años 90, Bessent aprovechó su estadía en Londres para estrechar lazos con Mark Bolland, secretario del entonces príncipe Carlos y más tarde asesor de imagen de Camila Parker Bowles. Así, llegó a participar de la organización del primer viaje en solitario de Parker Bowles a Estados Unidos en 1999 y logró ser miembro de la Fundación Príncipe de Gales donando decenas de miles de dólares por año. El mundo de las finanzas lo acercó también a Robert Trump, el hermano de Donald, con quien integró la junta de God’s Love We Deliver, una organización fundada para asistir a personas con VIH. Bessent también aportó para la Elton John AIDS Foundation.
El mundo de las finanzas lo acercó también a Robert Trump, el hermano de Donald, con quien integró la junta de God’s Love We Deliver…
El rol de Bessent como aportante también lo vinculó a la política norteamericana. En el año 2000, ofreció su mansión en East Hampton, Nueva York, para un evento de recaudación del Comité Nacional Demócrata, y llegó a compartir escenario con el candidato Al Gore. Más tarde, aportaría a las candidaturas de Hillary Clinton, John Kerry y Barack Obama. Ese mismo año, Bessent se fue de Soros Fund Management para fundar su propia administradora de fondos, Bessent Capital, que cerró en 2005, después de un rendimiento por debajo de las expectativas. Scott se dedicó a dar clases en Yale y participar en fondos de inversión ajenos, hasta que en 2011 volvió a Soros Fund Management, esta vez como director de inversiones y a cargo del patrimonio familiar del multimillonario. Ese año también se casó con John Freeman, ex fiscal de Nueva York, con quien tuvo dos hijos nacidos por gestación subrogada. Bessent y su marido fueron la primera pareja del mismo sexo presentada ante la reina Isabel II de Inglaterra. “En cierta región geográfica y con cierto nivel económico, ser gay no es un problema. Pero si me hubieran dicho en 1984, cuando nos graduamos y la gente se moría de sida, que 30 años después estaría legalmente casado y tendría dos hijos, no lo habría creído”, dijo Bessent a la Yale Alumni Magazine en 2015.
Trabajando para Soros, Bessent se destacó una vez más por su capacidad para leer las variables macroeconómicas. Y una vez más apostó exitosamente contra una moneda; esta vez, el yen. Robert Soros destacó que Bessent manejó los activos familiares “con gran habilidad y dedicación”. Mantuvo su relación de consejero informal de la familia hasta 2015, cuando volvió a probar suerte con Key Square Group, un hedge fund fundado junto a Michael Germinio. Desde entonces, según el Wall Street Journal, “no ha hablado con Soros en años”. Aún así, Soros aportó dos mil millones de dólares —el 45% del total recaudado— para el lanzamiento del fondo, aunque para entonces los caminos de la vida de Bessent se estaban alejando de todo aquello que representan Soros, el Partido Demócrata y la cultura liberal de Londres y Nueva York.
EL GRAN VIRAJE
Un repaso del rendimiento financiero de Key Square Group nos permite ver retornos del 13% en 2016, una caída del 7% el año siguiente y rendimientos discretos hasta la recuperación de 2023. En 2024 el fondo fue pausado. Esa performance no es ajena a las apuestas políticas de Bessent. En 2016, a contramano de un mundo de los negocios que aún dudaba de Trump, Bessent señaló que el candidato MAGA era “una acción que subía con las malas noticias”, en referencia a la capacidad que tenía el magnate para mantener popularidad e intención de voto en medio de las críticas y denuncias. Tras la victoria de Trump, Scott donó un millón de dólares al comité inaugural. Preocupado por el crecimiento explosivo de la deuda nacional y por la necesidad de introducir cambios en el sistema comercial internacional, Bessent organizó una reunión con el republicano y comenzó a intercambiar ideas sobre política económica, sin formar parte de su gabinete.
En 2016, a contramano de un mundo de los negocios que aún dudaba de Trump, Bessent señaló que el candidato MAGA era “una acción que subía con las malas noticias”.
En 2024, Bessent volvió a leer la macroeconomía y apostó mucho más fuerte por Trump: se transformó en uno de sus principales donantes y recaudadores (de los 15 millones de dólares que Bessent donó a causas políticas a lo largo de los años, más de 14 millones fueron para los republicanos), ayudó a redactar discursos y propuestas de política económica, asistió a las últimas dos giras de la campaña y siguió los resultados junto a Trump en su residencia en Mar-a-Lago.
Pero esa victoria fue solo el comienzo de las batallas. Varios trumpistas recelaban de Bessent por su pasado con Soros, su poca convicción en el proteccionismo comercial y su posible intención de moderar a Trump (sospecha que comparten los inversores de Wall Street, pero a favor de Bessent). El aspirante a secretario del Tesoro debió disputar su cargo con Howard Lutnick, miembro del equipo de transición de Trump y director ejecutivo de la financiera Cantor Fitzgerald, sostenido públicamente por Elon Musk. El 22 de noviembre, Trump confirmó a Bessent en el cargo. Ese mismo día, el Wall Street Journal publicó una columna del flamante secretario en la que repasaba la mejora de los índices económicos en las dos semanas que habían transcurrido desde el triunfo de Trump y llamaba a reparar el daño hecho por el gobierno de Biden con una “agenda pro-crecimiento” basada en estimular la inversión privada con desregulaciones, recortes de impuestos y, sí, aranceles, pero como arma de disuasión: “la pistola de los aranceles siempre estará cargada y sobre la mesa, pero rara vez se disparará”, dijo off the record más tarde.
El plan de Bessent apunta a lograr un crecimiento económico del 3% anual, a reducir el déficit presupuestario al 3% del PIB para 2028, y aumentar la producción nacional de petróleo en 3 millones de barriles por día. Para eso cuenta con una batería de medidas ortodoxas (reducción de impuestos, desregulación bancaria) y otras más heterodoxas, como los reembolsos y deducciones (alrededor de mil dólares por trabajador norteamericano). “Es un equilibrio entre la Norteamérica industrial y la Norteamérica mainstream”, dijo hace poco en Davos.
La cuestión de los aranceles entra claramente en la categoría de medidas heterodoxas, incluso heréticas para alguien con los antecedentes de Bessent. Su opinión se mueve de acuerdo al contexto. A veces dice que “el riesgo es que los aranceles, aunque populares en el corto plazo, podrían terminar siendo un lastre para la economía global”; y otras, que “la única manera de preservar los beneficios del sistema de comercio internacional es cuestionar algunos de sus supuestos erróneos”. En la práctica, a Bessent le tocó negociar con China y allí quedó claro que la función de los aranceles es disuasoria, política: “El presidente amenazó con aranceles del cien por ciento a China. Mi contraparte china dejó de responder por un par de días. China volvió inmediatamente a la mesa y retiró los controles por un año. El presidente Trump insistió en que yo negociara en nombre de todo el mundo industrial. Esto es liderazgo estadounidense”, recordó hace poco en Davos, y trajo a colación los aranceles punitivos del quinientos por ciento a compradores de petróleo ruso: “Es guerra económica, sin disparos. Europa sigue comprando petróleo ruso y financia la guerra contra sí misma. India dejó de hacerlo tras un arancel del veinticinco por ciento. China compra petróleo ruso, iraní y venezolano… bueno, venezolano ya no”.
El plan de Bessent apunta a lograr un crecimiento económico del 3% anual, a reducir el déficit presupuestario al 3% del PIB para 2028, y aumentar la producción nacional de petróleo en 3 millones de barriles por día.
LA BATALLA POR LA RESERVA FEDERAL
El día que Bessent juró su cargo como secretario del Tesoro, un hombre se acercó al Capitolio para intentar matarlo. Desde entonces, el atildado funcionario ha debido enfrentar una batalla tras otra. En mayo, discutió con Elon Musk sobre el nombramiento del director del Servicio de Impuestos Internos (IRS, por sus siglas en inglés). La discusión escaló tanto que, pocos días después, Musk apareció con un ojo morado y Bessent tuvo que desmentir que hubiera sido por un golpe suyo. Ese mes Musk se fue del gobierno. En septiembre, durante una cena en el trumpista Executive Club, Bessent amenazó con golpear en la cara a Bill Pulte, director de la Federal Housing Finance Agency, por criticarlo ante Trump a sus espaldas. Bessent y Pulte fueron colocados en extremos opuestos durante la velada.
Hasta ahora, el rival más duro de Bessent es Jerome Powell, todavía presidente de la Reserva Federal (Fed) y responsable de las tasas de interés que deciden la suerte de la agenda pro-crecimiento. Ya durante la campaña, Bessent había acercado la idea de nombrar a un “presidente de la Fed en las sombras” que fuera preparando la transición. Pero retiró pronto la idea: la autonomía de la Fed, que funge de Banco Central, es vital en el sistema económico e institucional de los Estados Unidos. Sin embargo, es una opinión compartida por muchos, dentro y fuera de MAGA, que desde la crisis de las subprime de 2008 la Fed se desvió de su rol histórico y fue creando herramientas que expandieron su área de injerencia, sobreestimando los efectos de estímulo fiscal y subestimando los beneficios de los recortes de impuestos y la desregulación, precisamente las herramientas que propone Trump. Por eso Bessent propuso revisar el Fed-Treasury Accord de 1951 (que permite a la Fed controlar su propio balance) y permitirle al secretario del Tesoro ser parte del Board of Governors de la Fed (algo que no ocurre desde 1932), o incluso, hacer que la política de emisión y endeudamiento sea una prerrogativa del Tesoro y no de la Fed.
Desde la Fed hubo intentos por acomodarse a algunos principios trumpistas: por ejemplo, días antes de la asunción presidencial de Trump, la institución decidió abandonar la NGFS, el consorcio global de bancos centrales sobre riesgo climático. Del lado del gobierno, Bessent le pidió a Trump que esperara los tres meses que faltaban para que el mandato de Powell terminara. Pero Trump fue terminante: “Las tasas son demasiado altas, Scott. Y si no lo arreglas rápido, te voy a despedir”. La ofensiva de Trump fue mucho menos elegante que las reformas que proponía Bessent: en enero de este año el Departamento de Justicia inició una investigación por incompetencia contra Powell, y éste respondió públicamente diciendo que lo que estaba en juego era si la Fed mantenía su independencia respecto a las presiones políticas o no. Semanas después, Bessent asistió a Fox Business y se manifestó ambiguo respecto a la investigación: “La Fed necesita una reforma a fondo, tiene una enorme influencia sobre la vida de los estadounidenses pero no hay rendición de cuentas. Si esta es la prerrogativa del presidente, que así sea. Trump no ha compartido sus opiniones conmigo”. Pero el mismo día en que Powell respondió públicamente a la investigación, hubo un áspero intercambio telefónico entre Trump y Bessent, en el que éste le recriminó que la investigación era solo para problemas y que hubiera sido mejor nombrar un director en las sombras y esperar la transición. Por lo pronto, Kevin Warsh, propuesto por Trump como nuevo presidente de la Fed y a la espera de la ratificación del Senado, ya se pronunció en la línea de Bessent de revisar el Fed-Treasury Accord de 1951.
Kevin Warsh, propuesto por Trump como nuevo presidente de la Fed y a la espera de la ratificación del Senado, ya se pronunció en la línea de Bessent de revisar el Fed-Treasury Accord de 1951.
LA GEOPOLÍTICA DEL SECRETARIO DEL TESORO
Si bien el plan de Bessent tiene un horizonte mayormente doméstico, la cuestión arancelaria y la influencia financiera global de los Estados Unidos obligan al secretario del Tesoro a negociar y confrontar con el mundo constantemente. Además de dirigir las negociaciones con China, Bessent tuvo que sentarse a hablar con los gobiernos de Japón y Corea del Sur sobre su política monetaria, desaconsejándoles que devaluaran sus monedas para protegerse comercialmente si no querían recibir aumentos arancelarios a cambio. Una paradoja para una persona que acumuló una fortuna apostando por devaluaciones monetarias. En la última cumbre de Davos, Bessent también tuvo que explicar la ofensiva norteamericana en Groenlandia: “Como parte de la OTAN, creo que al presidente le preocupa que, si hubiera una incursión en Groenlandia, Estados Unidos sería llamado a defenderla. Groenlandia se está volviendo cada vez más atractiva para una conquista extranjera, y él cree firmemente que debe ser parte de Estados Unidos para prevenir un conflicto, en lugar de que Estados Unidos termine involucrado a posteriori en un conflicto de mayor calado. Y ningún país va a intentar controlar Groenlandia si Estados Unidos la controla”.
Con todo, la mayor operación especial de Bessent fuera de su país fue bastante más periférica. En abril de 2025, el secretario del Tesoro realizó una visita relámpago a Buenos Aires para reunirse con el presidente argentino Javier Milei y su ministro de Economía. Allí reafirmó el “pleno apoyo de Estados Unidos a las audaces reformas económicas” del gobierno libertario. Pero Argentina enfrentaba un terrible problema de liquidez y una economía estancada que no lograba atraer inversiones. La propuesta de Bessent fue un apoyo financiero amplio de parte de los Estados Unidos a cambio de que Argentina cancele su swap con China y se realinee con Washington en términos comerciales y financieros.
El plan de Bessent para apoyar a Argentina se basa en un swap o intercambio de monedas por el cual el Tesoro entrega 20 mil millones de dólares de su Fondo de Estabilización Cambiaria (ESF por sus siglas en inglés) a cambio de pesos, además de comprar pesos directamente en el mercado cambiario, para aportar liquidez cambiaria. Sumado al swap, desde el Tesoro también fomentan la intervención de fondos privados para deuda soberana por otros 20 mil millones. Se trata entonces de una “ayuda” de 40 mil millones de dólares a un país que no es socio prioritario de Estados Unidos, que tampoco tiene un peso determinante en el tablero internacional y que es un defaulteador serial de deuda. Según el gobierno norteamericano, se trata de “evitar otro Estado fallido en América Latina”, y también de limitar la influencia china en Sudamérica.
Las quejas en Estados Unidos pronto se hicieron oír. Y no solo por el destino tan lejano que tenían los impuestos norteamericanos que alimentan al ESF. Alentado por la avalancha de dólares, el gobierno argentino eliminó los impuestos a las exportaciones y las grandes cerealeras respondieron adelantando sus envíos. China aprovechó para comprar esa soja barata y deprimió el precio mundial de la leguminosa, lo que perjudicó a los sojeros norteamericanos. Esta jugada china ―digna de un gerente de Soros Fund Management― lo tomó a Bessent en un momento complicado, luego de que declarara jocosamente que él de hecho era un agricultor de soja —“I’m actually a soybean farmer”, dijo— en referencia a High Plains Acres LLP, el desarrollo agrícola de más de dos mil hectáreas que poseía en Dakota del Norte. Al asumir como secretario del Tesoro, estaba obligado a vender esa propiedad por un acuerdo de ética. Bessent dilató la venta hasta diciembre de 2025, cuando la adquirió su principal socio.
Si bien el plan de Bessent tiene un horizonte mayormente doméstico, la cuestión arancelaria y la influencia financiera global de los Estados Unidos obligan al secretario del Tesoro a negociar y confrontar con el mundo constantemente.
Scott Bessent está intentando algo poco frecuente en la historia reciente del Tesoro estadounidense: usar herramientas económicas excepcionales en un país periférico, confiando en que el alineamiento geopolítico compense el riesgo financiero. El caso histórico más cercano es México, que en 1995 recibió 50 mil millones de dólares del ESF en un swap de divisas. Pero México era socio de Estados Unidos en el TLCAN (hoy T-MEC) y el swap estaba garantizado sobre ingresos petroleros. Los rescates de Corea del Sur, Tailandia, Indonesia a finales de los 90 y de Grecia en 2010-2012, se hicieron mediante organismos multilaterales como el FMI, y buscaban evitar un riesgo de contagio financiero que en el caso argentino es casi nulo.
Quizás la ayuda norteamericana a la Argentina no tenga mejor término de comparación que su propio pasado. En 2018, el presidente Trump, durante su primer mandato, decidió ayudar a la Argentina en medio de una profunda crisis financiera. En aquel momento, se trató de un salvataje clásico, tecnocrático y multilateral, mediado por el FMI, que aportó un préstamo stand-by por 57 mil millones de dólares (el más grande de la historia del organismo) para que Argentina pudiera financiar su déficit y su deuda a cambio de un ajuste fiscal. En 2025 la intervención parte directamente del Tesoro, el foco está en estabilizar el tipo de cambio y las expectativas, y el ajuste fiscal ya está en marcha.
Lo único en común en ambos casos son los protagonistas: Trump como presidente de Estados Unidos y la Argentina con un gobierno antiperonista de derecha (Macri en 2018, Milei en 2025). Argentina funciona así como caso testigo de la geopolítica trumpista. Sumados ambos rescates, Trump gastó en total 97 mil millones de dólares en financiar a gobiernos que mantuvieran al peronismo fuera del poder. Si lo comparamos con el Plan Marshal ajustado a valores actuales (130 mil millones, 13 mil millones de dólares de la época 1948-1951), Trump dedicó dos terceras partes del Plan en un país al extremo sur del continente.
UN FUNCIONARIO A LA ALZA
El 4 y 5 de febrero de este año, Scott Bessent compareció ante el Congreso para presentar el informe anual del Consejo de Supervisión de la Estabilidad Financiera (FSOC). Ambas sesiones, estuvieron marcadas por intensos cruces entre el secretario y legisladores demócratas. La primera, ante el Comité de Servicios Financieros de la Cámara, comenzó con Bessent presentando su visión de “Prosperidad Paralela” (Parallel Prosperity), la idea de que Wall Street y Main Street —las grandes finanzas y la economía real— deben crecer juntos. Cuando la representante Maxine Waters lo interrogó sobre aranceles a materiales de construcción, Bessent la interrumpió repetidamente, ignorando el “reclaiming my time” que la congresista invocaba para recuperar el uso de la palabra. Finalmente, Waters se dirigió al presidente del comité: “¿Puede alguien hacerlo callar?”. Bessent replicó: “¿Puede usted mantener un nivel de dignidad?”.
El enfrentamiento con Waters estableció el tono. Cuando el representante Stephen Lynch le preguntó sobre la reducción de investigaciones a empresas por parte del gobierno, Bessent comenzó a culpar a Biden. Lynch objetó que no estaba respondiendo la pregunta, y Bessent replicó: “Bueno, las preguntas tienen que ser serias”. El momento más tenso llegó con el representante Gregory Meeks, quien le preguntó a Bessent si, en su calidad de secretario del Tesoro, detendría y sometería a revisión completa la solicitud de licencia vinculada a World Liberty Financial —la firma de criptomonedas asociada a la familia Trump que había recibido una inversión de 500 millones de dólares de una entidad ligada a la familia real de los Emiratos Árabes Unidos— ante posibles conflictos de interés. Bessent respondió que las agencias regulatorias son independientes y no asumió ningún compromiso de intervención. Meeks lo acusó entonces de “encubrir al presidente” y de actuar como un “lacayo”, en un intercambio que obligó a la presidencia del comité a llamar al orden. El representante Andy Barr intervino señalando hasta qué punto el llamado “síndrome de perturbación por Trump” afectaba la estabilidad emocional de sus críticos.
Bessent respondió que las agencias regulatorias son independientes y no asumió ningún compromiso de intervención. Meeks lo acusó entonces de “encubrir al presidente” y de actuar como un “lacayo”.
Al día siguiente, Bessent compareció ante el Comité Bancario del Senado. La senadora Elizabeth Warren —a quien Bessent ha llamado repetidamente “peronista estadounidense” tras sus críticas al respaldo financiero de Trump a Argentina— le preguntó si podía comprometerse a que Kevin Warsh, nominado de Trump para presidir la Fed, no sería demandado o investigado si se negaba a reducir tasas de interés. El fin de semana anterior, durante una cena del Alfalfa Club, Trump había bromeado con demandar a Warsh si no bajaba las tasas. Bessent respondió: “Eso depende del presidente”. Warren insistió: “¿No puede simplemente decir que no será demandado? Se supone que esta era una pregunta fácil”. Bessent contraatacó: “El presidente también hizo un chiste sobre usted que no voy a repetir, senadora Warren” (Trump la ha llamado “Pocahontas”, luego de la polémica por haber afirmado tener ascendencia nativa americana, lo que la llevó a figurar como minoría en directorios académicos y a realizar un test de ADN posteriormente rechazado como criterio de identificación por la Nación Cherokee). Cuando Warren le preguntó por qué no aclarar si era un chiste, Bessent respondió: “Fue un chiste, e hizo un chiste sobre usted también, senadora Warren. Provocó muchas risas. Muchas risas”. El senador Jack Reed intervino: “Su comportamiento con algunos de mis colegas es absolutamente infantil”. Cuando el senador Chris Van Hollen le pidió que se retractara de haber sugerido que Alex Pretti —el enfermero asesinado por agentes federales en Minneapolis— era culpable de su propia muerte, Bessent respondió que no lo haría y contraatacó preguntándole si él estaba dispuesto a expresar remordimiento por la muerte de Ashli Babbitt, simpatizante de Trump fue asesinada durante el asalto al Capitolio en 2021.
Graham Steele, ex subsecretario del Tesoro durante la administración Biden, observó que ese no era el rol típico de un secretario del Tesoro. En la misma línea, David Lublin, profesor de American University, sostuvo que el presidente Trump ha demostrado que prefiere la confrontación y valora a los colaboradores que lo defienden con vehemencia. Ese clima se hizo visible en las audiencias, que no solo estuvieron marcadas por intercambios ásperos, sino también por definiciones de política económica. En ese terreno, Bessent cuestionó lo que denominó la “regulación por reflejo” de administraciones anteriores y la responsabilizó por las quiebras de Silicon Valley Bank, Signature Bank y First Republic en 2023. Planteó la necesidad de reorientar la supervisión financiera hacia el crecimiento y advirtió que las agencias federales deben evitar la tentación de diseñar un sistema financiero de riesgo cero, lo que —según sus palabras— conduciría a “la estabilidad del cementerio”.
Planteó la necesidad de reorientar la supervisión financiera hacia el crecimiento y advirtió que las agencias federales deben evitar la tentación de diseñar un sistema financiero de riesgo cero, lo que —según sus palabras— conduciría a “la estabilidad del cementerio”.
Sobre la Reserva Federal, Bessent adoptó una posición dual: dijo respetar su independencia, pero subrayó que esa autonomía debe ir acompañada de rendición de cuentas. Sostuvo que la institución perdió la confianza del público al permitir que la inflación más alta en casi medio siglo erosionara el poder adquisitivo de los trabajadores. En política comercial, defendió los aranceles como instrumentos de presión negociadora. Recordó que, cuando Trump amenazó a China con gravámenes del cien por ciento, el país “volvió inmediatamente a la mesa”. En la misma lógica, calificó los aranceles del quinientos por ciento a los compradores de petróleo ruso como una forma de “guerra económica sin disparos” y volvió a cuestionar a Europa por continuar adquiriendo crudo ruso y financiar así “la guerra contra sí misma”, en contraste con India, que habría dejado de hacerlo tras la imposición de un arancel del veinticinco por ciento.
El contraste con su comparecencia de confirmación en enero de 2025 fue notable. En aquel entonces, fue confirmado con 68 votos, incluidos 16 demócratas, y adoptó un tono mesurado y técnico. Un año después, su estilo se volvió abiertamente beligerante. El giro no se limitó a las audiencias: en los meses previos, Bessent había calificado al gobernador de California, Gavin Newsom, de “económicamente analfabeto”, lo había comparado con Patrick Bateman —el despiadado ejecutivo de Wall Street y asesino en serie de la novela American Psycho— y lo había descrito como “un brontosaurio con un cerebro del tamaño de una nuez”.
En medio de los intercambios más ásperos, el congresista demócrata por Missouri Emanuel Cleaver intervino para bajar el tono de la sesión y apeló a un refrán popular sobre las abejas: “He aprendido que no se puede hacer miel y picar al mismo tiempo. La pregunta es si vinimos hoy a picar o a hablar sobre temas de importancia para la nación”. La respuesta, que Bessent no pronunció, quedó sugerida: a veces no hay miel sin aguijón. Las audiencias de febrero de 2026 añadieron un nuevo capítulo al singular recorrido de Scott Bessent: desde el estudiante sureño que en Yale lamentaba la renuncia del segregacionista George Wallace a otra candidatura presidencial, pasando por su etapa como gestor de fondos al servicio de George Soros, hasta convertirse en uno de los defensores económicos más combativos del trumpismo. Su trayectoria no ha sido lineal, sino marcada por desplazamientos difíciles de anticipar. Y si en 2016 definía a Trump como “una acción que subía con las malas noticias”, esa fórmula parece describir hoy también su propio itinerario: el de un funcionario que cotiza al alza cuanto más arrecian las críticas. ![]()
Y si en 2016 definía a Trump como “una acción que subía con las malas noticias”, esa fórmula parece describir hoy también su propio itinerario: el de un funcionario que cotiza al alza cuanto más arrecian las críticas.
