La crisis que se gestaba contra José Jerí por sus reuniones clandestinas con empresarios chinos llegó a su punto de quiebre cuando el pleno del Congreso debatió siete mociones de censura en su contra. Tras apenas cuatro meses ocupando la presidencia de la República, Jerí fue finalmente censurado y destituido de su cargo. Un dato político relevante fue la postura de Fuerza Popular, espacio liderado por Keiko Fujimori, que se opuso a la salida de Jerí hasta el último momento, marcando distancia con otros sectores de la derecha que impulsaron la caída del mandatario.
Tras la vacancia de la presidencia, el Congreso inició un proceso de sucesión a través de la elección de una nueva Mesa Directiva. Aunque bancadas como Acción Popular intentaron posicionar a María del Carmen Alva para un interinato, fue el congresista de Perú Libre, José María Balcázar, quien logró imponerse en la votación y será el nuevo presidente. Con su elección, la llamada por algunos como «izquierda radical» recupera el control del Ejecutivo, un movimiento gestado mediante alianzas impredecibles en el Parlamento, que incluyen votaciones divididas y promesas de continuidad para ciertos ministros.
En su primer discurso, Balcázar intentó proyectar una imagen conciliadora al afirmar que «aquí no hay derechas ni izquierdas» y prometió una «transición democrática y electoral pacífica». Sin embargo, el mandatario es recordado por haber defendido el matrimonio infantil, alegando que las relaciones sexuales tempranas «ayudan al futuro psicológico de la mujer». Por otro lado, su gestión inicia contando con una desconfianza inmediata entre los mercados y la oposición de derecha.
A pocas horas de asumir, Balcázar ya ha generado controversia al declarar que evaluará otorgar un salvoconducto a Betssy Chávez, asegurando que el tema no es «difícil de solucionar». Por su parte, Keiko Fujimori ha afirmado que la democracia está «en peligro» y que es imperativo «frenar su avance». La elección de Balcázar ha desatado, además, una pugna interna en la derecha peruana, donde diversos partidos se acusan mutuamente de haber «entregado el Perú» a la izquierda por falta de consenso.

