La tensión entre la empresa de IA Anthropic y el Pentágono escaló esta semana a un choque público: el Departamento de Defensa exigió acceso “sin restricciones” al modelo Claude para “todos los fines legales”, y fijó un plazo para este viernes 27 de febrero para que la empresa acepte. La disputa se volvió política porque el Pentágono se negó a dejar por escrito exclusiones explícitas sobre usos sensibles y, en paralelo, planteó represalias si no hay acuerdo.
Anthropic —que viene trabajando con el sector seguridad y defensa— se plantó en una línea roja: mantener salvaguardas que impidan el empleo del sistema en armas plenamente autónomas y en vigilancia masiva doméstica. Su CEO, Dario Amodei, sostuvo que “no puede” ceder en esas condiciones y, aun así, intentó enmarcarlo como una diferencia de gobernanza y seguridad técnica, no como rechazo al rol defensivo del Estado. Del lado oficial, la respuesta fue dura: amenaza de cancelar contratos (se mencionó un acuerdo de hasta 200 millones de dólares), calificar a Anthropic como “riesgo para la cadena de suministro” y hasta invocar la Defense Production Act como herramienta de presión.

