Dryden Brown*
Dryden Brown tiene 29 años y es el principal promotor de Praxis, una iniciativa que pretende crear una nueva forma de organización política que supere a los Estados-nación y que ponga en el centro de la nueva sociedad a la tecnología para liberar al ser humano del trabajo y desatar su potencial creativo y espiritual. Los Imperios-red, como ha llamado Brown a esta utopía, serán asociaciones de personas que se articularán en torno a valores e intereses comunes, tendrán robots para servir a sus habitantes, se llenarán de artistas y se guiarán por los principios libertarios y las tradiciones de Occidente. Como Joaquín de Fiore en el siglo XII o Francis Bacon en el siglo XVII, Dryden Brown cree que el desarrollo de esta nueva humanidad emancipada por la técnica se dará con la ayuda de la Providencia y, como Benjamin Franklin en el siglo XVIII, gracias al espíritu pionero de sus miembros.
Aunque parecieran ser ideas descabelladas y proyectos irreales, no lo son: Brown ha recaudado más de 500 millones de dólares y cuenta con una comunidad de más de 100 mil personas interesadas en ser parte del proyecto. Hasta finales del año pasado la comunidad de Praxis pensaba construir esta Nueva Atlántida fuera de los Estados Unidos: Italia, Marruecos, Montenegro, Groenlandia y hasta República Dominicana estuvieron en sus planes. Sin embargo, todo cambió desde el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca. La nueva alianza entre Washington y los magnates de la tecnología ha despertado nuevas expectativas entre los praxianos. Atlas –como se llamará la primera ciudad del Imperio-red en homenaje a la novela de la escritora libertaria Ayn Rand, La rebelión de Atlas– será construida en la base espacial militar de Vandenberg, en California, donde ya opera SpaceX, de Elon Musk y Blue Origin, de Jeff Bezos. Praxis ha elegido Vandenberg con el propósito de concentrar el talento tecnológico más destacado del país en materia de seguridad y defensa y estar cerca de las instalaciones de la Fuerza Espacial.
Brown y los praxianos no están solos. Han recibido financiamiento de Peter Thiel a través de Pronomos Capital (que dirige Patri Friedman, nieto de Milton Friedman); de Sam Altman a través de Apollo Projects; de Balaji Srinivasan (autor de The Network State, uno de los textos de cabecera de Praxis); de Joe Lonsdale, uno de los fundadores de Palantir; y de Curtis Yarvin, entre muchos otros. James O´Neill, actual subsecretario de Salud y Derechos Humanos y nombrado a finales de agosto de este año director interino de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades es otro creyente del movimiento que inspira el proyecto.
En Traza Continental traducimos el discurso que pronunció Brown en la inauguración del Primer Congreso Mundial de Praxis llevado a cabo en República Dominicana en noviembre del año pasado, en el que expresa su ideario y anhelos. Publicaremos la Declaración de Ascenso, su documento fundacional, en una segunda entrega.
PRÓLOGO: LA REUNIÓN
Bienvenidos al primer Congreso Mundial anual de Praxis
Este es el primer Congreso Mundial de Praxis, un encuentro que será recordado en la historia.
Miren a su alrededor. Recuerden estas caras. Están siendo testigos del primer encuentro de lo que algún día requerirá estadios para ser albergado, con millones de personas viéndolo en todo el mundo. Y esto es solo el comienzo. Pronto, antes de lo que muchos de ustedes imaginan, celebraremos este congreso en nuestra propia ciudad, construida por nuestras propias manos.
Este es el momento en que nuestra ciudadanía global se transforma en algo más grande: un pueblo que forja su destino en conjunto. Toda gran nación tiene momentos como este.
Este es el momento en que nuestra ciudadanía global se transforma en algo más grande: un pueblo que forja su destino en conjunto.
¿Cuántos de ustedes imaginaron alguna vez que fundarían una nueva nación? Quizás pensaban que esos momentos pertenecían a los libros de historia, que la era de la construcción de naciones había terminado. Y, sin embargo, aquí están. Porque esto es exactamente lo que nuestro momento exige.
Muchos de ustedes en esta sala están trabajando en la creación de tecnología que nos permitirá hacer cosas que nunca creímos posibles: como reflejar la luz del espacio o hacer llover a voluntad. Son cosas fascinantes. Pero la tecnología que hace llover en la finca de tu amigo, la que produce la comida que alimenta a sus familias, esa tecnología tiene un propósito aún mayor. Eso es lo que significa construir una nación. Ahí es cuando tu proyecto, tu empresa, tu trabajo se convierte en algo aún más trascendente.
No hay vuelta atrás después de esta revelación. No se puede volver a soñar en pequeño. Una vez que has vislumbrado esta posibilidad, ya no te conformarás con menos.
Observen de nuevo a la gente en esta sala. Ven amigos. ¿Es posible tener un país conformado por tus amigos? Mis amigos… eso es lo que se supone que debe ser un país.
Estamos aquí para mostrarles que esto ya está ocurriendo. Hay momentos en la historia que marcan el comienzo de una nueva era, sean o no conscientes de ello sus participantes. Momentos que dividen el tiempo en un “antes” y un “después”. Esta es una de esas ocasiones. Déjenme explicarles por qué.
Hay momentos en la historia que marcan el comienzo de una nueva era, sean o no conscientes de ello sus participantes. Momentos que dividen el tiempo en un “antes” y un “después”. Esta es una de esas ocasiones.
I. LA TECNOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN DETERMINA LA ORGANIZACIÓN HUMANA
En las últimas décadas, ha surgido algo sin precedentes en la historia de la humanidad: una nueva forma de conciencia nacida de la era de internet. Cada persona en esta sala vive esta transformación. Más allá de nuestros vínculos más estrechos, ahora encontramos nuestro sentido más profundo de propósito en las comunidades que hemos elegido en vez de las que hemos heredado, en las identidades que hemos construido en vez de las que hemos recibido. Esto no es meramente evolución social, es la transformación completa de la posibilidad política. Lo que sigue no podría ser más inevitable.
El patrón que presenciamos es tan antiguo como la civilización misma. Cuando los humanos transforman la forma en que se comunican, transforman su forma de gobernarse. Esto no es teoría, es ley de hierro. Pues la política, en esencia, no es más que lo que la gente cree. Y los humanos siempre han entendido su mundo a través de relatos. Cuando la tecnología de la narración se transforma, cuando la arquitectura misma de las creencias cambia, los órdenes políticos evolucionan o desaparecen. Esta es la fuerza impulsora de la civilización misma.
Déjenme mostrarles este patrón forjado a lo largo de la historia. Cada revolución en la comunicación humana creó no solo nuevas formas de compartir información, sino nuevas formas de conciencia, comunidad y poder.
Cada revolución en la comunicación humana creó no solo nuevas formas de compartir información, sino nuevas formas de conciencia, comunidad y poder.
Primero vino el lenguaje hablado: a través de relatos precisos sobre cómo funcionaba el mundo, los líderes unieron bandas dispersas en las primeras tribus, los primeros cacicatos. Luego surgieron las tradiciones orales: historias que sobrevivieron a sus narradores, mitos transmitidos de generación en generación. A través de estas narrativas perdurables, las tribus se unieron en los primeros reinos, unidos por relatos compartidos que legitimaban su autoridad. Luego, la escritura: pensamientos perfectamente conservados en piedra y arcilla, libres de la decadencia de la memoria. A través de estos registros permanentes, los reinos se convirtieron en los primeros auténticos imperios, ya que las leyes y registros estandarizados ahora podían gobernar vastos territorios.
Luego vino la imprenta, y todo cambió. De repente, las historias y las ideas podían llegar a millones simultáneamente. A través de libros y periódicos producidos en masa, desconocidos podían imaginarse a sí mismos como un solo pueblo, una nación. Nació el Estado-nación. Luego, las telecomunicaciones aceleraron este poder más allá de la imaginación. Cada avance hacía que la difusión de relatos fuera más rápida y barata, y permitía que estos llegaran a territorios aún más grandes. La radio y la televisión orquestaron la conciencia de continentes enteros, dirigiendo las creencias de millones como una vasta sinfonía, dando a luz a las primeras auténticas superpotencias.
¿Y ahora? Ahora viene la transformación final. La rueda de la historia completa su vuelta. Por primera vez, el poder de la comunicación masiva ha llegado al individuo. Cada persona ahora puede hablar con la humanidad misma, instantáneamente, libremente, en cualquier medio que elija. El monopolio de la conciencia se rompe para siempre. Y con esto, todo debe cambiar.
Cuando una nueva tecnología transforma la forma en que se difunden las ideas, el poder fluye como el agua encontrando su camino montaña abajo. Probando cada canal, descubriendo cada ruta posible, hasta que nuevos ríos de creencias abran caminos permanentes a través de la conciencia humana. Esto no está planeado ni dirigido, es tan inevitable como la gravedad misma. Estos nuevos canales se convierten en la infraestructura misma de la organización humana.
Cuando una nueva tecnología transforma la forma en que se difunden las ideas, el poder fluye como el agua encontrando su camino montaña abajo.
La imprenta demuestra este patrón a la perfección. Cuando se rompieron los viejos monopolios de creencias de la Iglesia y la Corona, surgieron nuevas ideas como el oro de la arena. El humanismo, los derechos individuales, todo el proyecto de la Ilustración, estos no fueron simplemente ideas que se difundieron. Eran ideas perfectamente adecuadas para un mundo donde la verdad finalmente podía llegar directamente a las masas. Y de estas ideas, solo podría surgir una forma política: el Estado-nación.
Lo que siguió fue inevitable. Durante siglos, una monarquía tras otra cayó, derrocada por masas que habían descubierto una nueva identidad a través de la palabra impresa. Las personas que solo habían conocido su aldea, su comunidad inmediata, de repente se vieron a sí mismas como parte de algo mucho más grande. A través de periódicos y libros, aprendieron quiénes eran, qué los unía, qué debían valorar y defender. Cuando la identidad humana se transformó, la realidad política no tuvo más remedio que seguir su camino.
Así como esas nuevas formas de poder surgieron entonces, surgen ahora. Así como esas ideas remodelaron el mundo entonces, nuevas ideas lo remodelan ahora. Pero esta vez, la escala es global y la velocidad no se mide en siglos o décadas, sino en instantes. La imprenta dio a luz al Estado-nación. Nuestra revolución digital ahora da a luz a su sucesor. Y estamos presenciando su primer aliento.
Pero esta vez, la escala es global y la velocidad no se mide en siglos o décadas, sino en instantes. La imprenta dio a luz al Estado-nación. Nuestra revolución digital ahora da a luz a su sucesor.
II. DE TRIBUS A IMPERIOS
Miren lo que está sucediendo en línea. Los humanos, al encontrarse en este vasto nuevo territorio, han regresado instintivamente a su forma más antigua de organización: la tribu. Tribus de nativos de internet que se reúnen en torno a valores compartidos, creencias compartidas y visiones compartidas del futuro.
Esto no es una metáfora, es el patrón fundamental de la organización humana que se reafirma a través de nuevos medios. Así como las tribus antiguas se reunieron en torno a mitos compartidos y rituales sagrados, las tribus digitales se reúnen en torno a narrativas y prácticas compartidas. El medio es nuevo, pero la necesidad humana de pertenencia, de significado, de un propósito común… esa sigue tan viva como siempre.
Y mientras esto se desenvuelve, vean lo que está colapsando. Las naciones occidentales ya han renunciado a reclamar las lealtades más profundas de su gente, reduciéndose a meras zonas económicas, con sus identidades nacionales disolviéndose como niebla matutina. Pregúntense: ¿Cuántos de ustedes sienten que su verdadera identidad está ligada al país de su pasaporte? ¿Cuántos sienten un orgullo genuino por su ciudadanía actual? ¿Cuántos de ustedes miran a sus líderes políticos y ven reflejados sus propios valores de forma radiante? Si vives en Occidente, ya sabes la respuesta. El vínculo sagrado entre los líderes y los dirigidos se ha roto.
¿Cuántos de ustedes miran a sus líderes políticos y ven reflejados sus propios valores de forma radiante? Si vives en Occidente, ya sabes la respuesta. El vínculo sagrado entre los líderes y los dirigidos se ha roto.
No se trata solo de desacuerdo con las políticas o insatisfacción con los servicios. Se trata de una ruptura fundamental en la narrativa que le da sentido a la autoridad política. Cuando miras a tus líderes políticos y no ves nada de ti mismo, nada de tus valores, nada de tus aspiraciones, cuando el lenguaje que usan para describir la realidad se siente ajeno a tu experiencia y los relatos que cuentan sobre el mundo se perciben como mentiras, es entonces cuando sabes que una forma política ha perdido su legitimidad. La vida misma deja de tener sentido. Esta es la verdadera crisis de nuestra era: no económica, no tecnológica, sino existencial.
La historia nos muestra lo que sucede a continuación. Cuando los imperios decaen, cuando la salida física se vuelve imposible, la gente encuentra formas de salir sin moverse de su sitio. La Iglesia cristiana del siglo V ilumina nuestro camino. A medida que Roma se desmoronaba, la Iglesia creó algo revolucionario: una completa sociedad alternativa. Ofreció no solo orientación espiritual, sino comunidad, propósito, y lo más crucial: una nueva forma de vivir de acuerdo con los verdaderos valores sin dejar el hogar. Uno de nuestros praxianos llamó a esto el primer Estado-red. Vio más allá de lo que creía.
Porque la Iglesia descubrió algo profundo: no se necesitan ejércitos ni territorios para remodelar el mundo, solo se necesitan mejores respuestas a las preguntas fundamentales de la existencia humana. ¿Quién soy? ¿Qué es lo que importa? ¿Qué le da sentido a la vida? Cuando puedes responder a estas preguntas, el territorio se vuelve irrelevante. La Iglesia nos enseñó que el verdadero poder no reside en controlar la tierra, sino en dar forma a los relatos conforme a los cuales viven los seres humanos.
La Iglesia nos enseñó que el verdadero poder no reside en controlar la tierra, sino en dar forma a los relatos conforme a los cuales viven los seres humanos.
Pero la historia se mueve más rápido ahora. Lo sienten, ¿verdad? Estamos viviendo una compresión del tiempo histórico diferente a todo lo que la humanidad ha presenciado. La brecha entre lo posible y lo actual se acorta cada día. Las ideas se hacen realidad a la velocidad del pensamiento. Lo que a Roma le llevó generaciones, lo lograremos en años. Esta aceleración no se trata solo de velocidad, sino de posibilidad. La convergencia de la tecnología digital, la inteligencia artificial y la aspiración humana ha creado un momento cargado de destino.
Miren de nuevo el paisaje digital. Las tribus se dispersan por la extensión virtual, a la espera del poder que las una. No anhelan otra aplicación o plataforma, sino algo más grande: un imperio de sentido en una era de caos. Esperan un nuevo tipo de imperio, construido no sobre la conquista del territorio, sino sobre el magnetismo de la visión y los valores compartidos. Un imperio que ofrezca no solo comunidad, sino trascendencia.
Déjenme decirles algo que pocos entienden todavía: la era de los Estados-red es simplemente un prólogo. Lo que viene a continuación es la era de los Imperios-red. Y Praxis será el primero. Recuerden este momento. Recuerden dónde estaban cuando escucharon estas palabras por primera vez: seremos la Roma de la era digital.
La era de los Estados-red es simplemente un prólogo. Lo que viene a continuación es la era de los Imperios-red.
III. LA ERA DE LA INTELIGENCIA
La congregación de tribus digitales no es más que el primer acto de un drama tan antiguo como la civilización misma. Pues a medida que construimos las estructuras para unir a las tribus dispersas de internet, la inteligencia artificial rompe los cimientos sobre los que se ha construido toda la sociedad humana: la necesidad del trabajo.
La rueda de la historia gira una vez más. La Revolución Industrial nos sirve de espejo. Cuando el vapor y el carbón revolucionaron la producción, el paisaje humano se alteró por completo. Los campos se vaciaron mientras se poblaban las fábricas. Antiguas aldeas se transformaron de forma explosiva en metrópolis. Pero en medio de esta agitación, surgió algo aún más profundo. La Revolución Industrial creó las condiciones para una identidad humana completamente nueva: la clase trabajadora, una conciencia de clase que trascendía las fronteras nacionales, las religiones y las etnias.
El poder de esta nueva identidad era asombroso. A través de los nuevos mecanismos de comunicación masiva, el comunismo convirtió esta identidad del proletariado en algo tan poderoso que reformuló el mapa político del mundo entero. La mitad del planeta se reorganizó en torno a esta nueva comprensión de la identidad y el propósito humanos. Esta no era solo una categoría económica. Era una nueva forma de entender quién eras, qué representabas y quién estaba contra ti. Una nueva realidad económica creó una nueva identidad, que creó un nuevo orden político. Y ahora, a medida que la IA transforma la base misma del trabajo humano, este patrón está a punto de repetirse, pero a una escala que hará que la Revolución Industrial parezca un mero preludio.
A medida que la IA transforma la base misma del trabajo humano, este patrón está a punto de repetirse, pero a una escala que hará que la Revolución Industrial parezca un mero preludio.
Nos encontramos en el umbral de la era de la inteligencia, donde el trabajo humano ya no impulsa el motor de la civilización. Esta transformación da a luz una nueva conciencia: una identidad poslaboral.
Para comprender la magnitud de lo que debemos escapar, vean la vida moderna. Realmente véanla. Lo que hoy llamamos normal no es más que una versión más limpia del trabajo en una fábrica. ¿Por qué nos enferma oír hablar de un niño en un taller clandestino? No se trata solo de las condiciones físicas o la explotación. Es porque reduce un ser de infinito potencial a una mera unidad económica. Aplasta el espíritu humano bajo la rueda de la producción. Reconocemos instantáneamente que viola algo fundamental sobre la naturaleza humana. Cuando vemos a un niño en un taller clandestino, estamos viendo la versión más cruda de lo que se ha convertido toda nuestra civilización: un sistema que reduce a los seres humanos a unidades económicas, que mide el valor humano en términos de desempeño productivo. Esto no solo está mal, es una traición fundamental a lo que significa ser humano.
Ahora vean su propia vida. Nuestras economías modernas, aunque menos visiblemente brutales, logran la misma disminución espiritual. Hemos aceptado una pálida sombra de las vidas ricas y plenas que vivieron nuestros antepasados: vidas con propósito, significado y genuino florecimiento humano. Hemos cambiado la plenitud de la experiencia humana por la eficiencia económica.
Pero la era de la inteligencia nos ofrece algo extraordinario: la oportunidad de liberarnos de esta prisión de la función económica pura. Por primera vez en la historia de la humanidad, tenemos la capacidad tecnológica para construir una civilización que no se base en el trabajo humano. Piensen en lo que esto significa. Toda forma previa de sociedad humana, todo sistema político, todo esquema económico se ha construido sobre la suposición de que los seres humanos deben trabajar para sobrevivir. Esta restricción ha dado forma a todo: nuestros valores, nuestras relaciones, nuestra concepción de para qué sirve la vida. Pero cuando la IA elimina esta restricción, finalmente podemos preguntarnos: ¿Cuál es el propósito de la civilización humana? ¿Y el de los seres humanos? ¿Qué tipo de mundo queremos construir cuando ya no estemos atados por la necesidad del trabajo? Praxis no se limitará a adaptarse a la era de la inteligencia, la acogeremos como la oportunidad de devolverle a la humanidad su plena estatura. Tenemos una visión de la vida humana más allá de la fábrica, más allá de la oficina, más allá de la mera utilidad económica.
Cuando la historia otorga a una generación la oportunidad de remodelar la civilización, también le otorga la fuerza para lograrlo. Vemos nuestro propósito en nada menos que la creación de un nuevo imperio digno del mayor potencial de la humanidad.
Pero la era de la inteligencia nos ofrece algo extraordinario: la oportunidad de liberarnos de esta prisión de la función económica pura. Por primera vez en la historia de la humanidad, tenemos la capacidad tecnológica para construir una civilización que no se base en el trabajo humano.
IV. EL ESPÍRITU PIONERO
Para construir de nuevo, debemos reavivar un fuego antiguo: el espíritu del pionero. ¿Dónde encontramos este espíritu? Miren a nuestros antepasados: miren ese extraordinario impulso humano de fundar nuevas sociedades, de ser pioneros en nuevos mundos.
Recordemos a los colonos del siglo XV, que cruzaron océanos letales hacia tierras inexploradas, impulsados por una visión inquebrantable de un mundo que coincidía con sus más altos ideales. Buscaban no solo libertad religiosa o prosperidad, sino algo aún más profundo: el derecho a moldear la sociedad de acuerdo con sus propios valores, sus propias creencias. Esos viajes, esos actos de pura convicción y coraje, no solo atravesaron océanos. Dieron luz a naciones. El propio Estados Unidos, la potencia más poderosa de la historia, comenzó como nada más que una chispa de este espíritu pionero.
Esos viajes, esos actos de pura convicción y coraje, no solo atravesaron océanos. Dieron luz a naciones. El propio Estados Unidos, la potencia más poderosa de la historia, comenzó como nada más que una chispa de este espíritu pionero.
Ese mismo fuego arde en nosotros hoy, arde más brillante que nunca. La sangre de los pioneros corre por nuestras venas. La Providencia nos ha elegido para llevar este antiguo espíritu a nuevas fronteras en el mismo momento en que el futuro de la civilización humana está en la balanza.
Nuestros antepasados cruzaron océanos y llanuras interminables; nosotros también cruzaremos territorios inexplorados. Pero nuestra frontera no es física, es el reino del potencial humano en sí mismo. Sus barcos eran de madera y lona; los nuestros están construidos a partir de código y visión. Somos pioneros de igual osadía, dando el mismo salto a la historia. No solo estamos construyendo otra nación, estamos forjando un camino hacia una nueva dimensión de posibilidades humanas.
Y tan ciertamente como esas primeras y audaces colonias se convirtieron en la civilización más poderosa de la Tierra, nuestro comienzo digital se convertirá en algo que remodelará la propia historia humana.
V. EL IMPERIO-RED
Permítanme ser claro: No tenemos interés en ser tan solo otro Estado-red. Los Estados son burocracias. Los Estados simplemente existen. Los Estados se mantienen. ¿Pero los Imperios? Los Imperios sueñan. Los Imperios construyen. Los Imperios unen. Los Imperios trascienden. Un Estado opera dentro de reglas, un Imperio las escribe. Un Estado administra el territorio, un Imperio transforma la civilización misma. Cuando decimos que estamos construyendo un Imperio-red, queremos decir que crearemos formas completamente nuevas de civilización humana.
GK Chesterton escribió una vez: “Los hombres no amaban a Roma porque fuera grande. Roma fue grande porque la habían amado”. He elegido Praxis como el trabajo de mi vida, al igual que muchos de ustedes aquí hoy. Y a todos aquellos que buscan un imperio digno de su amor, su dedicación, sus más altas aspiraciones, los invitamos a encontrar su hogar con nosotros.
Cuando decimos que estamos construyendo un Imperio-red, queremos decir que crearemos formas completamente nuevas de civilización humana.
VI. LA MATERIALIZACIÓN DE LA VISIÓN
Lo que nos lleva a por qué nos encontramos hoy aquí en la República Dominicana. Este es nuestro primer prototipo. Cuando las relaciones en línea se vuelven físicas, ocurre algo profundo. Cada comida compartida, cada conversación nocturna, cada momento de reconocimiento entre personas que se conocían a través de las pantallas: así es como una comunidad de internet se transforma en un pueblo.
Pero algo aún más significativo está sucediendo aquí. Mientras caminan por estas calles, mientras respiran este aire, consideren: ¿podría ser aquí donde nuestra visión tome forma terrenal por primera vez? ¿Podría ser esta la cuna de nuestra primera ciudad? Vemos un gran potencial en este lugar, pero la verdadera prueba es esta: ¿pueden imaginar construir una vida aquí? ¿Pueden ver esta tierra nutriendo no solo una ciudad, sino las semillas de una nueva civilización?
Cierren los ojos e imaginen. Visualicen las bulliciosas calles, la imponente arquitectura, el murmullo de la innovación. Imaginen las escuelas donde nuestros hijos aprenderán a soñar con audacia, los laboratorios donde nacerá la tecnología que rompe fronteras, los foros donde tomarán forma nuevas filosofías. Imaginen el arte, la música, la literatura que surgirá de este suelo, la cultura que definirá una época.
Esto es lo que estamos construyendo. No solo una ciudad, sino una idea lo suficientemente poderosa como para cumplir, con la gracia de Dios, con nuestro legítimo destino.
Esto es lo que estamos construyendo. No solo una ciudad, sino una idea lo suficientemente poderosa como para cumplir, con la gracia de Dios, con nuestro legítimo destino.
VII. DECLARACIÓN DE ASCENSO
Y ahora llegamos al momento que será recordado por generaciones. Al concluir este discurso, tendrán la oportunidad de firmar la Declaración de Ascenso, un documento que marca el próximo gran salto adelante de la humanidad.
Así como los Padres Fundadores firmaron su Declaración en Filadelfia, ustedes también lo harán. Sus rúbricas unirán el pasado y el futuro, conectándonos con cada gran declaración de la historia mientras crean algo sin precedentes: un documento fundacional que nunca podrá ser destruido, al que sus descendientes señalarán dentro de siglos.
Así como los Padres Fundadores firmaron su Declaración en Filadelfia, ustedes también lo harán. Sus rúbricas unirán el pasado y el futuro, conectándonos con cada gran declaración de la historia.
Nuestra Declaración habla de tres ascensiones: A la nube, trascendiendo las fronteras físicas a través de las conexiones de internet. Al espacio, reclamando el destino de la humanidad entre las estrellas. Y hacia la trascendencia: siendo pioneros en las cimas que el mundo que crearemos en la nueva era de la inteligencia hará posibles.
Ahora invito a nuestro consejero general y arquitecto jefe de civilización, C. J. Haynes, a leer el texto de nuestra Declaración… ![]()
*Esta transcripción recoge el discurso pronunciado en el Congreso Mundial de Praxis, donde se proclamó el primer Imperio-red y se firmó la Declaración de Ascenso. El texto se ha editado de forma mínima para adaptarlo al formato escrito, conservando la esencia y el espíritu del discurso original.
El texto original en inglés fue publicado por la página de Praxis y puede consultarse en el siguiente enlace: https://www.praxisnation.com/news/declaration-speech
