PRIMER AÑO DE ORSI: ENTRE PRESIONES INTERNAS Y EXPECTATIVAS REGIONALES

El gobierno del Frente Amplio (FA), liderado por el presidente Yamandú Orsi, cumplió el pasado 2 de marzo su primer año de gestión en medio de un contexto interno marcado por una oposición que no da tregua, preocupaciones de la población en torno a la seguridad y la economía, y un escenario externo cada día más convulso. A pesar de su tamaño territorial y peso económico menor en el mundo, Uruguay cuenta con un prestigio en el ámbito regional que lo ha llevado a ser un actor de relevancia estratégica para la configuración latinoamericana. En el futuro inmediato, el Ejecutivo en manos del FA se enfrentará, además de a las demandas internas, a las expectativas sobre su papel al frente de la Presidencia Pro Témpore (PPT) de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). En Traza Continental, hacemos un repaso de los primeros doce meses de gobierno del presidente Orsi y evaluamos las condiciones en las que inicia su segundo año de mandato.

Uruguay no escapa a la dinámica de polarización política que se expande por las democracias alrededor de todo el mundo. Yamandú Orsi cumplió el mes pasado su primer año de gobierno con una oposición que lo enfrenta con ferocidad y niveles de aprobación que, pese a los esfuerzos gubernamentales, no superan el 40%. La gran mayoría de las encuestas alertan sobre la caída de la imagen presidencial, tanto entre votantes opositores como propios, y analistas de todo el espectro hablan de un distanciamiento entre el gobierno y las demandas sociales. El propio oficialismo ha reconocido que no ha logrado generar “sintonía” con su base social y atribuye este déficit a “fallas en la comunicación” y a la “gestión de la política”. Lo que es definitivamente un hecho es que, después de un gobierno marcado por una agenda de ajustes, como lo fue el de Luis Lacalle Pou, las expectativas de cambio son altas y la exigencia social es fuerte.

Recordemos que Orsi llegó al poder después de vencer en balotaje en noviembre de 2024 —y por una diferencia de solo tres puntos— al delfín político del ex presidente Lacalle Pou, Álvaro Delgado. El ex intendente de Canelones, con un estilo sencillo y cercano —característico de los cuadros del Movimiento de Participación Popular (MPP) que lideró durante décadas el icónico ex presidente José “Pepe” Mujica— representó la voluntad de cambio de la mitad de la sociedad uruguaya que había visto durante cinco años cómo Lacalle Pou diseñaba un país en sentido inverso al recorrido durante los últimos quince años al calor de numerosas reformas estructurales. Seguridad, justicia, educación y trabajo fueron las principales áreas en las que el ex presidente del Partido Nacional hizo modificaciones sustanciales. Sin embargo, a pesar de su audaz plan de transformación en clave neoliberal, no consiguió darle continuidad a su proyecto y el FA volvió al poder después de haber gobernado el país de 2005 a 2020 de manera ininterrumpida.

El propio oficialismo ha reconocido que no ha logrado generar “sintonía” con su base social y atribuye este déficit a “fallas en la comunicación” y a la “gestión de la política”.

La administración de Lacalle Pou no solo aumentó la deuda pública en más de 10 puntos del PIB, sino que dejó un déficit fiscal del 4,3%, tuvo varios escándalos de corrupción, como la entrega de pasaportes a un narcotraficante, y fue el período en el que las tasas de homicidios se dispararon: durante el mandato de Lacalle Pou se registraron mil 591 homicidios, mientras que en el mismo periodo del gobierno anterior el total fue de mil 439, según números oficiales.

LA INSEGURIDAD: PRINCIPAL PREOCUPACIÓN

Este escenario ha hecho que la inseguridad se convirtiera en una de las principales preocupaciones de los uruguayos. Si bien en el 2025 el gobierno recibió críticas por no tener una estrategia clara en materia de seguridad, durante el último año la administración frenteamplista logró una reducción en los índices correspondientes al delito y en marzo de este año presentó un Plan Nacional de Seguridad a diez años, que supone una interacción entre la Policía y todas las áreas del Estado, más una serie de medidas —como establecer un control a la venta de armas, el cibercrimen y el narcotráfico—, con el fin de consolidar esa tendencia a la baja.

Orsi corre a contrarreloj porque la mayoría de las encuestas muestra que la preocupación por la inseguridad en su gobierno no bajó, más bien sostuvo su tendencia al alza. Una encuesta de Cifra de octubre de 2025 indicó que el 38% de los ciudadanos uruguayos tenía como principal preocupación la inseguridad, la delincuencia y el narcotráfico. Otro estudio de la firma Equipos publicó una investigación a fines de febrero, con motivo del primer año de gestión de Orsi, y encontró que la inseguridad fue el principal tema de preocupación a lo largo de todo el 2025 para el 49% de la sociedad.

Aunque en el primer año de gestión Orsi logró reducir un 3,4% la cantidad de homicidios, según los números que presentó el Área de Estadística y Criminología Aplicada (AECA), y lo cerró con una tasa de 10,3 homicidios cada 100 mil habitantes —por debajo del peor guarismo de la serie alcanzado en 2018 (12 homicidios cada 100 mil habitantes)—, la preocupación no desapareció. Mucho menos para la oposición, que incluso afirma que la baja es “inercial”. En diálogo con Traza Continental, el secretario del Partido Colorado, Andrés Ojeda, opinó: “Fue un año de muy poca cosa. El presupuesto es malo, tiene una proyección de crecimiento que ya está fallando; no se enfocó en la seguridad y ahora estamos con problemas muy importantes”.

Orsi corre a contrarreloj porque la mayoría de las encuestas muestra que la preocupación por la inseguridad en su gobierno no bajó, más bien sostuvo su tendencia al alza.

Las críticas también se hicieron oír desde el Partido Nacional. Un día antes del discurso de Orsi ante el Congreso el pasado dos de marzo, el partido de Lacalle Pou compartió un documento titulado “Construir sin destruir” en el que denunció la brecha entre la “narrativa electoral y la ejecución efectiva”. El Partido Nacional denunció que el Gobierno se quedó enredado en un continuum de mesas de trabajo, particularmente en materia de seguridad, que no se tradujeron aun en “resultados concretos”. Esto también lo resaltó el politólogo Adolfo Garcé, quien consideró que el Gobierno perdió los primeros cien días de mayor fortaleza política para hacer anuncios de alto impacto.

“El diálogo es valioso cuando complementa un rumbo definido; pero cuando sustituye la toma de decisiones o la planificación previa, evidencia una carencia de preparación programática. La acumulación de procesos deliberativos sugiere que el esfuerzo principal estuvo orientado a ganar la elección y no a estructurar un plan de gobierno listo para ser ejecutado”, remató el Partido Nacional en una extensa carta de 16 páginas donde marca su oposición al rumbo del gobierno frenteamplista.

En tanto, en la apertura de sesiones, Orsi destacó como objetivo la construcción de dos cárceles de máxima seguridad, con estrictos controles y tecnología de punta, para personas imputadas o condenadas por delitos que representan un alto riesgo para la sociedad, a la vez que hizo énfasis en el Plan Nacional de Seguridad Pública y destacó la creación del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.

ECONOMÍA: CRECIMIENTO MODERADO E “IMPUESTO TEMU”

Hay otra preocupación entre los uruguayos que pelea el podio con la seguridad y esa es la economía. En el plano macroeconómico, Orsi destacó que la inflación de 2025 fue del 3,5%, la más baja de los últimos 25 años, una tendencia que se mantuvo hasta febrero de 2026, cuando la interanual dio 3,11% y fue la más baja de los últimos 70 años. También destacó que el año pasado se crearon 26 mil puestos de trabajo, lo que elevó el número de personas ocupadas a un millón 755 mil, dentro de las cuales es importante el aumento de la tasa de empleo registrada entre mujeres, que llegó a su máximo histórico. En total se crearon 19 mil empleos femeninos nuevos.

La encuesta de Cifra publicada en octubre del año pasado, que consultó sobre los principales problemas del país, registró que la preocupación por la economía casi igualaba al temor por la inseguridad. Del total de encuestados, el 37% mencionó algún problema económico, sobre todo la falta de trabajo y la queja porque “la plata no alcanza”. Según el estudio, estos números no se veían desde el parate productivo provocado por la pandemia del Covid-19.

Orsi destacó que la inflación de 2025 fue del 3,5%, la más baja de los últimos 25 años, una tendencia que se mantuvo hasta febrero de 2026, cuando la interanual dio 3,11% y fue la más baja de los últimos 70 años.

Sin embargo, hay que señalar que las prioridades de los encuestados están directamente vinculadas a sus posiciones políticas. Los votantes de lo que fue la coalición opositora están más preocupados por la inseguridad, mientras que los del FA y los votantes menos politizados se dividen entre la economía y la inseguridad. Pero no solo la afinidad política importa cuando se habla de los principales problemas. También incide la realidad cotidiana y allí adquiere relevancia el lugar de residencia. El desempleo preocupa más en el interior del país, mientras que en la zona metropolitana (Montevideo y Canelones) la inseguridad es el principal problema mencionado, con una amplia diferencia sobre el resto del territorio.

Esta diferenciación entre el interior y el centro también tiene su correlato en el comercio. La Cámara de Comercio y Servicios de Uruguay indicó que ocho de los 15 rubros analizados por su organización registraron caídas o estancamientos en sus ventas en términos reales, al tiempo que los otros siete crecieron. Es decir, cerraron un año de “crecimiento magro”, según dijo la asesora Ana Laura Fernández. Si se divide la información por regiones, las ventas en la capital, Montevideo, crecieron un 1,1%, mientras que en el interior del país cayeron un 3,1%.

El gobierno reconoce que la situación no es la ideal y sostiene que Lacalle Pou escondió la magnitud de la crisis económica, principalmente el tamaño del déficit fiscal. Recientemente, el presidente del FA, el sindicalista Fernando Pereira, explicó en el programa Al Weso que al asumir encontraron una “deuda en el Estado” que no esperaban. Lacalle Pou hablaba de un déficit en torno al 2%, pero Orsi dijo que heredó uno por encima del 4%. Además, el oficialismo reconoce que el contexto internacional hizo que Uruguay tuviera que ajustar sus previsiones. 

En ese marco, una de las medidas de Orsi fue acordar el año pasado con todos los departamentos una transferencia de recursos histórica —según definió el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto Rodrigo Arim— por cerca de 800 millones de dólares anuales. Orsi, que tiene encima la experiencia de haber manejado la intendencia de Canelones y lo que significa negociar recursos con el Ejecutivo nacional, avanzó en esta promesa de campaña para lograr de a poco una descentralización del gobierno.

Una de las principales medidas económicas que tomó el oficialismo para enfrentar la crisis fiscal que heredó —y que resultó antipática para la opinión pública— fue la aprobación de una serie de impuestos. Si bien son progresivos, el gobierno enfrentó duras críticas porque basó su campaña en la promesa de no crear nuevos tributos. Además, dentro de las filas del FA surgieron señalamientos porque Orsi no se decidió por implementar el impuesto al 1% más rico de la sociedad, una propuesta que impulsó el senador frenteamplista Gustavo González y que fue apoyada por el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Juan Castillo, y el Plenario Intersindical de Trabajadores-Convención Nacional de Trabajadores (PIT-CNT), que aglutina a la casi totalidad de las centrales sindicales de Uruguay. “Comparto la dirección a la que apunta”, había dicho Castillo sobre la propuesta.

Una de las principales medidas económicas que tomó el oficialismo para enfrentar la crisis fiscal que heredó —y que resultó antipática para la opinión pública— fue la aprobación de una serie de impuestos.

En cambio, avanzó con la implementación del Impuesto Mínimo Complementario Doméstico (IMCD) para las empresas que facturan más de 750 millones de euros al año, en línea con el Impuesto Mínimo Global de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). Además, gravó con el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF) las ganancias de capital por inversiones en el exterior e implementó el popularmente conocido como “impuesto Temu”, que aplica un IVA del 22% a las compras web al exterior realizadas por plataformas. Este último fue el que enredó al gobierno en críticas de ambos lados del espectro político porque afecta directamente a las economías domésticas, aunque también fue un gesto a pedido de las pequeñas y medianas empresas del país que denunciaban competencia desleal frente a las firmas chinas.

El FA, en voz de Pereira, dijo al respecto: “Marca que somos un gobierno de izquierda el hecho de haberle colocado impuestos a las multinacionales que facturan por más de 700 millones de euros”, defendiendo al oficialismo de las críticas que recibió durante aquellos días.

Es importante decir que el gobierno avanzó en la agenda tributaria con apoyo de la oposición en el Congreso. Es más, fue el presupuesto con mayor nivel de acompañamiento desde 1985, según destacó el ministro de Economía, Gabriel Oddone, quien no viene de las filas del FA. Pereira también defendió que la política impositiva recibió respaldo opositor en el recinto y además insistió en que esta recaudación adicional se destinará a cubrir el déficit que dejó Lacalle Pou y “cumplir con las promesas del gobierno”. La bandera del oficialismo es tener a la “justicia social como una obligación moral”. “Nada de esto tiene que ver con el modelo de Lacalle Pou”, insisten. Entre las medidas adoptadas por Orsi que sustentan esta postura se destaca una expansión del gasto público en 140 millones para atender la pobreza infantil.

REDISEÑO INDUSTRIAL

Apenas asumió, Orsi se encontró en enero de 2025 con una crisis industrial en puertas con el cierre de la empresa autopartista japonesa Yazaki, en Colonia y Canelones, al que después se sumaron al menos cuatro empresas más. Entre ellas, la multinacional especializada en fabricación de maquinaria Cla Sienz; la empresa estadounidense de tecnología de gestión de recursos humanos UKG; la fábrica de adhesivos y productos relacionados, Fenedur (que trasladó su planta de producción a Argentina); y la Vienesa. Los cierres afectaron a casi dos mil trabajadoras y trabajadores  uruguayos.

Orsi se encontró en enero de 2025 con una crisis industrial en puertas con el cierre de la empresa autopartista japonesa Yazaki, en Colonia y Canelones, al que después se sumaron al menos cuatro empresas más.

Ante ello, el presidente asumió el compromiso de potenciar la capacidad productiva del país y convertirlo en un “hub regional industrial” y de “telecomunicaciones y conocimiento”. La apuesta, sin embargo, requiere de un plan a largo plazo que el Ejecutivo proyecta que lleve 15 años y para el que ya reinstaló los Consejos  Sectoriales, espacios de articulación entre los sectores público y privado que tienen como propósito aportar insumos al gobierno. Una de las primeras medidas fue la ampliación de incentivos fiscales para el sector metalmecánico, uno de los más afectados por los cierres.

Luego de una marcha con amplia convocatoria que lideró la Confederación de Sindicatos Industriales de Uruguay (CSI) en julio del año pasado, su titular, Danilo Dárdano, valoró positivamente la reinstalación de los Consejos Sectoriales, aunque advirtió que “detrás de las palabras deben estar los hechos”. Orsi hace equilibrio entre su promesa de reforzar la identidad del país como polo industrial y la presión del sector agroexportador, que se queja de un dólar que no considera atractivo para liquidar. Para este sector, el problema radica en que vende su producción en dólares pero paga sus costos en pesos. Entonces, al bajar el valor del dólar —en 2025 cerró con una caída del 11% y las proyecciones indican que puede haber una nueva baja este año—, el agro ve cómo se le deteriora su renta. En enero de este año, las gremiales rurales del litoral reclamaron medidas al gobierno y denunciaron que los números no cuadran de manera favorable. “Si la moneda dólar se deprecia un 20% y los costos en pesos uruguayos suben entre 5% y 8%, los números no dan”, argumentaron.

EL FRENTE EXTERNO: CONTINUIDAD DE LA POLÍTICA COMERCIAL Y TENSIONES AL INTERIOR DEL FA

Uno de los pocos consensos que agrupan al oficialismo y la oposición es la política de comercio exterior de Orsi, que tiene continuidad con la de gobiernos anteriores y responde a factores estructurales de la economía. Hubo un festejo unánime el 26 de febrero de este año cuando el Congreso ratificó el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea. El pacto se aprobó con el apoyo de 91 de 93 legisladores que pertenecen al oficialismo y a los opositores Partido Nacional, Partido Colorado, Cabildo Abierto y Partido Independiente.

En un año, Orsi también firmó más de 30 acuerdos con China y logró ampliar la cuota de exportación en mayor proporción a lo que hicieron Argentina y Brasil. En enero de 2026, la carne bovina se ubicó en el primer lugar del listado de productos uruguayos exportados a China, con ventas por 218 millones de dólares, lo que representó un incremento interanual de 8%, según datos de Uruguay XXI, la agencia responsable de la promoción de exportaciones.

En un año, Orsi también firmó más de 30 acuerdos con China y logró ampliar la cuota de exportación en mayor proporción a lo que hicieron Argentina y Brasil.

En el último año, Uruguay también recibió el visto bueno para iniciar el proceso de adhesión al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), un bloque que representa el 15% del PIB mundial y con el que el país rioplatense busca diversificar mercados. También se incorporó al Tratado de Amistad y Cooperación del Sudeste Asiático. “En un país con dimensiones como el nuestro, el multilateralismo es esencial. La política exterior es de resultados: defendemos el interés nacional con inteligencia”, dijo Orsi en su discurso de apertura de sesiones y destacó que la “estabilidad” del país y el sostenimiento de una política exterior clara es un “activo” para Uruguay.

Pero en este frente no todo han sido consensos. Muchos militantes del FA y del Movimiento de Participación Popular han considerado “tibia” la posición del presidente Orsi frente a algunos temas, como el genocidio en Gaza. Su base electoral le recrimina las escuetas palabras que dijo en su último paso por Naciones Unidas sobre el asunto: “Espero que no sea así”. Para defender su gestión y responder a la crítica interna, Pereira recordó que Uruguay votó en contra de Israel en la ONU y aseguró que el gobierno empezó una campaña financiera para ayudar a Cuba ante el bloqueo estadounidense.

LAS EXPECTATIVAS REGIONALES

A la renovada energía del oficialismo para encarar el segundo año de mandato también se suman las expectativas por la conducción de la CELAC, luego de haber recibido la PPT de la mano de Colombia a finales de marzo de este año. Reconocido por su política exterior alineada a la defensa de la soberanía, la paz y la autodeterminación de los pueblos, así como por su vocación multilateralista, Uruguay tendrá una oportunidad para restablecer puntos de contacto en la región, que está atomizada y bajo la constante presión del gobierno de Donald Trump.

Después de dos presidencias de CELAC —Argentina y Colombia— por debajo de las expectativas, Orsi tendrá el reto de construir el diálogo y la concertación política que revitalicen la autonomía de la región ante otros actores globales,  tejer puentes entre los países y coadyuvar a mantener la cooperación intrarregional, en un escenario marcado por disputas geopolíticas, ruptura de relaciones diplomáticas entre Estados latinoamericanos y hasta tensiones arancelarias.

RUMBO AL SEGUNDO AÑO

La vuelta del FA bajo el mando de Orsi tiene ante sí desafíos muy distintos de los que enfrentaron Tabaré Vázquez o el propio José “Pepe” Mujica cuando les tocó conducir los destinos del país. El escenario mundial está polarizado como no se había visto en este siglo, con una carrera bélica que pone en discusión, otra vez, una crisis energética y la posibilidad de amenazas nucleares. Desde la Casa Blanca, Trump no solo lleva adelante enfrentamientos bélicos, sino una activa guerra económica contra aquellos gobiernos que no se alinean a sus intereses. Por ahora, Uruguay no sufrió los efectos de la guerra arancelaria, dado que el republicano solo le aplicó impuestos del 10%. Pero los embates pueden venir desde cualquier lado. Incluso Uruguay puede asistir a un descalabro económico interno producto de la disparada del precio del petróleo como consecuencia de las tensiones en el Estrecho de Ormuz. La presión por un país más industrializado se suma a la que ejerce el sector agroexportador, que quiere volver a un país que se destaque por sus materias primas.

En el frente interno, Orsi enfrenta críticas de su propio espacio por ir “demasiado lento”. De alguna manera, evalúan que lo que ofrece es poco ambicioso en contraste con las expectativas que acumuló el sector popular y progresista durante los cinco años de políticas neoliberales de Lacalle Pou.

El riesgo que corre Orsi rumbo a su segundo año de gobierno es entrar en una deriva de desgaste, como le pasó a los últimos gobiernos progresistas de la región, pero también tiene la oportunidad de dar un golpe de timón que le permita no solo resistir los embates de la oposición, sino ganar terreno en aquellos temas centrales para la población y utilizar su política exterior y comercial como una herramienta de política interna.

En el frente interno, Orsi enfrenta críticas de su propio espacio por ir “demasiado lento». De alguna manera, evalúan que lo que ofrece es poco ambicioso en contraste con las expectativas que acumuló el sector popular…