A mitad de semana, una noticia cimbró el escenario político en Brasil: el Senado rechazó la nominación presidencial para el Supremo Tribunal Federal. El rechazo de Jorge Messias representa para Luiz Inácio Lula da Silva su mayor derrota política a pocos meses de las elecciones, evidenciando la crisis que tiene con los aliados que le ayudaron a alcanzar el poder en 2023, un aumento de las tensiones con la derecha, y un evento que se suma a una cadena de derrotas del gobierno en el Congreso brasileño.
Aunque Lula instruyó a su equipo reconocer la derrota sin escalar el conflicto institucional, las reacciones dentro del oficialismo fueron más duras. Guilherme Boulos, ministro de la Presidencia, afirmó que dicha decisión obedeció a una “alianza entre el bolsonarismo y el chantaje político”; en tanto, otros líderes afirmaron que se trató de un pacto para bloquear decisiones clave como la creación de una comisión investigadora del caso Master. Si bien el presidente aún puede proponer otro candidato, se prevé que la oposición aplace cualquier designación hasta después de las elecciones.
Mientras los opositores no terminaban de celebrar esta victoria, el Congreso asestó otro golpe al aprobar cambios que reducen las penas por golpismo, beneficiando al expresidente Jair Bolsonaro, limitando la acumulación de condenas y acelera su acceso a un régimen semiabierto, lo que podría permitir su salida de prisión en un plazo de dos a cuatro años. A esto se suma la autorización del magistrado Alexandre de Moraes para que Bolsonaro sea hospitalizado para someterse a una cirugía menor por una grave lesión en el hombro, lo que podría prolongar su permanencia fuera de la cárcel.

