CONTINUIDAD DEL CAMBIO O RETORNO A LA DERECHA:
ESCENARIOS ELECTORALES EN COLOMBIA

En menos de un par de semanas Colombia irá a las urnas para definir si renueva la apuesta por el cambio inaugurado por el gobierno de Gustavo Petro en 2022 o si, por el contrario, pega un volantazo en el tramo final. El escenario, por ahora, está planteado a tres bandas. El candidato oficialista Iván Cepeda lidera todas las mediciones y logra un traspaso casi total de los votos petristas, mientras pelean por el segundo lugar la postulante del viejo conocido Centro Democrático, Paloma Valencia —uribismo—, y quien representa la opción radical por derecha, el empresario Abelardo de la Espriella. Los analistas consultados por Traza Continental coinciden en que Cepeda tiene un techo alto y es quien logra movilizar con mayor éxito a su base de votantes, dado que la elección no es obligatoria, pero proyectan un escenario de balotaje dispuesto para el 21 de junio.

EL LEGADO DE PETRO

En la elección que se disputará el domingo 31 de mayo se juega, igual que en 2022, una tensión entre la vieja Colombia y el cambio. Petro logró abanderarse con esa promesa y su llegada al Palacio de Nariño resultó histórica en un país que se reconoce mayoritariamente de derecha. Según la última encuesta de Invamer presentada a finales de abril, el 36,7% de los colombianos se percibe dentro de ese espectro ideológico, aunque analistas políticos consultados consideraron que el guarismo es mucho mayor.

El gobierno de Petro empezó el camino de una transformación profunda en clave de justicia social, con una fuerte impronta ecologista que apostó por la transición energética y la consolidación de la paz. Además, logró avances importantes en el mercado de trabajo con la aprobación de la reforma laboral, que generó mejoras en las condiciones de contratación y recargos por trabajo nocturno, contemplando a los trabajadores de plataformas, así como un aumento sostenido del salario mínimo.

Otro de sus grandes hitos fue la aprobación de una reforma tributaria progresiva, que implicó una mayor carga impositiva para los sectores de mayores ingresos y la aplicación de nuevos tributos a los sectores de la economía extractivista como el petróleo y el carbón. Sin embargo, esa última medida no fue suficiente, por lo que Petro batalla ahora por una nueva reforma tributaria que resuelva los problemas de déficit fiscal y compense el enfriamiento de la economía que instrumentó el Banco Central a partir de la última alza de la tasa de interés en 100 puntos básicos de marzo pasado.

También se destaca la implementación de la reforma agraria, una iniciativa que permitió que el gobierno adquiriera miles de hectáreas y las entregara a comunidades campesinas, indígenas y negras para reparar años de injusticia social. La reforma de las pensiones tuvo el mismo objetivo: la ley que el gobierno de Petro logró aprobar en el Congreso otorga, entre otras cosas, una renta vitalicia a personas que no se pudieron pensionar.

En la elección que se disputará el domingo 31 de mayo se juega, igual que en 2022, una tensión entre la vieja Colombia y el cambio. Petro logró abanderarse con esa promesa y su llegada al Palacio de Nariño resultó histórica en un país que se reconoce mayoritariamente de derecha.

 

El frente más complicado para el oficialismo está en su reforma de salud, un tópico que constituye la segunda preocupación para los colombianos, según la citada encuesta de Invamer. En diciembre del año pasado, el Congreso volvió a archivar su ambiciosa reforma con la que buscaba transformar de raíz el sistema sanitario que opera desde hace más de tres décadas.

Al no contar para eso con el apoyo del Congreso, Petro logró cambios parciales de la mano de varios decretos con los que revocó licencias por mal desempeño a varias Entidades Promotoras de Salud (EPS), que son los organismos responsables de la afiliación, registro y administración de recursos del sistema.

Iván Cepeda, el heredero político de Petro, es a su vez la cara visible de otro de los legados del gobierno: el plan de Paz Total. Según una reconstrucción que hizo el medio colombiano La Silla Vacía, el hoy candidato planteó por primera vez el concepto en una columna de 2019 titulada “La paz total y definitiva”, en la que sostuvo que no bastaba con el acuerdo del gobierno del expresidente Juan Manuel Santos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y que era necesario negociar también, de manera simultánea, con grupos derivados del paramilitarismo y con bandas criminales. A raíz de esa columna, Petro adoptó el concepto.

La idea de sentar a todos los grupos rebeldes a una mesa de negociación fue una apuesta por demás ambiciosa, por lo que al mínimo traspié, y el gobierno sufrió muchos, quedó fracturada. No solo por el asesinato del candidato presidencial Miguel Uribe, atribuido a la Segunda Marquetalia, sino también el atentado del 26 de abril en el suroccidente del país, perpetrado por las disidencias de las FARC, que ocasionó al menos 20 muertos.

La influencia de Cepeda en el plan de Paz Total fue definitiva: además de haber creado el concepto, fue clave en todo el engranaje político de la apuesta del gobierno. Presidió la Comisión de Paz del Senado y estuvo en todos los frentes: acompañó a la delegación colombiana a Cuba para destrabar las negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y estuvo en el Cauca para instalar el primer Puesto de Mando Unificado por la Vida (PMUV), una estrategia del gobierno en conjunto con mandatarios locales para proteger a líderes sociales y a la ciudadanía en su conjunto.

La influencia de Cepeda en el plan de Paz Total fue definitiva: además de haber creado el concepto, fue clave en todo el engranaje político de la apuesta del gobierno.

ESCENARIOS PARA LA ELECCIÓN

La elección presidencial de Colombia no escapa a la lógica regional de escenarios fragmentados. La última encuesta de Invamer indica que el 80% de los votos se reparten entre Cepeda, Valencia y De la Espriella. Ese mismo estudio registró que Cepeda cosecharía el 44% de los votos en la primera vuelta, dado que logró sumar siete puntos desde febrero a la última semana de abril, mientras De la Espriella se quedaría con el 21,5% y Paloma Valencia con el 19,8%. La encuesta del Centro Nacional de Consultoría (CNC) levantada a inicios de mayo confirma esta tendencia: Cepeda 37,2%, De la Espriella 20,4% y Valencia 15,6%. Sin embargo, la encuesta de AtlasIntel que publica el diario Semana arroja en su última medición de la segunda semana de mayo a Cepeda al frente de la primera vuelta con el 37,6%, pero coloca con amplia ventaja en el segundo lugar a De la Espriella con un 32,9% y a Valencia en un tercer lugar con el 16,7%.

En un escenario de segunda vuelta, si la disputa fuera entre Cepeda y Valencia, el candidato de la izquierda obtendría el 51,2% frente al 46,6% de la senadora del uribismo, según Invamer; el 44% sobre el 40% según el CNC; y, según la última medición de AtlasIntel, Valencia se alzaría con el triunfo con 40,6% ante un 39,2% de Cepeda.

Si la disputa fuera entre Cepeda y De la Espriella, el primero triunfaría con el 54,6% ante el 42,6% del empresario, según Invamer; con el 46,4% sobre el 37,9% según el CNC; pero, según la última medición de AtlasIntel, De la Espriella se alzaría con el triunfo con el 44% sobre el 40,4% de Cepeda. El portal de apuestas Polymarket ya también ubica a De la Espriella como favorito con el 43% de las probabilidades de ganar la elección frente al 41% del senador oficialista.

Lo que llama la atención de varios analistas consultados por Traza Continental es cómo Cepeda logra conservar todo el apoyo que recibe el presidente Gustavo Petro. Es decir, no hay ruidos en el traspaso de liderazgo.

El relativamente alto nivel de aprobación del presidente —40% según el último levantamiento de CB Global Data— marca que el clivaje de esta elección no es la oposición entre petristas y antipetristas, sino la continuidad de un cambio o el retorno a un modelo viejo. Este es el problema que tienen las campañas de Valencia y De la Espriella, según consideró el politólogo y consultor político Diego Fernando Pérez en diálogo con Traza Continental. Al haber basado el grueso de sus candidaturas en una crítica a la figura presidencial, se pusieron un techo muy bajo. “Aquí hay un tipo de preocupaciones que tienen que ver más con la seguridad, el sistema de salud y sobre todo con una deuda de cambio que el gobierno de Petro no logró suplir. Esta es una campaña más estructural, entonces tanto Valencia como De la Espriella deberían haber planteado una visión de país y no lo hicieron”, resumió el analista que conoce de cerca al uribismo.

El relativamente alto nivel de aprobación del presidente —40% según el último levantamiento de CB Global Data— marca que el clivaje de esta elección no es la oposición entre petristas y antipetristas, sino la continuidad de un cambio o el retorno a un modelo viejo.

La pregunta ahora es si la elección se resolverá en primera vuelta o si habrá dos candidatos que pasen al balotaje. Para otro de los analistas consultados, Cepeda ya está llegando a su techo con ayuda del voto de izquierda y de buena parte de la centroizquierda. Sin embargo, la clave está en el centro propiamente dicho: la mayoría de los votos de candidatos centristas, como Sergio Fajardo o Claudia López, se traspasaron a razón de dos tercios para Valencia y uno para Cepeda en las últimas semanas. “Creo que a Cepeda le queda poco margen para crecer”, resumió el analista y estratega político Fernando Dopazo, en diálogo con Traza Continental, afirmación que se confirma en los datos consultados.

Aunque a inicios de abril la sorpresa fue el crecimiento de Valencia —la postulante creció 10 puntos en 20 días—, De la Espriella ha pisado el acelerador, se ha metido en la competencia y tiene probabilidades de pasar a segunda vuelta.

Dado este escenario, la mejor opción —aunque lejana— para Cepeda es ganar en primera vuelta, una hazaña que no se ve desde hace 20 años, cuando el expresidente Álvaro Uribe Vélez se impuso en los comicios de 2006. A pesar de este escenario poco probable, el oficialista Pacto Histórico tiene con qué ilusionarse: en las elecciones legislativas de marzo fue el partido más votado y logró quedarse con la primera minoría en las dos cámaras del Congreso. Desde entonces apuntó a crecer “por los costados” y sumó una alianza con el Partido Verde y con el espacio del exministro del Interior Juan Fernando Cristo, además de que espera tentar a algunos liberales y miembros del Partido de la U que colaboraron con el Gobierno.

COLOMBIA MOVILIZADA

La clave para una posible victoria del oficialismo en primera vuelta podría estar en la movilización. Dado que el voto no es obligatorio, el Pacto Histórico tiene margen entre los indecisos como para llegar al 50 por ciento más uno de los votos y no someterse a una agónica segunda jornada, aunque ese camino es cuesta arriba. Según dejaron trascender desde la campaña de Cepeda, el comando oficialista está confiado en que las bases ya están “movilizadas” desde el proceso de consulta de octubre del año pasado y desde las últimas legislativas. A su vez, el oficialismo armó comités electorales coordinados por congresistas a lo largo de todo el país y apuesta a un arrastre favorable entre los movimientos sociales gracias a la candidata a vicepresidenta, la lideresa indígena Aida Quilcu.

El oficialismo cuenta no solo con el compromiso de Petro, quien se cargó la campaña al hombro y es un animador emocional muy elocuente, sino también con los efectos en el bolsillo de la última alza del salario del 23,7%, en el marco de sesiones con el Banco Central después de que ese organismo hubiera subido la tasa de interés.

El oficialismo cuenta no solo con el compromiso de Petro, quien se cargó la campaña al hombro y es un animador emocional muy elocuente, sino también con los efectos en el bolsillo de la última alza del salario del 23,7%…

 “Quienes no entiendan la magnitud de los cambios es porque no han pensado seriamente el problema de la pobreza y la desigualdad. Colombia es un país con un gravísimo problema de desigualdad social y ahí es donde los otros candidatos están desenfocados y solo repiten un cliché de seguridad”, analizó Cepeda en una entrevista con Caracol Noticias.

Sin embargo, el escenario no está tan claro en caso de que la definición sea por balotaje. Si bien Cepeda promete que su gobierno será el “segundo tiempo del cambio” y propuso tres “revoluciones” (la ética, la social y la agraria), es posible que si se enfrenta cara a cara con Valencia, el Centro Democrático logre buena adhesión con la retórica del miedo a la continuidad del cambio o con las críticas ante los hechos de inseguridad provocados por las bandas criminales y disidencias de las FARC. Además, según un estudio del medio La Silla Vacía, Valencia es la candidata que mejor aglutinaría el voto del centro y la derecha. En cambio, si el contendiente resultara ser De la Espriella, en la campaña de Cepeda creen que es más “derrotable”, aunque su crecimiento de las últimas semanas lo han vuelto competitivo.

Desde la campaña del candidato opositor comentaron a Traza Continental que están confiados en que la tendencia continúe y apuestan a que De la Espriella alcance el 90% de nivel de conocimiento. Además dan por descontado que “la gran mayoría de los votos de Paloma son seguidores del partido Centro Democrático, de la centroderecha y del centro estarán con Abelardo”, apuntan.

VALENCIA: LA MEJOR ALUMNA DE URIBE

Valencia cuenta con una vasta trayectoria política. Es senadora hace 12 años y fue precandidata presidencial por el Centro Democrático en 2018, pero cedió ante la nominación de Iván Duque. Con los años logró construir una importante popularidad, tanto por sus intervenciones en el Congreso —es una candidata muy locuaz, graduada en Derecho y Filosofía— como por su militancia en contra del plebiscito por el Acuerdo de Paz con las FARC. Tiene un buen manejo de la retórica porque también desarrolló una carrera en los medios como columnista política y en los últimos meses protagonizó debates electorales encendidos con Cepeda, ambos desde sus respectivas bancas en el Congreso.

Valencia viene de una familia de trayectoria política. Es nieta del expresidente Guillermo León Valencia y de Mario Laserna, fundador de la Universidad de los Andes, y es considerada al interior de su espacio político como una buena alumna del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Públicamente, Valencia declara que le debe lealtad y que Uribe es su mentor político. De hecho, la fidelidad que tiene hacia él le costó algunos roces públicos con su candidato a vicepresidente, Juan Daniel Oviedo, quien expresó sus reparos ante la propuesta de Valencia de nombrar a Uribe como ministro de Defensa.

Valencia viene de una familia de trayectoria política. Es nieta del expresidente Guillermo León Valencia (…) y es considerada al interior de su espacio político como una buena alumna del expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Oviedo también tiene su peso propio dentro de la campaña. Es economista y fue director del Instituto de Estadística de Colombia, e impulsa propuestas que apuntan directo a las clases medias urbanas, como avanzar con medidas para reducir la informalidad laboral, que alcanza al 60% de los trabajadores en Colombia y compromete el funcionamiento del sistema tributario y de pensiones.

EL OUTSIDER DE LA ESPRIELLA

De la Espriella, en cambio, se presenta como el candidato outsider. Inspirado en el argentino Javier Milei y el salvadoreño Nayib Bukele, De la Espriella se muestra como el representante de “los nunca”, en referencia a quienes nunca vivieron de la gracia del Estado ni hicieron contratos con él.

Sin embargo, es una posición difícil de sostener dado que gran parte de sus apoyos políticos provienen de exfuncionarios del gobierno de Iván Duque, como el exministro de Hacienda José Manuel Restrepo —a quien lo eligió para que sea su vicepresidente— o el alcalde de Medellín y excandidato presidencial en 2022, Federico Gutiérrez. También es cuestionado por sus vínculos con el cacique político de la Costa Caribe Fuad Char.

Abogado de profesión y sin carrera política, De la Espriella armó una campaña basada en la seguridad y con críticas al plan de paz; prometió renovar la alianza estratégica con Estados Unidos e Israel para dotar a las Fuerzas ⁠Militares y a la Policía Nacional de armas de primera generación y aumentar el presupuesto en Defensa. Tiene una visión liberal de la economía, por lo que promueve una reducción de impuestos y piensa que el motor económico del país debe ser la exportación de hidrocarburos.

Si bien se declaró abiertamente uribista, De la Espriella no participó de las internas del Centro Democrático sino que optó por armar el movimiento Defensores de la Patria y recuperar al conservador Partido Salvación Nacional, y aglutinar desde allí a toda la derecha más dura de Colombia.

El también empresario busca suplir su falta de expertise política con su candidato a vicepresidente, quien no solo puede aportar su experiencia como ministro de Duque, sino que es visto por De la Espriella como quien puede llevar adelante los contactos políticos a nivel internacional. En una entrevista, el candidato afirmó que, en caso de ganar, Restrepo sería una especie de Marco Rubio para su gobierno.

En una entrevista, el candidato afirmó que, en caso de ganar, Restrepo sería una especie de Marco Rubio para su gobierno.

EL PAPEL DE ESTADOS UNIDOS Y ECUADOR

Los dos principales candidatos opositores tienen además buena sintonía con Estados Unidos. La influencia de Washington en la política colombiana no es menor: además de tener allí la segunda embajada más grande de Latinoamérica, el gobierno de Donald Trump está mordiéndole los talones a Petro tras la invasión a Venezuela y los constantes cruces entre ambos.

Desde la inclusión del presidente y miembros de su familia en la lista Clinton y el consecuente bloqueo de activos financieros internacionales, hubo varios mensajes subidos de tono desde la Casa Blanca. Días atrás, en una audiencia del subcomité para el Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes, el alto funcionario del Departamento de Estado para América Latina, Michael Kozak, amenazó con “terribles consecuencias” para quienes atenten contra los candidatos presidenciales de Colombia, aunque se refería, claro, solo a Valencia y De la Espriella. 

Sin embargo, según opinó el director del Centro Democrático en el exterior, Fabio Andrade, es difícil que el gobierno de Trump se manifieste antes de la segunda vuelta. “La administración ha sido muy clara al llamar a la transparencia de las elecciones, pero no quiere pronunciarse antes de la primera vuelta, lo cual es positivo para Colombia porque así no se crea un sesgo. Pero es claro en sus pronunciamientos públicos que hay una preocupación por la continuidad de un gobierno tan radical de izquierda”, sostuvo Andrade en diálogo con La Silla Vacía.

Aunque la intervención estadounidense en la campaña no ha sido frontal, cuenta con un operador a pocos kilómetros de la frontera que ha hecho su apuesta: Daniel Noboa. El presidente ecuatoriano ha funcionado como un proxy regional de Washington y el uribismo en la campaña colombiana a través de una guerra comercial en contra del gobierno de Gustavo Petro. La escalada arancelaria que Quito inició en enero —con una “tasa de seguridad” que fue trepando del 30% al 100%— estuvo acompañada de acusaciones directas de Noboa contra Petro por supuestos vínculos con el narcotráfico, de bombardeos ecuatorianos en zona fronteriza que tensaron la relación bilateral hasta un punto no visto en décadas, y de una narrativa sistemática que presentó al gobierno colombiano como el principal obstáculo para la seguridad regional. Esa narrativa no solo le resultó funcional a Noboa en el plano interno —con elecciones seccionales en noviembre y el correísmo judicialmente inhabilitado—, sino que alimentó el discurso de los candidatos opositores colombianos.

Aunque la intervención estadounidense en la campaña no ha sido frontal, cuenta con un operador a pocos kilómetros de la frontera que ha hecho su apuesta: Daniel Noboa.

El episodio que mejor condensa ese papel fue la llamada telefónica del 5 de mayo con Paloma Valencia. Fue la propia candidata del Centro Democrático quien anunció públicamente que, gracias a esa conversación, Ecuador reduciría sus aranceles del 100% al 75%. Quito remató el gesto al precisar que la medida entraría en vigor el 1 de junio, un día después de la jornada electoral en Colombia. La secuencia completa —la llamada, el anuncio por boca de Valencia, la fecha elegida— fue leída por Petro como una confirmación de lo que ya había denunciado: que desde Ecuador se estaba interfiriendo abiertamente en el proceso electoral colombiano.

En cuanto a las relaciones bilaterales con Estados Unidos, el senador republicano Bernie Moreno, colombiano naturalizado estadounidense, insistió en la relevancia estratégica de Colombia para los intereses estadounidenses, al plantear que Bogotá debería consolidarse como un socio esencial en el Escudo de las Américas, una iniciativa de cooperación regional en seguridad y desarrollo a la que no fue invitado el actual gobierno. “Es importantísimo que Colombia sea el aliado más importante de los Estados Unidos en el continente”, afirmó.

Si bien tanto Valencia como De la Espriella tienen vínculos aceitados con Estados Unidos —quizás incluso más el candidato radical, que en 2023 recibió la nacionalidad estadounidense y lleva años aportando a campañas del Partido Republicano—, una fuente consultada por esta revista aseguró que hay sectores de la administración Trump que no ven con buenos ojos a De la Espriella.

Pese a los buenos resultados obtenidos por Estados Unidos en las elecciones de Argentina y Honduras, los últimos guiños desde Washington a procesos electorales no resultaron ganadores. En abril, para la elección de Hungría, Trump había prometido inversión en ese país para el gobierno del candidato de derecha Viktor Orbán. Los resultados, sin embargo, terminaron con 16 años de ese ciclo político a manos del candidato opositor Péter Magyar.

CONCLUSIONES

Todo parece indicar que Colombia se encamina hacia un escenario de balotaje. A pesar del entusiasmo que comunica el oficialismo por una victoria en primera vuelta —alimentado por el crecimiento sostenido de Cepeda en las encuestas y por una maquinaria de movilización que lleva meses aceitándose—, los números no le permitirían alcanzar esa hazaña. El Pacto Histórico conserva la base petrista y se muestra vigoroso, pero enfrenta un techo electoral complejo.

En ese contexto, será decisivo conocer cuál de sus dos contendientes acompañará a Cepeda en la segunda vuelta. Enfrentar a Valencia sería, según analistas y el propio oficialismo, el escenario más adverso, por tratarse de la candidata que mejor convoca el voto de centro y derecha: la mayoría de las encuestadoras le dan ventaja a Cepeda en ese mano a mano, aunque algunas le otorgan el triunfo a la senadora uribista. Si, en cambio, el cruce fuera con De la Espriella, la competencia se volvería aún más incierta: aunque la campaña oficialista lo considera un adversario más fácil de derrotar y buena parte de las mediciones le dan una ventaja más holgada a Cepeda, el crecimiento acelerado del empresario en las últimas semanas lo ha vuelto un rival de peso, al punto de que algunas proyecciones ya lo ubican como favorito.

…el crecimiento acelerado del empresario en las últimas semanas lo ha vuelto un rival de peso, al punto de que algunas proyecciones ya lo ubican como favorito.

De darse, como todo parece anticipar, la segunda vuelta del 21 de junio se perfilaría como una disputa abierta y fuertemente polarizada, donde la clave estará en la capacidad de los candidatos de romper sus techos electorales y capturar un voto de centro que será decisivo.

Colombia se apresta a vivir una de las definiciones más reñidas y cargadas de consecuencias de los últimos años. Lo que está en juego trasciende la política doméstica: Colombia es una pieza central en el tablero geopolítico regional, y el resultado definirá no solo el rumbo interno del país sino también su posicionamiento frente a Washington, su relación con los vecinos y el peso relativo que tendrán los distintos bloques políticos de la región.