
LA POLÍTICA EXTERIOR CHINA BAJO EL LIDERAZGO DE XI JINPING. UNA CONVERSACIÓN CON EHÉCATL LÁZARO MÉNDEZ
La competencia entre China y Estados Unidos se ha convertido en el eje ordenador de la política internacional contemporánea. No se trata solamente de una disputa comercial o tecnológica entre dos grandes potencias, sino de una confrontación más profunda entre proyectos distintos de organización del sistema internacional, cuyas tensiones atraviesan hoy desde la inteligencia artificial (IA) y la carrera espacial hasta los conflictos armados, las cadenas globales de suministro y el futuro político de regiones enteras como América Latina.
En este escenario, comprender la política exterior china exige algo más que observar sus movimientos diplomáticos o su expansión económica: implica entender las fuentes históricas, políticas e ideológicas que orientan el accionar de Beijing, así como el papel que Xi Jinping ha tenido en la transformación de China en un actor decidido a asumir el papel central que considera le corresponde en el orbe. La construcción de un mundo multipolar, la defensa de la soberanía y la búsqueda de un nuevo tipo de liderazgo internacional forman parte de una visión estratégica que el Partido Comunista de China (PCCh) viene elaborando desde hace décadas y que hoy da forma a su manejo en la política mundial.
Para comprender a profundidad los planteamientos en materia de política exterior del país asiático, en Traza Continental conversamos con Ehécatl Lázaro Méndez, maestro en Estudios de Asia y África, con especialidad en China, por El Colegio de México, y doctorando en Relaciones Internacionales en la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghái (SISU, por sus siglas en inglés). Desde su residencia en China, el académico y analista mexicano aborda las principales líneas doctrinales de la política exterior de Beijing, la disputa hegemónica con Washington, la visión china sobre América Latina y los BRICS, y el lugar de Taiwán en la estrategia del PCCh, así como la manera en que Beijing interpreta los conflictos contemporáneos en Ucrania y la escalada bélica en Irán, el modo en que gestiona las tensiones en su entorno inmediato y cómo entiende la actual revolución tecnológica.
En el horizonte de todo ello se perfila una de las convicciones más profundas de la conducción china: que el tiempo y la historia juegas a su favor, que el declive relativo de Estados Unidos es un proceso irreversible y que esa certeza, en mayor o menor medida, sostiene el conjunto de su visión del orden mundial en construcción.
TC. ¿Cuáles son las principales líneas de política exterior que definen el accionar del país asiático en el mundo, específicamente en su entorno inmediato, en América Latina y hacia Estados Unidos?
ELM: Muchas veces el estudio de la política exterior de China es atropellado porque es un país tan importante, con tantos frentes —geográficos, tecnológicos, energéticos, políticos, diplomáticos— que resulta difícil entrar a la materia; sin embargo, me parece que metodológicamente es importante escuchar a los propios chinos.
A veces se parte de la desconfianza y de la idea de que hay un plan escondido, que no dicen todo… Sin embargo, lo primero es estudiarlos y escucharlos a ellos mismos. Hay que poner atención en lo que ellos declaran, específicamente en eventos importantes como el Congreso del Partido Comunista de China (PCCh), que se realiza cada cinco años, porque estos encuentros definen no solamente la vida de un partido que tiene 100 millones de miembros, sino también la vida política de un país que tiene mil 400 millones de personas, y eso a su vez tiene un impacto directo en la manera en la que China se relaciona con el mundo.
A veces se parte de la desconfianza y de la idea de que hay un plan escondido, que no dicen todo… Sin embargo, lo primero es estudiarlos y escucharlos a ellos mismos. Hay que poner atención en lo que ellos declaran…
En 2027 se realizará el XXI Congreso del PCCh, donde se redefinirán algunas cosas, continuarán otras, se modificarán aspectos y se derivarán líneas importantes, tanto de política interna como de política exterior. Es importante entonces observar este hecho, porque de ahí se derivará la relación entre el partido y el aparato estatal, y en este caso, específicamente, lo que tiene que ver con el Ministerio de Asuntos Exteriores, que responde directamente a la Comisión Central de Asuntos Exteriores del Comité Central.
Para entender la política exterior de China es necesario entender el partido y lo que este dice. En el informe que presentó Xi Jinping al XX Congreso del Partido en 2022, señaló específicamente que hay intereses fundamentales de China que son los que guían la política exterior del país. También es importante señalar que no es la primera vez que aparecen estos intereses fundamentales en los documentos centrales del partido y del Estado, sino que se han retomado desde el XIX Congreso, anteriormente incluso con Hu Jintao ya había aparecido el término “intereses fundamentales de China”. ¿Y cuáles son estos intereses fundamentales que orientan el accionar de China en materia internacional? Primero, la soberanía nacional y de su sistema político, liderado por el PCCh. Es decir, que nadie se meta en los asuntos internos del país y que nadie introduzca alguna opinión distinta ni ejerza ninguna injerencia directa sobre el sistema de gobierno.
Segundo, la integridad territorial, que es una línea roja para China, específicamente en el caso de Taiwán, el mar del Sur de China y Hong Kong, que son temas importantes de la geopolítica contemporánea. Y, propiamente ya de la China continental, la provincia de Xinjiang y la provincia del Tíbet, territorios que China considera intereses fundamentales, líneas rojas que no se pueden cruzar.
Tercero, el desarrollo económico. China dice “nosotros tenemos derecho al desarrollo económico y no se nos puede negar”, por lo tanto, esto implica términos particulares de relacionamiento con otras economías del mundo: acceso a mercados, acceso a tecnologías, establecimiento de redes comerciales, aspectos que tienen repercusiones en sus vínculos con el exterior.
Y un cuarto punto, más general, son los intereses legítimos de desarrollo. Esto se presta un poco a la interpretación, dependiendo del contexto, pero así lo señalan y son todos aquellos aspectos que China considera necesarios para su supervivencia como nación y crecimiento. Todo esto se encuentra en los documentos centrales del partido y, por supuesto, también en los documentos centrales del Ministerio de Asuntos Exteriores.
En el informe que presentó Xi Jinping al XX Congreso del Partido en 2022, señaló específicamente que hay intereses fundamentales de China que son los que guían la política exterior del país.
Ahora, ¿cómo logra una potencia como China alcanzar o proteger estos intereses fundamentales? Con estrategia y táctica, las cuales obedecen también a ciertos principios que no son simple retórica o diplomacia, sino que provienen del ejercicio práctico y de una trayectoria histórica. Por ejemplo: mantienen el respeto mutuo a la soberanía y a la integridad territorial, la no agresión, no intervención en asuntos internos de otros países, la coexistencia pacífica, que China establece desde 1953 y reafirma en la Conferencia de Bandung —celebrada entre el 18 y el 24 de abril de 1955 en Bandung, Indonesia, con presencia de Estados asiáticos y africanos para declarar la autodeterminación política, el respeto mutuo a la soberanía, la no agresión, la no injerencia en los asuntos internos y la igualdad—. Ahora, es verdad que durante el periodo de Mao Zedong se violaron estos principios, pero actualmente están presentes y guían en general el comportamiento de China.
En cuanto a las tres regiones planteadas en la pregunta, lo primero tiene que ver con los países vecinos y las cuestiones fronterizas en general. China se esfuerza por mantener una relación amistosa con todos los países de la región de Asia Oriental y con los otros países con los que comparte frontera, como Afganistán, Pakistán e India, sobre todo desde inicios del siglo XXI, cuando China comenzó a crecer como potencia. También procura evitar conflictos que pueden surgir con países con los que no tiene relaciones tan tersas como es el caso de Japón o Filipinas.
Me parece que ahora a principios del siglo XXI, incluso es más importante el tema de la relación con los países vecinos que la relación con Estados Unidos. Los chinos se enfocan en cómo crear una imagen ante ellos de que China no es una potencia que los dominará, sino que su ascenso es pacífico, tratando de mantener una relación de cooperación y que no va a establecer ningún tipo de hegemonía a través de la coerción.
En cuanto a Estados Unidos es importante decir que China le comunica de manera clara sus intereses fundamentales y sus principios, por lo que expresa cuáles son los aspectos donde pueden cooperar y cuáles son las líneas rojas donde no, y dónde rechaza abiertamente cualquier tipo de acción o siquiera de mención: Taiwán, derechos humanos, el Tíbet son temas que simplemente no están sobre la mesa, mucho menos la idea de llevar a cabo una reforma política para que China camine hacia una democracia de corte liberal o a un sistema de diferentes partidos políticos.
Taiwán, derechos humanos, el Tíbet son temas que simplemente no están sobre la mesa, mucho menos la idea de llevar a cabo una reforma política para que China camine hacia una democracia de corte liberal o a un sistema de diferentes partidos políticos.
Por lo tanto, China plantea a Estados Unidos todas las áreas en las que sí pueden trabajar conjuntamente y, para procurar una buena relación, privilegia y amplia aquellos espacios de colaboración de tal manera que se vuelvan centrales en la conversación y en la relación diplomática, y aquellos que sean más problemáticos pasen a segundo plano.
Con América Latina se prioriza la cooperación económica, principalmente, y la política. Hace algunos años América Latina era una región, en términos diplomáticos, mucho más importante para China por el tema de Taiwán, ya que había muchos países que seguían reconociendo a Taipéi. Pero esto ha cambiado en los últimos años, aunque sigue siendo la región donde más países reconocen a Taipéi y no a Beijing como representante de China. Paraguay, por ejemplo, es uno de esos países, lo que lo convierte en un foco rojo para la Cancillería china.
Pero hoy el tema más importante con América Latina es la cooperación económica, el acceso a los mercados latinoamericanos. En Sudamérica China es el principal socio comercial, y con países como México, que tienen una relación más fuerte con Estados Unidos, han ido avanzando. Hoy China es el segundo socio comercial de México, aún por encima de Canadá.
TC. Este avance de China ha generado fricciones crecientes con Estados Unidos. Ya no se trata solamente de una relación bilateral entre ambas potencias, sino de una disputa permanente entre dos actores con proyección hegemónica mundial, cuyos puntos de tensión se manifiestan en distintos escenarios, particularmente en América Latina. En ese contexto, la región aparece como un espacio estratégico de competencia e influencia entre ambas potencias. Por un lado, Estados Unidos busca mantener su hegemonía histórica en la región; por otro, China ha incrementado su peso económico, político y diplomático. En enero China publicó un nuevo documento de política exterior hacia América Latina y el Caribe, casi en paralelo con la publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, en la que se prioriza con claridad esta zona geográfica. ¿Cómo se interpreta desde China esta competencia con Estados Unidos y qué significado tienen estos dos documentos para el futuro de América Latina dentro de esta disputa global?
ELM: Tanto en Washington como en Beijing se entiende la relación entre ambas potencias como una disputa hegemónica, o sistémica, como también se la conoce. En Beijing es central la idea de que hay una competencia por el mundo, aunque con objetivos diferentes. Desde Washington se busca un sistema hegemónico de viejo cuño, donde Estados Unidos está en la cúspide, después sus aliados o socios y posteriormente, en la parte baja de la pirámide, todo el Sur Global. Sin embargo, también hay una creciente aceptación en Washington de que las cosas han cambiado tanto que es necesario modificar esa mirada y llevar a cabo una retirada estratégica de algunos frentes para reorganizarse y posteriormente volver más fuertes, habiendo ganado la carrera tecnológica y económica con China.
Tanto en Washington como en Beijing se entiende la relación entre ambas potencias como una disputa hegemónica, o sistémica, como también se la conoce. En Beijing es central la idea de que hay una competencia por el mundo, aunque con objetivos diferentes.
La concepción en Beijing es muy distinta. En China saben que están en una disputa, pero no tratan de establecer una dominación hegemónica de estilo occidental. Lo que quieren es impulsar una transformación mundial donde China juegue un papel central sin ocupar el lugar hegemónico que ahora tiene Estados Unidos. Lo que plantean los chinos es una reorganización del mundo acorde con el desarrollo y las modificaciones que ha tenido en los últimos años el sistema internacional. Se considera a los BRICS como parte fundamental de este reacomodo, y Estados Unidos se mantiene como un poder importante, pero no el único ni el predominante. Y, al igual que a Europa y a América Latina, Beijing invita a Estados Unidos a ser un actor con peso propio en términos geopolíticos, pero sin girar alrededor de China. En esta visión, cada región tiene su propia autonomía y se establece una cooperación que lleve a un beneficio general.
Aunque existen comportamientos y tensiones propias de una hegemonía de viejo cuño, China se esfuerza por construir una realidad multipolar en la que juegue un papel central.
TC. ¿Cuáles serían algunas de las políticas de China que podrían enmarcarse en el ejercicio de una dominación hegemónica clásica?
ELM: Desde Beijing, el discurso al principio se centraba únicamente en la Iniciativa de la Franja y la Ruta [estrategia de desarrollo de infraestructura global y cooperación internacional impulsada por la República Popular China, lanzada en 2013 y que se considera una pieza central de la política exterior del gobierno de Xi Jinping], con la idea de que China está proveyendo al mundo de un bien público global.
Actualmente, se maneja la idea de que los bienes públicos globales provistos por China al mundo no son solamente los de esta iniciativa, sino que también se habla del sistema industrial y manufacturero de China como un bien público global.
En el estudio de la construcción de las hegemonías y de las relaciones de tipo vertical-autoritario, uno de los consensos es que, al final, quien aporta los bienes públicos globales termina convirtiéndose en la cabeza de un sistema que se organiza en torno suyo. Pasa con Estados Unidos, pasó con Europa en su momento. Y, en el caso chino, hay algunas investigaciones que dan cuenta de esto.
Ahora, sobre el documento de política exterior hacia América Latina que mencionan, este puede leerse como un llamado, una invitación de China a la región a participar de este concierto de voces del nuevo sistema mundial multipolar; América Latina y el Caribe es una región que puede tener un peso importante en términos de relacionamiento no solo con Estados Unidos, sino con Europa, África, Asia, China, India, Rusia, y es un papel que, desde la perspectiva china, la región no juega de manera tan efectiva.
América Latina y el Caribe es una región que puede tener un peso importante en términos de relacionamiento no solo con Estados Unidos, sino con Europa, África, Asia, China, India, Rusia, y es un papel que, desde la perspectiva china, la región no juega de manera tan efectiva.
Es interesante ver cómo esta invitación contrasta con la estrategia de Seguridad Nacional estadounidense, que plantea, en resumen, que América Latina debe retomar su papel de patio trasero. Y este año hemos sido testigos de cómo esta estrategia viene operando con las amenazas a México y Cuba, con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y con toda una serie de intervenciones en los procesos electorales de países como Argentina y Honduras.
Por otro lado, China hace este llamado y marca una serie de proyectos, alrededor de 20, donde le dice a la región: podemos trabajar en estos terrenos, el tecnológico, el cultural, el político, el deportivo, etc. Entonces, lo que señalan es un ejemplo bastante ilustrativo de cómo se asume la competencia en términos sistemáticos, desde dos visiones completamente antagónicas.
TC. ¿Cuáles dirías que son las principales fuentes —tanto históricas como políticas e intelectuales— que aportan a la cosmovisión china y cuál ha sido el papel de Xi Jinping para convertirlas en política concreta?
ELM: China tiene una historia imperial muy larga. Hablan de que tienen una historia de cinco mil años y, de estos, el imperio abarca más o menos dos mil años y termina a inicios del siglo XX. Es una tradición que no se puede obviar y que no desaparece de la noche a la mañana, por lo que hay una idea en China de ser un país central en el sistema internacional desde aquellos años, aunque era más un sistema regional, sin considerar a América, ni a Europa ni a África.
Sin embargo, esta idea se modifica cuando arriba el Partido Comunista de China al poder en 1949. Mao Zedong plantea que sí, que China es un país importante, pero también un país que se ha visto afectado por las invasiones imperialistas, por lo que asume que es un país de peso, pero antiimperialista, y que puede dirigir a los países del Sur Global en su lucha por la liberación, en su lucha contra el colonialismo y en su lucha en general contra el capitalismo.
Con el cambio de paradigma de cómo se entiende el socialismo en China, en 1978 viene también una modificación importante de la política exterior. Deng Xiaoping plantea a China como un país importante y central en el sistema internacional, pero que necesita dar un paso atrás, mantener un perfil bajo mientras desarrolla sus capacidades económicas, militares y tecnológicas. Esta visión se mantiene durante lo que resta del siglo XX e inicios del siglo XXI, y termina con la llegada de Xi Jinping, quien abre una nueva etapa.
Deng Xiaoping plantea a China como un país importante y central en el sistema internacional, pero que necesita dar un paso atrás, mantener un perfil bajo mientras desarrolla sus capacidades…
Xi plantea desde la segunda década del siglo XXI que China ya tiene las condiciones económicas, militares, tecnológicas y políticas para recuperar su antiguo nivel y su papel central en el sistema internacional y que, además, es su deber reclamarlo. Acuña, además, la idea de la Comunidad de Futuro Compartido para la Humanidad, también conocida como comunidad de destino común, el cual es todo un sistema teórico conceptual del que se derivan iniciativas diplomáticas específicas: primero, la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que es la plataforma a través de la cual se construyen las bases materiales para eventualmente construir la Comunidad de Futuro Compartido para la Humanidad y, posteriormente, las siguientes cuatro iniciativas globales: la Iniciativa de Civilización; la Iniciativa para la Seguridad; la Iniciativa de Desarrollo; y la Iniciativa de Gobernanza, que es la más reciente. Todas estas iniciativas son los pilares sobre los que China busca construir una nueva visión del mundo y del sistema internacional.
Si uno revisa los discursos de Beijing, estos tienden a coincidir con sus hechos. Cada vez que hay un encuentro bilateral de alto nivel o en foros multilaterales, viene la mención de la Comunidad de Futuro Compartido para la Humanidad.
Hace unos días vino a China Emomali Rahmon, presidente de Tayikistán, y Xi Jinping le dio la bienvenida diciéndole: “China está lista para trabajar con Tayikistán para construir una comunidad de futuro compartido China-Tayikistán más estrecha, en mayor beneficio de los pueblos de ambos países”; y lo mismo ha hecho en las cumbres de China con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). A Donald Trump, en su última visita celebrada hace pocos días, le planteó algunas preguntas en este sentido: “¿Podremos afrontar juntos los desafíos globales y brindar mayor estabilidad al mundo? ¿Podremos, en aras del bienestar de nuestros dos pueblos y del futuro de la humanidad, construir juntos un futuro más prometedor para nuestras relaciones bilaterales?”.
En la construcción de la política exterior de China también hay un peso cultural que muchas veces actúa como barrera para entender qué es lo que está haciendo, qué es lo que quiere y a dónde va. Por primera vez en los últimos 500 años vemos que está ascendiendo una potencia que no comparte el horizonte cultural de Occidente y que no es Europa, no es Norteamérica, no viene de esta tradición grecolatina y por eso a veces nos cuesta tanto trabajo entender a China, pero es necesario hacerlo. Otro aspecto a destacar es que China es un país que ha sufrido el imperialismo con Japón y no está dispuesta a elegir esa ruta de construcción de liderazgo.
Xi plantea desde la segunda década del siglo XXI que China ya tiene las condiciones económicas, militares, tecnológicas y políticas para recuperar su antiguo nivel y su papel central en el sistema internacional y que, además, es su deber reclamarlo.
TC. Por un lado, China no asume ese papel de potencia imperial por una condición histórica, pero, llegado el momento, ¿tolerará que alguna otra potencia lo ejerza?
ELM: China viene planteando la idea de construir un mundo multipolar desde 1997, cuando Jiang Zemin y Boris Yeltsin presentaron conjuntamente el planteamiento ante las Naciones Unidas. En ese momento sostuvieron la necesidad de construir un mundo multipolar y de ir en contra de la dominación de un país sobre los demás. Llama la atención que precisamente haya sido Yeltsin, pues fue un presidente que surgió del colapso de la Unión Soviética y que se asocia mucho a las políticas neoliberales en Rusia, pero fue él quien tuvo ese acercamiento y acompañó este planteamiento.
TC. ¿Cuáles dirías que son las principales influencias doctrinales para la construcción de la política exterior?
ELM: Por un lado existe la idea de que tienes un país que viene de una tradición imperial, pero eso es lo que el PCCh busca enterrar, por lo que desde 1949 China ha sostenido una política y un principio de lucha antiimperialista que se vio reflejado en su apoyo directo a Corea y a Vietnam, y con armas y entrenamiento a guerrillas africanas, incluso latinoamericanas. Posteriormente, con Deng Xiaoping y Xi Jinping, el principio se mantiene pero de manera distinta: ya no es una lucha armada directa ni de apoyo a grupos rebeldes, sino que pasa más por las vías diplomáticas, económicas y de la defensa de la soberanía de los países. El antiimperialismo es, en este sentido, una de las doctrinas principales que sustentan el accionar de la política exterior china.
Por otro lado, la idea de construir un sistema internacional distinto donde no haya relaciones imperialistas, pero al mismo tiempo sea posible llevar a cabo una resolución de conflictos sin llegar a la vía armada y construir la Comunidad de Futuro Compartido para la Humanidad, viene de esta idea muy confuciana de tratar de generar armonía a pesar de que existan tensiones.
TC. En este sentido, ¿cómo lidia China con los conflictos actuales que vemos en el mundo, como la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán o la guerra entre Rusia y Ucrania?
ELM: Este es uno de los puntos más difíciles de comprender del comportamiento de China en términos internacionales, pero es fascinante. ¿Cómo actúa China en un entorno abiertamente militarizado? Al respecto, hay dos cosas muy importantes.
Primero, China está en un proceso de modernización de su ejército y fortalecimiento de sus capacidades militares. Rechaza los tratados y acuerdos de desarme nuclear. Aplaude que se lleven a cabo estos acuerdos entre Rusia y Estados Unidos, por ejemplo, pero se niega a entrar en ellos y, al contrario, está en un proceso de modernización de sus capacidades para el uso de este tipo de armas, para tener las capacidades de defensas mínimas suficientes para un eventual conflicto.
China está en un proceso de modernización de su ejército y fortalecimiento de sus capacidades militares. Rechaza los tratados y acuerdos de desarme nuclear.
Por otro lado, China no realiza alianzas militares con otros países que impliquen una defensa mutua. La única alianza que tiene de este tipo es con Corea del Norte, firmada en 1961 y que puede considerarse como un remanente de la Guerra Fría. Con el resto de aliados, China se limita a llevar a cabo una cooperación militar en venta de armas, en ejercicios militares conjuntos —y los ha hecho con Rusia, India e Irán— pero no existe la idea de “yo voy a mandar tropas” a defender otros territorios, como lo hace Estados Unidos, Europa, la misma Rusia o, incluso, Corea del Norte.
Estas son las dos ideas centrales que determinan la política militar china; primero, fortalecer sus capacidades de defensa para un eventual conflicto, y segundo, negarse abiertamente a utilizar sus capacidades en otros países. Pero, por otro lado, dejar claro a la comunidad internacional en qué momento sí utilizaría esta capacidad militar, que sería en un ataque o intervención directa en su territorio, considerando a Taiwán como parte del mismo.
Esto nos permite entender su posicionamiento respecto a Ucrania, Irán, Cuba o Venezuela. En el caso de Ucrania, el análisis que hace Beijing es que los responsables de la guerra son Estados Unidos y la OTAN, porque lo que hicieron fue acorralar a Rusia en una situación en la que Moscú no tuvo otra alternativa más que responder como lo hizo, por lo tanto legitiman de cierta forma la respuesta militar de Vladímir Putin, pero también rechazan la idea de dividir el territorio ucraniano. En este sentido, no reconocen a las autoproclamadas repúblicas de Lugansk y Donetsk, porque esto tiene también implicaciones directas hacia la situación de Taiwán.
En este caso, no hay una intervención armada directa de Beijing, sin que esto entorpezca su cooperación económica, política y tecnológica con Moscú, que es un actor importante para China y sin el cual no se puede pensar en un mundo multipolar. Tomar esta postura tampoco significa para China cortar relaciones con Europa o Estados Unidos, ya que argumenta ejercer su legítimo derecho, dentro del marco del derecho internacional, a establecer relaciones diplomáticas y económicas con quien lo considere oportuno.
En cuanto a Irán, la posición es muy similar. En los últimos cinco años se habían llevado a cabo ejercicios militares entre China, Rusia e Irán, pero, cuando ya comenzaba a escalar el conflicto militar de Israel y Estados Unidos contra los iraníes, China lanzó un mensaje de no intervención: este último año ya no participó en los citados ejercicios, pero condenó por la vía diplomática los ataques en contra de Irán, Líbano y Palestina, y manifestó su rechazo total al abatimiento de los líderes iraníes.
Al mismo tiempo que no participa abiertamente del conflicto, China mantiene sus lazos de cooperación con Irán y le sigue comprando petróleo. Esta es la lógica que sigue China ante conflictos externos y tiene una razón de fondo: entrar en un conflicto armado sería frenar el desarrollo que ha tenido en las últimas décadas y un descalabro para sus planes de convertirse en la gran potencia que espera ser para el año 2049.
…entrar en un conflicto armado sería frenar el desarrollo que ha tenido en las últimas décadas y un descalabro para sus planes de convertirse en la gran potencia que espera ser para el año 2049.
TC. En la comunidad de inteligencia de Estados Unidos y sobre todo en sectores de la industria armamentista norteamericana se ha señalado el 2027 como una ventana de tiempo crítica para ellos, ya que plantean la conjunción de dos acontecimientos: un posible avance de China sobre el control de Taiwán, por un lado, y una incapacidad del lado estadounidense de asistir a la isla en materia militar y de defensa debido a la reducción de sus municiones y a la obsolescencia de su arsenal. Del lado chino, ¿se tiene contemplado este marco temporal? ¿Existe la intención de Xi Jinping de avanzar sobre el control de Taiwán?
ELM: Es importante señalar, como lo hemos venido haciendo, que para Beijing Taiwán es un asunto interno, una línea roja y de interés fundamental que nadie debe atreverse a cruzar. El asunto de Taiwán ha llegado a ser planteado como el interés fundamental dentro de sus intereses fundamentales, por lo que sí, existe el objetivo de tomar el control total de la isla en una fecha que no vaya más allá del 2049. Pero pensar en un año tan próximo como 2027 no es tan verosímil por dos razones. Primero, Xi Jinping ha planteado la necesidad de tomar el control de forma segura, sin tanta prisa, pero sin esperar más generaciones, es decir, hay un margen de tiempo amplio, por lo menos de aquí a 2049. Además, debemos considerar que una opción de ese control no pasa por la vía militar sino política: China mantiene y cultiva excelentes relaciones con el Kuomintang (Partido Nacionalista Chino), que es un partido histórico en Taiwán que, a diferencia del Partido Democrático Progresista, no plantea la independencia de la isla sino que se adhiere al principio de una sola china. Además, el Partido Democrático Progresista ha sufrido un desgaste en los últimos años, por lo que la primera apuesta de Beijing para el control de Taiwán es la vía política y pacífica.
El uso de las armas para este fin sería un recurso de última instancia a medida que se acerque 2049. Además, Beijing está convencido de que hay un proceso irreversible en el cual el fortalecimiento de sus capacidades económicas, tecnológicas, militares no está en duda, como no lo está la decadencia de las capacidades generales de Estados Unidos. Entonces, mientras más pase el tiempo, las capacidades de uno y de otro se van a seguir modificando a tal punto que Beijing sea tan fuerte en 2049 que, aunque Washington se plantee una intervención armada para defender Taiwán, esto sea prácticamente imposible.
Beijing está convencido de que hay un proceso irreversible en el cual el fortalecimiento de sus capacidades económicas, tecnológicas, militares no está en duda, como no lo está la decadencia de las capacidades generales de Estados Unidos.
Por otro lado, el próximo año es importante en términos internos, no solo por la celebración del XXI Congreso del PCCh, sino también por el centenario del Ejército Popular de Liberación (EPL) que tiene su origen en el Ejército Rojo fundado en agosto de 1927 y que tiene una importancia central en la vida social y política china. 2027 para este país es tan importante como lo fue 2021 por el centenario de la fundación del PCCh y como lo será 2049, cuando se cumplirán 100 años del establecimiento de la República Popular China.
TC. Tomando en cuenta esto último, el horizonte crítico tan próximo de 2027 que advierten desde ciertos sectores en Estados Unidos pareciera ser más bien una justificación de esos mismos grupos para acelerar la diversificación de proveedores en el Pentágono y justificar internamente un mayor gasto militar.
ELM: Sí, pienso que tiene que ver más con la lógica de las empresas que se dedican a este tipo de producción en Estados Unidos. Y otro punto es que Estados Unidos tiene hoy muchos frentes abiertos. Ahora tienen la guerra con Irán, cuya tregua está en vilo, y no sabemos cuánto tiempo se pueda extender el conflicto que Trump dijo que resolvería en semanas. También la guerra en Ucrania continúa, el conflicto en Palestina es algo que también está ahí latente, por no hablar de Yemen y otros puntos de tensión que puedan abrirse en los próximos meses. Por todo esto, me parece que Taiwán no está a la orden del día, aunque comprendo que exista el temor de Estados Unidos de perder un aliado como Taiwán y de no estar preparados para un escenario de conflicto.
TC. China, por otra parte, no obtendría ningún beneficio de llevar a cabo una intervención militar. Parece cabalgar con la historia y parece confiada en el cumplimiento de sus objetivos a largo plazo.
ELM: Sí, exactamente. Me parece que existe esta idea en China de que eventualmente se dará la unificación con Taiwán como parte de una tendencia histórica y que Washington está simplemente interrumpiendo este proceso de unificación que, repito, conforme pase el tiempo y las capacidades de Estados Unidos disminuyan en relación con las de China, se hará más difícil detenerlo.
Beijing tiene la esperanza de que no se utilizarán las armas para este fin porque consideran que Taiwán es China, y existe esa idea incluso a nivel popular, entre la juventud y los diferentes grupos en el país. Ven a Taiwán como otra de sus provincias, por lo que tampoco existe la concepción de que sea necesario “colonizar” o “anexionar” Taiwán. Es por esto que el uso del EPL para una toma armada de la isla no es algo que esté en los planes inmediatos de Beijing, además de que no sería un ejercicio bien visto por parte de la población.
…existe esta idea en China de que eventualmente se dará la unificación con Taiwán como parte de una tendencia histórica y que Washington está simplemente interrumpiendo este proceso…
TC. Para finalizar esta conversación, queremos preguntarte: ¿cómo crees que será la política exterior de China en los próximos años? ¿Cómo ves su papel en el desarrollo tecnológico, energético y espacial del país?
ELM: El XXI Congreso del partido que se celebrará el próximo año decidirá no solamente las grandes líneas de política interna y exterior, sino también al secretario general —y, por lo tanto, al presidente de la República Popular y jefe absoluto del EPL— y es altamente probable que vuelvan a elegir a Xi Jinping para dar continuidad a todo esto que hemos hablado. Incluso aunque no fuera él el elegido, las líneas que ha marcado significan un nuevo paradigma para China en términos de política exterior, dado que hoy Beijing es un actor que ya está jugando el papel de gran potencia mundial en todos los frentes, algo que no se veía con Hu Jintao, el presidente anterior.
Ya sea que haya continuidad o cambio en el liderazgo en 2027, se mantendrán estas líneas estratégicas, ya que básicamente hay un consenso dentro de la clase dirigente china de que esta es la manera en la que se tiene que conducir la nación en lo que ellos llaman “la nueva era”, que significa, en términos conceptuales, un nuevo momento de desarrollo y un nuevo momento de su relación con el mundo.
En el futuro, China buscará que su influencia mundial crezca y creo que cobrará mucha fuerza la Iniciativa de Desarrollo Global que mencionamos antes, la cual plantea la construcción de relaciones económicas que no solamente beneficien a los países del norte global y a las potencias capitalistas, sino que den origen a una nueva globalización que también beneficie y sea inclusiva para los países del sur.
Desde el PCCh seguirán trabajando la idea de construir a China como una gran potencia de nuevo tipo, una potencia antiimperialista y una potencia del Sur Global que no busque replicar comportamientos hegemónicos propios de las potencias capitalistas. En este sentido, es fundamental el estudio del discurso de los dirigentes del partido, que no solamente es producido para una lectura al exterior sino también al interior. Los informes del partido se estudian aquí en todos lados: en las universidades, en las empresas, en las unidades administrativas del Estado, es decir, no son discursos para un público especializado o extranjero, son discursos y documentos que guían la vida nacional.
Ya sea que haya continuidad o cambio en el liderazgo en 2027, se mantendrán estas líneas estratégicas, ya que básicamente hay un consenso dentro de la clase dirigente china de que esta es la manera en la que se tiene que conducir la nación…
En lo que se refiere al desarrollo tecnológico, la energía nuclear, la carrera espacial y la inteligencia artificial, aquí existe la idea de que hay una competencia directa con los Estados Unidos y se tiene la convicción de que quien venza en esta nueva revolución industrial será quien tenga la capacidad de establecer los nuevos paradigmas para los años venideros, por lo que es crucial para China ganar esta carrera.
Beijing está invirtiendo muchísimo dinero para ello, porque son muy conscientes de que la razón por la que China se atrasó en el desarrollo mundial en el pasado fue porque llegó tarde a la primera revolución industrial; simplemente se les escapó y eso significó un atraso general para China. Pero hoy están a la cabeza del desarrollo industrial y tecnológico y están convencidos de que, si logran ganar esta carrera, eso les va a garantizar ser un país con un peso central determinante para definir las reglas del juego.
En cambio, si Estados Unidos gana, no solamente van a mantener, sino que van a fortalecer este tipo de liderazgo hegemónico basado en una lógica imperialista. Y aquí son muy conscientes de ello, por eso se toman las cosas con tanta disciplina y seriedad. Estamos, sin duda, ante una competencia determinante para el futuro de la humanidad. ![]()