Will Thibeau*
Diversos sectores de la industria armamentista y de la tecnología en los Estados Unidos vienen advirtiendo sobre la necesidad de que el país norteamericano reconstruya su arsenal y se prepare para un conflicto bélico de gran escala, sobre todo ante lo que ellos perciben como la mayor amenaza en el Indo-Pacífico, esto es, China. Este proceso, sostienen, debe contemplar el aumento del presupuesto en materia de defensa, la diversificación de proveedores, el aseguramiento de cadenas de suministro y una política industrial de mediano y largo plazo que no esté sujeta a los vaivenes políticos o a los cambios de administración, sino que se convierta en una política de Estado. Anduril, Shield AI, Palantir, entre otras empresas, son las que tienen mayor interés en que este programa avance, ya que durante los últimos años han hecho una apuesta por aumentar sus capacidades y ponerlas al servicio de la seguridad de la República y de Occidente, un planteamiento que Alex Karp desarrolló a detalle en el libro-manifiesto The Technological Republic.
En un ensayo publicado en The American Mind, Will Thibeau, ex funcionario de la Oficina del Jefe de Inteligencia Digital y Artificial (CDAO, por sus siglas en inglés) del Departamento de Defensa, ex trabajador de Palantir y actual director del American Military Project en el Center for the American Way of Life del Claremont Institute, esboza un plan que paso a paso para abordar la crisis de municiones.Como parte de nuestra serie Dominio, en Traza Continental traducimos el texto al castellano.
La Administración Trump ha hecho lo que ninguna administración anterior se atrevió a hacer al enfrentarse directamente a Irán. Las fuerzas estadounidenses e israelíes destruyeron la Fuerza Aérea y la Armada iraníes, mataron al líder supremo y a decenas de altos mandos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), atacaron más de 13 mil objetivos en 26 provincias y redujeron en más de un 90% la tasa de lanzamientos de misiles balísticos de Irán. Los bombarderos B-52 Stratofortress vuelan ahora sin impedimentos por el espacio aéreo iraní, llevando a cabo bombardeos con impunidad sobre un país cuyo sistema integrado de defensa aérea dejó de funcionar durante la primera semana de la campaña. Esta presión culminó en un acuerdo de alto el fuego negociado con la mediación de Pakistán, lo que representa el primer avance diplomático serio desde el inicio de la guerra.
Aunque estos son logros históricos, no resuelven la cuestión estructural que planteé en mi ensayo anterior sobre el alarmante estado del arsenal estadounidense. Ya sea que la Operación Epic Fury termine la próxima semana, el próximo mes o el próximo año, y ya sea que concluya mediante negociaciones, estancamiento o escalada, Estados Unidos saldrá de ella con un arsenal mermado a niveles que habrían sido inimaginables hace 18 meses. La cuestión ya no es si el arsenal está agotado; la cuestión ahora es cómo hará Estados Unidos para reconstruirlo, y si sus líderes políticos y militares abordarán las fallas estructurales que produjeron el déficit o si simplemente emitirán más y más cheques para seguir financiando el sistema existente.
Esa cuestión tiene un plazo limitado, ya que tanto China como el Comando Indo-Pacífico de Estados Unidos (INDOPACOM) están observando. Cada misil interceptor disparado en el Golfo es uno que no se podrá disparar en el estrecho de Taiwán. Las decisiones que tomen el Congreso y la Administración Trump en los próximos 12 meses determinarán si Estados Unidos entra en la contingencia del Pacífico con un arsenal renovado o con una ficción contable.
La cuestión ya no es si el arsenal está agotado; la cuestión ahora es cómo hará Estados Unidos para reconstruirlo, y si sus líderes políticos y militares abordarán las fallas estructurales que produjeron el déficit o si simplemente emitirán más y más cheques para seguir financiando el sistema existente.
LAS CIFRAS SON CLARAS
Durante las primeras cinco semanas de combate en Irán, las fuerzas estadounidenses lanzaron aproximadamente 850 misiles de crucero Tomahawk, lo que supone alrededor del 25% de todo el inventario nacional. Para poner esto en perspectiva, la producción antes de la guerra era de unos 60 misiles al año, y cada Tomahawk tardaba hasta dos años en fabricarse debido a cadenas de suministro especializadas, componentes de proveedor único y la escasez de motores cohete de combustible sólido. El analista del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), Mark Cancian, sostiene que solo reemplazar los misiles ya utilizados llevará de dos a tres años, incluso con tasas de producción plenamente aceleradas.
Las cifras de los interceptores son aún peores. Bloomberg informó que las fuerzas de la coalición han utilizado al menos dos mil 400 interceptores para defender a los estados del Golfo, una cifra que se aproxima a las reservas existentes antes de la guerra. (Irán ha lanzado aproximadamente mil 200 misiles balísticos y 4 mil drones Shahed contra los países del Golfo). El Instituto de Investigación de Política Exterior descubrió que, en los primeros cuatro días de la Operación Epic Fury, las baterías Patriot estadounidenses y aliadas dispararon 943 misiles interceptores, lo que equivale a 18 meses de producción combinada de las plantas de Lockheed Martin y Boeing encargadas de fabricarlos. Normalmente, producen alrededor de 620 misiles interceptores al año.
Las estimaciones de costos han aumentado en paralelo al ritmo del gasto. El CSIS calculó que la Operación Epic Fury costó tres mil 700 millones de dólares durante las primeras 100 horas. El Pentágono informó al Congreso que los costos aumentaron a 11 mil 300 millones de dólares durante los primeros seis días, y luego el CSIS actualizó su modelo a 16 mil 500 millones de dólares al día 12. El modelo presupuestario Penn Wharton evaluó que las estimaciones para la guerra ahora oscilan entre 40 mil y 95 mil millones de dólares, con un impacto económico potencial de hasta 210 mil millones de dólares.
Afortunadamente, el presupuesto de defensa de la Administración Trump para el año fiscal 2027 responde directamente a esta realidad. La solicitud total de 1,5 billones de dólares se basa en 350 mil millones en financiamiento obligatorio a través del proceso de reconciliación presupuestaria, con aproximadamente 760 mil millones de dólares destinados a la adquisición y modernización de armamento. El Pentágono busca un aumento del 150% en las principales partidas de adquisición de municiones de las distintas ramas de las fuerzas armadas. Solo la Armada está solicitando tres mil millones de dólares para 785 misiles Tomahawk, lo que supone un aumento del mil 200% con respecto a los 58 autorizados el año anterior. El presupuesto también destina 52 mil 900 millones de dólares específicamente a municiones críticas, ampliando la adquisición de 12 sistemas mediante contratos plurianuales destinados, según afirma el propio documento, a “fomentar la entrada de nuevos participantes enviando una señal clara de demanda para expandir la capacidad y la producción escalable en el futuro”. El presupuesto contiene el diagnóstico más claro que cualquier gobierno haya elaborado en décadas:
En los últimos 70 años, las vulnerabilidades críticas en la producción industrial, la dependencia de minerales esenciales y la seguridad nacional han comenzado a afectar negativamente la capacidad de Estados Unidos para imponerse en un conflicto entre pares o cuasi pares.
El documento presupuestario concluye que la situación actual “es insostenible”. Esta es la solicitud de adquisición de municiones más ambiciosa de la historia moderna, acompañada de una evaluación inusualmente sincera del Pentágono sobre por qué es necesaria. Pero incluso todo esto sigue siendo insuficiente. El CSIS estimó que la producción del año fiscal 2026 no cubrirá por completo el volumen utilizado hasta la fecha. El problema estructural es que las asignaciones presupuestarias no producen armas; lo hacen las fábricas, las cadenas de suministro y la mano de obra. Pedir 785 misiles Tomahawk en un ciclo presupuestario no produce 785 misiles Tomahawk si la estructura industrial subyacente no puede fabricarlos en el plazo que exige la amenaza.
Mientras Estados Unidos reduce su arsenal en la guerra contra Irán, China observa y se prepara.
LAS ILUSIONES DE LA GUERRA
El análisis más relevante sobre la guerra en Irán proviene del Instituto de Investigación en Política Exterior, el cual ha sostenido que la guerra está “creando una ilusión estratégica en la que la campaña de bombardeos tácticos continúa, pero la preparación de Estados Unidos para una contingencia de mayor envergadura en un segundo frente se va erosionando silenciosamente con cada munición de alta gama que se dispara”.
Ese enfoque merece convertirse en el principio rector que guíe la reflexión de los responsables políticos sobre el déficit de arsenal. Refleja con precisión la asimetría que el éxito táctico no puede resolver. Cada día que continúan las operaciones en el Golfo es un día en el que se vacían los arsenales, diseñados para una campaña de un solo frente contra un adversario de menor nivel. La amenaza del Pacífico no esperará a que la base industrial se recupere.
Las consecuencias de esto para los planes de contingencia en Taiwán son graves. Los simulacros de guerra del CSIS han revelado sistemáticamente que las fuerzas estadounidenses agotarían las municiones esenciales en un plazo de ocho días en caso de un conflicto de alta intensidad con China. El almirante Samuel Paparo, comandante del INDOPACOM, afirmó sin rodeos: “Ya antes estaba insatisfecho con el nivel de las reservas”, y pidió que se repusiera el stock “y algo más”. El almirante Paparo hizo estas declaraciones antes de que Estados Unidos lanzara 850 misiles Tomahawk y 943 misiles Patriot, y consumiera al menos el 30% de las reservas mundiales de interceptores THAAD [Los sistemas antimisiles más avanzados del ejército estadounidense, N. del T.] para defender a sus aliados del Golfo.
Mientras Estados Unidos reduce su arsenal en la guerra contra Irán, China observa y se prepara. El Proyecto de Amenazas Críticas del American Enterprise Institute (AEI) señaló que Beijing aumentó sus reservas de petróleo en un 15,8% en los dos primeros meses de 2026, y ahora mantiene una reserva estratégica de aproximadamente mil 200 millones de barriles. Oficiales de la República Popular China viajaron a los frentes de la guerra entre Rusia y Ucrania para estudiar lecciones operativas. Harán lo mismo con Epic Fury.
Xi Jinping ha fijado el año 2027 como fecha límite para que sus fuerzas armadas estén listas para tomar Taiwán. Más allá de los méritos de la postura estratégica de la Administración Trump hacia Taiwán —su Estrategia de Defensa Nacional de 2026 no menciona a la nación insular—, las consecuencias industriales son cuantificables: cada munición que se consume en la defensa del Golfo es una que no puede disuadir a China en el Pacífico.
Este es el verdadero costo estratégico de Epic Fury, y constituye un argumento de peso para reconstruir el arsenal ahora, en lugar de esperar a que termine la guerra.
Mientras Estados Unidos reduce su arsenal en la guerra contra Irán, China observa y se prepara.
MIRAR POR DEBAJO DE LOS PRINCIPALES CONTRATISTAS
La base industrial de defensa suele analizarse a través de sus principales contratistas, pero las mayores restricciones se encuentran en los niveles inferiores de la cadena. War on the Rocks publicó en enero un análisis detallado que reformuló el problema: cadenas de suministro que a nivel de programa parecen estar bien diferenciadas dependen, en realidad, de un mismo grupo reducido de proveedores en los niveles inferiores. En el sector de las municiones, varios fabricantes de motores cohete de combustible sólido dependen de los mismos proveedores de segundo y tercer nivel para el suministro de materiales energéticos y componentes de propulsión. Una interrupción en el abastecimiento en un nivel paraliza simultáneamente los calendarios de producción de varios contratistas principales.
La base industrial de los niveles inferiores está formada por unos tres mil fabricantes pequeños y medianos: talleres de mecanizado, empresas de tratamiento térmico, galvanizadoras, procesadores de metales especializados, empresas de electrónica de precisión y productores de químicos especializados. Estas son las empresas que fabrican los componentes que se incorporan a todos los sistemas de armas. Operan casi al límite de su capacidad a medida que su fuerza laboral envejece. RealClearDefense identificó el problema subyacente:
La fuerza laboral que construyó el legado de la disuasión estadounidense está envejeciendo. Gran parte de la memoria institucional que sustenta la calidad y la confiabilidad de primer nivel existe en carpetas, sistemas heredados o en [sic] el criterio de personas que ya están dejando la planta de producción.
Los motores cohete de combustible sólido, que impulsan los misiles Tomahawk, los PAC-3, los SM-3, los SM-6, los interceptores THAAD y los cohetes GMLRS constituyen el principal cuello de botella. La cadena de suministro de los sistemas de propulsión es extremadamente limitada, con solo unos pocos subcontratistas especializados con capacidad de fabricarlos.
El Departamento de Guerra ha recurrido a las facultades del Título III de la Ley de Producción de Defensa para abordar este problema, adjudicando 32,7 millones de dólares en septiembre de 2025, otros 73 millones de dólares más adelante ese mismo año, y fondos adicionales a Systima Technologies, R.E. Darling, X-Bow Systems y Anduril. La nueva planta de motores cohete de combustible sólido (SRM, por sus siglas en inglés) de Lockheed Martin en Camden, Arkansas, abrirá sus puertas a finales de 2026. Ursa Major está desarrollando un modelo de producción de SRM integrado verticalmente en Youngstown, Ohio.
El presupuesto para el año fiscal 2027 amplía considerablemente esta iniciativa, solicitando 72 mil 300 millones de dólares a través del programa de Análisis y Sostenimiento de la Base Industrial y del Título III de la Ley de Producción para la Defensa, con el fin de abordar los riesgos transversales en la cadena de suministro, entre los que se incluyen los motores cohete de combustible sólido, químicos críticos, piezas fundidas y forjadas, y la microelectrónica. El Pentágono insta específicamente a “abordar la cuestión de los proveedores secundarios clave de motores cohete de combustible sólido para reducir los costos de producción y aumentar la capacidad de respuesta ante picos en la demanda”.
El Pentágono insta específicamente a “abordar la cuestión de los proveedores secundarios clave de motores cohete de combustible sólido para reducir los costos de producción y aumentar la capacidad de respuesta ante picos en la demanda”.
Estas inversiones son necesarias. Pero también son insuficientes a la escala de la solicitud presupuestaria para el año fiscal 2027. Las adquisiciones de defensa históricamente han enviado señales erráticas a la base de proveedores de niveles inferiores: la demanda se expande durante los conflictos y se contrae después. Si bien los contratistas principales pueden manejar esa volatilidad, absorbiéndola a través de fuentes de ingresos diversificadas, para los fabricantes más pequeños representa un riesgo existencial. Cuando la demanda cae, deben despedir trabajadores, retirar equipos de servicio o salir del mercado. Cuando la demanda vuelve a subir, esa capacidad ya no existe.
Un taller de mecanizado no invertirá en nuevos equipos CNC, no contratará aprendices ni buscará cumplir con las normas ITAR y AS9100 si prevé que el contrato desaparezca en tres años. El aumento del 150% en municiones del presupuesto para el año fiscal 2027 debe traducirse en acuerdos de producción a largo plazo que se extiendan a los proveedores de segundo y tercer nivel, no solo a los contratistas principales. Sin esa señal, los proveedores de niveles inferiores considerarán el aumento como algo temporal y se negarán a invertir, por lo que el arsenal no se restaurará dentro de ningún plazo relevante.
Esta es la cuestión industrial fundamental que ha planteado la guerra en Irán, y la que casi ningún analista ha conseguido abordar adecuadamente: ¿cómo convierte Estados Unidos su aumento de asignaciones presupuestarias en una capacidad de producción sostenida en los niveles inferiores de la cadena, que es donde realmente se encuentran las limitaciones más restrictivas?
LA PRUEBA DE CONCEPTO DEL LUCAS
Hay un programa utilizado en esta guerra que ofrece una respuesta parcial. El Sistema de Ataque de Combate No Tripulado de Bajo Costo (LUCAS, por sus siglas en inglés) tuvo su primer uso confirmado en combate el 28 de febrero de 2026: un dron que el almirante Brad Cooper, comandante del CENTCOM (Mando Central de los Estados Unidos), ha calificado desde entonces de “indispensable”. El LUCAS, que entró en combate siete meses después de su presentación pública, cuesta 35 mil dólares por unidad y tiene un alcance de 500 millas. Fue construido por SpektreWorks, una empresa de ingeniería de 15 personas con sede en Phoenix, Arizona, después de que el gobierno de EE. UU. capturara un dron Shahed-136, lo sometiera a ingeniería inversa y buscara un fabricante capaz de construir una versión estadounidense mejorada.
El detalle estructural clave es que el gobierno de EE. UU. es dueño del diseño del LUCAS, tal como informó inicialmente Reuters. Esto significa que cualquier fabricante calificado puede producir el sistema. SpektreWorks cuenta actualmente con contratos de fabricación, pero el diseño se concibió desde el principio para una producción con múltiples proveedores. El Programa de Dominio de Drones del secretario Pete Hegseth amplía aún más este modelo. En cuatro fases de producción (denominadas “gauntlets”), 12 proveedores entregarán colectivamente 30 mil drones de ataque de un solo uso a 5 mil dólares por unidad en la primera fase, con un objetivo de 2 mil 300 dólares por unidad para la fase final.
…12 proveedores entregarán colectivamente 30 mil drones de ataque de un solo uso a 5 mil dólares por unidad en la primera fase, con un objetivo de 2 mil 300 dólares por unidad para la fase final.
Lo que hace que el LUCAS sea un caso ilustrativo no es solo la velocidad o el costo, sino el tipo de empresa que lo fabricó. SpektreWorks no es un contratista principal ni un megaunicornio financiado por capital de riesgo. Se trata de un pequeño fabricante que participó en un programa de experimentación del gobierno, ganó un contrato a través de APFIT y entregó un sistema listo para el combate con un costo unitario varios órdenes de magnitud inferior al de las municiones guiadas tradicionales. El secretario Hegseth describió este proceso en el Foro de Defensa Nacional Reagan en diciembre de 2025, caracterizando el objetivo general como:
…el paso de una base industrial de defensa dominada por contratistas principales y baja competencia a un futuro impulsado por un ecosistema dinámico de proveedores que acelere la producción al combinar la inversión a un ritmo comercial con la capacidad estadounidense de escalar y escalar rápidamente.
El presupuesto para el año fiscal 2027 lleva esa visión a la práctica mediante una asignación de 20 mil 200 millones de dólares para la nueva Oficina de Capital Estratégico, un Fondo de Inversión en Seguridad Nacional de mil millones de dólares destinado a inversiones de capital paciente en la base industrial nacional, y la ampliación de las facultades de la APFIT para otorgar contratos competitivos por montos que oscilan entre los 10 y los 50 millones de dólares a pequeñas empresas y contratistas no tradicionales.
El sector de la tecnología de defensa, respaldado por capital de riesgo, ha desarrollado una capacidad real, y empresas como Anduril y Shield AI están creando la infraestructura de fabricación necesaria para producir sistemas autónomos a gran escala. Sin embargo, esas empresas no son la solución completa, y tratarlas como tal no hace más que repetir el problema de concentración que provocó el déficit de armamento en primer lugar.
El caso del LUCAS es una prueba de concepto de una arquitectura industrial diferente: una en la que los fabricantes pequeños y medianos, que operan bajo vías de adquisición aceleradas y marcos de propiedad intelectual compartidos o de propiedad gubernamental, se convierten en una fuente principal de la capacidad de producción, en lugar de ser una capa residual que solo da apoyo a los contratistas principales.
La base industrial no puede reconstruirse solo con los grandes contratistas. Tampoco puede reconstruirse solo con las empresas de tecnología de defensa respaldadas por capital de riesgo. Debe reconstruirse mediante la recuperación del sector de las pequeñas y medianas empresas manufactureras, que se ha desmoronado en las últimas tres décadas, y esa recuperación debe estar estructurada de manera tal que pueda sobrevivir a la inevitable contracción tras el conflicto.
El caso del LUCAS es una prueba de concepto de una arquitectura industrial diferente: una en la que los fabricantes pequeños y medianos, que operan bajo vías de adquisición aceleradas y marcos de propiedad intelectual compartidos o de propiedad gubernamental, se convierten en una fuente principal de la capacidad de producción…
LO QUE REQUIERE EL REABASTECIMIENTO DEL ARSENAL
Para ampliar la producción a los niveles que exigen la guerra en Irán y la contingencia en el Pacífico, los pequeños y medianos fabricantes nacionales tendrán que ser dueños de sus cadenas de suministro, operar bajo marcos de propiedad intelectual de derechos compartidos o de propiedad gubernamental, y recibir señales de demanda sostenidas que sobrevivan a los ciclos políticos. Deben conservar suficientes incentivos comerciales para invertir en capacidad y talento, mientras que el gobierno conserva derechos suficientes para otorgar licencias de producción a fabricantes adicionales durante un aumento de la demanda en tiempos de guerra. Ninguna de las partes es dueña exclusiva de la propiedad intelectual; ambas se benefician de la escala.
No se trata de un concepto teórico, sino del modelo que construyó el arsenal de la democracia en la década de 1940. Consolidated Aircraft diseñó el B-24 Liberator, y Ford Motor Company fabricó más de 8 mil 500 de ellos en Willow Run, una planta de fabricación en Michigan. Miles de talleres de subcontratistas en todo el Medio Oeste produjeron los componentes que abastecieron a ambas líneas. El gobierno estructuró los derechos de producción de manera que ningún proveedor individual pudiera crear un cuello de botella en el suministro. Esa arquitectura produjo alrededor de 18 mil 450 B-24 en diferentes fábricas en solo cuatro años.
Si el Congreso y el Departamento de Guerra desean que esta estructura funcione a la escala que exige el entorno de amenazas actual —en lo que respecta a los sistemas autónomos, las municiones de precisión y los interceptores—, cuatro reformas estructurales deberán definir la agenda legislativa para la Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA) del año fiscal 2027 y el próximo paquete suplementario.
1. LA PROPIEDAD INTELECTUAL DE DERECHOS COMPARTIDOS COMO ESTÁNDAR PARA SISTEMAS APTOS PARA LA PRODUCCIÓN MASIVA
El modelo LUCAS, en el que el gobierno es propietario absoluto del diseño, funciona para los sistemas obtenidos mediante ingeniería inversa, pero en el caso de los diseños originales es necesario un marco de derechos compartidos para preservar el incentivo comercial a la innovación, al tiempo que se garantiza que el gobierno pueda activar líneas de producción adicionales en caso de picos de demanda. El proyecto de ley de defensa para el año fiscal 2026 aprobó la adquisición plurianual de ocho municiones críticas, entre ellas PAC-3, SM-6, THAAD, AMRAAM y LRASM. Esos contratos deberían incluir disposiciones de derechos compartidos que permitan al Pentágono habilitar segundas y terceras fuentes de producción durante el período contractual, y que los fabricantes pequeños y medianos puedan competir por esos cupos de producción secundarios. El Congreso debería establecer esta política como norma para cualquier adquisición que supere una cantidad mínima.
2. SEÑALES DE DEMANDA SOSTENIDA PARA LA BASE INDUSTRIAL SUBYACENTE
Los ciclos de adquisición erráticos que acaban con los pequeños fabricantes deben sustituirse por compromisos de producción plurianuales que vayan más allá de los contratistas principales y lleguen a los talleres de segundo y tercer nivel que fabrican los componentes propiamente dichos. Las inversiones del Título III de la Ley de Producción de Defensa en motores cohete de combustible sólido son el mecanismo adecuado. Pero deben ampliarse en magnitud y extenderse más allá de la propulsión para abarcar el mecanizado, las piezas fundidas, las piezas forjadas, la electrónica de precisión y los productos químicos especializados que sustentan toda munición moderna. Los talleres de menor nivel en la cadena de suministros que reciben estos compromisos necesitan saber que la demanda durará una década y no un ciclo presupuestario. Sin esa señal, no se desarrollará la capacidad.
Los ciclos de adquisición erráticos que acaban con los pequeños fabricantes deben sustituirse por compromisos de producción plurianuales que vayan más allá de los contratistas principales y lleguen a los talleres de segundo y tercer nivel…
3. LA FABRICACIÓN ALIADA COMO ACTIVO ESTRATEGICO
Australia ha destinado 14 mil millones de dólares a lo largo de una década a la fabricación nacional de misiles y municiones. Su alianza con Lockheed Martin producirá cuatro mil cohetes GMLRS al año para 2029, diez veces las propias necesidades de Australia. La surcoreana Hanwha Aerospace está invirtiendo mil millones de dólares en una planta estadounidense para la producción de propelentes y cargas modulares. Japón encargó 400 misiles Tomahawk y opera la coproducción del SM-3 Block IIA. Lockheed inauguró programas de coproducción del PAC-3 en España, Arabia Saudita y Polonia. Las reformas ITAR del AUKUS, implementadas de manera piloto en 2024, deberían extenderse a todos los aliados del acuerdo. Cada asociación amplía la base industrial sin que el Pentágono tenga que construir fábricas de propiedad gubernamental.
4. PROFUNDIDAD EN TODO EL ESPECTRO DE COSTOS
El presupuesto para el año fiscal 2027 acierta al priorizar los interceptores de alta gama y los ataques de precisión, pero la operación Epic Fury demostró que la fuerza también necesita sistemas económicos, autónomos y aptos para la producción masiva en el extremo inferior de la escala de costos. Los A-10 Warthogs y los AH-64 Apaches están realizando salidas de combate sobre el estrecho de Ormuz y en todo Irak porque no existe ningún sistema autónomo asequible a gran escala que pueda llevar a cabo las misiones de lucha contra drones, lanchas rápidas y minas que están asumiendo esas plataformas tripuladas. El Programa de Dominio de Drones apunta a cubrir esta brecha. Su éxito depende de si el modelo de “gauntlets” puede sostener contratos de producción que lleguen, a gran escala, a fabricantes pequeños y medianos, en lugar de consolidar un puñado de empresas y caer en el mismo problema de concentración que el programa pretendía evitar.
EL PLAZO QUE IMPORTA
Vale la pena reiterar la advertencia del Instituto de Investigación de Política Exterior sobre la ilusión estratégica del poderío estadounidense en Irán, ya que pone de relieve lo que realmente está en juego: la preparación para una emergencia de mayor envergadura se desvanece con cada proyectil disparado.
Tan solo reemplazar los 850 misiles Tomahawk ya utilizados llevará entre dos y tres años, incluso con el aumento del mil 200% en las adquisiciones de la Armada. Reconstruir las reservas de interceptores hasta los niveles previos a la guerra llevará aún más tiempo. La cadena de suministro de motores cohete de combustible sólido requiere nuevas instalaciones que no alcanzarán su plena capacidad de producción hasta dentro de varios años. La mano de obra de los niveles inferiores de la cadena de producción, de la que depende toda la estructura, sigue envejeciendo. Y ninguno de estos plazos tiene en cuenta una contingencia en Taiwán en 2027. Mientras tanto, la República Popular China estudia este conflicto en tiempo real, así como estudió el de Ucrania.
…la preparación para una emergencia de mayor envergadura se desvanece con cada proyectil disparado.
Tan solo reemplazar los 850 misiles Tomahawk ya utilizados llevará entre dos y tres años…
Afortunadamente, la Administración Trump ha reconocido la magnitud del problema y ha respondido con el presupuesto de defensa más ambicioso en una generación. La solicitud para el año fiscal 2027, el Programa de Dominio de Drones, las inversiones en virtud del Título III de la Ley de Producción de Defensa, la expansión de la producción de los motores cohete de combustible sólido, las facultades de adquisición plurianuales y el paquete suplementario pendiente: todo apunta en la dirección correcta. La pieza faltante no es el dinero, sino la arquitectura de producción que convierta los fondos asignados en armas al ritmo y al costo que la amenaza exige.
Recuperar esa estructura requiere algo muy distinto a simplemente emitir cheques más grandes a los principales contratistas. Exige crear marcos de propiedad intelectual con derechos compartidos que permitan a múltiples fabricantes producir el mismo sistema. Exige señales de demanda sostenidas que le permitan a un taller de mecanizado de 50 empleados en Ohio, Pensilvania o Arizona comprometerse a una década de inversión de capital. Requiere tratar la capacidad de producción aliada como una extensión del poder industrial estadounidense. Y la disciplina para mantener estas inversiones a pesar de las inevitables reducciones en tiempos de paz que han destruido la capacidad de los subcontratistas después de cada conflicto del que se tenga memoria.
La pregunta ahora es si la política industrial estadounidense podrá avanzar al ritmo que exige el entorno de amenazas, o si el presupuesto para el año fiscal 2027 se convertirá en otro simple ejercicio de contabilidad mientras la estructura de producción permanece sin cambios. La respuesta se verá reflejada en la capacidad instalada de las plantas de producción, en los programas de formación de aprendices, en las revisiones del marco de propiedad intelectual y en los acuerdos de coproducción con aliados, no en las partidas presupuestarias.
Los 18 meses que tenemos por delante importan más que los 18 días que dejamos atrás. El Congreso y la Administración Trump tienen una oportunidad —pero no durará mucho tiempo.
La pieza faltante no es el dinero, sino la arquitectura de producción que convierta los fondos asignados en armas al ritmo y al costo que la amenaza exige.
*Will Thibeau es director del American Military Project en el Center for the American Way of Life y director de Asuntos Federales en Vector. El artículo original en inglés fue publicado el 23 de abril de 2026 en The American Mind y puede consultarse en el siguiente enlace: https://americanmind.org/memo/how-the-u-s-can-restore-its-arsenal/
