En la antesala de la cumbre del G7 en Évian-les-Bains, el presidente Donald Trump declaró en Truth Social el domingo 14 de junio que “el acuerdo con la República Islámica de Irán ya está cerrado”. Un memorándum de entendimiento (MOU) de 14 puntos, negociado con Pakistán como mediador principal y apoyo de Qatar, fue firmado digitalmente al día siguiente por el vicepresidente JD Vance y el presidente del parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, con Trump como testigo. Pero el miércoles 17 de junio, durante una cena en el Palacio de Versalles ofrecida por el presidente francés Emmanuel Macron al cierre del G7, Trump firmó personalmente una copia física del documento, mientras que el presidente iraní Masoud Pezeshkian hizo lo propio en Teherán. Esa segunda firma adelantó la entrada en vigor del pacto en dos días respecto del calendario original, dejando sin objeto la ceremonia formal que estaba prevista para el viernes 19 de junio en Ginebra: las conversaciones técnicas que sí debían celebrarse esa fecha, en el resort suizo de Bürgenstock, fueron canceladas a último momento por “razones de logística”, según informó la Casa Blanca, luego de que Vance suspendiera su viaje y el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif hiciera lo mismo.
El texto del MOU, divulgado por el Departamento de Estado y publicado también por Pezeshkian en X como “documento histórico”, dispone el cese “inmediato y permanente” de operaciones militares en todos los frentes —incluido el Líbano—, el fin de “todos los tipos de sanciones” estadounidenses contra Irán, la liberación de activos congelados y un plan multinacional de al menos 300 mil millones de dólares para la reconstrucción de la economía iraní, financiado por socios regionales y no por el erario estadounidense. A cambio, Irán reafirma que no desarrollará armas nucleares y acepta 60 días de negociaciones sobre el futuro de su programa de enriquecimiento bajo supervisión internacional. En cuanto al estrecho de Ormuz, el Comando Central estadounidense (CENTCOM) levantó formalmente su bloqueo naval el 18 de junio, pero el paso no ha recuperado aún el tráfico comercial normal: persisten minas sin remover y las primas de seguro de guerra siguen muy por encima de los niveles previos al conflicto, por lo que se proyectan varios meses para una normalización plena.
La dimensión libanesa del acuerdo generó una inusual tensión pública entre Washington y Tel Aviv. El jueves 18 de junio, en una entrevista con The New York Times y en una rueda de prensa en la Casa Blanca, Vance criticó abiertamente las operaciones israelíes en el Líbano, señalando que han obstaculizado las negociaciones en reiteradas ocasiones, y advirtió que Israel “no puede simplemente matar para resolver todos y cada uno de sus problemas de seguridad nacional”. Afirmó que Trump es el único jefe de Estado del mundo “que tiene simpatía por la nación de Israel en este momento” y que, si estuviera en el gabinete israelí, no atacaría al único aliado poderoso que le queda. Las declaraciones apuntaron directamente a los ministros ultranacionalistas Bezalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir, quienes habían atacado a Trump por cerrar el trato; Netanyahu, en cambio, evitó la crítica directa pero rechazó que el cese de hostilidades en el Líbano forme parte del acuerdo, y horas después su ejército difundió un mapa con una franja de ocupación de unos 10 kilómetros dentro de territorio libanés.
El pacto generó además una grieta dentro del Partido Republicano. El senador Roger Wicker (Mississippi), presidente del Comité de Fuerzas Armadas, advirtió que el fondo de 300 mil millones de dólares para Irán “haría parecer una miseria” el paquete que Teherán obtuvo bajo el acuerdo nuclear de Obama de 2015, y dijo oponerse al levantamiento de sanciones a cambio de una simple promesa iraní de negociar 60 días más. El senador Bill Cassidy (Luisiana) calificó el pacto como “el peor error de política exterior en décadas”. Trump respondió en redes sociales, calificando a sus críticos de “tontos» envidiosos”. Vance, por su parte, pidió a los legisladores republicanos tener “un poco de fe” en el acuerdo.

