En un informe difundido el lunes 6 de julio, el Fondo Monetario Internacional (FMI) recortó drásticamente las expectativas de crecimiento para la economía chilena.
En el reporte, el organismo internacional sostiene que “la economía de Chile sigue siendo resistente, con sus perspectivas respaldadas por el aumento de los precios del cobre, aunque el aumento de los precios del petróleo ha empujado la inflación temporalmente por encima del objetivo”. Además, considera que “las prioridades políticas a medio plazo son reconstruir de manera sostenible y creíble los amortiguadores fiscales y aumentar de manera sostenible el crecimiento de Chile a través de reformas estructurales”.
En uno de los fragmentos más resonantes, también señala que espera que “el crecimiento del PIB se suavice [sic] al 1,8 por ciento en 2026, aumentando al 2,6 por ciento en 2027”. En mayo, el organismo ya había recortado sus previsiones anteriores en torno a un crecimiento del 2,2% para el mismo período.
Otro de los puntos centrales del análisis tiene que ver con la deuda pública. De cara al objetivo de “alcanzar el equilibrio estructural para 2030 y mantener la relación deuda-PIB por debajo del 45 por ciento”, el FMI plantea que se requerirán “esfuerzos fiscales adicionales”.
A pesar de que no se trata de un escenario optimista, voceros del gobierno intentaron tomarlo con una perspectiva positiva, al menos públicamente. Este es el caso del senador y presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, que declaró a través de la cuenta oficial del partido de gobierno que “cuando un organismo internacional destaca que Chile está tomando buenas decisiones, es una señal de que vamos por el camino correcto”.

