Los incendios forestales activos en el norte de Ontario escalaron esta semana hasta desencadenar una crisis de calidad del aire que el martes 14 de julio de 2026 alcanzó el nivel de máximo riesgo en Toronto y el Gran Área de Toronto, con cielos teñidos de naranja y visibilidad severamente reducida en toda la región. Según el balance estacional del gobierno federal, en lo que va de 2026 se registran tres mil 137 incendios y 1,4 millones de hectáreas quemadas en todo el país; a mediados de julio ardían casi 850 focos activos, más de 180 de ellos en Ontario. Los vientos llevaron el humo hacia el sureste, provocando alertas sanitarias en territorios estadounidenses como Michigan, Ohio, Illinois, Nueva York e Indiana. Detroit llegó a registrar el jueves 16 de julio de 2026 uno de los peores índices de calidad del aire del mundo por materia particulada fina. Los incendios también destruyeron viviendas en la comunidad Namaygoosisagagun, al norte de Thunder Bay, y forzaron evacuaciones en varias localidades del norte de la provincia.
La dimensión transfronteriza del fenómeno desembocó esta semana en una nueva presión política desde Washington. Cuatro representantes republicanos de Michigan —Jack Bergman, John James, Lisa McClain y John Moolenaar— enviaron el miércoles 15 de julio una carta al primer ministro Carney en la que advirtieron que era la tercera carta en tres años consecutivos sobre una crisis que, a su juicio, Canadá podía prevenir y había optado por no hacerlo. Acusaron al gobierno canadiense de subinversión crónica en gestión forestal preventiva —raleo de bosques, reducción de combustible vegetal, quemas prescriptas y control del incendio intencional— y exigieron evidencia de políticas concretas con financiamiento verificable, así como mecanismos de rendición de cuentas provincial. El tono escaló en las redes sociales, donde el senador estatal republicano Aric Nesbitt publicó que, si Canadá no aprendía a manejar sus bosques, debería considerar convertirse en el “estado 51”.
Carney no respondió directamente a la carta cuando fue consultado el jueves 16 de julio en una conferencia de prensa en London, Ontario, pero contraatacó apuntando a las políticas climáticas de la administración Trump. Afirmó que el cambio climático es responsabilidad de todos los países, incluidos los Estados Unidos, y contrastó las inversiones canadienses en energía limpia con la cancelación o paralización de proyectos equivalentes del lado estadounidense. En claro contraste con el tono de los legisladores, el embajador estadounidense en Canadá, Pete Hoekstra —él mismo oriundo de Michigan—, describió la situación como un “desafío que no reconoce fronteras” y elogió la coordinación bilateral en tiempo real.


