Bajo el liderazgo de Daniel Noboa, Ecuador se ha consolidado como el aliado más confiable de Estados Unidos en el la zona andina y en el Pacífico sur. El país abrió sus puertos, su espacio aéreo y sus fuerzas armadas a una cooperación militar cada vez más estrecha con Washington, al tiempo que multiplicó su protagonismo regional con una batería de acuerdos de seguridad, y su participación en el “Escudo de las Américas”, la coalición militar que integra junto a otros 16 países de la región, así como en el “Compromiso de Santiago”, la iniciativa chilena de articulación regional para combatir la delincuencia organizada.
La agenda de militarización de la seguridad pública, con fuerte respaldo de la Casa Blanca, y su eje en la “lucha contra el crimen organizado” parecen estar reportándole buenos réditos internos, pese al récord de homicidios que atraviesa el país y una crisis de seguridad que no cede. Cuando las urnas le negaron, en un referéndum, la posibilidad de reabrir la puerta a bases militares extranjeras, Noboa encontró de todos modos la forma de sortear ese resultado, habilitando la presencia de tropas estadounidenses en el territorio nacional.
El presidente ecuatoriano se convirtió, además, en una pieza clave de la injerencia electoral que Washington desplegó en Colombia, al tensar la relación bilateral con su vecino, cuestionar el compromiso de Gustavo Petro con la seguridad fronteriza y respaldar abiertamente al candidato de la derecha y actual presidente, Abelardo de la Espriella. En Traza Continental analizamos cómo Ecuador, de la mano de Noboa, se ha convertido en la punta de lanza de la nueva proyección estadounidense en la zona.
Ecuador se convirtió en un punto central para que Estados Unidos ejecute la renovada doctrina Monroe en el continente americano. Daniel Noboa ya había consolidado un perfil neoconservador durante su primera gestión (2023-2025), a la que llegó por la destitución de Guillermo Lasso, pero con el arribo de Donald Trump a la Casa Blanca asumió un rol estratégico de proyección regional.
Esta sintonía fina que existe entre ambos presidentes, Noboa la presenta como el respaldo de Washington para dar una lucha sin cuartel contra el “narcoterrorismo”. A pesar de que las urnas rechazaron con contundencia la presencia de fuerzas extranjeras en el país, Noboa avanzó en ese camino pero por otras vías. Estados Unidos no puede abrir bases militares en territorio ecuatoriano pero sí se suscribieron acuerdos para realizar ejercicios conjuntos en los que la nación norteamericana no solo ofrece ayuda logística sino que participa activamente en la lucha contra grupos delictivos.
Mientras los indicadores sociodemográficos ponen en evidencia el fracaso estructural de las recetas de militarización interna y el presidente decreta continuamente estados de excepción en distintas regiones del país, Ecuador se convierte en un campo de pruebas de las nuevas formas de injerencia norteamericana y participa de cuanta iniciativa llegue desde el norte.
Mientras los indicadores sociodemográficos ponen en evidencia el fracaso estructural de las recetas de militarización interna y el presidente decreta continuamente estados de excepción en distintas regiones del país, Ecuador se convierte en un campo de pruebas de las nuevas formas de injerencia…
En marzo pasado, el país participó de la creación del “Escudo de las Américas”, una coalición militar y de seguridad regional que integran otros 16 países, y suscribió un Acuerdo de Comercio Recíproco que regula aranceles en medio del descalabro económico que produjo Trump al imponer gravámenes a decenas de países.
El último gran paso lo dio el 22 de junio pasado cuando firmó junto a Washington la estrategia “Frontera Segura” para coordinar acciones contra el crimen organizado. Casi en simultáneo, mediante el decreto 423, Noboa ratificó la existencia de un conflicto armado interno y allí prometió inmunidad a los militares extranjeros que operen en el país para desarticular bandas criminales. De esta manera, habilitó a las fuerzas extranjeras para que se desplieguen en las provincias “más golpeadas por la inseguridad” junto a las fuerzas de seguridad locales; en caso de que realicen acciones al margen de la ley, Noboa los beneficiará con indultos o rebaja de penas. La soberanía del país andino se convirtió en un objeto transable y ubica a Quito en el rol del ejecutor más disciplinado de una agenda exterior diseñada lejos de sus fronteras.
LA ARQUITECTURA DE LA SUBORDINACIÓN: BASES, EJERCICIOS TÁCTICOS Y LA “DOCTRINA DONROE”
La política de defensa ecuatoriana que rige hoy el país no se diseñó en Carondelet, sino en las oficinas del Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM). Bajo el argumento de proveer un “apoyo temporal” para neutralizar a las estructuras del crimen organizado, la administración de Noboa autorizó el despliegue directo de personal de la Fuerza Aérea estadounidense en el país.
Se trata de una decisión con una fuerte carga simbólica para una nación que, a fuerza de movilizaciones sociales, logró expulsar a las tropas estadounidenses que operaban en la base militar de Manta. Además, en su momento, Ecuador plasmó ese rechazo en la Constitución, mediante una reforma (2009) que concibe al país como un territorio de paz y prohíbe expresamente la instalación de bases militares extranjeras. Cuando el año pasado Noboa quiso reabrir este capítulo y consultó en un referéndum sobre la posibilidad de eliminar esa restricción, recibió un contundente rechazo electoral de más del 60%.
No conforme, Noboa intenta desde entonces darle la vuelta al asunto. Una de las formas que encontró fue acordar un programa ininterrumpido de adiestramiento y patrullaje conjunto. Durante mayo y junio de este año, efectivos del Séptimo Grupo de Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos y marines se instalaron en el Batallón de Infantería de Marina Jaramijó, en la provincia de Manabí. Allí ejecutaron maniobras de combate en espacios cerrados, medicina táctica y simulaciones de tiro de alta intensidad orientadas a elevar la interoperabilidad entre ambas fuerzas.
La política de defensa ecuatoriana que rige hoy el país no se diseñó en Carondelet, sino en las oficinas del Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM).
Estos ejercicios en tierra firme coincidieron con el desarrollo del programa Southern Seas 2026, un despliegue naval promovido por el Comando Sur que incluyó maniobras tácticas de la Armada ecuatoriana junto al portaaviones USS Nimitz y el destructor USS Gridley en aguas del Pacífico oriental. Se trata de una iniciativa que busca fortalecer la cooperación marítima con países latinoamericanos.
En paralelo a estos avances, el 19 de abril de este año el director de la Administración para el Control de Drogas (DEA), Terrance C. Cole, visitó Guayaquil para consolidar los canales de intercambio de inteligencia financiera y criminal entre ambos países. Esto fue una consecuencia de la adhesión de Ecuador al Escudo de las Américas firmado por Estados Unidos y otras naciones latinoamericanas bajo gobiernos aliados a Trump. El programa obliga a los países suscriptores a estandarizar sus operaciones antidrogas y someter sus regulaciones financieras a la supervisión de agencias estadounidenses.
ROCES PELIGROSOS CON COLOMBIA Y EL TRASFONDO DE LOS VÍNCULOS CON ESTADOS UNIDOS
La cooperación surtió efecto y dejó a Noboa a las puertas de una grave crisis con su par de Colombia, Gustavo Petro. En marzo pasado, las fuerzas ecuatorianas lanzaron bombardeos aéreos junto a las estadounidenses contra grupos criminales en el norte del país. El objetivo fue atacar al grupo criminal “Comandos de la Frontera”, que opera en la provincia de Sucumbíos, al norte de Ecuador, y en el Putumayo, en el sur colombiano. El ataque fue el 3 de marzo, pero el 16 de ese mismo mes campesinos de Putumayo alertaron sobre el hallazgo de una bomba sin explotar. Petro responsabilizó a Noboa por el descubrimiento y desde entonces las denuncias cruzadas no hicieron más que crecer. Noboa acusó a Petro de tener vínculos con la banda narco “Los Choneros” y el colombiano le devolvió el golpe vinculándolo con el asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio.
El incidente con las bombas que terminaron en el Putumayo, y que casi detonan las ya maltrechas relaciones bilaterales, tiene un antecedente cercano: la “operación fénix” de 2008 en la que Colombia, gobernada por Álvaro Uribe Vélez, lideró una incursión militar en territorio ecuatoriano en el marco de un ataque a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El actor que conecta ambas escenas es Estados Unidos. En 2008 Uribe comandó esa operación con información y equipamiento a través de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Esta vez Washington colaboró con Noboa.
Los vínculos del presidente ecuatoriano con la potencia del norte son históricos. Noboa no solo se formó en cuatro de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos —la Universidad de Nueva York, Northwestern, Harvard y George Washington—, sino que también mantiene una estrecha relación con la familia Kennedy. El actual secretario de Salud de Trump, Robert Kennedy Jr., es el padrino de su hermano Santiago.
Noboa no solo se formó en cuatro de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos —la Universidad de Nueva York, Northwestern, Harvard y George Washington—, sino que también mantiene una estrecha relación con la familia Kennedy.
Otra de las palancas de Noboa es el secretario de Estado, de familia cubanoamericana, Marco Rubio. Además de llevar adelante la política de Washington para Latinoamérica y el Caribe, Rubio mantiene una relación de años con Uribe, una pieza que fue clave en la campaña electoral colombiana que consagró como presidente al outsider de derecha Abelardo De la Espriella. El triángulo Rubio, Uribe y Noboa operó en los últimos meses en contra de Petro y su candidato y logró poner en la Casa de Nariño a un perfil más amigable para la Casa Blanca.
El apoyo familiar y de negocios que el secretario de Estado recibe por parte de los colomboamericanos en Miami y de Uribe en particular fue fundamental en su carrera política. Además, los dos tuvieron cuestionados vínculos con el capo narco del Cártel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria, durante los 80. Es conocida la relación de amistad y negocios que tuvieron Uribe y Escobar, pero no tanto el eslabón que conecta a Rubio con el cártel. Su cuñado, Orlando Cicilia, participó activamente en las rutas del narcotráfico que conectaban el sur de Florida con el Cártel de Medellín hasta que terminó preso en 1987.
La afinidad entre Rubio y Uribe se viene tejiendo desde aquella época. En 2014, cuando el actual secretario de Estado sonaba como candidato presidencial republicano para la elección de 2016, visitó a Uribe; en 2015 el expresidente colombiano hizo una gira para expresar su “preocupación” por el acuerdo de paz que negociaba Juan Manuel Santos y se reunió con congresistas, entre los que estaba Rubio.
En abril de 2025, en medio del juicio que Uribe enfrentaba por soborno de testigos y fraude procesal, viajó a Washington donde Rubio le prometió que el gobierno de Trump lo apoyaría incondicionalmente. La influencia del expresidente colombiano sobre la Casa Blanca es tan destacada que fue vital su intervención para que en ese mismo mes de abril no se castigara a Colombia con excesivos aranceles. También fue clave para que Washington bajara el tono de las sanciones contra Colombia, después de denunciar que Petro era líder de un cártel.
LA CONDECORACIÓN DE KRISTI NOEM COMO EL BROCHE DE ORO
El vínculo entre los republicanos y Ecuador tiene otra figura clave: la enviada especial para el Escudo de las Américas, Kristi Noem. La exsecretaria de Seguridad Nacional viajó al país andino tres veces en el último año y siguió de cerca el referéndum constitucional por la reapertura de bases extranjeras. En noviembre pasado, a menos de una semana de que se celebrara el referéndum, Noem recorrió junto a Noboa instalaciones de la Fuerza Aérea Ecuatoriana en Manta y Salinas, evaluadas por ambos gobiernos como posibles emplazamientos para una futura presencia estadounidense, en caso de que prosperara la reforma constitucional.
Luego de que fracasara la consulta, Noem volvió a la mitad del mundo recién en marzo de este año cuando ya había dejado su cargo al frente de la secretaría de Seguridad Nacional, desde donde orquestó las deportaciones masivas en Estados Unidos de ciudadanos latinoamericanos, ecuatorianos entre ellos. Fue recibida con honores en el Palacio de Carondelet y Noboa le otorgó la Orden Nacional al Mérito en el grado de Gran Cruz, el segundo de mayor importancia dentro de esta distinción.
La exsecretaria de Seguridad Nacional viajó al país andino tres veces en el último año y siguió de cerca el referéndum constitucional por la reapertura de bases extranjeras.
La condecoración, oficializada mediante decreto ejecutivo, reconoce la contribución de Noem al fortalecimiento de las relaciones bilaterales entre ambos países, especialmente en materia de seguridad, gobernanza y cooperación institucional. Según el decreto, se otorga “en reconocimiento a su destacada trayectoria de servicio, así como por los esfuerzos orientados al fortalecimiento de los lazos de amistad y cooperación entre la República del Ecuador y los Estados Unidos de América”.
LA PARADOJA DE LOS DATOS SOBRE LA INSEGURIDAD
La narrativa punitivista de la administración Noboa se choca con la realidad. Según los datos públicos del propio gobierno, en 2025 fue récord la cantidad de homicidios dolosos y la cifra (9 mil 216) se convirtió en la tasa más alta de América Latina por tercer año consecutivo. Según el informe Conflict Watchlist 2026 de la organización internacional ACLED, Ecuador se ubica entre los diez países con mayor violencia del mundo.
A pesar de ello, Noboa mantiene buenos niveles de aprobación. Según la última encuesta de Comunicaliza, Noboa alcanza un 45,9% de aprobación al cumplir un año de su actual mandato. Entre las principales preocupaciones expresadas por la ciudadanía se ubican la situación económica del país y el aumento de los precios. Sin embargo, el dato más llamativo fue que la proporción de ciudadanos que identifica la inseguridad y la delincuencia como uno de los principales problemas del país rompió su tendencia a la baja y aumentó un punto porcentual, luego de haber caído diez puntos desde enero.
En el informe del primer año de gestión que dio en mayo pasado, Noboa optó por ocultar los números que dejan mal posicionado a Ecuador en el ranking de inseguridad regional y sólo destacó la caída de los delitos comunes en un 23%. Esta brecha entre los indicadores objetivos y la percepción ciudadana puede explicarse, en parte, por el estado de excepción permanente que Noboa aplica en distintas regiones del país. Al normalizar la suspensión de garantías constitucionales y delegar el control de la seguridad ciudadana a las fuerzas armadas entrenadas por Estados Unidos, el gobierno logra construir una sensación de gobernabilidad que le permite retener más del 40% de aprobación.
TENSIÓN ANDINA: EL AISLAMIENTO DIPLOMÁTICO Y LA GUERRA ARANCELARIA CON COLOMBIA
El alineamiento de Ecuador con las prioridades de Washington tuvo un costo colateral inmediato: el deterioro de sus relaciones con su vecino Colombia. En una decisión de política económica interna, y bajo el argumento de frenar el flujo de importaciones y proteger la economía doméstica, Ecuador aplicó en febrero de este año un arancel del 30% a productos colombianos y en mayo los subió al 100% ante la supuesta falta de control fronterizo de Bogotá.
El 14 de abril, Gustavo Petro evitó una represalia generalizada al optar por subsidios específicos y gravámenes selectivos. Sin embargo, la desescalada parcial no desactivó la crisis de fondo, que se trasladó al plano político y diplomático con acusaciones cruzadas por la gestión del control territorial frente al crimen organizado. La tensión comercial profundizó el deterioro del vínculo bilateral y aceleró el debilitamiento de los canales de coordinación regional.
El alineamiento de Ecuador con las prioridades de Washington tuvo un costo colateral inmediato: el deterioro de sus relaciones con su vecino Colombia.
Esta escalada arrastró a la Comunidad Andina (CAN) a su peor crisis en décadas, con el presidente Gustavo Petro deslizando incluso la posibilidad de que Colombia abandone el bloque, en un contexto en que Bogotá ya había demandado formalmente a Ecuador ante la CAN por violación al Acuerdo de Cartagena. El secretario general del organismo, Gonzalo Gutiérrez Reinel, advirtió sobre los efectos adversos de las posturas unilaterales, señalando que este tipo de medidas comerciales puede afectar los compromisos de libre comercio y erosionar la seguridad jurídica del proceso de integración andina.
Mientras tensaba la cuerda con Colombia, Noboa también dinamitaba sus vínculos con Cuba. En marzo el gobierno ecuatoriano declaró persona non grata a todo el personal diplomático, consular y administrativo de la misión cubana en su país. Fue justo cuando las versiones sobre una posible invasión de Estados Unidos a la isla tomaron más fuerza.
La respuesta de La Habana fue contundente. En una nota, la Cancillería de la isla rechazó “en los términos más enérgicos la decisión arbitraria e injustificada del gobierno de Ecuador”. Insistió en que la acción, tomada “sin aportar argumento alguno”, constituye un “acto inamistoso y sin precedentes” que daña “significativamente las históricas relaciones de amistad y cooperación entre ambos países y pueblos”. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, se sumó a las críticas y cuestionó lo que calificó como un gesto “hostil”, producto de una “política de clara sumisión de Ecuador a intereses imperiales” de Estados Unidos.
La Cancillería cubana vinculó la decisión de Quito con el contexto regional. En su comunicado, sugirió que la medida “no parece casual” y que se produce “en un contexto caracterizado por el reforzamiento de la agresión de los Estados Unidos contra Cuba y de las fuertes presiones del gobierno de ese país a terceros Estados para que se sumen a esa política”. La decisión de Quito se conoció, además, pocos días antes de la ya citada cumbre de lanzamiento del Escudo de las Américas, celebrada en Miami.
TAMBIEN HAY LUGAR PARA LOS PAÍSES (AMIGOS) DEL SUR
En los últimos quince días de mayo, Noboa hizo dos movimientos articulados y dirigidos a ampliar su proyección regional. Primero realizó una visita de dos días a Washington para consolidar la alianza estratégica con la administración Trump en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico; y luego firmó en Chile el “Compromiso Regional de Santiago” contra la delincuencia organizada transnacional, que también suscribieron el país anfitrión, Argentina, Perú, Paraguay y Bolivia.
El acuerdo, presentado por sus firmantes como una agenda operativa y no como una mera declaración de principios, establece la conformación de un Grupo de Trabajo Técnico-Operativo con mandato para elaborar un Plan de Acción Conjunto en un plazo de noventa días, con medidas concretas, medibles y verificables en áreas como seguridad, inteligencia financiera y tributaria, trazabilidad, control migratorio y fronterizo, cooperación aduanera y prevención de la corrupción.
El plan deberá ajustarse a las legislaciones nacionales y a instrumentos internacionales vigentes, en particular, la Convención de Palermo contra la delincuencia organizada transnacional. Los cancilleres acordaron reunirse nuevamente en Buenos Aires en un plazo de seis meses para evaluar resultados, y el acuerdo fue presentado para su adhesión durante la Asamblea General de la OEA, celebrada en Panamá a finales de junio.
Los cancilleres acordaron reunirse nuevamente en Buenos Aires en un plazo de seis meses para evaluar resultados, y el acuerdo fue presentado para su adhesión durante la Asamblea General de la OEA, celebrada en Panamá a finales de junio.
Los cinco países promovieron además la pronta ratificación del Tratado Constitutivo de AMERIPOL, la Comunidad de Policías de las Américas, como plataforma regional de intercambio de información y coordinación operacional. El mismo día, los ministros de Defensa de Ecuador y Perú, Gian Carlo Loffredo y Amadeo Javier Flores, se reunieron en Arenillas, provincia de El Oro, en lo que constituyó la primera reunión oficial de su rango en territorio fronterizo entre ambos países. El encuentro, atribuido a la iniciativa directa del presidente Noboa, estuvo orientado a fortalecer los mecanismos de cooperación binacional y a construir una respuesta articulada frente a las amenazas comunes en la zona limítrofe, una frontera que ambos gobiernos identifican como vulnerable a la presencia de organizaciones criminales vinculadas al narcotráfico y el tráfico de armas.
GEOPOLÍTICA DEL PACÍFICO SUR: ECUADOR COMO LABORATORIO DE TRUMP
La acelerada metamorfosis institucional que experimenta Ecuador no puede interpretarse sin mirar hacia el norte. Al abrir los puertos, el espacio aéreo y las puertas al ingreso de tropas estadounidenses, Noboa ofrece a Trump una plataforma de vigilancia marítima y de cabecera en un momento de máxima fricción en el Mar Caribe y el Pacífico sur. Con la invasión a Venezuela y la asfixia económica que sufre Cuba, Estados Unidos está reconfigurando la región de una forma estratégica y Ecuador le permite tener un pie en un terreno confiable.
Desde su llegada al Gobierno, Noboa se convirtió en el discípulo más aplicado de la Casa Blanca, compitiendo por el puesto con Javier Milei. Sin embargo, el argentino carece de las credenciales familiares, académicas y empresariales que sí tiene el ecuatoriano, quien aprovechó la crisis de seguridad interna para justificar una reconfiguración total del Estado y ponerlo al servicio de la “Doctrina Donroe”. El balance de su primer año, sin embargo, es magro: la tasa de homicidios no bajó, la economía quedó golpeada por la guerra comercial con Colombia y el referéndum le propinó un duro revés en las urnas, que sin embargo logró sortear, como vimos, al ignorar el rechazo a la presencia de tropas extranjeras que había sido uno de sus principales veredictos.
Para Washington, en cambio, el experimento ecuatoriano marcha a la perfección: encontró en Noboa a un socio confiable, dispuesto a rifar su soberanía con tal de convertirse en su mejor operador en la zona. El último gesto en ese sentido fue el anuncio de un acuerdo de comercio y seguridad con Abelardo de la Espriella, el presidente colombiano, cuyas terminales políticas también responden en buena medida al Departamento de Estado. ![]()
Para Washington, en cambio, el experimento ecuatoriano marcha a la perfección: encontró en Noboa a un socio confiable, dispuesto a rifar su soberanía con tal de convertirse en su mejor operador en la zona.
