SEPTIEMBRE-OCTUBRE
2026
Will Steakin*
Los Socialistas Democráticos de Estados Unidos, con perfiles como el alcalde de Nueva York, Zohram Mamdani, han atraído las miradas de buena parte de las izquierdas y el progresismo en el mundo, generando un sentimiento de entusiasmo y cierta esperanza. Sin embargo, como todo movimiento político, enfrenta varios retos para consolidarse como una alternativa nacional: su principal líder, Bernie Sanders, tiene 85 años y no está claro quién o quiénes asumirán la conducción después de su retiro; el empoderamiento de las clases trabajadoras al interior de su partido sigue siendo un desafío, así como la creación de mayorías y de perfiles competitivos en un terreno electoral como el estadounidense, muchas veces en las antípodas de las posturas más sacralizadas de la izquierda. En diálogo con Sanders y con diversas voces cercanas al senador demócrata, el periodista Will Steakin aborda todos estos asuntos en una conversación publicada en POLITICO. “El referente progresista construyó un movimiento. ¿Podrá sobrevivir sin Sanders?”, se pregunta Steakin. En Traza Continental traducimos el texto al castellano.
David Sirota lleva años dándole vueltas a una idea sobre la trayectoria de Bernie Sanders. Sirota trabajó para Sanders en la Cámara de Representantes a fines de la década de 1990 y luego en su campaña presidencial de 2020, como asesor principal y redactor de discursos. A más de una década de que Sanders lanzara su primera candidatura presidencial —que lo transformó, contra todo pronóstico, de díscolo senador independiente por Vermont en rockstar de la política contestataria— Sirota encontró un sorprendente equivalente histórico para su antiguo jefe.
“Bernie Sanders podría ser al Partido Demócrata lo que Barry Goldwater fue para el Partido Republicano”, me dijo Sirota hace unos meses. “Así es como lo veo desde hace mucho tiempo”. Goldwater era un agitador con una ideología clarísima —en su caso, de derecha dura— que se hizo con la candidatura presidencial de su partido en 1964 y perdió las elecciones. Sin embargo, vería cómo uno de sus voceros estrella de campaña y abanderados ideológicos, Ronald Reagan, llegaba a la Casa Blanca 16 años después, liderando un viraje conservador. “Si 2016 es el 1964 de Bernie”, dijo Sirota, “ya llevamos 10 años recorriendo ese camino”. Es una lectura literaria, casi bíblica, de la trayectoria de Sanders: la del profeta que se afana durante años, pero nunca llega a pisar la tierra prometida.
“Si 2016 es el 1964 de Bernie”, dijo Sirota, “ya llevamos 10 años recorriendo ese camino”. Es una lectura literaria, casi bíblica, de la trayectoria de Sanders: la del profeta que se afana durante años, pero nunca llega a pisar la tierra prometida.
Eso sí, mejor no preguntarle a Sanders.
“Es interesante”, me dijo Sanders cuando le pregunté por la analogía de Sirota, en un tono que dejaba claro que no le parecía interesante en absoluto. “Pero ¿sabe qué? No es algo que me quite el sueño”.
Lo que en verdad le quita el sueño a Sanders es que el movimiento que él puso en marcha, y especialmente su agenda política, siga ganando elecciones primarias en todo el país. Y, por ahora, esa batalla está en su mejor momento. A medida que la temporada de primarias de medio término de 2026 llega a su fin, queda claro que ha dejado una ola de sorprendentes victorias progresistas: candidatos contestatarios que desbancan a quienes ya ocupaban el cargo, debutantes que destronan a figuras históricas del partido y socialistas democráticos que ganan en estados donde el establishment juraba que no podrían hacerlo.
Gran parte del mérito de esta racha de éxitos políticos corresponde a Sanders, que cumplirá 85 años en los próximos días [N. del T.: Sanders cumplió 85 años el 8 de septiembre] y ha pasado el último año haciendo campaña como si tuviera 35. Desde el comienzo de su gira “Fighting Oligarchy” (Combatiendo a la oligarquía) del año pasado, Sanders ha hablado en 63 mítines y eventos ante más de 300 mil personas en todo el país. En este ciclo ha respaldado a más de 90 candidatos en todos los niveles de la boleta electoral, desde postulantes al Senado de Estados Unidos hasta aspirantes a las legislaturas estatales, y ha trabajado para formar nuevos cuadros: identificando candidatos, reuniéndose con ellos en privado, asesorándolos y luego recorriendo el país para impulsarlos hasta la meta.
Para los progresistas, 10 años después, sigue sin haber otra figura en la izquierda estadounidense que genere el mismo entusiasmo ni cuyo respaldo sea más codiciado. Y Sanders todavía planea hacer campaña hasta el día de las elecciones, y probablemente vuelva al ruedo en octubre, según una persona al tanto de sus planes. En algún sentido, esta dinámica tiene similitudes con la capacidad de respaldo del presidente Donald Trump dentro de la derecha, pero, mientras los republicanos se preocupan por la notoria ausencia del líder de su propio movimiento durante la temporada de primarias, Sanders ha adoptado la estrategia opuesta: la omnipresencia.
Pero, en otro sentido, esta victoria llega en un momento inoportuno. Sanders, que está a mitad del que podría ser su último mandato en el Senado, ha descartado postularse nuevamente a la presidencia, lo que deja al movimiento que construyó enfrentándose a una pregunta que a él le interesa muy poco abordar: ¿qué viene después de Bernie Sanders?
Durante una década, Sanders prometió una revolución política. Y ahora esa revolución podría estar finalmente llegando, justo en el momento en que su artífice debe preguntarse cuánto tiempo más podrá liderar su próxima etapa. La ironía resulta evidente para algunos dentro del círculo cercano a Sanders, pero él no quiere saber mucho del tema. No tiene ningún interés en ungir a un sucesor ni en hablar de uno, y rechaza hasta la idea misma de que el movimiento que construyó deba pertenecer a una sola persona después de él.
No tiene ningún interés en ungir a un sucesor ni en hablar de uno, y rechaza hasta la idea misma de que el movimiento que construyó deba pertenecer a una sola persona después de él.
Y, sin embargo, el futuro del Partido Demócrata estará determinado, al menos en el corto plazo, por la disputa por la candidatura presidencial de 2028 y por si un eventual discípulo de Sanders logra imponerse. Muchos en la centroizquierda ven con recelo que el “bernismo” acabe prevaleciendo, ya sea por oposición a las políticas de Sanders o simplemente por temor a que los demócratas sufran una derrota aplastante en las elecciones generales. Pero, con la contienda completamente abierta y un impulso creciente en la campaña de medio término, los progresistas tienen su mejor oportunidad en años para tomar el control del partido e intentar llevar adelante la visión de Sanders.
Aunque Sanders se burle, esquive el tema e incluso lance uno que otro insulto cuando le preguntan por su legado o por el futuro del movimiento que puso en marcha, lo cierto es que prácticamente todo lo que ha hecho en este ciclo —sus respaldos a candidatos a cargos de menor nivel, la formación de postulantes, los organizadores territoriales desplegados en lo más profundo de los distritos republicanos— equivale a un plan de sucesión.
Las semillas de lo que luego se convertiría en las arrolladoras victorias de las primarias de 2026 se sembraron hace más de un año, a comienzos de 2025, cuando la mayoría de los candidatos que Sanders terminaría respaldando ni siquiera había decidido presentarse. Sanders intuyó dónde se libraría la batalla y destinó organizadores territoriales a tiempo completo a Nebraska, Wisconsin, Michigan e Iowa, mientras distribuía personal de medio tiempo en otros distritos péndulo de todo el país. La gente de Sanders en esos estados se reunía semanalmente, organizaba encuentros ciudadanos, repartía carteles y elaboraba listas de contactos, para luego informar al senador y a su equipo de lo que observaban sobre el terreno: todo esto finalmente dio forma a la estrategia para las primarias y a sus respaldos.“Antes incluso de que los candidatos entraran en la contienda, ya estábamos sentando las bases”, dijo Jeremy Slevin, director de comunicación y asesor principal de Sanders.
Una de las candidatas que surgieron de esa apuesta temprana fue Rebecca Cooke, que compite por el distrito del congresista republicano Derrick Van Orden, en el oeste de Wisconsin: el equipo de Sanders tenía allí un operador desde la primavera de ese año. Más de un año antes de que ella ganara las primarias, Sanders ya celebraba un encuentro ciudadano junto a Cooke en Viroqua, Wisconsin.
El equipo de Sanders se dio cuenta de que podía canalizar la energía que iba creciendo en todo el país tras el regreso de Trump al poder y lanzó la gira “Fighting Oligarchy”, una serie de mítines multitudinarios en grandes estadios que llegaron a congregar hasta 35 mil personas. Según datos internos del equipo de Sanders, entre el 40% y el 50% de los asistentes ni siquiera eran demócratas: aproximadamente el 30% eran independientes y el 10 % eran republicanos. La gira también funcionó como cantera de nuevos talentos. En cada parada, el equipo de Sanders se encargaba de dar lugar a oradores de la clase trabajadora, personas a las que querían ver como representantes del futuro del movimiento, y varios de ellos terminaron convirtiéndose en candidatos.
En cada parada, el equipo de Sanders se encargaba de dar lugar a oradores de la clase trabajadora, personas a las que querían ver como representantes del futuro del movimiento, y varios de ellos terminaron convirtiéndose en candidatos.
En abril de 2025, durante un mitin de la gira “Fighting Oligarchy” en Missoula, Montana, la campaña invitó a dirigentes sindicales locales a tomar la palabra. Uno de ellos era Sam Forstag, bombero forestal y paracaidista contra incendios, quien contó a las 9 mil personas allí reunidas cómo Trump y el DOGE de Elon Musk acababan de despedir a miles de empleados federales, incluidos muchos en Montana. La respuesta del público fue electrizante, tanto que Forstag, que nunca había ocupado un cargo público ni se había presentado a elecciones, decidió postularse al Congreso. El 2 de junio, con el respaldo de Sanders, Forstag ganó las primarias demócratas en el primer distrito de Montana.
A medida que avanzaba la temporada de primarias, los candidatos respaldados por Sanders cosecharon importantes victorias en todo el país: El-Sayed, en Michigan, pese a que sus rivales gastaron 10 veces más que él; Peggy Flanagan, en las primarias para el Senado en Minnesota; y Melat Kiros, en una contienda por un escaño en la Cámara de Representantes en Colorado. A ellos se suman decenas de candidatos respaldados por Sanders en contiendas para legislaturas estatales y cargos locales. Sanders habla personalmente con cada candidato a un cargo federal antes de respaldarlo y mantiene el contacto después; con El-Sayed habla regularmente.
Entonces, ¿estamos ante el momento “Tea Party” de la izquierda?
“No sé cómo expresarlo, ni si se puede hablar de un momento ‘Tea Party’ o no”, me dijo Sanders. “Creo que los candidatos progresistas le están hablando a las necesidades de las familias trabajadoras”.
Pero los resultados, según Sanders, sí sugieren que el debate de larga data sobre adónde quieren los votantes demócratas que se dirija su partido ha quedado zanjado. “Creo que sí”, me dijo.
No todos en el Partido Demócrata coinciden con Sanders, y algunos creen que el movimiento que está impulsando, y las victorias que obtuvo durante esta temporada de primarias, auguran problemas para los demócratas de cara a noviembre y más allá. “Lo que la gente de Bernie hace muy, muy bien es hacer que los lugares que ya son demócratas sean más demócratas aún”, dijo Matt Bennett, del think tank Third Way, alineado con los demócratas de centro. “No han ganado nada, absolutamente nada, en los lugares donde estamos tratando de convertir el rojo en azul. Así que, cuando empiecen a ayudar a construir mayorías, me impresionarán un poco más”.
Bennett, cuyo grupo lanzó una iniciativa de 15 millones de dólares para atacar a los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés) de cara a 2028, calificándolos de “peligro mortal”, dijo que ya se nota cómo las victorias progresistas en las primarias están afectando a los candidatos moderados. “Estos candidatos de la DSA están siendo utilizados contra los demócratas en distritos péndulo. Era inevitable que esto sucediera”. “Simplemente creo que es ridículo que Bernie proclame victorias sin haber logrado que cambie de manos ni un solo escaño”, dijo Bennett.
“Lo que la gente de Bernie hace muy, muy bien es hacer que los lugares que ya son demócratas sean más demócratas aún”, dijo Matt Bennett…
Aun así, pese a las victorias de la izquierda y a toda la campaña de Sanders, no ha sido suficiente para algunos progresistas, que consideran que la decisión de Sanders de mantenerse al margen de ciertas contiendas fue demasiado cautelosa en un momento en que tienen el viento a favor. Esa crítica quedó en evidencia cuando Sanders se negó a respaldar a Francesca Hong en la disputa por la gobernación de Wisconsin. Hong, luego de varios días de cobertura negativa en la prensa a raíz de comentarios que había hecho en el pasado —incluidos algunos sobre el Día de Acción de Gracias—, perdió por menos de medio punto porcentual, un margen que, según sostienen algunos progresistas, podría haber remontado con el respaldo de Sanders.
Ante las críticas, Sanders ha dicho que no puede estar en todas partes. Pero cuando insistí en preguntarle si no había también un cálculo político de por medio —si le preocupa invertir capital político en una contienda que podría perder, sabiendo que cualquier derrota importante sería presentada como un veredicto sobre el rumbo que está tomando el partido—, él rechazó esa idea.
“Permítame discrepar con usted”, dijo. “Estamos invirtiendo capital político. Por ejemplo, acabamos de anunciar nuestro respaldo a Angie Nixon, que se presenta al Senado de Estados Unidos por Florida. ¿Alguien duda de que es —por decir lo menos— una candidata con muy pocas posibilidades?”.
“Si quisiera acertar el 100% de las veces, podría hacerlo”, dijo Sanders. “Pero no es eso lo que hacemos”.
Otra de las críticas más incisivas a los ganadores de las primarias de este año respaldados por Sanders es que algunos de los socialistas democráticos emergentes, particularmente en Nueva York, provienen de entornos privilegiados y de universidades de la Ivy League, y que el movimiento todavía no es tan representativo de la clase trabajadora como afirma ser, o como necesita ser. Sanders dijo que están trabajando en ello.
“Me gustaría ver más eso”, afirmó. “Quiero que personas del movimiento sindical, jóvenes y gente de clase trabajadora se sumen al movimiento progresista. Claro que sí”.
Pero basta preguntarle a Sanders por el futuro de este movimiento —quién lo heredará, hacia dónde irá cuando él ya no esté— para que la conversación cambie por completo. Uno se vuelve testigo de cómo Sanders esquiva una pregunta tras otra.
Cuando le pregunté a quién veía tomando la posta en la próxima generación, me acusó de “sonar a comentarista del establishment de Washington”.
“Esa es, justamente, la pregunta equivocada”, dijo. La pregunta correcta, insistió, es cuántas personas valiosas ya ha dado el movimiento, y mencionó a algunas de las que considera sus figuras más destacadas: el congresista Greg Casar, que ahora preside la bancada progresista del Congreso; las congresistas Pramila Jayapal, Rashida Tlaib y Alexandria Ocasio-Cortez (AOC), además de los alcaldes progresistas de Nueva York, Seattle y Washington.
Otra de las críticas más incisivas a los ganadores de las primarias de este año respaldados por Sanders es que algunos de los socialistas democráticos emergentes, particularmente en Nueva York, provienen de entornos privilegiados y de universidades de la Ivy League…
“Los medios se enfocan en las personalidades”, refunfuñó. “’Dios mío, ¿qué va a hacer Alexandria? ¿Se va a postular a la presidencia? ¿Al Senado? ¿Se va a quedar en la Cámara de Representantes? Pasemos 14 años hablando de eso’. ¿Cuántas veces hablamos de que somos el único gran país del mundo que no garantiza la atención médica a toda su población?”.
Por supuesto, Ocasio-Cortez le ha dicho a Adam Wren, de POLITICO, que no ha descartado presentarse en 2028. Es una decisión enorme, que Sanders, casualmente, ya tomó dos veces. Y, aparentemente, se ha resignado a que no habrá una tercera.
“Bueno, ahora tengo 40 años”, bromeó Sanders, impasible, “y creo que, habiendo llegado a la dorada edad de los 40, se vuelve difícil, ¿sabe? Así que sí, creo que es poco probable que llegue a ser presidente de Estados Unidos”.
En cuanto a si él y Ocasio-Cortez han hablado sobre la decisión de ella: “¿Que si hablo con Alexandria? Sí. ¿Voy a decirle de qué hablamos? Por supuesto que no”. ¿Quiere que se presente? “Sin comentarios. Esa es su decisión”.
Es lo más cerca que ha estado Sanders de reconocer aquello de lo que no quiere hablar: que el futuro del movimiento, tarde o temprano, estará en manos de otra persona que lo llevará hacia 2028 y más allá. Sin embargo, Sanders se entusiasma cuando habla de la generación de nuevos talentos políticos a la que ha inspirado.
“Creo que una de las cosas que más satisfacción me producen es recorrer el país y que alguien que ocupa un escaño en una legislatura estatal me diga: ‘¿Sabe qué? Lo que me inspiró fue su campaña de 2016 o de 2020’”, dijo.
La organización política de Sanders contactó a cientos de aspirantes a candidatos y los sometió a una especie de entrenamiento intensivo en política. “¿Cómo me presento a un cargo? ¿Cómo me postulo para una legislatura estatal? ¿Qué es un comunicado de prensa? ¿Cómo recaudo dinero? Lo básico, algo así como ‘Política para principiantes’”, afirmó. “Muchos de ellos ahora están dando sus primeros pasos. Muchos están ganando. Y dentro de unos años van a oír hablar de ellos cuando se presenten al Congreso, al Senado o a lo que sea”.
Así que le pregunto: ¿se trata de una cantera política, construida para garantizar que el movimiento continúe más allá de su propia carrera?
“Bueno, de eso se trata exactamente”, dijo Sanders.
“Muchos de ellos ahora están dando sus primeros pasos. Muchos están ganando. Y dentro de unos años van a oír hablar de ellos cuando se presenten al Congreso, al Senado o a lo que sea”.
Hasan Piker, el streamer de izquierda que surgió en este ciclo como, posiblemente, la voz independiente más influyente del movimiento, me dijo que la campaña de Sanders influyó en él y le demostró que era posible llevar sus ideas a la práctica.
“Me di cuenta de que había una oportunidad de convencer a los estadounidenses de los argumentos a favor del socialismo gracias al éxito electoral que tuvo [Sanders] frente a una figura emblemática del establishment como Hillary Clinton”, dijo Piker. “Que había interés en este tipo de cosas”.
Una década después, Piker se ha convertido en una versión de aquello que Sanders demostró que era posible: un socialista con una audiencia masiva en Estados Unidos que en esta temporada de primarias puso su plataforma al servicio de candidatos progresistas y ayudó a que fueran elegidos en todo el país. Y sigue admirando a Sanders. “Espero que se sienta orgulloso de las cosas que estoy tratando de hacer”, dijo Piker. (De hecho, la influencia de Piker ha crecido tanto que se ha convertido en una figura que genera fuertes controversias dentro del Partido Demócrata, debido a sus duras críticas a Israel y a comentarios polémicos que hizo en el pasado).
A la pregunta sobre quién estaba en condiciones de asumir el liderazgo del movimiento de Sanders cuando él se retire de la escena, Piker reaccionó con molestia. “No es su movimiento, ni mi movimiento, ni el movimiento de Zohran [Mamdani]”, dijo. “Es el movimiento de todos nosotros”.
No sorprende que la visión dentro del círculo cercano a Sanders sea similar. Ari Rabin-Havt, su antiguo subdirector de campaña, dijo que todo el planteamiento de la sucesión, de pasarle la antorcha a una persona elegida, no entiende quién es realmente Sanders.
“Bernie simplemente no cree en las dinastías”, dijo Rabin-Havt. “No cree que uno pueda heredar el poder. Si quieres el movimiento de Bernie, sal a ganártelo”. La imagen de Sanders ungiendo a un sucesor, dijo, sería “algo tan contrario a lo que él es como persona”.
Existe una aversión similar a cualquier conversación sobre el legado de Sanders, incluso en privado. Sus asesores han aprendido a no hablar del tema, porque él rápidamente lo descarta. “No mira hacia atrás ni se pone a rememorar sus propios logros”, dijo uno de los asesores de Sanders, que habló bajo condición de anonimato para referirse a conversaciones privadas. Cuando sugerí que Sanders parecía estar dándolo todo en la recta final, el asesor rápidamente discrepó: “No creo que él piense que ya está en la recta final”.
La comparación con Goldwater genera la misma reacción. “La interpretación les corresponde a los historiadores y a los analistas”, dijo el asesor. “Él diría: ‘Yo soy Bernie Sanders. Estoy en el campo de batalla. Los demás pueden dedicarse a interpretarlo’”.
Cuando sugerí que Sanders parecía estar dándolo todo en la recta final, el asesor rápidamente discrepó: “No creo que él piense que ya está en la recta final”.
Y, sin embargo, en el equipo de Sanders se percibe cierta melancolía, la sensación de que está en el mejor momento de su carrera —más sólido que nunca en la comunicación, en la campaña y en la organización— y de que estaría bien posicionado para conquistar por fin la presidencia si tuviera apenas 10 o 15 años menos. Pero no es así. Por eso, a veces, ni siquiera quienes están cerca de Sanders pueden evitar especular: si Sanders efectivamente resulta ser el Goldwater de los demócratas, ¿quién será su Reagan?
“Esa es la gran pregunta”, me dijo Sirota. Señaló a los candidatos que ya están compitiendo por posicionarse dentro de lo que él llama el espacio populista, entre los que destacan nombres conocidos como Ocasio-Cortez y el congresista Ro Khanna, aunque advirtió que el futuro abanderado podría ser alguien “en quien todavía no estamos pensando”. También planteó que incluso algunos demócratas ambiciosos con trayectorias más vinculadas al establishment —mencionó a Pete Buttigieg, Chris Murphy y Chris Van Hollen— podrían intentar reposicionarse como populistas al percibir hacia dónde sopla el viento en esta temporada de primarias. Que los votantes les crean ya sería otra cuestión.
Rabin-Havt también dijo que la posta está en disputa. Ocasio-Cortez, si se presenta, “obviamente goza de mucho cariño, respeto, admiración y apoyo en el mundo de Bernie, pero creo que sería subestimarla decir que ese es el límite de su apoyo”. Khanna, añadió, “ha trabajado mucho para construirse como un líder progresista” y ha adoptado posiciones valientes al impulsar un impuesto sobre la riqueza y defender condiciones estrictas o recortes a la ayuda militar estadounidense a Israel.
Piker dijo que “AOC parece ser quien tiene mayores posibilidades de tomar esa posta, pero podría haber una sorpresa. Nunca se sabe”. Según él, lo importante de aquí a entonces es demostrar “al electorado en general que hemos llegado para quedarnos”.
Para Rabin-Havt, las pruebas están a la vista. Antes de 2016, dijo, el último candidato verdaderamente de izquierda en disputar seriamente unas primarias presidenciales demócratas había sido Jesse Jackson: un vacío de casi 30 años durante el cual el ala “izquierda” del partido estuvo representada por figuras de centroizquierda como Howard Dean y Bill Bradley. Medicare para Todos, señaló, pasó de ser un proyecto de ley que Sanders impulsó prácticamente en solitario a una iniciativa con el copatrocinio de aproximadamente un tercio de los senadores demócratas y de más de la mitad de los demócratas en la Cámara de Representantes. La primera resolución que Sanders presentó en el Senado para restringir la venta de armas a Israel obtuvo 11 votos; la más reciente obtuvo 40. La idea de poner impuestos a los ricos, que alguna vez fue una señal inequívoca de pertenencia a la izquierda, “ahora es una posición bastante de centro dentro del Partido Demócrata”, dijo.
“Los límites de lo posible se han desplazado”. El movimiento, tal como lo expresó Rabin-Havt, “está entrando en su adolescencia”.
Al final de nuestra conversación, Sanders reconoció el cambio que sigue produciéndose dentro del partido, en lo más parecido a un gesto de triunfo que se permite.
“Creo que, a lo largo de los años y por diversas razones”, dijo, “cada vez más gente dice: ‘La verdad es que Bernie tenía razón’”. ![]()
Medicare para Todos, señaló, pasó de ser un proyecto de ley que Sanders impulsó prácticamente en solitario a una iniciativa con el copatrocinio de aproximadamente un tercio de los senadores demócratas y de más de la mitad de los demócratas en la Cámara de Representantes.
*El texto original en inglés se publicó el 6 de septiembre de 2026 en POLITICO MAGAZINE y puede encontrarse en el siguiente enlace: https://www.politico.com/news/magazine/2026/09/06/bernie-sanders-democrats-midterms-2028-legacy-01065103
