LAS CLAVES Y DESAFÍOS DEL PROCESO DE MODERNIZACIÓN CHINA: UNA CONVERSACIÓN CON MIAO JI

SEPTIEMBRE-OCTUBRE
2026

Entender a China es, para todo estudioso y actor de la política internacional, una necesidad cada vez más apremiante. Conocer su historia, sus instituciones, su sistema de pensamiento, así como las claves de su desarrollo económico y los retos que enfrenta de cara al futuro es un ejercicio que puede abonar tanto a un diálogo más concienzudo con una de las potencias más importantes del orbe, como a la construcción de relaciones bilaterales y multilaterales más fructíferas. En Traza Continental nos hemos dado a la tarea de conversar con diversos actores al interior de China con el objetivo de acercarnos a una lectura propia e in situ de distintos fenómenos contemporáneos del gigante asiático, con la convicción de que es necesario comprender al país desde su visión de sí mismo y del mundo.

“Conversaciones en Beijing”, como hemos titulado a esta nueva serie, inicia con el diálogo llevado a cabo por María J. Haro Sly* con el doctor Miao Ji, profesor asociado del Instituto de Estudios Asiáticos e investigador sénior en el Centro de Estudios de Cooperación Trilateral China-Corea del Sur-Japón de la Universidad de Asuntos Exteriores de China, la institución académica donde se han formado miles de diplomáticos chinos durante los últimos años. Miao Ji —doctor en derecho de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Renmin de China, y en ciencia política de la Escuela de Posgrado en Estudios de Asia-Pacífico de la Universidad de Waseda, Japón— centra su trabajo de investigación en la política y la política exterior de Japón, el regionalismo asiático y las relaciones internacionales del Indo-Pacífico. Además, ha participado activamente en la cooperación regional del este de Asia, la construcción de paz y la consulta en la toma de decisiones de política exterior, con amplia experiencia en trabajo de campo en el Sur Global. También fue investigador académico asociado del Weatherhead Center for International Affairs de la Universidad de Harvard entre 2022 y 2023, y becario visitante Wang Gungwu en el Instituto ISEAS-Yusof Ishak en Singapur en 2025.

TRAZA CONTINENTAL (TC): Profesor, muchas gracias por su tiempo para esta entrevista. Quisiéramos arrancar la conversación con un par de preguntas que muchas personas se hacen hoy alrededor del mundo y que han sido objeto de debate, y que si bien pudieran ser sencillas, son la base desde la que queremos partir: para usted, ¿cuáles han sido los principales motores del desarrollo económico chino en los últimos años? ¿Y cómo describiría la idea del Socialismo con Características Chinas?

MIAO JI (MJ): Un placer poder conversar con ustedes. Aunque la pregunta lo es, la respuesta no es tan sencilla, porque hay varios factores que están impulsando el crecimiento económico sostenido de China desde hace varios años. Podría decir que existen cuatro elementos determinantes. El primero es la competitividad industrial del país, que se desarrolló durante las últimas dos décadas tras la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC), lo que nos convirtió en la fábrica del mundo, gracias a nuestra cadena de suministro completa y a una intensa competencia interna que agudizó las ventajas de los productos. Cada artículo chino que llega al mercado global ha sobrevivido a un exigente entorno doméstico con una competitividad demostrada a nivel mundial. Por otro lado, cuando el mercado occidental sufre contracciones, el creciente Sur Global puede compensar una proporción considerable del mercado perdido de China. En 2025, la participación del Sur Global en las exportaciones chinas había aumentado a más del 40%.

Segundo, las nuevas fuerzas productivas —cuyos artículos más representativos son los vehículos eléctricos, las baterías, los robots y los drones— están creciendo rápidamente. Tomando solo el ejemplo de los vehículos eléctricos: las exportaciones automotrices de China ya ocupan el primer lugar del mundo, con más de 6 millones de unidades en el primer semestre de 2026 y con una proyección de alcanzar los 10 millones. Para que dimensionemos el dinamismo y el crecimiento de este sector les doy un dato adicional: China exportó 2,6 millones de vehículos eléctricos en 2025, frente a solo 69 mil en 2020; treinta y ocho veces más en apenas cinco años.

…las exportaciones automotrices de China ya ocupan el primer lugar del mundo, con más de 6 millones de unidades en el primer semestre de 2026 y con una proyección de alcanzar los 10 millones.

Tercero, la inversión masiva en infraestructura y sectores de alta tecnología comienza a dar frutos. China tiene un historial de estímulo al crecimiento económico invirtiendo en megaproyectos —como ferrocarriles, plantas hidroeléctricas y puertos—, generando así demanda, creando empleo o manteniendo la confianza pública, y esa tradición se mantiene. Lo que hoy está sucediendo es que, además, las inversiones en sectores de alta tecnología también están mostrando efectos positivos.

Y cuarto, el Sur Global está compensando el mercado perdido de Occidente. El Sur Global ya representa cerca de la mitad de las exportaciones de China y dos tercios de su nueva inversión, especialmente en el Sudeste Asiático. China está creando una “China de ultramar”, como lo hizo Japón desde la década de 1980. Pero esta vez la inversión china en el extranjero proviene principalmente del sector privado y no del sector estatal.

Sobre el Socialismo con Características Chinas diría que es un término que China utiliza para conciliar dos enfoques diametralmente opuestos: el libre mercado y el sector público chino. Es un término que sirve para mantener la legitimidad interna, al persuadir al público de que lo que hemos adoptado de Occidente —liberalización, propiedad privada, inversión y control extranjeros— se basa en instituciones sólidas y contribuirá a fortalecer el socialismo. Las herramientas occidentales son medios e instrumentos; el socialismo es el fin y el objetivo último.

Hoy en día rara vez usamos ese término; en su lugar usamos “modernización china”. Para el liderazgo y las élites chinas, y ahora también para el público en general, conceptos como democracia, Estado de derecho, derechos humanos e internacionalismo casi han perdido su atractivo; se perciben como falsos, un pretexto que los occidentales usan para contener a China y que pueden abandonar cuando les convenga. En el pasado, fingían creer en ellos; hoy, bajo sus liderazgos actuales, buena parte de los países occidentales ya no fingen tener un orden liberal, como reconoció honesta y acertadamente el primer ministro canadiense Mark Carney. En pocas palabras, ya casi nadie cree en esos valores occidentales, por lo que el Partido Comunista de China (PCCh) siente mucha menos presión externa y puede ir desarrollando conceptos más propios.

Al mismo tiempo, China sí ha mostrado ciertas ventajas en su proceso de modernización, y en general creemos que ya ha encontrado una manera de modernizarse distinta al enfoque occidental. No creemos que nuestro modelo pueda reproducirse, pero sí que nuestra experiencia puede compartirse. No exportaremos ni impondremos nuestro modelo a ningún país, pero estamos convencidos de que ya no necesitamos el paraguas del “Socialismo con Características Chinas”. Existe una modernización china propia que está dando resultados.

China sí ha mostrado ciertas ventajas en su proceso de modernización, y en general creemos que ya ha encontrado una manera de modernizarse distinta al enfoque occidental. No creemos que nuestro modelo pueda reproducirse, pero sí que nuestra experiencia puede compartirse.

TC: Sobre este proceso de modernización que menciona, ¿cuáles diría que son los principales éxitos y desafíos en la actualidad?

MJ: El crecimiento y el éxito de China son integrales. El éxito más visible proviene del sector económico, evidente en su crecimiento sostenido —9,5% entre 1978 y 2018, con una proyección del 5% para la próxima década—, una estructura optimizada —agricultura 7%; industria 38%; servicios 55%—, una infraestructura sin rival —trenes bala para sus más de 600 ciudades, ferrocarril para sus 31 provincias, carreteras para sus más de 2 mil 700 condados— y una manufactura masiva que es casi el 30% de la capacidad global. El segundo éxito más importante está en ciencia y tecnología, especialmente en inteligencia artificial, robótica, computación cuántica, exploración espacial y la gran transición energética; indicadores como los artículos académicos más citados, el número de registros de propiedad intelectual y el número de “unicornios” lo confirman. En tercer lugar, la transición verde para enfrentar el calentamiento global: China lidera la instalación de energía hidroeléctrica, eólica y solar; los vehículos eléctricos y su infraestructura de soporte, con el sistema de carga más grande del mundo; la instalación anual de energía solar de China supera con creces a la del resto del mundo combinado. Un cuarto éxito sería la modernización militar; hoy China cuenta con uno de los ejércitos más equipados y preparados del mundo.

En cuanto a los desafíos, diría que el primero y más importante es el envejecimiento poblacional. Ese fenómeno demográfico conducirá a escasez de mano de obra joven y calificada, aumento de los costos laborales y relocalización de inversiones. También implica mayores costos sociales y una menor dinámica de innovación. El segundo gran desafío que tenemos es la desaceleración económica debido al cambio en el entorno externo y a una agenda global proteccionista y securitizada, así como el escrutinio estricto de la inversión entrante y saliente hacia y desde China. El tercero es la sobrerregulación interna. Esto se puede observar en la política de “cero covid” durante la pandemia: el gobierno chino tiende a sobreestimar los riesgos y a sobrerregular ciertos sectores clave, especialmente en finanzas, bienes raíces y comercio electrónico; por ejemplo, Alibaba. Y cuarto, las contingencias internacionales o disturbios internos en los países receptores de la inversión china. China perdió cuantiosas inversiones en Libia —el primer verdadero shock traumático de inversión en el extranjero para China—; en Panamá con la disputa por los canales y puertos; en Venezuela, ya que los activos chinos de infraestructura, telecomunicaciones y energía ahora enfrentan expropiación o sociedades forzadas con empresas occidentales; e Irán con la guerra y el shock petrolero.

En cuanto a los desafíos, diría que el primero y más importante es el envejecimiento poblacional. Ese fenómeno demográfico conducirá a escasez de mano de obra joven y calificada, aumento de los costos laborales y relocalización de inversiones. También implica mayores costos sociales y una menor dinámica de innovación.

TC: Esto último nos lleva a una tercera pregunta: en un entorno geopolítico desafiante, ¿cuáles son las principales prioridades de China y cuáles son las políticas clave establecidas por el 15.º Plan Quinquenal 2026-2030 en este contexto?

MJ: Actualmente, la prioridad de China es garantizar el crecimiento económico interno. La tarea más importante es mantener el PIB creciendo a un ritmo sólido, en torno al 5% de manera continua. El segundo mandato es mejorar la “calidad” de la economía. En tercer lugar, esperamos mantener la paz general a nivel global —que no haya más guerras regionales—; mantener la paz y la estabilidad en nuestra vecindad —sin guerras por interpósita persona, sin conflictos directos, sin más disturbios internos— y relaciones estables con la totalidad de nuestros 22 vecinos.

Por otro lado, los dos grandes mandatos del 15.º Plan Quinquenal son las “nuevas fuerzas productivas” y la transición verde. Para desarrollar las “nuevas fuerzas productivas”, China cuenta con políticas muy detalladas sobre qué mantener, qué fomentar y en qué invertir a cualquier costo detalladas en el Plan. En cuanto a la transición verde, China es la única gran potencia realmente comprometida con esta meta, mientras que Estados Unidos, la Unión Europea y otros países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) priorizan la competencia con nuestro país o sus propios intereses nacionales —creación de empleo, competitividad, priorización de grupos de interés—, reduciendo sus estándares de emisiones, llegando a ser en el sector automotriz más bajos que los de China hace unas décadas. China ha estado invirtiendo masivamente en todos los sectores verdes —hidroeléctricas, energía eólica, solar, vehículos eléctricos—, buscando elevar el consumo de energía limpia al 25% para 2030, alcanzar el pico de emisiones y lograr la neutralidad de carbono para 2060. China está dispuesta a expandir su proporción verde, ya que está cosechando los beneficios de su inversión visionaria de las últimas dos décadas.

Para desarrollar las “nuevas fuerzas productivas”, China cuenta con políticas muy detalladas sobre qué mantener, qué fomentar y en qué invertir a cualquier costo detalladas en el Plan. En cuanto a la transición verde, China es la única gran potencia realmente comprometida con esta meta…

TC: ¿Y cómo equilibra China esta economía planificada con las incertidumbres globales?

MJ: China es una economía de libre mercado. Aunque todavía existen cerca de 300 grandes empresas estatales, cada vez tienen menos peso en la economía china. Prácticamente todas las principales empresas chinas actuales —TikTok, Huawei, Xiaomi, Alibaba, DJI, Shein, Vivo/Oppo, Temu, BYD, Geely, Unitree, DeepSeek, Kimi, Goldwind, JinkoSolar— son empresas privadas. Las empresas estatales no tienen un papel central en la nueva economía ni en la ciencia y la tecnología.

Hubo algunas regulaciones y políticas, y hoy en día todavía existen algunas medidas que otorgan cierta ventaja a esas empresas estatales, pero ya no marcan ninguna diferencia real en el mercado, especialmente cuando China prioriza las “nuevas fuerzas productivas” que mencionamos al inicio. Esto es significativo sobre todo cuando Estados Unidos, Japón y la Unión Europea están otorgando subsidios masivos y favores políticos en las compras gubernamentales en nombre de la seguridad nacional, pero con el propósito claro de mantener a las empresas tecnológicas chinas fuera. En esto sus políticas no son diferentes de las políticas chinas que solían criticar y castigar so pretexto del libre mercado.

Si lo vemos desde esa perspectiva, podríamos decir que hoy todas las economías son economías planificadas. Lo que es diferente es que China tiene un gobierno fuerte, mayor consistencia entre gobierno y política y una ventaja industrial acumulada durante las últimas dos décadas, lo que hace que la economía china sea más predecible, estable y segura.

Por último, diría que China en general se está preparando para las incertidumbres globales agudizando su competitividad, aumentando sus reservas de petróleo y energía; manteniendo buenas relaciones con todos los países (siendo aún muy abierta en comparación con los países “avanzados” que he visitado en los últimos años), y en particular haciendo crecer al Sur Global invirtiendo en infraestructura, fortaleciendo sus industrias y transfiriendo tecnología, algo que otros países occidentales no pueden ofrecer. La estrategia de China para enfrentar la incertidumbre global es entonces aumentar nuestra propia certeza a nivel interno con mayor fortaleza y control y a nivel internacional con más previsibilidad y una postura más amistosa hacia los demás.

China tiene un gobierno fuerte, mayor consistencia entre gobierno y política y una ventaja industrial acumulada durante las últimas dos décadas, lo que hace que la economía china sea más predecible, estable y segura.

TC: En este sentido de una China más amistosa, ¿cuáles son las particularidades del compromiso de China con la comunidad internacional y cuáles son las principales ideas chinas que se expresan en el ejercicio  de esa política?

MJ: El compromiso internacional de China es muy diferente al de la mayoría de las grandes potencias; a diferencia de Estados Unidos, Europa, Japón e incluso de países en desarrollo como India —cuya política exterior es de alguna manera hegemónica en el sur de Asia—, China no carga con el peso histórico del colonialismo ni del imperialismo y hegemonismo, que han resurgido de manera flagrante y siguen siendo prácticas comunes entre las potencias occidentales. En pocas palabras, el colonialismo, el imperialismo y la geopolítica anticuada nunca abandonaron a las grandes potencias contemporáneas.

China cuenta además con un historial de paz. China no ha hecho la guerra; siempre ha intentado hacer la paz. Tiene el mejor historial entre las grandes potencias al respecto. Es una potencia nuclear, pero con cero antecedentes de amenazar con usar armas nucleares; es el único país que ha asumido dos compromisos de “no”: no ser el primero en usarlas y no usarlas contra países no nucleares. Algunos países dudan de la verdadera intención o credibilidad de esa promesa, pero ¿por qué ni siquiera ellos fingen asumir este compromiso también? Muchos de los países que nos ponen en duda tienen un historial comprobado de amenazar con usar armas nucleares, incluso en la actualidad.

Tercero, China tiene un enfoque de la amistad centrado en la economía, la infraestructura y la conectividad, que creemos que otros países del Sur Global realmente necesitan. Nuestro historial y logros al respecto están fuera de duda; pero otras potencias son incapaces o no están dispuestas a hacer lo mismo.

Respecto a la segunda parte de la pregunta es importante decir que en este ejercicio de la política exterior hay algunas ideas chinas que se expresan con más claridad. Primero, la idea de comunidad: China aún conserva un fuerte internacionalismo en su política exterior, y a veces incluso tiene que tomar posiciones más egoístas para ganar credibilidad frente a los países occidentales que entienden el interés nacional desde una perspectiva más individual. China ayudó a Tanzania y Zambia a construir el ferrocarril para apoyar su movimiento de independencia, por ejemplo, retirando sus propias vías y canalizando sus recursos, entonces muy limitados, para brindar ese apoyo en la década de 1970. O un caso más reciente: mientras sus mil 400 millones de habitantes necesitaban vacunas durante la pandemia de covid-19, China aun así logró proporcionar un número considerable de vacunas a países del Sur Global, en tanto que los países occidentales priorizaban únicamente sus necesidades internas. Se pueden encontrar muchos ejemplos de disputas entre países desarrollados por mascarillas o vacunas en las primeras etapas de la pandemia. En aquellos momentos hubo ciertas dudas sobre las intenciones chinas de obtener beneficios estratégicos a cambio, como votos en la ONU, o de practicar una “diplomacia de mascarillas y vacunas”, pero no fue así. ¿Acaso no son los materiales reales entregados a países muy necesitados mil veces mejores que solo palabras vacías y no dar nada? Disculpen el tono, pero la evidencia de que no hubo tales intenciones es contundente.

China tiene un enfoque de la amistad centrado en la economía, la infraestructura y la conectividad, que creemos que otros países del Sur Global realmente necesitan. Nuestro historial y logros al respecto están fuera de duda…

Una segunda idea presente en nuestra política exterior es la de armonía. Los chinos realmente creemos en ello y tenemos milenios de historia de coexistencia con la diversidad cultural, étnica y religiosa. Por supuesto, también tuvimos luchas de poder internas crueles y desastrosas, y una larga historia de autocracia. Pero la coexistencia siempre ha estado presente en nuestra historia. China sigue siendo una cultura colectiva centrada en la ética y en las relaciones entre seres humanos, no una cultura basada en el poder, el materialismo o el individualismo. No encontrarán en China una maldad ilimitada como la de Jeffrey Epstein o la de las élites occidentales, ni entre las élites ni entre la población china en general. Puede haber casos individuales, pero no a esa escala.

En pocas palabras, China es una verdadera civilización. La gente tiene un temor genuino ante lo inmoral y respeto por el mérito. Los chinos tenemos hoy una visión más clara del presente y del futuro y estamos cada vez más cerca de perder la confianza en la cultura, la moral, las instituciones y el poder de Occidente. No se trata de propaganda del PCCh, sino del fracaso de Occidente en mantenerse a la vanguardia en estas materias.

TC: En la reciente reunión entre el presidente Xi Jinping y el presidente Donald Trump, el mandatario chino mencionó la importancia de evitar la Trampa de Tucídides. En su opinión, ¿cuáles son las principales vías posibles de colaboración entre los dos países y cuáles son los desafíos en esta relación para evitar caer en ese momento histórico?

MJ: Los chinos simplemente creemos que la competencia estratégica, o la guerra, es librada por Estados Unidos, debido a su percepción errónea de China, basada en un conocimiento y un razonamiento equivocados, y en parte debido a la intención de las élites estadounidenses de conservar su hegemonía. Por lo tanto, la clave para salir del estancamiento está en manos de Estados Unidos.

La esperanza china es muy simple: si Estados Unidos deja de contenerla, regresa al libre comercio, reglobaliza la economía mundial y la educación, y compite y coopera con China como lo hacía antes de Trump, entonces todo estará bien; estamos dispuestos a hacer concesiones y encantados de cooperar en todos los sectores. Ese es el mensaje central de Xi.

Creemos que, como mínimo, podemos cooperar en el sector económico, la educación, los intercambios entre pueblos y otras áreas de “baja política” —que no tienen relación con la seguridad nacional y que benefician a ambas partes—, o, lo que es más importante, trabajar juntos para enfrentar el calentamiento global y el cambio climático.

Entendemos que esto no sucederá, que la cooperación solo ocurre en sectores que sirven a un interés estrecho y específico de Estados Unidos —el combate al fentanilo, por ejemplo—, y solo cuando Estados Unidos lo necesita para su propia agenda interna. Así que, honestamente, China no espera mucho de ellos.

Por supuesto, China ahora está dispuesta a trabajar mediante distintos enfoques con el país norteamericano: cooperar siempre que sea posible, competir cuando Estados Unidos así lo quiera y confrontar cuando sea necesario y de manera estrictamente recíproca. Lidiar con Estados Unidos representa un desafío mayor para China en casi todos los sentidos; sin embargo, China está ahora más preparada para ello.

…si Estados Unidos deja de contenerla, regresa al libre comercio, reglobaliza la economía mundial y la educación, y compite y coopera con China como lo hacía antes de Trump, entonces todo estará bien; estamos dispuestos a hacer concesiones y encantados de cooperar en todos los sectores.

TC: Usted afirma que China está más preparada, pero ¿cómo puede la comunidad internacional, particularmente los países del Sur Global, posicionarse mejor para dialogar y obtener mayores herramientas de esta perspectiva china?

MJ: Es difícil poder emitir recomendaciones, pero desde una perspectiva muy personal diría tres cosas. Lo primero es ser independiente. China no respeta a los “perros falderos”, los Estados títere ni a los Estados demasiado calculadores o inconstantes. Ahora bien, entendemos que, por diversas razones, los países del Sur Global tienen un margen de maniobra relativamente estrecho; sin embargo, si solo ven a China de manera instrumental, entonces China no debería ser demasiado cortés y, desde mi perspectiva, debería tomar distancia, sin preocuparse de que se inclinen hacia Estados Unidos, algo que algunos ya están haciendo, a pesar de que China ha sido muy amistosa y les ha brindado un apoyo sustancial. Lo segundo es tener cierto sentido moral en las relaciones internacionales, manteniéndose neutrales frente a las grandes potencias. Aunque no puedan detener una invasión o una interferencia flagrante, no deberían apoyar a los agresores o invasores, y mucho menos unirse a ellos en sus cruzadas. Lo tercero, y con esto concluyo, es concentrarse en el desarrollo económico; sólo a través de esto se puede reducir la dependencia de otros países, incluso de China.

TC: Muchísimas gracias por su tiempo, profesor.

MJ: Un placer.

*María José Haro Sly es investigadora en el Centro Arrighi de Estudios Globales de la Universidad Johns Hopkins, uno de los centros académicos en los Estados Unidos donde se estudia la economía política internacional y teorías críticas. Licenciada en Sociología y Ciencias Políticas en la Universidad Federal para la Integración de América Latina (Brasil) y maestra en Relaciones Internacionales por la Universidad Federal de Santa Catarina (Brasil), cuenta con estudios en la Escuela de la Ruta de la Seda de la Universidad Renmin (China) y formó parte del Grupo de Acompañamiento en Temas Estratégicos (GATE) del Instituto Lula (Brasil).