UN HEMISFERIO QUE CUMPLE: MARCO RUBIO VISITA COLOMBIA, ECUADOR Y PERÚ

SEPTIEMBRE-OCTUBRE
2026

La gira del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, por Colombia, Ecuador y Perú, entre el 8 y el 10 de septiembre de este año, puso en marcha una nueva fase de la estrategia de Washington hacia América Latina y el Caribe. El recorrido del funcionario por el eje andino-pacífico del continente se inscribe en la aplicación práctica de la llamada Doctrina Donroe y en el intento por parte de la segunda administración del presidente Donald Trump de rediseñar el mapa político, económico y de seguridad de la región.

Por su ubicación, el eje andino-pacífico tiene una importancia neurálgica para estos objetivos. Es un espacio de conexión entre Centroamérica, Sudamérica y el Caribe, desde donde la movilidad logística y militar puede desplegarse con facilidad. En esa franja convergen la cuenca del Pacífico, la Amazonía, los Andes y el acceso inmediato al mar Caribe y a la cuenca del Plata.

En este espacio confluyen también las agendas de seguridad y competencia económica global. Allí se concentran algunos de los principales desafíos y oportunidades para Washington, ya que se trata de una región donde China ha ampliado su presencia económica, política y comercial durante los últimos años, sin que haya existido hasta ahora un contrapeso claro en la estrategia de contención de Estados Unidos. Asimismo, en la región andina se concentra la mayor parte de la producción de hoja de coca y cocaína, por lo que su control en materia de seguridad amplía el margen de injerencia de Estados Unidos en las políticas relacionadas con el crimen organizado, hoy una de las puntas de lanza de la agenda norteamericana.

Los recursos naturales constituyen otro componente central de esta estrategia. La cordillera de los Andes concentra importantes reservas de cobre, oro y tierras raras, además del acceso al llamado triángulo del litio. Los Andes albergan también la mayor parte de las reservas de cobre de América del Sur, fundamentales para la fabricación de componentes electrónicos necesarios para el desarrollo de la inteligencia artificial, así como para el abastecimiento del complejo industrial y militar estadounidense. En este escenario, Washington busca asegurar acuerdos preferenciales e inversiones directas en la extracción e industrialización de minerales estratégicos.

El propio Rubio condensó estas prioridades en un texto titulado “Un hemisferio que cumple”, publicado en El Comercio de Perú durante la gira. El documento se organiza alrededor de tres ejes. En primer lugar, sostiene que Estados Unidos no permitirá que potencias como China, Rusia o Irán desarrollen actividades políticas, diplomáticas y económicas en el hemisferio occidental. En segundo lugar, Rubio contrapone las inversiones chinas, a las que acusa de ser opacas y peligrosas, con el modelo estadounidense, que describe como “transparente, confiable, mutuamente beneficioso y respetuoso de la independencia de los países”. En tercer lugar, sitúa al crimen organizado, principalmente el narcotráfico, entre los mayores problemas de la región y lo presenta como un impedimento para el crecimiento y la inversión privada sostenible.

En Traza Continental hacemos una revisión exhaustiva de la gira del secretario de Estado, analizando el nuevo escenario político sobre el que tiene lugar, así como sus puntos medulares en materia de recursos estratégicos; seguridad y combate al crimen organizado; e infraestructura e inversiones.

UN NUEVO ESCENARIO

La gira de Rubio se produce en un momento de fuertes cambios y reacomodos políticos en la región. Desde hace cerca de dos décadas, Estados Unidos no contaba con un escenario tan propicio en la zona andina. Salvo durante el breve periodo comprendido entre 2018 y 2021, cuando Colombia, Perú y Ecuador tuvieron simultáneamente gobiernos ideológicamente afines, Washington tuvo que hacer frente durante este tiempo a varios gobiernos que mantuvieron posturas distantes o escépticas frente a sus intereses. Incluso, algunas experiencias políticas, como la de la llamada Revolución Ciudadana en Ecuador o más recientemente el gobierno de Gustavo Petro en Colombia, llegaron a protagonizar importantes disputas con Estados Unidos, mientras que países como Perú buscaron ampliar sus vínculos internacionales con actores como China. La llegada de gobiernos alineados ideológicamente y democráticamente electos a Bogotá, Quito y Lima abre para la Casa Blanca una ventana de oportunidad que no había tenido en años.

Esto no significa que durante las últimas dos décadas no hayan existido iniciativas de cooperación puntual. La diferencia no está, por tanto, en la existencia de cooperación —que nunca desapareció por completo—, sino en la coincidencia entre el nuevo rumbo de la política exterior estadounidense y la orientación de los gobiernos que hoy ocupan el poder en la región andina. Es precisamente en esta convergencia donde aparece para Estados Unidos una oportunidad para reconfigurar, de manera estructural, su influencia en el hemisferio. Una sincronía que, sin embargo, plantea desafíos que conviene tener presentes: tanto Colombia como Ecuador y Perú mantienen, en mayor o menor medida, intereses y agendas propias, que incluyen fuertes vínculos económicos y comerciales con China.

La llegada de gobiernos alineados ideológicamente y democráticamente electos a Bogotá, Quito y Lima abre para la Casa Blanca una ventana de oportunidad que no había tenido en años.

DEL COROLARIO TRUMP AL ESCUDO DE LAS AMÉRICAS: UNA NUEVA ARQUITECTURA DE PODER

Esta es la segunda gira de Rubio por el continente como secretario de Estado. Apenas asumió el cargo en enero de 2025, realizó la primera recorriendo cinco países de Centroamérica y la cuenca del Caribe: Panamá, El Salvador, Costa Rica, Guatemala y República Dominicana. Ya desde entonces, la gestualidad no admitía ambigüedades: a diferencia de la tradición diplomática estadounidense, que solía priorizar destinos en Europa —y, en menor medida, durante las últimas dos décadas, en Medio Oriente e incluso Asia—, Rubio enfocó su primer viaje en lo que Estados Unidos llama el “hemisferio occidental”, es decir, el continente americano.

Asimismo, la elección de los países —tanto en la primera como en esta segunda gira— responde a una arquitectura de política exterior por fases, diseñada estratégicamente a partir del rol geopolítico de cada subregión y de su relación con los intereses de Washington en materia de defensa y seguridad. Mientras la primera gira estuvo centrada en la contención fronteriza, la gestión migratoria y la soberanía logística en la “frontera inmediata” estadounidense, la segunda tuvo un carácter de mayor proyección.

Esta orientación aparece formulada en la “Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos” (“National Security Strategy”, NSS, por sus siglas en inglés). Presentada formalmente a fines de 2025, la NSS —también denominada el “Corolario Trump a la Doctrina Monroe”— afirma que “ninguna región afecta a Estados Unidos de manera más directa que el hemisferio occidental” y, en esa misma línea, sostiene que “después de años de abandono, Estados Unidos reafirmará y hará cumplir la Doctrina Monroe para restablecer la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental, proteger nuestro territorio y garantizar nuestro acceso a zonas geográficas clave en toda la región”.

El giro estratégico establece así la primacía del llamado hemisferio occidental entre las prioridades de seguridad de Estados Unidos. Para ello, plantea desplazar la influencia de “potencias extrahemisféricas” como China y Rusia y contempla el uso de instrumentos militares y presiones económicas para defender los intereses estadounidenses. El documento señala que “[…] aunque demos prioridad a la diplomacia comercial, trabajaremos para fortalecer nuestras alianzas en materia de seguridad, desde la venta de armas hasta el intercambio de inteligencia y los ejercicios conjuntos”.

Para avanzar en ese objetivo, el documento propone la fórmula “Enlist and Expand” (reclutar y expandir), con el propósito de fortalecer la cooperación con los aliados existentes y sumar nuevos socios: “Reclutaremos a nuestros tradicionales aliados en el hemisferio para controlar la migración, detener los flujos de drogas y fortalecer la estabilidad y la seguridad en tierra y mar. Nos expandiremos mediante el desarrollo y el fortalecimiento de nuevos socios, al tiempo que reforzamos el atractivo de nuestro propio país como socio económico y de seguridad de referencia en el hemisferio”.

“Reclutaremos a nuestros tradicionales aliados en el hemisferio para controlar la migración, detener los flujos de drogas y fortalecer la estabilidad y la seguridad en tierra y mar. Nos expandiremos mediante el desarrollo y el fortalecimiento de nuevos socios, al tiempo que reforzamos el atractivo de nuestro propio país como socio económico y de seguridad de referencia en el hemisferio”.

Asimismo, el enfoque estratégico no se limita a los aspectos de defensa, sino que también enfatiza la necesidad de evitar que potencias adversarias obtengan la propiedad o el control de activos estratégicos clave en la región, entre los que destacan los yacimientos de minerales raros y recursos críticos. El documento señala que Estados Unidos pretende “un hemisferio que permanezca libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad [extranjera] de activos clave, y que respalde las cadenas de suministro críticas; y queremos asegurar nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave”. En el marco de la competencia de Estados Unidos con China, el documento considera crucial “el fortalecimiento de las cadenas de suministro críticas en este hemisferio”, con el fin de “aumentar la resiliencia económica de Estados Unidos”.

Esta actualización doctrinaria se combina con la “Estrategia de Defensa Nacional” (“National Defense Strategy”, NDS, por sus siglas en inglés), publicada a inicios de enero de 2026. Se trata del documento conceptual y operativo más importante que da a conocer el Departamento de Guerra de Estados Unidos.

Bajo el título “Restableciendo la paz a través de la fuerza para una nueva era dorada de América”, el documento marca un giro pragmático —un “realismo flexible”— al situar la seguridad del hemisferio occidental en el primer nivel de prioridad militar, equiparándola directamente con la “Defensa de la Patria” (Homeland Defense). La designación de Kristi Noem —exsecretaria del Departamento de Seguridad Nacional— como responsable del Escudo de las Américas confirma esta visión de entender la seguridad del continente como una extensión de la seguridad interna. El documento orienta al Pentágono a desplegar capacidades militares directas en puntos de paso y fronteras marítimas y terrestres clave, como el Caribe o el istmo centroamericano, así como capacidades de inteligencia y apoyo entre las agencias de inteligencia para, según afirma, frenar el tráfico de drogas y la migración irregular en las fronteras y las rutas marítimas del hemisferio.

Las tierras raras y los minerales críticos aparecen también como elementos clave para la resiliencia de la base industrial de defensa y para reducir vulnerabilidades frente a competidores estratégicos como China. El documento sostiene que China concentra buena parte del refinado mundial de minerales críticos y de las cadenas de suministro de industrias estratégicas vinculadas a estos recursos, entre ellas las de tierras raras, baterías y microelectrónica.

De este modo, el documento advierte que los “intereses estadounidenses están amenazados en todo el hemisferio occidental” y plantea, como respuesta, profundizar el compromiso con los socios regionales para “asegurar la infraestructura crítica”, fortalecer la resiliencia de las cadenas de suministro y “restringir las opciones de posibles adversarios en la región”.

En este marco es que Estados Unidos lanzó oficialmente el Escudo de las Américas (Shield of the Americas), una coalición transnacional centrada en la “seguridad hemisférica” y orientada a combatir el narcotráfico y la delincuencia organizada mediante el intercambio de inteligencia y la cooperación militar. Se trata de una iniciativa que concentra el alineamiento de los países de la región con Washington y su despliegue estratégico.

Vista en conjunto, la gira de Rubio se desarrolla en un contexto de creciente presencia militar de Estados Unidos en el continente. Washington busca institucionalizar la cooperación militar y de inteligencia bajo el concepto de lucha contra lo que denomina “narcoterrorismo”, al tiempo que procura asegurar recursos estratégicos y contener la presencia económica de China y la influencia geopolítica de Rusia e Irán en la región.

Washington busca institucionalizar la cooperación militar y de inteligencia bajo el concepto de lucha contra lo que denomina “narcoterrorismo”, al tiempo que procura asegurar recursos estratégicos y contener la presencia económica de China y la influencia geopolítica de Rusia e Irán en la región.

RELACIONES “NATURALES”, RECURSOS ESTRATÉGICOS

Acompañado por su esposa, Jeanette Dousdebes, Marco Rubio aterrizó el martes 8 de septiembre en Barranquilla, Colombia, ciudad que funciona como sede alterna de trabajo de la presidencia para el litoral Caribe.

“Conocía a Abelardo desde antes de que perdiera la cabeza y decidiera meterse en la política. Pero sé que va a hacer un gran trabajo por este país por lo que conozco de él desde antes de ser mandatario”, afirmó Rubio en perfecto español, entre las risas de los presentes, al abrir la conferencia de prensa conjunta. Poco después, tras calificar de “desastre” los cuatro años de Gustavo Petro en la Presidencia, el secretario de Estado estadounidense habló de la necesidad de “restaurar las relaciones naturales” entre Estados Unidos y Colombia después de un “retroceso innecesario”. La visita se produjo apenas un mes después de la toma de posesión de Abelardo de la Espriella, quien desde 2023 cuenta con la nacionalidad estadounidense por naturalización.

En Colombia, la cooperación sobre recursos estratégicos se concretó a través de dos instrumentos jurídicos: el Memorando de Entendimiento sobre Minerales Críticos y Tierras Raras y el Memorando de Entendimiento sobre Cooperación Nuclear Civil. El primero establece un marco bilateral que abarca desde la prospección y la cartografía geológica hasta la minería, el procesamiento, el reciclaje y el comercio. Entre los recursos incluidos figuran las tierras raras, el litio, el cobre y el tungsteno, algunos de los activos que adquieren relevancia dentro de esta agenda. El acuerdo sobre minerales también contempla la asistencia técnica y el incentivo a la inversión privada de capitales estadounidenses en la extracción y refinación local de cobre, níquel, litio y tierras raras. El objetivo es integrar a la región andina en cadenas de suministro, bajo el esquema de friendshoring, que aseguren insumos destinados a la industria tecnológica y de defensa de Estados Unidos. El segundo instrumento está orientado a la investigación científica para el desarrollo nuclear destinado a aplicaciones médicas y de generación de energía limpia. El acuerdo incorpora también cuestiones de seguridad energética.

Entre esos minerales, el tungsteno concentró una atención inesperada: el anuncio de un hallazgo en Guayabales, departamento de Caldas, realizado por la minera canadiense Collective Mining, coincidió con los días de la visita de Rubio. Se trataba de la primera estimación de recursos minerales del depósito Apollo, parte de ese proyecto, tras seis años de exploración. La compañía informó recursos indicados por 37 millones de toneladas, con contenidos de oro, plata, cobre y tungsteno. Este último mineral combina propiedades físicas difíciles de sustituir: es extremadamente duro y denso, además de resistente a temperaturas elevadas y al desgaste industrial, lo que explica su condición de mineral crítico para sectores como la industria, la aeronáutica y la defensa. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, China produjo cerca del 80% del tungsteno mundial en 2025, una concentración que refuerza la preocupación por diversificar las cadenas de suministro.

Aunque la Cancillería colombiana remarcó que ambos instrumentos son memorandos de entendimiento y no tratados internacionales, estos constituyen marcos de cooperación no vinculantes y sujetos a la legislación colombiana.

Vale destacar, además, que Colombia tiene una posición relevante por sus recursos y su ubicación bioceánica. Su capacidad instalada y su ubicación le otorgan potencial como nodo para proyectos de innovación y estabilidad energética regional, uno de los motivos por los que, históricamente, Estados Unidos ha mantenido una gran atención sobre el país.

Colombia tiene una posición relevante por sus recursos y su ubicación bioceánica. Su capacidad instalada y su ubicación le otorgan potencial como nodo para proyectos de innovación y estabilidad energética regional, uno de los motivos por los que, históricamente, Estados Unidos ha mantenido una gran atención sobre el país.

La segunda parada de la gira fue Quito, donde la comitiva estadounidense aterrizó el miércoles 9 de septiembre. Rubio calificó a Ecuador como “uno de los socios más cercanos de Estados Unidos” y destacó el margen para ampliar la cooperación económica. “Queremos desarrollar nuevos acuerdos comerciales para asegurar cadenas de suministro confiables entre ambos países”, aseguró el secretario de Estado durante una conferencia de prensa junto al presidente Daniel Noboa.

Aunque la agenda tuvo un desarrollo menos concreto en términos de acuerdos, ambos países establecieron mecanismos de cooperación técnica con agencias estadounidenses para el mapeo geológico y la promoción y atracción de inversión privada directa de capitales estadounidenses frente a capitales “extrahemisféricos”.

Ecuador posee grandes reservas de cobre de alta ley, indispensables para la electrificación y la industria de defensa, y de oro, concentradas en el cinturón minero del sur del país. Allí se encuentran proyectos como Mirador y Fruta del Norte —ambos ubicados en la provincia amazónica de Zamora Chinchipe—, donde operan, respectivamente, el consorcio estatal chino CRCC-Tongguan Investment y Aurelian Ecuador S.A. (filial de la canadiense Lundin Gold).

Finalmente, el jueves 10 de septiembre, Rubio concluyó su gira en Lima, donde fue recibido con honores de Estado por la presidenta de Perú, Keiko Fujimori, acompañada por su canciller, Carlos Espá, y ministros de áreas estratégicas como Defensa, Interior y Comercio Exterior. Sin embargo, más allá de los gestos protocolares, fue allí donde la gira mostró algunas de sus tensiones más explícitas, particularmente en torno a los vínculos de Perú con China.

Esa tensión ya aparecía en el texto publicado por Rubio en la prensa, en el que hacía una referencia directa a los acuerdos de Perú con lo que calificó, de manera corrosiva, como “los proyectos respaldados por el Partido Comunista Chino”. Según Rubio, estos proyectos amenazan “la transparencia y la seguridad de los datos”.

Perú es el segundo productor mundial de cobre y posee vastos yacimientos de litio, zinc, plata, molibdeno y tierras raras. Ambos países firmaron un memorando de entendimiento en esta materia, un acuerdo que busca abrir inversiones estadounidenses para la exploración, extracción y procesamiento de cobre, litio, zinc y tierras raras en suelo peruano. Además, se anunció una inversión de cinco millones de dólares estadounidenses a través de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos (DFC, por sus siglas en inglés) para apoyar proyectos en la industria minera local.

ALINEAMIENTO MILITAR Y LUCHA CONTRA EL “NARCOTERRORISMO”

La búsqueda de alineamiento y cooperación en materia de defensa y seguridad ocupó un lugar central durante la gira. La agenda combinó el fortalecimiento de las capacidades militares, el intercambio de inteligencia, la vigilancia de fronteras y rutas marítimas, la persecución de organizaciones criminales y la incorporación formal de Colombia y Perú al denominado Escudo de las Américas. En conjunto, las medidas anunciadas apuntan en una misma dirección: ampliar la capacidad operativa estadounidense en el hemisferio mediante una mayor integración con las fuerzas armadas, los organismos de inteligencia y las estructuras de seguridad de los tres países.

En Colombia, el presidente Abelardo de la Espriella propuso convertir al país en “el principal socio de seguridad hemisférica con los Estados Unidos”, presentando el denominado Plan Patriota Siglo XXI —evocando el histórico Plan Colombia y el original Plan Patriota—, orientado a poner fin formalmente a la política de “Paz Total” y a los diálogos con organizaciones en conflicto, modernizar las capacidades de las Fuerzas Armadas, reiniciar la fumigación aérea de cultivos ilícitos mediante metas e indicadores acordados con Washington, además de fijar a Medellín como una de las sedes operativas del Escudo de las Américas. 

La agenda combinó el fortalecimiento de las capacidades militares, el intercambio de inteligencia, la vigilancia de fronteras y rutas marítimas, la persecución de organizaciones criminales y la incorporación formal de Colombia y Perú al denominado Escudo de las Américas.

En el plano militar, se formalizó la autorización para que tropas del Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM, por sus siglas en inglés) ejecuten bombardeos y redadas tácticas en territorio colombiano. El propio Departamento de Guerra confirmó la reanudación de bombardeos coordinados para neutralizar laboratorios de cocaína e infraestructura logística de cárteles. Washington también comprometió la entrega de inteligencia satelital en tiempo real para el control del Pacífico y el Caribe, junto con protocolos para reactivar mecanismos de interdicción aéreo-marítima conjunta en ambas zonas, con apoyo de radares y datos satelitales bajo supervisión del SOUTHCOM. Durante la visita, Rubio dejó abierta, además, la posibilidad de una eventual instalación militar conjunta en Colombia, aunque aclaró que actualmente no existe una decisión ni una solicitud formal para establecer una nueva base estadounidense.

En Quito, Rubio calificó a Ecuador como “uno de los socios más cercanos de Estados Unidos” en materia de seguridad en la región y señaló que ambos países ya están “haciendo mucho”, aunque anticipó que harán “más todavía”, con la mirada puesta en profundizar la relación. En ese contexto, presentó a Ecuador como el “mejor aliado” de Washington para enfrentar “la amenaza del crimen organizado transnacional”, en un momento en que ambos países ya desarrollaban operaciones conjuntas contra embarcaciones en el Pacífico que Washington vincula con redes de narcotráfico. Daniel Noboa describió esta alianza en los siguientes términos: “Las mafias han hecho del crimen un negocio internacional. Nosotros estamos haciendo de la cooperación internacional una sola fuerza para derrotarlas”.

En este marco, Rubio anunció que solicitaría al Congreso estadounidense 45 millones de dólares para equipamiento de defensa, inteligencia militar y logística de las Fuerzas Armadas ecuatorianas, además de otros 10 millones destinados a combatir la minería ilegal. El primer monto requiere la aprobación del Congreso estadounidense, mientras que el segundo corresponde a proyectos ya aprobados.

La cooperación también se tradujo en nuevos recursos para el control de las rutas marítimas y fluviales. Washington anunció la entrega a Ecuador de un buque de la Guardia Costera de aproximadamente 110 pies y cinco embarcaciones interceptoras adicionales. También se prevé el despliegue de sistemas aéreos no tripulados de alta autonomía para vigilar corredores fluviales, zonas fronterizas y rutas de salida de drogas, junto con patrullajes marítimos y aéreos conjuntos en el Pacífico. A esto se suma el intercambio de información y la transferencia de datos en tiempo real entre agencias estadounidenses —entre ellas la DEA, el Comando Sur y el Departamento de Guerra— y organismos de inteligencia ecuatorianos. El objetivo declarado es interceptar cargamentos de narcóticos e identificar las rutas financieras de las organizaciones catalogadas como terroristas.

La relación entre la retórica del “narcoterrorismo” y la ampliación de la cooperación militar quedó reflejada también en la designación de Los Tiguerones como “organización terrorista extranjera” (FTO, por sus siglas en inglés), anunciada por Rubio durante la visita. El grupo se convirtió así en la cuarta organización criminal ecuatoriana incluida por Estados Unidos en esa categoría, después de Los Choneros, Los Lobos y Chone Killers. Según las autoridades ecuatorianas, la designación podría facilitar procesos de extradición hacia Estados Unidos, como ya había ocurrido con dirigentes de Los Choneros.

En Quito, Rubio calificó a Ecuador como “uno de los socios más cercanos de Estados Unidos” en materia de seguridad en la región y señaló que ambos países ya están “haciendo mucho”, aunque anticipó que harán “más todavía”, con la mirada puesta en profundizar la relación.

En Perú, uno de los principales anuncios fue la incorporación del país al Escudo de las Américas. El mecanismo contempla el intercambio de inteligencia e información, la coordinación de operaciones antinarcóticos, la persecución de organizaciones criminales, la cooperación militar y el control migratorio. La adhesión extiende hacia el sur la red de cooperación que Washington busca construir en la región andina y conecta a Perú con los mecanismos de seguridad desarrollados con Colombia y Ecuador.

La incorporación se produjo en un contexto de ampliación del papel de las Fuerzas Armadas peruanas en la seguridad interna. En paralelo a la visita de Rubio, el Ministerio de Defensa propuso modificar el Decreto Legislativo 1095 para permitir la declaración de distintas organizaciones criminales transnacionales como “grupos hostiles”. Entre ellas figuran el Comando Vermelho y el Primer Comando de la Capital, de Brasil, el Tren de Aragua, de Venezuela, Los Choneros y Los Lobos, de Ecuador, además de varias megabandas. Según explicó el ministro de Defensa peruano, Rafael Belaúnde Llosa, esta declaración permitiría que las Fuerzas Armadas actuaran contra esas organizaciones no únicamente como parte de una tarea policial, sino “como si fuesen objetivos militares”, utilizando inteligencia militar y desarrollando operaciones de mayor escala.

La geografía peruana agrega otra dimensión a esta cooperación. El país cuenta con una extensa costa sobre el Pacífico y con puertos y corredores logísticos relevantes tanto para el comercio legal como para las rutas del narcotráfico. Su ubicación entre el Pacífico y el espacio andino compartido con Colombia y Ecuador permite articular territorialmente a los tres países dentro de una misma red de cooperación en materia de seguridad impulsada por Washington.

La relación bilateral también avanza en la modernización de las capacidades de defensa. Durante las conversaciones progresaron las negociaciones para la adquisición de 12 aviones de combate F-16 Block 70, en una operación estimada en unos dos mil millones de dólares. También se discutió la posible participación de capitales estadounidenses en la modernización de la Base Naval del Callao, un proyecto que no fue firmado durante la visita y cuyo costo estimado ronda los tres mil millones de dólares. De concretarse, esta última iniciativa podría adaptar parte de la infraestructura naval peruana a estándares de la OTAN y de la Armada estadounidense, facilitando el reabastecimiento, mantenimiento y atraque de buques de guerra estadounidenses, así como la realización de ejercicios navales conjuntos de mayor escala, como las operaciones UNITAS.

La agenda peruana incluyó también la ratificación del estatus de “aliado mayor no-OTAN”, que supone un trato preferencial para Perú dentro de la arquitectura de defensa estadounidense, con la aceleración del traspaso de material militar excedente, el financiamiento para adquisiciones de defensa y el entrenamiento táctico de tropas.

A estos compromisos se sumaron medidas para intensificar la cobertura de radar y el seguimiento de vuelos ilegales sobre el VRAEM (valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro) y la frontera con Brasil, así como para mantener y ampliar los programas de entrenamiento conjunto de fuerzas especiales en la cuenca amazónica y los patrullajes marítimos en el Pacífico sur.

La agenda peruana incluyó también la ratificación del estatus de “aliado mayor no-OTAN”, que supone un trato preferencial para Perú dentro de la arquitectura de defensa estadounidense, con la aceleración del traspaso de material militar excedente, el financiamiento para adquisiciones de defensa y el entrenamiento táctico de tropas.

INFRAESTRUCTURA E INVERSIONES

Por último, la infraestructura también ocupó un lugar central en la gira. El caso más desarrollado y crítico fue el de Perú: Estados Unidos considera que la falta de control sobre el puerto de Chancay, una megaestructura financiada e impulsada por capitales chinos que conecta directamente a Sudamérica con Asia, constituye una vulnerabilidad. En este contexto, Washington ofreció respaldar proyectos portuarios, viales y digitales mediante financiamiento de la DFC.

La infraestructura digital también formó parte de la agenda, entre la presión diplomática y las ofertas de financiamiento. La cooperación económica, de este modo, no se concentra exclusivamente en puertos, infraestructura física o cadenas mineras, sino que incorpora también las capacidades tecnológicas sobre las que se desarrolla la economía digital.

Sin embargo, el intercambio no estuvo exento de tensiones. Durante la conferencia de prensa conjunta con Marco Rubio, Keiko Fujimori aseguró que “Perú seguirá comerciando con Asia mientras abre una nueva era de cooperación en seguridad e inversiones estratégicas con Estados Unidos”, en una señal dirigida a las inversiones chinas.

En los tres países, Washington condicionó parte de la asistencia y la inversión a la garantía de ciberseguridad estatal y de la infraestructura digital. En ese marco, se firmaron compromisos para restringir la entrada de proveedores tecnológicos de potencias rivales, como Huawei o ZTE, en las licitaciones públicas de conectividad 5G, centros de datos y cables submarinos, de modo que estas infraestructuras no dependan de empresas vinculadas a actores extrarregionales.

En Lima, el Memorando de Entendimiento sobre Inteligencia Artificial busca facilitar la conexión de proveedores estadounidenses de esta tecnología con los sectores público y privado peruanos. La posición peruana introduce, sin embargo, un elemento adicional. Aunque la administración de Keiko Fujimori aceptó incorporarse a la arquitectura de seguridad impulsada por Washington, el gobierno peruano ratificó su intención de mantener abiertas sus relaciones comerciales con distintos socios, incluidos China y los países de la cuenca del Pacífico.

A su vez, en Colombia y Ecuador, Washington anunció compromisos de asistencia técnica y cooperación financiera para la reconstrucción y modernización de redes viales e infraestructura de transporte estratégico afectadas por desastres naturales y la falta de mantenimiento. En Colombia, Estados Unidos acordó ayuda financiera y flexibilización de aranceles para apoyar la reconstrucción de infraestructura pública devastada por el terremoto que afectó al país en agosto, con el objetivo de restablecer rápidamente los corredores logísticos que conectan el interior del país con los puertos del Caribe y el Pacífico. La cuestión de la infraestructura se vinculó, además, con la dimensión comercial de la relación bilateral. Rubio señaló que Estados Unidos y Colombia estaban trabajando en una posible reducción o eliminación de los aranceles del 12,5% aplicados a productos colombianos. También mencionó la posibilidad de avanzar hacia un acuerdo bilateral y vinculó esta discusión con la certificación antidrogas de Colombia, cuya situación podría cambiar si el gobierno mantiene la trayectoria que, según Washington, ha mostrado durante el último período.

En el caso ecuatoriano, las conversaciones económicas incluyeron los avances de la agenda de integración impulsada mediante la Ley de Asociación Estratégica bilateral y el Consejo de Comercio e Inversiones. También abordaron la extradición y una eventual actualización del tratado bilateral en esa materia. En materia de infraestructura energética, se acordó destinar asistencia de seguridad y monitoreo aéreo a la infraestructura de transporte de crudo, incluidos los oleoductos, y a la red de generación eléctrica en la Amazonía ecuatoriana.

En los tres países, Washington condicionó parte de la asistencia y la inversión a la garantía de ciberseguridad estatal y de la infraestructura digital. En ese marco, se firmaron compromisos para restringir la entrada de proveedores tecnológicos de potencias rivales, como Huawei o ZTE, en las licitaciones públicas de conectividad 5G, centros de datos y cables submarinos…

INTERROGANTES HACIA EL FUTURO

En perspectiva, la gira de Marco Rubio por el eje andino-pacífico no fue un punto de llegada, sino un paso más en una estrategia que Washington busca completar progresivamente en América Latina y el Caribe. Durante esos tres días, Estados Unidos logró consolidar avances en áreas que había trazado como prioritarias en su hoja de ruta: ampliar la cooperación militar y de inteligencia, asegurar el acceso a recursos estratégicos y disputar a China espacios de influencia económica y tecnológica.

La franja que conecta a Colombia, Ecuador y Perú concentra buena parte de esos intereses. Los acuerdos de seguridad amplían los mecanismos de intercambio de inteligencia y coordinación militar; los convenios sobre minerales críticos abren nuevas vías para incorporar recursos de la región a las cadenas de suministro estadounidenses; y el financiamiento y la cooperación en infraestructura buscan ofrecer alternativas a la creciente presencia económica de China. Se trata de movimientos que, tomados en conjunto, permiten a Washington actuar en distintos frentes de una estrategia todavía en construcción, pero que avanza a paso firme.

El alcance de la gira no se limita a los acuerdos alcanzados durante esos tres días. Su importancia está también en lo que abre hacia adelante: una serie de compromisos políticos, militares y económicos que Washington buscará ampliar y consolidar en la región. Sin embargo, pese a los avances, no se trata de un camino totalmente despejado y exento de dificultades. Por un lado, aún está por verse si los gobiernos y proyectos políticos alineados con Washington logran consolidar cierta estabilidad política, en un contexto atravesado por fuertes tensiones internas en cada país. Por el otro, los acuerdos y compromisos establecidos con China durante las últimas dos décadas no parecen fáciles de desmontar sin generar tensiones, contradicciones y resistencias. La gran pregunta es si Washington logrará ocupar un espacio que ninguna retórica ni alineamiento ideológico puede sustituir: el de un socio comercial estable y con capital para inversiones y desarrollo como lo es China. En suma, está por verse si Estados Unidos puede ser “una potencia que cumple”.