El 2 de abril, Día del Veterano y los Caídos en la Guerra de Malvinas, el presidente argentino Javier Milei ofreció un discurso en la Plaza San Martín, Buenos Aires. En su intervención, Milei expresó una postura polémica al anteponer la prosperidad económica al reclamo histórico de soberanía sobre las islas. Además, afirmó que «el voto más importante de todos es el que se hace por los pies», sugiriendo que los habitantes de las Malvinas deberían decidir ser argentinos por voluntad propia. Estas declaraciones fueron interpretadas como un aval implícito al principio de autodeterminación, utilizado por el Reino Unido para justificar su ocupación ilegal del territorio desde 1833.
Las palabras del mandatario generaron una rápida reacción en distintos sectores. En Ushuaia (ciudad más cercana a las islas), el Concejo Deliberante declaró a Milei como «persona no grata» y expresó su repudio al discurso, señalando que desconocía la histórica reivindicación argentina sobre las Islas Malvinas. La concejal Daiana Freiberger, autora del proyecto, destacó que las declaraciones del presidente contradicen la Constitución Nacional y los principios internacionales que respaldan la soberanía argentina sobre el archipiélago.
La controversia escaló aún más cuando veteranos de la Guerra de Malvinas presentaron una denuncia penal contra Milei por «traición a la Patria». La Confederación de Combatientes de Malvinas argumentó que el discurso vulnera disposiciones constitucionales y representa un cambio drástico en la política exterior argentina respecto a las islas. Además, señalaron que el gobierno ha adoptado medidas diplomáticas y presupuestarias que debilitan el control del Atlántico Sur.
La postura del presidente también recibió críticas desde el ámbito político. La vicepresidenta Victoria Villarruel, quien asistió al acto central en Tierra del Fuego ignorado por la Presidencia, mantuvo una posición más alineada con el reclamo histórico argentino. Por otro lado, figuras como Cristina Fernández de Kirchner cuestionaron duramente a Milei, calificándolo de «cipayo» y criticando su cercanía con líderes extranjeros como Margaret Thatcher y Donald Trump.

