El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (PT) se prepara para una posible represalia comercial contra los aranceles adicionales anunciados por Donald Trump, pero, antes de tomar el camino más drástico, pretende insistir en negociaciones con Estados Unidos para intentar romper las barreras al acero y al aluminio brasileños. El sector metalúrgico es visto como fundamental por el gobierno de Lula, ya que solo en 2024 se enviaron a EE.UU. productos semielaborados de hierro o acero por 3 mil 500 millones de dólares. El arancel para Brasil será del 10%.
Según el análisis de Folha, el gobierno pretende por un lado, enviar señales públicas de que tiene los medios para tomar represalias y está dispuesto a tomar contramedidas si es necesario; por otro lado, evaluar el impacto real del aumento arancelario sobre las exportaciones brasileñas, mapear posibles oportunidades e insistir en contactos bilaterales para abrir cuotas en las ventas de acero y aluminio. La postura más moderada entre bastidores contrasta con el discurso adoptado por el presidente Lula que afirmó que Brasil «respeta a todos los países, desde los más pobres hasta los más ricos, pero exige reciprocidad». Este jueves, el vicepresidente Geraldo Alckmin (PSB), quien es ministro de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios, resumió la estrategia brasileña al comentar el proyecto aprobado por el Congreso. «Es una buena legislación, necesaria e importante, pero no pretendemos usarla. Lo que queremos es diálogo y negociación. Incluso si Brasil termina con el arancel más bajo, el 10%, es malo. Nadie gana en una guerra arancelaria; todo el asunto pierde», dijo Alckmin.
Existe además la posibilidad en torno a las medidas de Trump, que estos aranceles impuestos aceleren el acuerdo Mercosur-Unión Europea, una visión compartida también por un sector de Europa. El embajador de Francia en Brasil, Emmanuel Lenain, dijo por otro lado que este escenario no disminuirá la resistencia francesa a las cláusulas del acuerdo de libre comercio.

