La presidenta Claudia Sheinbaum anunció el 13 de febrero que México evalúa establecer un puente aéreo para acelerar el envío de ayuda humanitaria a Cuba, tras la llegada de 814 toneladas de alimentos transportadas por la Secretaría de Marina. El gobierno prepara una segunda entrega de mil 500 toneladas de leche en polvo y frijol, y confirmó que aviones pueden cargar turbosina en territorio mexicano ante la falta de combustible en la isla. El movimiento apunta a sostener la asistencia sin reactivar los envíos de petróleo.
Por otro lado, la presidenta también afirmó que México ha intensificado su papel como facilitador del diálogo entre Washington y La Habana, explorando fórmulas que permitan aliviar la crisis energética cubana sin desencadenar represalias arancelarias. La estrategia distingue entre los envíos comerciales de petróleo —suspendidos por Petróleos Mexicanos (Pemex) en enero ante amenazas estadounidenses— y la asistencia humanitaria en alimentos, que la Cancillería considera fuera del alcance de las sanciones. La presidenta calificó las medidas anunciadas por la Administración Trump como injustas, aunque evitó una escalada retórica. La postura mexicana refleja un equilibrio pragmático: mantener la cooperación humanitaria con la isla mientras preserva la estabilidad de su relación económica con Washington, de la que depende una parte sustantiva de su comercio exterior.

