El ministro de Hacienda, Fernando Haddad, confirmó que Brasil mantiene negociaciones avanzadas con China y la Unión Europea para establecer un mercado internacional de créditos de carbono, lo que situaría al país como un actor central en la economía verde global. El anuncio fue hecho durante el Foro Brasil Sostenible, en São Paulo.
Según Haddad, el objetivo es que el acuerdo permita intercambios regulados y transparentes de bonos de carbono, con base en los compromisos del Acuerdo de París y en la futura legislación nacional que regule la descarbonización de la economía. “Estamos muy cerca de alcanzar un entendimiento que podría transformar la posición de Brasil en la transición energética global”, afirmó el ministro.
Las conversaciones incluyen la definición de mecanismos de verificación, certificación y compensación de emisiones entre sectores industriales, agrícolas y forestales, en consonancia con los estándares europeos y asiáticos. China ha mostrado interés en intercambiar créditos provenientes de energías limpias y manejo forestal, mientras que la Unión Europea busca un sistema compatible con su Mecanismo de Ajuste de Carbono en Frontera (CBAM).
Haddad sostuvo que Brasil pretende posicionarse como un proveedor global de soluciones climáticas, aprovechando su matriz energética limpia —casi 90 % de origen renovable— y su liderazgo en bioeconomía y agricultura de baja emisión. Además, indicó que los ingresos derivados del comercio de créditos serán reinvertidos en comunidades amazónicas y proyectos de transición justa, fortaleciendo la dimensión social del acuerdo.
La reciente incorporación de Cristina Reis a la nueva Secretaría Extraordinaria de Mercado de Carbono en el Ministerio de Hacienda deja entrever la posibilidad de realizar la presentación de esta propuesta de forma oficial durante la COP30, que se celebrará en Belém en 2026, como parte de la estrategia nacional de neutralidad de carbono hasta 2050. El país también busca vincular este mecanismo al Mercado Voluntario de Carbono Amazónico (MVC), en desarrollo junto al Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) y organismos multilaterales.
De concretarse, el sistema se convertiría en uno de los mayores mercados de carbono del mundo, y consolidaría la diplomacia climática de Lula da Silva como un puente entre el Norte global y el Sur global en materia ambiental.

