Para las elecciones legislativas del próximo noviembre Donald Trump pidió “nacionalizar” y “tomar control” de la votación en al menos 15 lugares sin precisar cuáles, ante un supuesto riesgo de fraude. A su vez, Steve Bannon en su podcast War Room impulsó la idea de desplegar a ICE cerca de centros de votación. La Casa Blanca, en boca de Karoline Leavitt, dijo que no hay “planes formales” para hacerlo, pero evitó garantizar que no haya agentes en las inmediaciones, lo que reactivó alertas demócratas por posible intimidación de votantes.
En paralelo, la Corte Suprema de Estados Unidos habilitó que California use un nuevo mapa congresional favorable a los demócratas para 2026, al rechazar —sin explicación, vía su agenda de emergencias— el pedido republicano de bloquearlo. El litigio alegaba que el rediseño se apoyó indebidamente en criterios raciales (en particular, sobre representación latina), mientras que el fallo inferior lo había caracterizado como una maniobra primordialmente partidaria; el efecto político inmediato es que el mapa podría volver competitivos hasta cinco bancas hoy en manos republicanas. La decisión también se leyó como parte de una “escalada” de redistritación de mitad de década, con Texas como antecedente clave del lado republicano.

