CANADÁ Y EL GIRO TRANSATLÁNTICO-PACÍFICO DE MARK CARNEY

La política canadiense atraviesa un proceso de realineamiento estratégico sin precedentes en su historia reciente. A poco más de un año de la victoria electoral del 28 de abril de 2025, el gobierno de Mark Carney experimenta un momento de consolidación particular. Lo que comenzó como una administración minoritaria —surgida de una elección dominada por la incertidumbre ante el retorno de Donald Trump— se ha transformado en la primera mayoría liberal desde 2019, gracias a una combinación de triunfos en elecciones parciales y al paso de legisladores de otros partidos a la bancada oficialista.

Simultáneamente a esta estabilización política, Ottawa ha emprendido una reorientación de largo alcance: el denominado “Giro Transatlántico-Pacífico”. Se trata de un giro estratégico que apuesta por la diversificación de los socios comerciales, la reconstrucción de vínculos diplomáticos con actores globales clave y el fortalecimiento de las capacidades internas del país. En Traza Continental analizamos las dimensiones de este giro que Canadá ha puesto en marcha y que podría definir el futuro inmediato de toda la región norteamericana.

I. VICTORIA DE CARNEY Y CONSOLIDACIÓN DE UNA NUEVA MAYORÍA

Las elecciones del 28 de abril de 2025 produjeron un resultado que gran parte de los analistas, apenas unas semanas antes, habría considerado poco probable. El Partido Liberal, que durante casi todo el 2024 había sufrido una estrepitosa caída de su imagen e intención de voto, llegando a estar 20 puntos por debajo de los conservadores en varias encuestas, finalmente logró imponerse con el 43,8% de los sufragios, superando al Partido Conservador y a su candidato Pierre Poilievre, que obtuvo el 41,3%.

Con estos resultados, los liberales conquistaron 169 escaños de los 343 que actualmente conforman la Cámara de los Comunes —siendo la primera elección en utilizar un nuevo mapa electoral basado en el censo de 2021—, quedando apenas tres escaños por debajo de los 172 necesarios para la mayoría absoluta.

Es posible identificar la secuencia de momentos o factores que convergieron en la recomposición del Partido Liberal y la consecuente derrota conservadora, revirtiendo así los resultados de las elecciones anteriores, donde los liberales —liderados por el primer ministro Justin Trudeau— no lograron obtener una mayoría parlamentaria ni el voto popular, pero siguieron siendo el partido con más escaños y permanecieron en el poder como gobierno minoritario.

Las elecciones estuvieron atravesadas por el terremoto político que supuso el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Desde el primer minuto de su llegada a la Casa Blanca, el magnate neoyorquino amenazó con imponer aranceles del 25% sobre productos canadienses —así como mexicanos, a pesar de contar con un tratado comercial—, amenazas que estuvieron acompañadas de una violenta y constante retórica sobre hacer de Canadá “el estado número 51”.

Las elecciones estuvieron atravesadas por el terremoto político que supuso el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos.

Resulta difícil sobreestimar el impacto que produjo el hecho de que el país que durante décadas había sido el principal socio comercial y político de Canadá se presentara como una constante amenaza con la que tener que lidiar.

Sumado a esto, la hostilidad anexionista de la prédica de Trump generó un ambiente de envalentonamiento para los sectores separatistas de Quebec, Alberta, Saskatchewan y Manitoba, situación que generó un clima de peligro de disolución nacional.

El segundo factor fue la renuncia de Justin Trudeau en enero de 2025. Luego de nueve años como primer ministro, el principal líder del Partido Liberal dio un paso al costado. La fuerte caída de su popularidad y las dificultades para enfrentar los problemas económicos —principalmente el incremento del costo de vida—, sumado a lo que, a todas luces, aparecía como una incapacidad manifiesta para manejar la relación con Washington, terminaron por conformar una tormenta perfecta que derivó en su renuncia.

Sin embargo, de manera paradójica, la crisis en la que se sumergió el gobierno permitió a los liberales “reinventarse” de modo tal que aparecieran no como una continuidad institucional, sino como portadores de una alternativa frente a la amenaza a la que se ve sometido el propio Estado-nación.

Esto se demuestra en el hecho de que la campaña se convirtió, en buena medida, en un referéndum sobre quién podía defender mejor la soberanía canadiense frente a Washington.

Es en este contexto que surge la figura de Mark Carney, pasando de ser una figura tecnocrática del partido (director del Banco de Canadá y luego del Banco de Inglaterra) a liderar a los liberales y convertirse en primer ministro. Dos elementos ayudaron a su consolidación: su fuerte discurso contra las amenazas estadounidenses, evitando todo tipo de intento de conciliación; y su perfil de “gestor económico”, que aparecía como capaz de resolver los problemas del país.

Finalmente, Pierre Poilievre, que había dominado las encuestas durante más de dos años, quedó atrapado en el enfrentamiento con Trudeau —capitalizando un enojo del electorado que le había permitido construir su popularidad—, pero no logró transformar aquello en lo que se había apoyado en un perfil creíble de “defensa nacional”.

De esta manera, Poilievre sufrió una dura derrota, llegando a perder incluso su propio escaño por Carleton, que había representado durante más de dos décadas. Jagmeet Singh, líder del Nuevo Partido Democrático (NDP, por sus siglas en inglés), también perdió su escaño. Un fenómeno inusual registrado por el Canadian Election Study reveló que una mayoría de los simpatizantes del NDP votaron por los liberales, un patrón atípico que podría explicarse por una lógica de voto útil ante la percepción de emergencia nacional.

…una mayoría de los simpatizantes del NDP votaron por los liberales, un patrón atípico que podría explicarse por una lógica de voto útil ante la percepción de emergencia nacional.

CONSTRUCCIÓN DE UNA MAYORÍA PARLAMENTARIA

La construcción de una nueva mayoría parlamentaria, sin embargo, fue un proceso gradual. Aunque los números arrojados por las elecciones del 28 de abril no alcanzaron para conformarla, la dinámica política posterior terminó por consolidar esa posibilidad. 

Entre mediados de 2025 y la primavera de 2026, cinco diputados se pasaron al bloque liberal: cuatro provenientes del Partido Conservador, incluyendo a la veterana Marilyn Gladu, y uno del Partido Socialdemócrata. Sumado a esto, en abril de 2026, tres elecciones federales parciales —Scarborough Southwest, University-Rosedale, en Toronto, y Terrebonne, en Quebec— permitieron que los liberales alcanzaran la mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes.

En Terrebonne, donde los liberales habían ganado por un un margen reducido en 2025 —resultado que luego fue anulado por las autoridades electorales—, la candidata liberal Tatiana Auguste, de tan solo 25 años y de origen haitiano, obtuvo el 48,4% frente al 47% del Bloc Québécois, mientras que el Partido Conservador sufrió un verdadero desplome, pasando del 24% a obtener tan solo un 3%.

Esta consolidación de la mayoría parlamentaria conlleva implicaciones prácticas de relevancia. Los comités parlamentarios serán reconstituidos bajo control liberal, lo que permite hoy que proyectos legislativos que se encontraban estancados avancen sin la necesidad de depender del apoyo de la oposición.

Según los datos de mediados de mayo de la encuestadora canadiense Liaison Strategiesel, este escenario favorable también se expresa en la opinión pública: Mark Carney registra una aprobación de 58% contra 34% de desaprobación, mientras que la intención de voto hacia el Partido Liberal aventaja a los conservadores a nivel nacional por 11 puntos: 44% a 33%.

Al alcanzar los 173 escaños, el gobierno de Carney logró superar la dependencia de los votos de la oposición para aprobar leyes estratégicas para su mandato. Este cambio aritmético permitió que el oficialismo asumiera la presidencia y el control de los comités parlamentarios, órganos donde anteriormente los partidos de oposición lograban bloquear o dilatar indefinidamente proyectos clave relacionados con la vivienda y la seguridad fronteriza.

En el plano económico, esta estabilidad institucional llega en un momento crítico para la relación bilateral con Estados Unidos. Con el control total del Parlamento, el gobierno de Carney ha comenzado a agilizar la implementación de medidas de contingencia frente a las políticas comerciales externas, incluyendo subsidios dirigidos y el fortalecimiento de las cadenas de suministro internas. La capacidad de avanzar con un presupuesto nacional sin las enmiendas restrictivas que solían imponer los conservadores y el Bloc Québécois permite al Ejecutivo proyectar una imagen de previsibilidad económica, un factor que los analistas vinculan directamente con el actual índice de aprobación gubernamental.

Con el control total del Parlamento, el gobierno de Carney ha comenzado a agilizar la implementación de medidas de contingencia frente a las políticas comerciales externas, incluyendo subsidios dirigidos y el fortalecimiento de las cadenas de suministro internas.

La percepción pública del liderazgo también se ha visto fortalecida por esta nueva mayoría. Mark Carney ha capitalizado este escenario y ha aprovechado los vientos a favor para realizar nombramientos institucionales de alto perfil, como el de Louise Arbour para la gobernación general, reforzando una narrativa de renovación y competencia técnica.

Mientras en el plano interno se consolida, hacia el exterior el gobierno utiliza su posición reforzada para priorizar una agenda de diversificación comercial que busca reducir la vulnerabilidad de Canadá ante las fluctuaciones políticas de sus socios tradicionales. Una estrategia que detallaremos más adelante.

Este nuevo escenario parlamentario redefine el equilibrio de fuerzas en Ottawa de cara a la segunda mitad del año. La oposición, particularmente el Partido Conservador, se enfrenta al desafío de reestructurar su discurso tras la estrepitosa caída de sus apoyos en distritos clave como Terrebonne, donde su caudal electoral se redujo drásticamente. Mientras tanto, la administración liberal aprovecha la fluidez legislativa para consolidar un modelo de gestión que prioriza la estabilidad macroeconómica y la defensa de los intereses nacionales en un contexto global incierto.

II. DIVERSIFICACIÓN COMERCIAL Y DE SEGURIDAD: ELUDIR LA DEPENDENCIA UNIDIMENSIONAL

La amenaza arancelaria y de seguridad de la administración Trump ha actuado como un catalizador fundamental para la reorientación estratégica de Canadá. Ante estas amenazas, la dependencia estructural ante Estados Unidos se manifestó como una debilidad de Ottawa. El diagnóstico resulta elocuente: el 75% de las exportaciones canadienses y el 97% de sus exportaciones petroleras tienen como destino el mercado estadounidense, lo que deja sobradamente de manifiesto la vulnerabilidad del país.

En este contexto, el gobierno de Carney ha decidido emprender una diversificación estratégica de su economía. Los datos de 2025 ya muestran los primeros efectos de esta reorientación: mientras que las exportaciones hacia Estados Unidos sufrieron una contracción del 2,4% interanual (periodo enero-septiembre), los envíos hacia mercados no estadounidenses experimentaron un sorprendente crecimiento del 8,3%. Los aumentos más significativos se registraron en el Reino Unido, Alemania, Países Bajos, China y Singapur.

Ante este escenario, el gobierno de Mark Carney ha establecido una meta ambiciosa: duplicar las exportaciones hacia mercados no estadounidenses en la próxima década. Este objetivo representaría un ingreso adicional de 300 mil millones de dólares canadienses en el comercio exterior. Para lograrlo, se han implementado herramientas financieras clave como el Trade Diversification Corridors Fund y el Strategic Response Fund. Asimismo, Ottawa ha dinamizado las negociaciones para alcanzar tratados de libre comercio con India, los Emiratos Árabes Unidos, Tailandia y el Mercosur, sumándose al acuerdo estratégico ya suscrito con Indonesia en 2025.

…el gobierno de Mark Carney ha establecido una meta ambiciosa: duplicar las exportaciones hacia mercados no estadounidenses en la próxima década. Este objetivo representaría un ingreso adicional de 300 mil millones de dólares canadienses en el comercio exterior.

UNA LECTURA COMERCIAL Y ESTRATÉGICA

Un aspecto central del replanteamiento canadiense es la redefinición misma del concepto de “diversificación”. Como argumentó el primer ministro Mark Carney en su discurso ante el Foro Económico Mundial en Davos, a comienzos de 2026, la era en la que la interdependencia económica podía asumirse como un proceso mutuamente beneficioso y políticamente neutro ha concluido definitivamente. Las grandes potencias —incluyendo tanto a Estados Unidos como a China— han demostrado una disposición sistemática a instrumentalizar o “weaponizar” sus vínculos comerciales mediante el uso de aranceles punitivos, sanciones financieras y controles regulatorios arbitrarios.

Desde esta nueva perspectiva gubernamental, la diversificación no puede reducirse simplemente a la expansión de las exportaciones fuera del mercado estadounidense ni a la mera acumulación de tratados de libre comercio. Por el contrario, la nueva doctrina de Ottawa propone un ejercicio de “interdependencia gestionada” realizado exclusivamente entre socios confiables (friend-shoring). Este enfoque exige una distinción operativa y explícita entre sectores estratégicos —como la energía, los minerales críticos y la tecnología de vanguardia— y sectores no estratégicos, permitiendo un posicionamiento deliberado y soberano dentro de las cadenas globales de valor.

Al respecto, Brookings Institution ha comparado esta encrucijada con el histórico dilema canadiense del “camino bifurcado” (forked road), aunque bajo una lógica invertida para el siglo XXI: hoy, la autonomía nacional ya no se define por la distancia física o política respecto de Estados Unidos, sino por la construcción de una resiliencia interna capaz de absorber los choques dentro de la propia interdependencia. Así, el fortalecimiento de la soberanía económica de Canadá no pasa por el aislamiento, sino por una selección inteligente y coordinada de sus potencialidades y vulnerabilidades externas.

III. VÍNCULOS CON EUROPA, CHINA, ASIA Y MERCOSUR

UNIÓN EUROPEA: PROFUNDIZACIÓN DEL CETA Y NUEVA AGENDA DIGITAL

En este marco, la relación con diversos actores globales se ha tornado decisiva. La Unión Europea (UE), por ejemplo, se ha consolidado como un pilar fundamental de este realineamiento geoeconómico. En junio de 2025, Ottawa y Bruselas celebraron una cumbre bilateral que culminó con la firma del documento “Nueva Asociación Estratégica UE-Canadá para el Futuro”. Este marco no solo reafirma el compromiso político, sino que establece una hoja de ruta para la seguridad económica mutua frente a la volatilidad global.

Ottawa y Bruselas celebraron una cumbre bilateral que culminó con la firma del documento “Nueva Asociación Estratégica UE-Canadá para el Futuro”. Este marco no solo reafirma el compromiso político, sino que establece una hoja de ruta para la seguridad económica mutua frente a la volatilidad global.

En marzo de 2026, durante la quinta reunión del Comité Conjunto del Acuerdo Económico y Comercial Global UE-Canadá (CETA, por sus siglas en inglés) celebrada en Toronto, el ministro de Comercio Internacional, Maninder Sidhu, y el comisario europeo, Maroš Šefčovič, lanzaron formalmente las negociaciones para un Acuerdo de Comercio Digital Canadá-UE. Este nuevo instrumento es crucial, ya que busca actualizar el CETA original —negociado entre 2009 y 2016— integrando normativas sobre inteligencia artificial (IA), flujos de datos transfronterizos y ciberseguridad, áreas que no estaban plenamente desarrolladas en la década pasada. Asimismo, se han materializado acuerdos operativos con impacto directo en sectores clave. En materia de servicios profesionales, la entrada en vigor de un acuerdo de reconocimiento mutuo para arquitectos, siendo el primero de su tipo, facilita la movilidad de talento cualificado. En soberanía farmacéutica, se ha ampliado el protocolo de manufactura para incluir los Ingredientes Farmacéuticos Activos (API, por sus siglas en inglés), reduciendo la dependencia de suministros externos en momentos de crisis sanitaria. En inversión y clima, se han establecido nuevas reglas de interpretación para las cláusulas de inversión del CETA, incorporando criterios vinculantes sobre el cambio climático, lo que garantiza que los flujos de capital sean coherentes con los objetivos de sostenibilidad.

Finalmente, en febrero de 2026, Canadá fortaleció su integración en la arquitectura de seguridad europea al firmar su adhesión al programa SAFE (Security Action for Europe) de la UE. No obstante, el andamiaje jurídico del CETA aún enfrenta el desafío de la ratificación completa: 10 de los 27 Estados miembros —incluyendo actores de peso como Francia, Italia y Bélgica— todavía no han completado sus procesos legislativos internos, lo que mantiene ciertos capítulos del acuerdo bajo una aplicación provisional.

EL REEQUILIBRIO CON ASIA Y LOS MERCADOS EMERGENTES

La visita de Mark Carney a Beijing en enero de 2026 —la primera de un primer ministro canadiense desde 2017— marcó un punto de inflexión diplomático. Carney y Xi Jinping acordaron una “Nueva Asociación Estratégica” estructurada sobre cinco ejes: comercio e inversión (priorizando energía y agroalimentos), cooperación multilateral, finanzas, seguridad pública y vínculos culturales. En términos arancelarios, China se comprometió a reducir el gravamen sobre la canola canadiense del 85% al 15% y a suspender las represalias sobre la langosta, el cangrejo y las arvejas, desbloqueando un mercado de exportación agrícola valorado en casi 7 mil millones de dólares canadienses. A cambio, Ottawa estableció una cuota de 49 mil vehículos eléctricos chinos anuales sujetos a una tasa preferencial del 6,1%, eliminando de facto el sobrecargo previo del 100%.

Sin embargo, este acercamiento es una “corrección de rumbo” selectiva; Canadá mantiene la vigencia de la Investment Canada Act para proteger sectores sensibles como los minerales críticos y enfrenta la presión de Estados Unidos, que ha calificado de “problemática” la apertura al mercado automotriz chino.

Carney y Xi Jinping acordaron una “Nueva Asociación Estratégica” estructurada sobre cinco ejes: comercio e inversión (priorizando energía y agroalimentos), cooperación multilateral, finanzas, seguridad pública y vínculos culturales.

INDIA, ASEAN Y MERCOSUR: UNA AGENDA DE MÁXIMOS

El ministro de Comercio Internacional, Maninder Sidhu, declaró a comienzos de mayo de 2026 que el gobierno aspira a concretar tres grandes acuerdos comerciales antes de finalizar el año: con el Mercosur, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y la India. Esta ambición estratégica busca diversificar la balanza comercial, aunque los desafíos sectoriales son significativos.

En el caso de Mercosur —compuesto por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— las negociaciones, estancadas desde 2020, se han retomado con el objetivo de firmar un tratado para el otoño boreal de 2026. Un tratado de libre comercio con el bloque reduciría aranceles de hasta el 35% en maquinaria industrial, químicos y aluminio. No obstante, el sector agropecuario canadiense mantiene reservas ante la competencia directa con los estándares de costos sudamericanos.

Con la India, tras años de tensiones diplomáticas, el acercamiento actual es sumamente delicado. Carney ha incluido a la India en su reciente gira por el Indo-Pacífico, y el ministro indio de Comercio e Industria, Piyush Goyal, planea visitar Canadá a fines de mayo. Pese al optimismo, Sidhu ha matizado las expectativas, señalando que los plazos de negociación con una economía de la escala de la India serán necesariamente prolongados.

IV. FORTALECIMIENTO DE CAPACIDADES INTERNAS HACIA UNA SOLA ECONOMÍA CANADIENSE

De forma paralela a la diversificación externa, Ottawa ha emprendido un esfuerzo histórico para integrar su mercado interno. Según estimaciones del FMI de enero de 2026, las barreras comerciales interprovinciales equivalen a un arancel promedio del 9%, y su eliminación total podría incrementar el PIB nacional en hasta 200 mil millones de dólares anuales. En sectores de servicios como salud y educación, estas barreras llegan a superar el equivalente a un arancel del 40%.

Para revertir esta fragmentación, el 1 de enero de 2026 entró en vigor la Free Trade and Labour Mobility in Canada Act, que eliminó las excepciones federales al Acuerdo de Libre Comercio de Canadá (CFTA) y extendió la libre circulación laboral entre provincias. En noviembre de 2025 se había firmado además el Acuerdo de Reconocimiento Mutuo (CMRA), que garantiza que cualquier bien legalmente vendido en una provincia pueda comercializarse en el resto del país sin requisitos adicionales. A nivel provincial, Columbia Británica y Ontario han liderado el proceso eliminando excepciones y promoviendo legislación complementaria; Ontario, en particular, ha redirigido sus flujos comerciales hacia Port Saint John, logrando un incremento del 153% en su tráfico. En el plano de los incentivos, se han lanzado la Domestic Trade Commissioners Network, una red federal y provincial de fomento del comercio interno, y la política “Buy Canadian”, que prioriza a proveedores nacionales en compras públicas, y se aplica un descuento del 50% en fletes ferroviarios para el transporte interprovincial de acero y madera.

…las barreras comerciales interprovinciales equivalen a un arancel promedio del 9%, y su eliminación total podría incrementar el PIB nacional en hasta 200 mil millones de dólares anuales.

DEFENSA Y SOBERANÍA ÁRTICA

Además de la economía, otro punto neurálgico de fortalecimiento de las capacidades internas de Canadá es en materia de defensa. En marzo de 2026, el país alcanzó finalmente el objetivo de gasto en defensa del 2% del PIB exigido por la OTAN, un hito que el país había eludido durante décadas. Este logro se concretó mediante un incremento presupuestario de nueve mil 300 millones de dólares y ajustes en la contabilidad interna de seguridad. El presupuesto de 2025 ya había sentado las bases con una asignación de 51 mil millones para reclutamiento y salarios, además de 17 mil 900 millones destinados a expandir capacidades en el Ártico, el espacio y tecnologías emergentes. A largo plazo, el gobierno ha señalado una meta aún más ambiciosa: un gasto militar tradicional del 3,5% del PIB, complementado con un 1,5% adicional para el refuerzo de la seguridad nacional.

El eje central de esta estrategia es la inversión de más de 35 mil millones de dólares en el Ártico, anunciada desde Yellowknife en marzo de 2026. Esta iniciativa busca reducir la dependencia de Estados Unidos en la defensa del Norte, una prioridad crítica ante el aumento de la actividad de Rusia y China en la región. El plan incluye la modernización del Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD) con 32 mil millones destinados a la infraestructura de bases en el norte canadiense, mil millones para proyectos de transporte e infraestructura de uso dual civil-militar, y 420 millones para garantizar una presencia permanente de las Fuerzas Armadas en la zona ártica.

CONCLUSIÓN: EL DESAFÍO DE LA NUEVA AUTONOMÍA

El gobierno de Mark Carney ha capitalizado con eficacia el contexto de crisis externa para avanzar en una agenda de transformación estructural que combina consolidación política, reposicionamiento diplomático y reformas internas de gran calado. La mayoría parlamentaria obtenida tras las elecciones parciales le otorga ahora un horizonte de estabilidad legislativa hasta 2029. Si bien la diversificación comercial muestra señales tempranas de progreso, este proceso sigue dependiendo en gran medida de las materias primas; la reorientación profunda de las cadenas de valor hacia nuevos mercados será, necesariamente, un proceso de largo aliento.

No obstante, los riesgos en el corto plazo no son menores. La renegociación del T-MEC en este 2026 definirá los términos de la relación comercial con Estados Unidos por los próximos años y las elecciones intermedias estadounidenses de noviembre podrían alterar nuevamente el tablero arancelario y la presión sobre Ottawa. La estabilización del vínculo con China, por su parte, se mueve en un terreno de equilibrios frágiles, oscilando entre el pragmatismo comercial y las crecientes tensiones geopolíticas en el Indo-Pacífico. Finalmente, el éxito de las reformas estructurales depende de la voluntad política de las provincias; las excepciones persistentes al libre comercio interno en sectores como alimentos, alcohol y cannabis evidencian que el proteccionismo sigue siendo un desafío doméstico.

En suma, Canadá transita un momento de redefinición poco frecuente en su historia moderna. La pregunta de fondo ya no es si la relación con Estados Unidos ha cambiado —una realidad que la administración Trump dejó clara—, sino si Ottawa posee la capacidad institucional y la constancia política necesarias para consolidar una alternativa viable antes de que esta ventana de oportunidad estratégica se cierre definitivamente.

La renegociación del T-MEC en este 2026 definirá los términos de la relación comercial con Estados Unidos por los próximos años y las elecciones intermedias estadounidenses de noviembre podrían alterar nuevamente el tablero arancelario y la presión sobre Ottawa.