El Movimiento Al Socialismo (MAS) sufrió una derrota histórica en las elecciones del pasado domingo 17 de agosto, perdiendo la presidencia y su hegemonía en la Asamblea. Con Eduardo del Castillo obteniendo poco más del 3% de los votos, por primera vez en 20 años, el partido no tendrá representación en el Senado boliviano y solo contará con un diputado. Por su parte, Andrónico Rodríguez obtuvo el 8,51% de los votos, quedando en cuarto lugar. La debacle de las opciones de izquierda se sintió especialmente en las regiones que solían ser sus bastiones, donde la población se volcó al apoyo del Partido Demócrata Cristiano (PDC), cuyo candidato era Rodrigo Paz.
La derrota del MAS generó un cruce de acusaciones entre sus líderes. El presidente Luis Arce responsabilizó directamente a Evo Morales por la división del partido y la consecuente derrota, afirmando que las luchas internas fueron el factor determinante del resultado electoral. Por su parte, Morales reconoció los resultados, pero atribuyó el triunfo de Paz a la figura de Edman Lara (su candidato a Vicepresidente) y defendió su llamado al voto nulo (que alcanzó un 20% de los votos totales) como un «mensaje a los traidores». En este contexto de pugna, Andrónico Rodríguez, también reconoció la derrota, pero arremetió contra el «evismo» por haber llevado al partido al fracaso. La Central Obrera Boliviana (COB), un aliado histórico del MAS, calificó la derrota de la izquierda como un «jalón de orejas» a la clase política.
El gran y sorpresivo ganador de la jornada fue Rodrigo Paz, del PDC, con el 32% de los sufragios, quien fue calificado por los medios como «el cisne negro que sacudió las elecciones«. El ascenso de Paz fue una sorpresa, ya que las encuestas no habían anticipado su triunfo, en parte debido a su campaña atípica que se centró en un acercamiento directo «de pueblo en pueblo» y la inclusión de un ex policía como su vicepresidente.
La victoria de Paz simboliza el fin de la polarización política que ha caracterizado al país en los últimos años, marcada por el enfrentamiento entre masismo vs. antimasismo. Su discurso se basó en cuatro pilares que redefinen el juego político: renovación, integración nacional, religión y capitalismo popular. A pesar de su herencia política, Paz se presenta como un político nuevo. Esta estrategia le permitió conectar con un electorado descontento con la clase política y la profunda división del MAS.
Tras los resultados, la oposición comenzó a perfilar sus alianzas con miras a la segunda vuelta. El candidato Samuel Doria Medina, que obtuvo poco más del 19% de los votos, aceptó su derrota y se comprometió a apoyar a Rodrigo Paz. Por su parte, el candidato Tuto Quiroga, quien quedó en segundo lugar con casi el 27% de los votos, centró su discurso en la «unidad nacional» para el balotaje. En este marco, con las tres principales opciones de derecha encabezando las preferencias electorales, el próximo gobierno contará con un poder legislativo fragmentado, pero enfrentado a las ideas de izquierda, lo que anticipa un profundo cambio de rumbo en Bolivia, al menos en términos institucionales.

