El viernes 1 de mayo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó nuevamente una orden ejecutiva que introduce nuevas sanciones contra Cuba. La medida se fundamenta en la Ley de Facultades Económicas Internacionales de Emergencia y permite imponer penalizaciones adicionales a actores que mantengan vínculos financieros u operativos con personas o entidades ya sancionadas, ampliando así el alcance del sistema de restricciones existente, según informó el Departamento de Estado.
De acuerdo con el documento oficial, las sanciones no se limitan a funcionarios del gobierno cubano, sino que se extienden a colaboradores, afiliados y entidades, incluidas instituciones financieras que faciliten o participen en transacciones con personas sancionadas. El objetivo es ejercer presión sobre redes de apoyo consideradas clave más allá del aparato estatal directo.
La orden establece sanciones contra “entidades, personas o afiliados que apoyen al aparato de seguridad del régimen cubano, sean cómplices de la corrupción gubernamental o de graves violaciones de derechos humanos, o sean agentes, funcionarios o colaboradores materiales del gobierno cubano”. Hasta el momento, no se han dado a conocer los nombres de los sancionados ni el calendario de implementación.
Entre los argumentos de la administración estadounidense se menciona la cooperación de Cuba con países y actores considerados adversarios por Washington (Rusia, China e Irán), así como la supuesta existencia de infraestructuras vinculadas a inteligencia extranjera en territorio cubano, algo que la Habana siempre ha desmentido.
La orden ejecutiva forma parte de una estrategia más amplia para limitar la capacidad del Gobierno cubano de operar internacionalmente y reducir sus fuentes de financiamiento. Horas después de la firma de la orden, Donald Trump asistió como orador principal a la cena privada del Forum Club en West Palm Beach, Florida, un evento recurrente que reúne a líderes políticos y empresariales del estado, conocido por ser un espacio de interacción directa entre figuras públicas y empresarios influyentes.
Durante el evento, Trump señaló a un asistente de origen cubano en el público y afirmó: “Él es originalmente de un lugar llamado Cuba, que vamos a estar tomando casi inmediatamente. Cuba tiene problemas, pero quiero terminar una cosa primero, y a la vuelta para atrás de Irán vamos a tener uno de nuestros grandes barcos, quizás el portaviones USS Abraham Lincoln, que es el más grande del mundo, y va a navegar cerca de unas cien yardas de las costas cubanas, y ellos van a decir: gracias, gracias, nos rendimos”.
La respuesta del Gobierno cubano no se hizo esperar. A través de sus redes sociales, el presidente Miguel Díaz-Canel calificó las amenazas de agresión militar como un asunto que debe ser observado por “el pueblo de EE.UU. y la comunidad internacional”.
“La comunidad internacional ha de tomar nota y, junto al pueblo de EE.UU, determinar si se permitirá un acto criminal tan drástico para satisfacer los intereses de un grupo pequeño pero adinerado e influyente, con ansias de revancha y dominación.” aseguró.

