EL "AÑO DE AMÉRICA LATINA": EL ESTADO DE ISRAEL EN LA RECONFIGURACIÓN REGIONAL

SEPTIEMBRE-OCTUBRE
2026

Si hay un actor en el ámbito internacional que saca réditos de la reciente reconfiguración política de América Latina, es el Estado de Israel. Cuestionado hasta el límite por Canadá y Europa, e incluso en suelo estadounidense por no pocas voces —incluidas aquellas de sectores radicales del mundo MAGA—, el gobierno de Benjamín Netanyahu ha encontrado en América Latina un reverdecer de nuevos apoyos políticos y diplomáticos en el momento que más lo necesita. Ya sea por convicción o por alineamiento irrestricto con la política exterior del gobierno de Donald Trump, la región latinoamericana se ha convertido en el último tiempo en tierra fértil para los intereses de Tel Aviv, razón por la que el gobierno israelí denominó al 2026 como “el año de América Latina”.

La última vez que Israel dedicó especial atención al continente americano fue en 2017, cuando Netanyahu, que por entonces también era primer ministro, emprendió una gira que incluyó Argentina, Colombia y México. En ese momento los tres países tenían gobiernos de corte conservador: Mauricio Macri en Argentina, Juan Manuel Santos en Colombia y Enrique Peña Nieto en México. Fue además la primera vez que un primer ministro israelí en funciones viajó a estas latitudes. Netanyahu no llegó solo: lo hizo con un grupo de 30 empresarios de las áreas de tecnología, ingeniería hídrica y telecomunicaciones, y firmó varios acuerdos en materia de seguridad. Si bien los vínculos de Israel con América Latina cuentan con nuevos bríos, no son recientes.

En los últimos años, Israel ha puesto en práctica en la región su doctrina de política exterior basada en la idea de círculos concéntricos, que consiste en consolidar la relación con países clave de determinada región para contrarrestar la influencia de otros que considera hostiles a sus intereses e incidir, en cada oportunidad, a través de una diplomacia activa. En América Latina, esta estrategia ha sido clara: Israel trabajó primero su alianza con Argentina, Ecuador y Paraguay y de ahí logró expandir su círculo de aliados a países vecinos que tenían vínculos muy cercanos con Irán o habían sido críticos con la política israelí. Tal es el caso de Bolivia, que cambió de signo político en noviembre de 2025, y Chile, que lo hizo en diciembre del año pasado. Venezuela, después del secuestro del presidente Nicolás Maduro y el cambio en su política exterior, se sumó a este grupo.

En Traza Continental hacemos un repaso de distintos acontecimientos que dan cuenta de estos cambios, poniendo énfasis en los países de América del Sur que tuvieron elecciones y giros políticos en los últimos meses, como el caso de Perú y Colombia; los que los tuvieron el año pasado, como Bolivia y Chile; el caso especial de Venezuela; y los que tienen las alianzas más consolidadas: Paraguay, Ecuador y Argentina.

COLOMBIA, BOLIVIA Y VENEZUELA: DE LAS HOSTILIDADES A LA FRATERNIDAD

Colombia, Bolivia y Venezuela son los tres países que representaban la oposición más fuerte a Israel en Sudamérica hasta hace unos meses. El cambio de signo político en Colombia le permitió a Israel volver a conectarse con un importante socio e histórico aliado de Estados Unidos, después de cuatro años de tensiones crecientes con el gobierno de Gustavo Petro.

En mayo de 2024, a siete meses de que comenzara la guerra en la Franja de Gaza, Petro rompió relaciones diplomáticas con Israel y ordenó la salida del embajador. Ya en marzo de ese año, el gobierno colombiano había suspendido la compra de armas y tecnología procedente de Israel. Estos roces políticos también afectaron la relación comercial: en agosto, Petro prohibió mediante decreto la exportación de carbón a Israel, del que Colombia era, hasta entonces, el principal proveedor de Israel Electric Corporation (IEC), la empresa energética estatal israelí con sede en la ciudad portuaria de Haifa.

Mientras sostenía un vínculo hostil con Tel Aviv, el presidente colombiano fortaleció los lazos con Palestina a través de la firma de acuerdos que abrieron la cooperación en materia de capacitación técnica en agricultura y salud, además de oportunidades de intercambios académicos y estudiantiles.

Resulta significativa, en ese sentido, la presencia del canciller Gideon Sa’ar en la asunción de Abelardo de la Espriella en Cali el pasado agosto. Incluso antes de la toma de posesión, Sa’ar se reunió con quien luego sería designado canciller de Colombia, Omar Bula Escobar, para coordinar la apertura inmediata de sedes diplomáticas, el nombramiento de embajadores y la exención mutua de visados. Como parte de este nuevo acercamiento, De la Espriella prometió no solo recuperar la relación bilateral, sino reabrir la embajada de Colombia en Jerusalén.

Y fue más allá. En sus primeras horas como presidente, anunció que dejaría de apoyar la denuncia de Sudáfrica contra Israel en la Corte Penal Internacional, y Colombia se convirtió en el segundo país de Naciones Unidas en reconocer la soberanía israelí en los Altos del Golán, luego de que Estados Unidos hiciera lo propio en 2019.

De la Espriella tuvo un bautismo a lo grande que puso de manifiesto una vez más esta renovada relación: dos días después de haber asumido la presidencia, el país se vio afectado por un terremoto de magnitud 7,4, que dejó más de 300 muertos y decenas de heridos. Israel aprovechó para mostrar su cercanía y envió un equipo de rescatistas y expertos del Comando de Defensa Civil para colaborar en las tareas de socorro, en una actitud similar a la que había tenido con Venezuela luego del trágico terremoto de junio pasado, que dejó más de seis mil muertos.

Incluso antes de la toma de posesión, Sa’ar se reunió con quien luego sería designado canciller de Colombia, Omar Bula Escobar, para coordinar la apertura inmediata de sedes diplomáticas, el nombramiento de embajadores y la exención mutua de visados.

El acercamiento con Israel tiene, en varios países de la región, una contracara: el repliegue de los vínculos con Irán, firme aliado hasta hace poco de gobiernos de izquierda en Sudamérica. Colombia dio ese paso el sábado 19 de septiembre, cuando el gobierno de De la Espriella rompió formalmente relaciones diplomáticas con Irán —aunque mantuvo los canales consulares—, una decisión comunicada públicamente el 24 de ese mes y fundamentada por la Cancillería en razones de seguridad nacional y hemisférica, la lucha contra el crimen transnacional, presuntos vínculos iraníes con organizaciones terroristas, violaciones de derechos humanos y el bloqueo del estrecho de Ormuz, entre otros argumentos. Además, Colombia declaró al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de (CGRI) como organización terrorista, calificándola de “un grave peligro para la paz y seguridad internacional”. El embajador iraní en Bogotá, Ahmed Reza, calificó de “irresponsables y calumniosas” las acusaciones colombianas y reclamó pruebas concretas.

Un par de meses antes, a principios de julio, Bolivia había anunciado el cierre de su embajada y el fin de su misión diplomática en Teherán, precisando que solo dejaría un encargado de negocios que opere desde Turquía. En las últimas dos décadas, tanto con el gobierno de Evo Morales (2006-2019) como con el de Luis Arce (2020-2025), Irán se había posicionado como socio estratégico del país. Como resultado de esa aceitada relación, La Paz y Teherán firmaron múltiples acuerdos en materia de energía, agricultura, industria, ciencia y cooperación militar. Bolivia fue incluso uno de los primeros países de Sudamérica —junto con Venezuela— en romper lazos con Israel en 2009 y lo hizo una vez más en 2023. Pero cuando Rodrigo Paz asumió el poder en diciembre del año pasado, el país se alineó con Washington y Tel Aviv y avanzó en cortar todo lazo con el país persa; la última medida que tomó fue suspender el convenio de cooperación militar con Irán que había firmado Arce en 2023. Recientemente, el canciller Fernando Aramayo fue parte de un encuentro —junto con sus pares de Argentina y Paraguay— en Washington, organizado por el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, para abordar, entre otros temas, el estado de las relaciones bilaterales y la cooperación con Israel.

Israel logró con Venezuela una restauración de las relaciones —a nivel de servicios consulares—, que estaban rotas desde 2009, cuando el fallecido presidente Hugo Chávez echó primero al embajador israelí en Caracas, Shlomo Cohen, y después cortó todo vínculo con el Estado sionista. La Venezuela de Chávez fue una de las voces más críticas en la región contra la violencia israelí en territorios palestinos. Es icónica la frase que pronunció el mandatario en 2010 tras un ataque contra una flotilla humanitaria que se dirigía a la Franja de Gaza: “¡Maldito seas, Estado de Israel!”. Por supuesto, este cambio en los vínculos no habría sido posible de no haberse dado la invasión de Estados Unidos en territorio venezolano y el posterior secuestro del presidente Nicolás Maduro. Ese ataque cambió por completo los destinos del país caribeño y, aunque la presidencia sigue en manos del chavismo con Delcy Rodríguez a la cabeza, todas las decisiones políticas de relevancia se toman en coordinación con Washington, sobre todo las relativas a la política energética y la política exterior.

Israel logró con Venezuela una restauración de las relaciones —a nivel de servicios consulares—, que estaban rotas desde 2009, cuando el fallecido presidente Hugo Chávez echó primero al embajador israelí en Caracas, Shlomo Cohen, y después cortó todo vínculo con el Estado sionista.

Al igual que con Colombia, una primera muestra de esta nueva mancomunión tuvo como escenario el terremoto que azotó al país en junio pasado. Israel fue uno de los primeros países en enviar una delegación humanitaria de rescatistas y especialistas en el análisis de estructuras colapsadas. Delcy Rodríguez se reunió personalmente con el personal militar israelí para agradecerles, y el gobierno venezolano los incluyó entre las delegaciones condecoradas con las medallas Héroes de Venezuela y Héroes Caninos de Venezuela. El cambio es de 180 grados: apenas en octubre pasado, cuando Maduro estaba todavía en el poder, Rodríguez se había sumado al rechazo del gobierno bolivariano a la intervención israelí en Gaza.

La reconfiguración interna, pero también la de sus aliados regionales, obligó a Venezuela a cambiar su posición histórica con Irán, un país que la había auxiliado en distintas ocasiones, como durante la crisis de combustible en la pandemia. Más aún: en las últimas semanas, la Cancillería venezolana envió notas de protesta contra Irán en reclamo por “expresiones despectivas e impropias sobre las instituciones y autoridades” venezolanas por parte de Teherán. Caracas exigió “el cese de toda alusión o comparación que menoscabe la dignidad, la soberanía, la institucionalidad o el buen nombre” de Venezuela, sin aclarar a qué declaraciones se refería. Días antes, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abás Araqchi, había dicho en una entrevista que Irán “no es Venezuela”, en referencia al operativo de secuestro de Maduro y el conflicto bélico con los Estados Unidos.

“Los Gobiernos de la República Bolivariana de Venezuela y del Estado de Israel informan que han acordado dar continuidad a la cooperación técnica bilateral derivada de los esfuerzos de emergencia y recuperación tras el doble terremoto, así como establecer un mecanismo de coordinación para la prestación de servicios consulares a sus respectivos ciudadanos residentes en ambos países”, resumió el canciller de Venezuela, Félix Plasencia, después del restablecimiento de relaciones. En el comunicado que compartieron, ambos países subrayaron la “importancia” de la relación entre el Estado de Israel y la comunidad judía residente en Venezuela, que sirve como un “puente de amistad histórica entre los dos países”.

ASEGURAR EL PACÍFICO: LOS VÍNCULOS CON PERÚ Y CHILE

El presidente israelí, Isaac Herzog, había sido invitado al acto de toma de posesión, pero no pudo asistir. Sin embargo, se comunicó con Fujimori y, en esa conversación, ambos destacaron los lazos comerciales y de cooperación por los cuales Perú se hizo de tecnología israelí para mejorar su producción agrícola. Herzog también propuso ampliar esos acuerdos a materias como inteligencia artificial o actividad ciberespacial.

El 3 de agosto, el canciller peruano, Carlos Espá, tuvo una larga conversación telefónica con el canciller israelí Sa’ar en la que acordaron ampliar la cooperación en materia de inteligencia contra el crimen organizado transnacional, mitigación del fenómeno de El Niño y gestión avanzada de los recursos hídricos. También firmaron un acuerdo para que Perú se fortalezca en ciberseguridad con capacitación militar y tecnológica israelí.

El 3 de agosto, el canciller peruano, Carlos Espá, tuvo una larga conversación telefónica con el canciller israelí Sa’ar en la que acordaron ampliar la cooperación en materia de inteligencia contra el crimen organizado transnacional, mitigación del fenómeno de El Niño y gestión avanzada de los recursos hídricos.

Poco después de esas conversaciones, Perú anunció la ruptura de las relaciones diplomáticas con Irán, aunque mantuvo los vínculos a nivel consular. Fujimori siguió los pasos del presidente argentino Javier Milei, quien en abril declaró persona non grata al encargado de negocios iraní en el país, Mohsen Soltani Tehrani, y ordenó su salida del territorio argentino, aunque sin romper las relaciones.

En Chile, el gobierno de José Antonio Kast decidió a finales de agosto cerrar su embajada en Teherán, una medida que, a diferencia de la adoptada por Perú, no implicó la ruptura de relaciones diplomáticas con Irán. El Ministerio de Relaciones Exteriores justificó la decisión por un “reordenamiento operativo” y por factores preventivos asociados a la seguridad en Medio Oriente, en línea con la cautela que ha mantenido la administración chilena en distintos asuntos de política exterior. La medida se suma así al giro de otros gobiernos de la región frente a Teherán, aunque con distinto alcance.

La relación entre Israel y Chile siempre tuvo vaivenes. Si bien el país andino reconoció oficialmente al Estado de Israel en 1949, también forjó una política amistosa hacia Palestina, dado que alberga a la comunidad palestina más grande fuera de los países árabes. Sin embargo, el giro político que significó la llegada del presidente Kast supuso un acercamiento más profundo e inmediato con Tel Aviv. El canciller Sa’ar asistió a la asunción de Kast el 11 de marzo pasado en un gesto de recomposición de una relación que había sufrido un marcado deterioro durante el gobierno de Gabriel Boric, especialmente desde 2024, cuando su gobierno excluyó a empresas israelíes de la Feria Internacional del Aire y del Espacio (FIDAE) en el contexto de la guerra de Gaza. De hecho, Chile volvió a nombrar a un embajador ante Israel después de varios años. Se trata de Gabriel Zaliasnik, expresidente de la Comunidad Judía de Chile, quien asumió como una de sus principales tareas normalizar la cooperación militar suspendida en 2025.

Israel fue históricamente un proveedor relevante de tecnología de defensa para las Fuerzas Armadas chilenas, como armas de infantería y cohetes guiados. De ahí el encuentro que tuvieron en marzo pasado el embajador israelí en Chile, Peleg Lewi, y el ministro de Defensa Nacional, Fernando Barros, en el que ambos conversaron sobre la búsqueda de áreas en las que fortalecer la relación.

“Tras un período difícil en las relaciones entre nuestros países durante el mandato del anterior presidente de Chile y luego de la elección del presidente José Antonio Kast, estamos trabajando juntos para encauzar nuevamente nuestras relaciones por el camino correcto”, afirmó Gideon Sa’ar. La declaración se produjo en el marco de su visita a Colombia para la asunción de De la Espriella, durante la que se reunió en Cali con el canciller Francisco Pérez Mackenna.

El canciller Sa’ar asistió a la asunción de Kast el 11 de marzo pasado en un gesto de recomposición de una relación que había sufrido un marcado deterioro durante el gobierno de Gabriel Boric…

PARAGUAY: UNA RELACIÓN CLAVE, PERO CON VAIVENES

En el mencionado viaje de Netanyahu a la región en 2017, el entonces presidente de Paraguay, Horacio Cartes, viajó especialmente a Argentina para verlo. Al año siguiente, Paraguay trasladó su embajada de Tel Aviv a Jerusalén, decisión que fue revertida por Mario Abdo Benítez, su sucesor. Ese giro de timón, a pesar de que ambos dirigentes pertenecen al mismo partido político, resquebrajó el vínculo y Netanyahu ordenó cerrar la embajada israelí en Asunción.

Ya en 2024, el recién asumido Santiago Peña viajó a Israel para volver a mudar la sede diplomática a Jerusalén, hecho que se consumó en diciembre de ese año. Casi un año después, en noviembre de 2025, Sa’ar visitó Asunción y mantuvo una audiencia con Peña y su canciller, Rubén Ramírez Lezcano, uno de sus hombres de mayor confianza. Allí conversaron sobre cómo fortalecer el vínculo bilateral, en especial en el plano económico, y firmaron un memorando de entendimiento en materia de cooperación en seguridad. Un mes antes, en octubre de 2025, el presidente Peña viajó a Egipto para participar en la Cumbre de la Paz de Sharm el-Sheij, celebrada tras el acuerdo de alto el fuego entre Israel y Hamás.

Ambos cancilleres volvieron a reunirse en febrero en Jerusalén, en el marco de una visita oficial de Ramírez Lezcano que incluyó reuniones con los ministros de Infraestructura, Economía y Justicia, así como una visita al presidente de la Knéset, el Parlamento israelí. En esta visita, ambos se refirieron a la relación como prioritaria y estratégica, y Sa’ar felicitó a Paraguay por haber incluido al CGRI como grupo terrorista, decisión tomada en abril de 2025.

“Paraguay es amigo [de Israel] sobre todo cuando las cosas se ponen duras. No somos amigos por conveniencia: somos amigos por convicción y por valores”, sostuvo Peña en junio de este año al dar un informe de gestión para el Partido Colorado. Luego reivindicó la decisión de mudar la embajada de Paraguay a Jerusalén —“la eterna capital”, según señaló— y planteó un “respaldo firme y leal” al Estado sionista.

A pesar de que la relación con Tel Aviv va en aumento y no está exenta de hostilidades hacia Teherán, Asunción mantiene sus relaciones diplomáticas con el país persa.

ECUADOR Y ARGENTINA, LOS ALIADOS EJEMPLARES

Para finalizar nuestro recorrido, analizaremos el caso de los dos aliados más sólidos de Israel en los últimos años en la región sudamericana. Tanto el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, como el argentino, Javier Milei, llevan más de dos años y medio de gestión, por lo que acumulan varios gestos hacia Tel Aviv. En relación con el genocidio en la Franja de Gaza, Ecuador respaldó el derecho de Israel “a defenderse” y evitó condenar sus acciones militares.

En materia comercial, ambos países profundizaron la agenda bilateral. Durante la visita de Sa’ar a Quito el 5 de agosto —la primera de un canciller israelí a Ecuador en 44 años—, Ecuador e Israel acordaron avanzar hacia un tratado de libre comercio y firmaron un memorando de entendimiento sobre cooperación en la lucha contra el terrorismo, además de una declaración conjunta para ampliar la colaboración en economía e innovación. También acordaron profundizar los vínculos a través de MASHAV, la agencia israelí de cooperación internacional para el desarrollo. Estos acuerdos se inscriben en la agenda que ya habían delineado Noboa y Netanyahu durante la visita del presidente ecuatoriano a Israel en mayo de 2025, que incluyó agricultura, gestión del agua, defensa y seguridad.

Durante la visita de Sa’ar a Quito el 5 de agosto —la primera de un canciller israelí a Ecuador en 44 años—, Ecuador e Israel acordaron avanzar hacia un tratado de libre comercio y firmaron un memorando de entendimiento sobre cooperación en la lucha contra el terrorismo, además de una declaración conjunta para ampliar la colaboración en economía e innovación.

El acercamiento se enmarca en la estrategia de seguridad impulsada por Ecuador desde que declaró la existencia de un conflicto armado interno en 2024. Por ello, el país busca sumar capacidades de inteligencia y prevención de atentados a través de socios que estén en sintonía con la política hemisférica de Washington, como Israel.

En la visita a Ecuador, Sa’ar también se reunió con el canciller Roberto Carlos Kury Pesantes, con autoridades de la Asamblea Nacional y con representantes de la comunidad judía ecuatoriana.

Este alineamiento con Israel también tiene un correlato en la relación de Ecuador con Irán, aunque no se tradujo en una ruptura formal: Quito mantiene relaciones diplomáticas con Teherán y la embajada iraní continúa funcionando en el país. El punto de quiebre fue un decreto firmado por Noboa en septiembre del año pasado, que declaró como organizaciones terroristas a Hamás, Hezbolá y el CGRI con base en informes del Centro Nacional de Inteligencia. Netanyahu agradeció públicamente la medida y calificó la decisión ecuatoriana de “valiente”, mientras que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán la condenó como “injustificada” y acusó a Quito de actuar bajo presión de Israel y Estados Unidos.

Pero el que lleva la delantera en la carrera por ser el aliado más cercano de Israel es el libertario Javier Milei. Su vínculo con el judaísmo antecede a su llegada a la Presidencia: en 2021 comenzó a acercarse a la fe judía de la mano del rabino sefaradí Shimon Axel Wahnish, a quien conoció en enero de 2022, según relató el propio rabino. Desde entonces, según Wahnish, Milei asiste a cenas de Shabat, estudia semanalmente la Torá y lo considera su guía espiritual, en un proceso que el propio presidente describió como un posible camino de conversión.

Israel ocupa un lugar central en la política exterior de Milei desde el inicio de su gestión. Su segundo viaje internacional como presidente, y el primero de carácter bilateral, fue a ese país. Llegó el 6 de febrero de 2024 junto a su hermana Karina y la entonces canciller Diana Mondino, y visitó el Muro de los Lamentos junto a Wahnish —ya designado embajador argentino en Israel—, donde rezó, con la kipá de rigor, y rompió en llanto; al final de la visita, volvió de improviso al lugar y terminó bailando, alzado en andas por un grupo de rabinos y creyentes. En esa misma visita confirmó ante el presidente Isaac Herzog la decisión de trasladar la embajada de Argentina a Jerusalén.

En junio de 2025, en su segunda visita a Israel, Milei se convirtió en el primer presidente argentino en hablar ante la Knéset, donde reivindicó “el derecho de Israel a la legítima defensa” en la guerra de Gaza, ratificó el traslado de la embajada a Jerusalén y anunció la firma de un memorando de entendimiento para combatir el terrorismo y el antisemitismo, al tiempo que definió a Israel como “nuestro socio estratégico más importante, junto con Estados Unidos”.

Milei se convirtió en el primer presidente argentino en hablar ante la Knéset, donde reivindicó “el derecho de Israel a la legítima defensa” en la guerra de Gaza, ratificó el traslado de la embajada a Jerusalén y anunció la firma de un memorando de entendimiento para combatir el terrorismo y el antisemitismo…

En abril de este año, en su tercer viaje presidencial a Israel, el presidente argentino firmó con Netanyahu los Acuerdos de Isaac. Inspirados en los Acuerdos de Abraham, que Israel rubricó en 2020 con naciones árabes, este pacto funciona como marco para fortalecer la cooperación entre ambos países y “socios afines” en la “defensa de la libertad y la democracia, y en la lucha contra el terrorismo, el antisemitismo y el narcotráfico”. El comunicado firmado por ambas naciones afirma que el acuerdo promoverá “acciones concretas”, así como la coordinación y el alineamiento en foros internacionales. Ese alineamiento ya se venía consolidando con anterioridad: desde la llegada de Milei al poder, Argentina modificó su histórica posición en las votaciones de Naciones Unidas. Por ejemplo, en septiembre de 2025, el gobierno argentino se alineó con Estados Unidos e Israel y votó en contra de una declaración promovida por Francia y Arabia Saudita que rechazaba la ocupación del territorio palestino y bregaba por una solución pacífica al conflicto. En marzo de este año, Argentina se alineó nuevamente con esos dos países y votó contra la resolución de la ONU que declara la esclavitud como el mayor crimen contra la humanidad. El gobierno de Milei también declaró como “organización terrorista” al grupo Hamás, que opera en la Franja de Gaza, y al CGRI, medidas celebradas por Israel.

La pleitesía y los gestos tienen su retribución. En junio de este año, el ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, firmó una carta de intención con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para crear un fondo destinado a fortalecer estos vínculos. Según el Ministerio de Finanzas del Estado de Israel, este fondo permitirá “facilitar la exportación de soluciones israelíes probadas para responder a los desafíos de desarrollo de la región, al tiempo que abre el camino para que empresas israelíes se expandan hacia mercados emergentes”.

En el mismo viaje en el que suscribió los Acuerdos de Isaac, Milei también firmó dos memorandos más: uno de cooperación en la lucha contra el terrorismo y otro para la implementación conjunta de herramientas de inteligencia artificial aplicadas en sectores civiles de “misión crítica”. Según publicó el medio argentino El Destape, luego de hacer un pedido de acceso a la información pública, este último memorando se propone “desarrollar la cooperación económica, industrial, científica, técnica y tecnológica” en el campo de la inteligencia artificial. Pero la investigación alertó que la cuestión se pone “más borrosa” cuando se pretende definir esas áreas de cooperación. El acuerdo menciona el “desarrollo veloz de modelos de IA; la promoción del desarrollo seguro y protegido de la IA en toda su cadena de valor; y la implementación conjunta de IA segura en sectores civiles de misión crítica”; asimismo, promueve el establecimiento local de empresas de IA. El documento también señala que toda información que intercambien los participantes del acuerdo será considerada “confidencial”.

En el mismo viaje en el que suscribió los Acuerdos de Isaac, Milei también firmó dos memorandos más: uno de cooperación en la lucha contra el terrorismo y otro para la implementación conjunta de herramientas de inteligencia artificial aplicadas en sectores civiles de “misión crítica”.

Consultado sobre el alcance de estos acuerdos, el ingeniero electrónico y director del ComSec Lab de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), Ariel Garbarz, opinó que “los memorandos que firmó Milei con Israel sobre IA y lucha contra el terrorismo deben leerse como una sola arquitectura de seguridad, inteligencia y control social. Israel no exporta solamente software. Exporta doctrina operacional, vigilancia, integración de bases de datos, inteligencia sobre biométrica, drones, sensores, ciberinteligencia y sistemas de decisión automatizada”.

La disputa por las islas Malvinas es el último gran escenario donde se manifestó la cercanía entre los gobiernos de Israel y Argentina, aunque su trasfondo suma un vector adicional, ligado a las tensiones entre Washington y Londres. El primer antecedente se remonta a septiembre de 2025: luego de que el Reino Unido reconociera el Estado de Palestina, Yair Netanyahu, hijo mayor del primer ministro israelí —sin cargo alguno en el gobierno de Israel—, publicó en sus redes sociales que, para él, “las Malvinas forman parte de la Argentina”. En diciembre de ese año, luego de que el gobierno argentino protestara por la participación de la empresa israelí Navitas Petroleum en el proyecto Sea Lion, el canciller Gideon Sa’ar aclaró que se trataba de “una empresa privada” ajena a cualquier actividad del Estado israelí, y expresó que Israel esperaba que la controversia se resolviera “mediante el diálogo y por medios pacíficos”.

En febrero de este año, durante una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Oriente Medio realizada bajo la presidencia británica, Sa’ar volvió sobre el tema: respondió a los cuestionamientos de la secretaria de Estado para Asuntos Exteriores del Reino Unido, Yvette Cooper, sobre la política israelí en Cisjordania, defendiendo el derecho de los judíos a vivir en “la cuna de nuestra civilización”, en referencia a la antigua Jerusalén —“que ustedes llaman Jerusalén Este”—, Shiloh, Hebrón y Bet-El. En ese contexto, contraatacó: “Es nuestro país. No están a 13 mil kilómetros de nuestro país, como las islas Falkland, que los argentinos llaman islas Malvinas. Es una disputa que no resolvieron con Argentina hasta el día de hoy”.

A fines de agosto, en medio de las primeras versiones sobre una eventual revisión de la histórica posición de neutralidad de Estados Unidos en la disputa, Yair Netanyahu volvió a manifestarse en el mismo sentido. Al día siguiente, el 31 de agosto, esas versiones se confirmaron: consultado sobre la postura histórica de neutralidad de Washington, Donald Trump respondió: “Siempre reviso todas las posiciones. Esa es apenas una entre muchas”, en lo que fue su primera referencia pública al tema. Milei celebró la declaración y convocó a su gabinete para preparar un mensaje por cadena nacional.

La disputa por las islas Malvinas es el último gran escenario donde se manifestó la cercanía entre los gobiernos de Israel y Argentina, aunque su trasfondo suma un vector adicional, ligado a las tensiones entre Washington y Londres.

El 3 de septiembre, en ese discurso, Milei anunció la construcción de una Base Naval Integrada en Ushuaia. Detrás de la rapidez de la respuesta estuvo el asesor presidencial Santiago Caputo, uno de los principales referentes de la estrategia comunicacional del gobierno, quien impulsó de inmediato la escenografía del anuncio y amplificó el episodio en redes con frases como “Inglaterra es el pasado y la Argentina es el futuro”. El mismo día, en una entrevista con la cadena GB News, Trump volvió sobre el tema: evocó la guerra de 1982 —“ustedes se comportaron muy bien, las recuperaron con bastante firmeza, pero eso ya quedó muy lejos”— en referencia al Reino Unido, y cuestionó al país por no haber colaborado con Estados Unidos en la guerra contra Irán, pese a que, según relató, había solicitado a la OTAN y al entonces primer ministro británico, Keir Starmer, que enviaran barcos. Al día siguiente, el gobierno argentino abrió procedimientos sancionatorios contra 45 personas y empresas por actividades de exploración y explotación de hidrocarburos en las islas, entre ellas las petroleras Navitas Petroleum —israelí, con el 65% del consorcio— y Rockhopper Exploration —británica, con el 35% restante—, que desarrollan el proyecto offshore Sea Lion.

El guiño de Trump se leyó en el marco de una tensión más amplia entre Washington y Londres, cuyo origen se remonta a febrero de este año: Starmer le había negado a Trump el uso de la base de Diego García, en el océano Índico y bajo soberanía del Reino Unido, para un eventual ataque contra Irán. A comienzos de marzo se filtró además un correo electrónico del Pentágono que sugería que Estados Unidos podría abandonar su neutralidad histórica en el diferendo por Malvinas. A esa tensión se sumó la lentitud del Reino Unido para elevar su gasto en defensa dentro de la OTAN. En ese contexto, algunos analistas interpretaron la declaración presidencial como una herramienta de presión sobre el gobierno británico antes que como un giro real de política exterior —lectura reforzada por el hecho de que el Departamento de Estado y el embajador estadounidense en Buenos Aires, Peter Lamelas, reafirmaron la posición oficial de neutralidad de Washington sobre la soberanía del archipiélago.

Por último, el 7 de septiembre, Argentina formalizó una denuncia penal contra las petroleras que operan en las islas sin autorización argentina. Un día después, el cruce diplomático se trasladó a otro frente: el Reino Unido, junto con Canadá, Francia y otros nueve países europeos, anunció restricciones comerciales a productos procedentes de los asentamientos israelíes en Cisjordania. Israel respondió con represalias dirigidas a Londres: el canciller Gideon Sa’ar anunció el cierre del consulado británico en Jerusalén Este, y el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, pidió a Netanyahu reconocer las islas Malvinas como “territorio argentino ocupado” y aplicar sanciones contra el Reino Unido. El 10 de septiembre, en medio de este clima, Milei suspendió la visita que tenía prevista a Londres a fines de octubre, donde iba a dar una charla en la Universidad de Oxford y participar de la Argentina Week.

…algunos analistas interpretaron la declaración presidencial como una herramienta de presión sobre el gobierno británico antes que como un giro real de política exterior —lectura reforzada por el hecho de que el Departamento de Estado y el embajador estadounidense en Buenos Aires, Peter Lamelas, reafirmaron la posición oficial de neutralidad de Washington sobre la soberanía del archipiélago.

EL AVANCE ISRAELÍ Y LA AGENDA A CONSOLIDAR

El recorrido por distintos países de la región permite identificar una estrategia de expansión de la presencia israelí en América Latina basada, como vimos, en la construcción de círculos concéntricos. Israel no llegó a este “año de América Latina” por casualidad: en los últimos tiempos consolidó primero sus vínculos con los gobiernos más próximos —con Argentina, Ecuador y Paraguay como núcleo de relaciones especialmente estrechas— y, desde ahí, fue recuperando espacios en países que hasta hace poco mantenían posiciones críticas frente a su política en Gaza y Cisjordania. Los cambios registrados en Colombia, Bolivia y Venezuela muestran, por vías diferentes, hasta dónde se extendió esa transformación. El caso venezolano es especialmente significativo porque la restauración de los vínculos se produjo con el chavismo todavía en el gobierno, después de la intervención militar estadounidense que alteró radicalmente la posición internacional de Caracas.

El avance israelí tiene como contracara el repliegue de Irán. Bolivia, Venezuela, Perú y, con distinto alcance, Chile, Ecuador y Argentina modificaron durante el último período sus relaciones con Teherán, en algunos casos hasta la ruptura diplomática y en otros mediante medidas dirigidas contra instituciones iraníes. El cambio no es menor: Israel está recuperando espacios precisamente en países donde Irán había construido durante las últimas dos décadas vínculos políticos, económicos, militares y diplomáticos, especialmente con gobiernos de izquierda. La reconfiguración política de América del Sur, por lo tanto, no solo amplió el campo de acción de Israel, sino que redujo simultáneamente uno de los principales espacios de influencia de su mayor adversario regional.

La seguridad, por su parte, constituye uno de los principales puntos de convergencia de esta nueva relación con América Latina. Defensa, inteligencia, lucha contra el terrorismo y el crimen organizado, ciberseguridad, inteligencia artificial y tecnologías aplicadas a áreas estratégicas aparecen articuladas dentro de una agenda de cooperación que Israel está extendiendo por la región. A esto se suman los vínculos económicos, la transferencia de tecnología, la cooperación para el desarrollo y la apertura de mercados para empresas israelíes. No se trata, por tanto, de relaciones construidas exclusivamente alrededor del respaldo diplomático: la aproximación política encuentra una traducción cada vez más concreta en capacidades militares, tecnologías, acuerdos comerciales y negocios.

En ese proceso, Argentina ocupa un lugar particular. El vínculo construido por Javier Milei convirtió a Buenos Aires en uno de los principales puntos de apoyo de la estrategia israelí en la región y permitió avanzar hacia mecanismos de cooperación que exceden la relación bilateral, como los Acuerdos de Isaac y los memorandos sobre terrorismo e inteligencia artificial. El episodio de las Malvinas añade una dimensión adicional. En medio de la tensión con el Reino Unido por Cisjordania, Sa’ar usó la disputa por las Malvinas como argumento contra Londres, coincidiendo con la agenda de Milei. Así, el vínculo entre Israel y Argentina quedó inserto en disputas que exceden lo bilateral, entrelazando la pulseada anglo-israelí con las diferencias entre Washington y Londres.

Por último, la creación de un fondo promovido por Israel y el BID para facilitar la llegada de soluciones y empresas israelíes a los mercados latinoamericanos muestra, además, que esta avanzada israelí busca proyectarse más allá de los países que ya mantienen relaciones estrechas con Tel Aviv. La región aparece así no solo como un espacio de respaldo político y diplomático, como hemos analizado, sino también como un mercado para capacidades tecnológicas, de seguridad y defensa que Israel busca consolidar ante el desgaste que sufre en otras partes del orbe.

La región aparece así no solo como un espacio de respaldo político y diplomático, como hemos analizado, sino también como un mercado para capacidades tecnológicas, de seguridad y defensa que Israel busca consolidar ante el desgaste que sufre en otras partes del orbe.