El PRO ratificó hace algunas semanas al expresidente Mauricio Macri como su líder, y ordenando las filas internas, salió a la arena política para lograr su objetivo de condicionar al gobierno, posicionar figuras dentro de su gabinete y tomar las riendas de la gobernabilidad tras la “tareas sucia” de ajuste y recorte realizada por Javier Milei en el plano económico.
Desde el comienzo de su gestión, Milei y su hermana, la secretaria presidencial Karina Milei, han repelido varios intentos del PRO por desembarcar en el gobierno. Esta semana el teatro de operaciones del macrismo fue el Congreso Nacional, donde el PRO ayudó a rechazar en Diputados el millonario presupuesto para inteligencia (manejado por el asesor presidencial, Santiago Caputo). La reciente derogación parcial del Decreto de Necesidad y Urgencia 656/2024, que asignaba 100 mil millones de pesos a la Secretaría de Inteligencia (SIDE), generó una importante discusión sobre el destino de los fondos ya ejecutados. Aunque aún se espera la votación en el Senado que podría confirmar la nulidad del DNU, surgen serias dudas sobre la legalidad y transparencia en el manejo de esos recursos. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, antigua presidenta del PRO apartada por su incorporación al oficialismo, apuntó contra la conducción actual del partido acusándolos de ponerse “del lado de las mafias”.
Por otro lado, ya en la Cámara de Senadores, legisladores del PRO dieron sanción definitiva a la ley que actualiza las jubilaciones a partir de la inflación. El gobierno ya anunció que vetará la ley para no poner en peligro el equilibrio fiscal, un gesto que puede tener un alto costo político para la actual gestión. Sumado a esto, el PRO cuestionó el intento de designación del juez Ariel Lijo para la Corte Suprema. Según el macrismo, esta designación “es un error” y apuntan a un “acuerdo de impunidad” entre el oficialismo y el kirchnerismo. En la misma sintonía se sumó la vicepresidenta Victoria Villarruel, a quién apuntan de jugar cerca del ex presidente Macri y ya muestra una interna a cielo abierto con el presidente y su círculo.
Luego de estos días de tensión, Macri y Milei entablaron diálogos. El ex presidente pide la cabeza de Santiago Caputo, una figura sin cargos efectivos y con mucho poder dentro del gabinete y el aparato de inteligencia y propaganda política del gobierno. Si bien se destensar algunos aspectos, el presidente no está dispuesto a ceder a Caputo. El primer gesto de distensión lo tuvo el ex presidente que se mostró en contra de la ley que reforma la movilidad jubilatoria y a favor del veto presidencial. Su propios senadores salieron a cuestionarlo por manifestarse en contra de lo que su bloque de legisladores votó en el Congreso.

