El miércoles 10 de diciembre, el gobierno de Estados Unidos, en un acto de violación del derecho internacional, “incautó” un buque petrolero en aguas del Mar Caribe. La operación fue llevada a cabo por fuerzas militares que Washington mantiene desplegadas en la región.
La noticia se conoció después de que el presidente Donald Trump declarara a la prensa en la Casa Blanca: “Acabamos de incautar un petrolero frente a las costas de Venezuela, un petrolero enorme, muy grande; de hecho, el más grande jamás incautado”. Trump añadió que “están sucediendo otras cosas” y que se darían a conocer más detalles posteriormente.
Antes del anuncio presidencial, la fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, había publicado un video en sus redes sociales que mostraba a personal militar abordando el barco desde varias aeronaves. Bondi afirmó que la operación había sido coordinada por el FBI, el Servicio de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI) y la Guardia Costera, con el apoyo del Departamento de Defensa.
Cuando se le preguntó sobre el destino del petróleo transportado en el barco incautado, Trump respondió: “Bueno, supongo que lo conservaremos”. Tras conocerse la noticia, el gobierno de Venezuela calificó lo ocurrido como “un robo descarado y un acto de piratería internacional”, en el marco de una campaña de EE. UU. que “responde a un plan deliberado de despojo de nuestras riquezas energéticas”.
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