El sábado 13 de junio, en la apertura de una gira europea que lo llevó primero a París y luego a Dublín, el primer ministro Mark Carney pronunció un discurso en el Trinity College de Dublín que articuló la nueva doctrina exterior canadiense: las potencias medianas no deben competir por el favor de las grandes potencias, sino combinarse para construir “un tercer camino con impacto”. Fue la primera visita bilateral de un primer ministro canadiense a Irlanda en casi una década, y concluyó con la firma de un marco de cooperación con el taoiseach (cargo equivalente al de primer ministro) Micheál Martin en inteligencia artificial, innovación digital y seguridad económica.
En la cumbre del G7, celebrada entre el lunes 15 y el miércoles 17 de junio en Évian-les-Bains en Francia, Carney concretó esa estrategia en acuerdos tangibles. Según el comunicado de la Oficina del Primer Ministro, Canadá anunció 13 nuevas asociaciones con más de ocho países en el marco de la Alianza de Resiliencia y Producción de Minerales Críticos —ampliación de la plataforma lanzada durante la presidencia canadiense del G7 en 2025— con inversiones estimadas en más de cinco mil millones de dólares. En materia de defensa, se concluyeron las negociaciones de un Acuerdo General de Seguridad de la Información (GSOIA, por sus siglas en inglés) con Alemania y se iniciaron negociaciones similares con India.
Un resultado destacado de la cumbre fue el respaldo explícito del G7 al potencial energético canadiense, en el contexto de la crisis del estrecho de Ormuz. La declaración sobre asuntos geopolíticos del miércoles 17 de junio, publicada por la presidencia francesa, recoge el compromiso de los líderes de diversificar las rutas de suministro energético para reducir la vulnerabilidad global ante su bloqueo, y celebra el potencial de Canadá de aportar “capacidad adicional significativa” a los mercados mundiales en los próximos años. En la conferencia de cierre, Carney señaló que el país ya avanza en esa dirección, con proyectos de gas natural licuado en marcha y la expansión del oleoducto Trans Mountain. En paralelo, cinco ciudades canadienses —Toronto, Montreal, Ottawa, Halifax y Vancouver— compiten por la sede del propuesto Banco de Defensa, Seguridad y Resiliencia (DSRB, por sus siglas en inglés), una institución multilateral orientada a financiar proyectos de defensa en países de la OTAN y aliados.
Se consolida así un patrón en la política exterior de Carney: aprovechar el distanciamiento de Washington para posicionar a Canadá como actor global en defensa, energía y minerales críticos, con Europa como interlocutor privilegiado. El reconocimiento del G7 en el contexto del estrecho de Ormuz agrega una dimensión estratégica nueva: el país emerge como alternativa confiable ante la fragilidad de las rutas del Golfo Pérsico. La cumbre de la OTAN en Ankara, prevista para el 7 y 8 de julio, será el próximo indicador del respaldo real que cosecha la estrategia canadiense.


