La Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos creó en secreto un grupo de trabajo especial dedicado a Cuba, con el objetivo de coordinar una campaña para presionar al gobierno de La Habana e impulsar cambios políticos, económicos y en el liderazgo del país, según informaciones publicadas esta semana por medios estadounidenses.
De acuerdo con The New York Times, la nueva unidad buscaría generar fisuras dentro de la dirigencia cubana y favorecer el ascenso de sectores considerados más receptivos a las demandas del presidente Donald Trump. La creación del grupo supondría una concentración de recursos financieros, humanos y técnicos de la agencia en una operación encubierta de largo alcance contra la isla.
Durante los últimos meses, Estados Unidos ha incrementado sus recursos de inteligencia en Cuba. Entre ellos se encontrarían analistas de inteligencia, agentes de contrainteligencia y otros funcionarios encargados de obtener información y establecer contactos con sectores influyentes de la sociedad cubana.
Según los reportes, la estrategia estaría orientada a respaldar las exigencias de Washington para que el gobierno cubano adopte reformas económicas y políticas y modifique sus alianzas internacionales. Los medios estadounidenses también señalaron que la CIA se estaría preparando para una campaña encubierta prolongada, en un contexto de creciente presión política y económica contra La Habana.
El gobierno cubano reaccionó a las informaciones y denunció que las acciones forman parte de una estrategia de cambio de régimen. El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, sostuvo que las recientes revelaciones confirman la continuidad de la política de hostilidad de Washington hacia la isla y recordó el papel histórico de la CIA en operaciones de espionaje, subversión y desestabilización contra Cuba.
Luego de que se conociera la noticia, el secretario de Estado, Marco Rubio, concedió una entrevista al medio Axios —utilizado por el Departamento de Estado para filtrar informaciones sobre las conversaciones entre Washington y La Habana—. “Lo que estamos tratando de enseñarles [al gobierno cubano] es que no hay válvulas de escape”, dijo Rubio.
Por su parte, la viceministra cubana de Relaciones Exteriores, Josefina Vidal, respondió a estas declaraciones y calificó la situación de “genocidio”. “Efectivamente, esto se llama GENOCIDIO y merece la más contundente condena de la comunidad internacional”.

