Bolivia ingresó a la segunda semana de julio con una doble presión sobre su economía: el dólar superó el valor de 10 bolivianos —a días de estrenar el tipo de cambio flexible en 9,76 bolivianos— y la crisis del combustible se extenderá hasta fines de mes, según reconoció el vicepresidente de Operaciones de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), Víctor Hugo Blacud, quien pidió disculpas públicas y estimó que la normalización será progresiva. El gobierno había prometido regularizar el abastecimiento en cuatro días tras el fin de los 53 días de bloqueos, pero esa previsión no se cumplió. La explicación oficial atribuye la demora a nuevos controles de calidad en la cadena de distribución, pero el especialista en hidrocarburos Germán Richter objetó esa versión: los análisis de laboratorio se completan en horas, no en días, y el problema real son los factores estructurales —entre ellos la deuda acumulada con proveedores internacionales y las dificultades para sostener las importaciones—.
Esos factores estructurales tienen nombre propio. YPFB acumula cinco meses de deuda con cisterneros —desde febrero— y el sector continúa operando para evitar un mayor desabastecimiento, pero advierte que la falta de pago compromete llantas, seguros, mantenimiento y salarios. La escasez de diésel ya impacta el comercio exterior y la recuperación del intercambio internacional se frena por la combinación de la falta de combustible, la congestión en el puerto de Arica y las restricciones horarias que Chile aplicó desde el 2 de julio en el paso fronterizo de Colchane-Pisiga. En condiciones normales, 300 camiones llegan diariamente al puerto chileno para retirar o entregar carga, pero esta semana solo 100 de 300 camiones llegaban a Arica. Los plazos de entrega vencen, los contenedores acumulan sobrecargos y los exportadores asumen multas que no estaban en el presupuesto.
Las cifras del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) muestran la magnitud del daño: las exportaciones cayeron a 720 millones de dólares en mayo —el nivel más bajo en 14 meses—, cuando en los meses previos superaban con holgura los mil millones mensuales. El superávit comercial mensual se derrumbó de 471 millones de dólares en marzo, a 91 millones en abril y apenas 37 millones en mayo —diez veces menos que en enero—. El sector primario exportador aguanta en cifras brutas, pero las bases del rebote son frágiles pues dependen de precios internacionales altos y de una logística todavía sin normalizar.

