MARCO RUBIO: UNA VIDA AL SON DEL PRAGTAMISMO

La decisión de mis padres de emigrar a Estados Unidos desde Cuba me otorgó el privilegio de nacer ciudadano de la nación más grande en la historia del mundo.
Marco Antonio Rubio

 

Lo único constante en la carrera de Marco Rubio es que ha traicionado a cada mentor y a cada principio que tuvo alguna vez, con tal de hacerse con el poder.
Comentario anónimo de un político local de Miami

Pocos dirigentes reflejan con tanta claridad las tensiones internas del trumpismo como Marco Rubio. De crítico abierto de Donald Trump en las primarias de 2016 a secretario de Estado en su segundo mandato, su recorrido ilustra tanto su capacidad de adaptación como las transformaciones ideológicas del Partido Republicano en la era MAGA. Trump lo premió con cuatro cargos simultáneos —una concentración de poder inédita desde los tiempos de Kissinger— pero lo rodeó de comisarios políticos y le cedió a otros las crisis más urgentes. A las negociaciones con Irán, por ejemplo, envío a JD Vance y no a su responsable de política exterior. Sin embargo, en un contexto de reconfiguración global, Rubio se ha consolidado como uno de los principales ejecutores de una política orientada a reafirmar la primacía de Estados Unidos en su entorno estratégico. En este marco América Latina ha pasado a ocupar un lugar prioritario en la proyección exterior de Estados Unidos, como espacio inmediato de seguridad y ejercicio de poder. Es allí donde Rubio ha concentrado su interés y desplegado su mayor actividad, en particular en Cuba y Venezuela, con una estrategia que combina presión económica, acción política y uso selectivo de la fuerza. En nuestra nueva entrega de la serie Universo Trump 2.0, que realizamos en colaboración con Supernova, analizamos el perfil y la trayectoria de un dirigente marcado por lealtades flexibles y una persistente voluntad de poder, clave para entender la política hemisférica de Washington y la disputa por la sucesión presidencial en 2028.

UNA HISTORIA ÉPICA, PERO INEXACTA

El miércoles 5 de marzo de 2025, el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, apareció en una entrevista en Fox News con una cruz de ceniza en la frente. Como católico practicante de origen cubano, Rubio usó este símbolo para representar la humildad y el arrepentimiento durante el Miércoles de Ceniza que da inicio a la Cuaresma. El ascenso político de Marco Rubio representa el de los latinos dentro de la política estadounidense y, en particular, del Partido Republicano: hijo de inmigrantes cubanos que huyeron del comunismo, su historia personal mezcla identidad cultural, valores católicos tradicionalistas y la búsqueda del american dream. En su autobiografía An American Son, Rubio reivindica especialmente la figura de su abuelo Pedro Víctor García: un contrarrevolucionario que le enseñó a “amar a Estados Unidos” y a nunca resignarse a la “dictadura comunista” en la isla.

El ascenso político de Marco Rubio representa el de los latinos dentro de la política estadounidense y, en particular, del Partido Republicano…

Esa es una narrativa coherente y emocionante. Pero falsa. Los padres de Rubio llegaron a Estados Unidos en mayo de 1956, tres años antes del triunfo de Fidel Castro. La historia del abuelo Pedro es aún más complicada: también emigró a Estados Unidos antes de la Revolución cubana pero no logró sobrevivir en Miami y volvió a La Habana, donde llegó a ocupar un puesto de bajo nivel en la burocracia del gobierno castrista. Cuando volvió a Estados Unidos en 1962, fue detenido por agentes de inmigración, hasta que consiguió una visa humanitaria debido a su avanzada edad. La propia madre de Rubio pasó un tiempo en Cuba durante los años sesenta sin inconvenientes con el régimen. Su familia tampoco es católica: Mario y Oriales Rubio se hicieron mormones cuando se mudaron a Las Vegas a trabajar de camareros. Marco practicó la religión familiar hasta que se hizo bautista evangélico. Hoy afirma que también asiste a la Iglesia católica.

Pero los orígenes familiares de Marco Rubio no explican por sí solos su recorrido, sus posturas y su discurso político. Sus padres —ambos nacidos en La Habana— presenciaron la entrada de los barbudos guerrilleros desde Miami. Las medidas de intervención y nacionalización que vinieron a partir de 1959 no les afectaron en lo absoluto. Ese profundo choque emocional y personal que provocó la irrupción del nuevo régimen no lo llevaban consigo. El humilde estatus social de los Rubio-García los situaba a una distancia inmensa de las élites políticas, económicas y financieras afectadas por la Revolución.

Lo cierto es que Rubio nació en West Miami, una ciudad muy pequeña, situada entre Coral Gables y Westchester. Su población —en su mayoría cubana— logró recrear el vínculo estrecho, directo y familiar de su país de origen. Estos se insertaron en la sociedad estadounidense compartiendo nostalgias, traumas, resentimientos, recuerdos y añoranzas que en gran medida moldearon la personalidad y la trayectoria del político republicano. Desde su elección como concejal hasta la actualidad, Marco ha llevado consigo Cuba y el drama de sus exiliados más por la influencia de su entorno que por tradición familiar. Fueron la Universidad de Florida, la mentoría de la congresista Ileana Ros-Lehtinen —acérrima anticastrista— y más tarde su inmersión en las turbias y profundas aguas del conflicto entre los Castro y los Díaz-Balart —estos sí afectados directamente por la Revolución— los que definieron la textura y la forma de una de las figuras latinas más influyentes de la política estadounidense.

Desde su elección como concejal hasta la actualidad, Marco ha llevado consigo Cuba y el drama de sus exiliados más por la influencia de su entorno que por tradición familiar.

Siempre dentro del Grand Old Party, pasó por el neoconservadurismo reaganista, el Tea Party, el republicanismo nevertrumper (se enfrentó a Trump en las primarias de 2016 y se burló de que era un junior que había heredado su fortuna) y ahora es el secretario de Estado del segundo gobierno del magnate. En 2016 consideró estratégico presentarse como el hijo de una mucama de hotel para contrastarse con Trump, pero ahora, con el neoyorquino en la presidencia, es un leal servidor MAGA y un habilitador de su política exterior, quien lo nombró en cuatro cargos simultáneos, entre ellos secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional, una concentración de poder que no se veía desde la época de Henry Kissinger en el gobierno de Richard Nixon.

¿Cómo puede ser que un perfil como Trump, siempre dispuesto a subordinar a todo su entorno y a esterilizar la autonomía política de cualquier aliado, haya empoderado así a un exopositor? Quizás por esa capacidad de acomodarse a cualquier situación. Pese a su dura estampa de conservador, Rubio mostró la flexibilidad suficiente para traicionar a su mentor Jeb Bush en las primarias presidenciales, aliarse con el Tea Party cuando le convino, luego reconciliarse con el establishment republicano y terminar siendo parte del ala católica del MAGA.

UN PASADO INCÓMODO

Más allá del pasado familiar, Rubio tiene uno propio que, en el futuro cercano, podría acarrearle inconvenientes. El microcosmos en el que Marco Rubio nace, crece y deviene político resulta determinante para entender la complejidad del personaje. Durante los años setenta y ochenta Miami se convirtió en el epicentro de la actividad criminal transnacional articulada con los más prominentes cárteles sudamericanos, muy especialmente el Cártel de Medellín. Es cierto que el desarrollo económico y urbano de la ciudad fue extraordinario. Sin embargo, la violencia y la corrupción de la vida política y pública se convirtieron en fenómenos que la identifican y la marcan hasta nuestros días.

El relato acerca de la meteórica carrera política de Marco Rubio obvia, con frecuencia, su lado más oscuro: una lista bastante extensa de personajes, sucesos, investigaciones y decisiones de órganos de justicia estatales y federales. Orlando Cicilia, David Rivera, Joe Steinger, Alan Mendelsohn, así como los Comités de Acción Política (PAC por sus siglas en inglés) Floridians for Conservative Leadership y Ophthalmology resultan nombres incómodos que lo acompañarán durante toda su vida pública. La relación del actual secretario de Estado con estos ha suscitado no pocas suspicacias e investigaciones periodísticas de prestigiosos medios de prensa. Cabe subrayar que, en paralelo, su nombre se repite en numerosos informes confidenciales de la Administración de Control de Drogas (DEA) y el Buró Federal de Investigaciones (FBI).

El relato acerca de la meteórica carrera política de Marco Rubio obvia, con frecuencia, su lado más oscuro: una lista bastante extensa de personajes, sucesos, investigaciones y decisiones de órganos de justicia estatales y federales.

El matrimonio de su hermana Bárbara Rubio con Orlando Cicilia —subordinado en el negocio de importación de drogas al connotado criminal cubanoamericano Mario Tabraue— lo convirtió en testigo presencial de un allanamiento de la DEA en su propia casa de West Kendall. Se han documentado evidencias de la influencia que ejerció Rubio para que Cicilia recuperara su licencia de operador inmobiliario una vez salido de prisión.

Su amistad con el político de origen cubano David Rivera —detenido desde 2022 por agencia extranjera no registrada, lavado de dinero y conspiración—es de larga data. Ambos integraron en 1992 el equipo de campaña del congresista cubanoamericano Lincoln Díaz-Balart. Entre 2000 y 2013, la política los hizo inseparables: compartieron no solo residencias en Tallahassee —donde compraron una casa juntos— y Washington DC, sino también lealtades y transacciones dudosas con los PAC Floridians for Conservative Leadership y Ophthalmology. A finales de marzo inició el juicio en el que Rivera deberá responder a una decena de cargos federales y en el que Marco Rubio fue llamado a declarar. El informe fiscal afirma que Rivera recibió fondos ilegales de Venezuela para favorecer negocios de PDVSA y abrir canales de comunicación entre Miraflores y la Casa Blanca e informes oficiales confirman la participación y el conocimiento de Rubio sobre estas acciones. En su declaración, el secretario de Estado afirmó conocer a Rivera, a quien llamó un “amigo cercano”, pero argumentó que no conocía de sus labores de cabildeo, a pesar de que en 2017 sostuvo una reunión con él, Raúl Gorrín, entonces propietario de Globovisión y el dirigente opositor venezolano Henry Ramos Allup.  Rubio no es nombrado en la acusación formal ni ha sido acusado de irregularidades durante el juicio que se espera termine a finales de abril. Pero volvamos a su pasado.

LA LEALTAD FLEXIBLE DE UN TIPO DURO

Marco Rubio estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Florida y en 1996 obtuvo el título de Juris Doctor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Miami. Ya desde antes de graduarse participó de la política universitaria en Florida, siempre en el Partido Republicano. En 1998 se casó con Jeanette Dousdebes, hija de inmigrantes colombianos, cristiana devota y conservadora, y logró ser nombrado comisionado de la vecindad mayoritariamente hispana de West Miami. Con 28 años fue elegido por primera vez para la Cámara de Representantes de Florida. Fue reelegido en 2000, 2002, 2004 y 2006, cuando se convirtió en presidente (speaker) de la Cámara local con el respaldo del entonces gobernador Jeb Bush, hermano del presidente George W. Bush. Fue el primer cubanoamericano en ocupar ese cargo.

…se casó con Jeanette Dousdebes, hija de inmigrantes colombianos, cristiana devota y conservadora, y logró ser nombrado comisionado de la vecindad mayoritariamente hispana de West Miami.

En su primer discurso como presidente de la Cámara, Rubio evocó la experiencia de una joven madre soltera, argumentando que el gobierno tenía la obligación moral de ayudarla. Las palabras de Marco arrancaron lágrimas de los viejos ojos del gobernador Bush: “No recuerdo ninguna ocasión en que me haya sentido más orgulloso de ser republicano, Marco”, le dijo más tarde, y lo condecoró con una espada dorada, “la espada de un gran guerrero conservador” dentro del folklore del clan Bush. El mismo día de su discurso, Rubio colocó en el escritorio de cada legislador un libro titulado 100 ideas innovadoras para el futuro de Florida. Las páginas estaban en blanco; él dijo que quería llenarlas con propuestas de los votantes. “Fue algo ingenioso ―admitió un lobbista local―, Marco no tenía muchas ideas propias”.

En 2010, Rubio aprovechó las elecciones de medio término del gobierno de Barack Obama para saltar a la política nacional y se postuló a senador por Florida. Competía contra el gobernador Charlie Crist, quien abandonó el Partido Republicano para candidatearse como independiente. Crist había gobernado como moderado y apoyó un plan de estímulo económico de Obama. Rubio entendió que los republicanos de Florida se estaban volviendo más conservadores y consiguió el apoyo del Tea Party. Adoptó su plataforma, argumentó que Obama estaba llevando al país a la bancarrota, y prometió bajar los impuestos y reducir el gobierno. También difundió una foto de Crist abrazando a Obama en un acto público. Ganó con el 49% de los votos. Paso a la derecha.

Como senador, Rubio formó parte del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y del Comité de Inteligencia, que supervisa las agencias de Estados Unidos. Esa experiencia no solo le dio una visión del mundo a un político local que hasta entonces apenas si había salido del país como turista, también le dio un perfil político: se posicionó como heredero de Ronald Reagan, abogando por un anticomunismo sin fisuras, una presencia militar global y robusta, y un apoyo a los derechos humanos en todo el mundo. Sancionó una ley contra la importación de productos provenientes de Xinjiang, vinculados al trabajo forzado de la minoría uigur; codirigió la Ley VERDAD (Venezuela Emergency Relief, Democracy Assistance, and Development Act), orientada a la “asistencia humanitaria” y la “transición democrática” en Venezuela; y legisló para imponer sanciones a funcionarios venezolanos y cubanos que violen los derechos humanos. En 2014, tras la invasión rusa de Crimea, Rubio pronunció un discurso pidiendo una respuesta enérgica contra Vladimir Putin. Siempre legisló en oposición a los gobiernos de Obama y Joe Biden pero supo tomar distancia del fiscalismo minarquista del Tea Party cuando las circunstancias lo requirieron: creó un sistema de cheques para auxiliar a pequeñas empresas durante la pandemia de COVID-19, duplicó el crédito fiscal federal por hijo para las familias trabajadoras y lideró la ampliación de atención médica a veteranos expuestos a sustancias tóxicas. Asimismo, aseguró financiación para los esfuerzos de restauración de los Everglades en Florida. Paso al centro.

Las palabras de Marco arrancaron lágrimas de los viejos ojos del gobernador Bush: “No recuerdo ninguna ocasión en que me haya sentido más orgulloso de ser republicano, Marco”, le dijo más tarde, y lo condecoró con una espada dorada…

El senador Rubio causaba buena impresión incluso entre sus adversarios: afable en el trato, buen conversador, lector voraz, autor de sus propios discursos, favorito de la audiencia televisiva. Luego de la victoria de Obama en 2012, los líderes del Partido Republicano buscaron atraer votantes latinos suavizando su postura frente a la inmigración ilegal, y acordaron un compromiso legislativo con los demócratas para legalizar a los millones de inmigrantes indocumentados ya presentes en el país. Entre el grupo de ocho senadores republicanos que auspiciaban el acuerdo estaba Marco Rubio, el único latino, el conservador floridano con buena llegada en Fox News. El “Salvador Republicano”, como tituló la portada de la revista Time. Pero cuando la oposición al acuerdo creció entre la derecha republicana, de la mano de Rush Limbaugh y del por entonces joven e ignoto asistente del Senado Stephen Miller, Marco Rubio sondeó sus posibilidades presidenciales y decidió retirar su apoyo, dejando así morir el proyecto. Paso a la derecha.

En 2016 Rubio fue reelecto como senador pero ya se había presentado como precandidato presidencial por el Partido Republicano. Entre sus muchos competidores estaban su mentor Jeb Bush, quien se sorprendió para mal de ver a su protegido enfrentándolo en una primaria, y el entonces inverosímil Donald Trump. Rubio apuntó contra este último, aparentemente un blanco fácil: lo llamó  “estafador”, “errático” y se burló de sus “manos pequeñas”, insinuando una correlación con sus genitales. Trump respondió llamándolo “Little Marco”. No le hacía falta más: era favorito entre los votantes republicanos de Florida y la comunidad cubanoamericana. En la primaria de su propio estado, Rubio obtuvo el 27% de los votos contra el 45% de Trump y optó por replegarse al Senado. Era la primera elección que perdía en su vida. Después de la victoria de Trump, Rubio se convirtió en un aliado legislativo del nuevo presidente, apoyando sin reservas sus políticas.  Paso atrás y giro a la derecha.

Luego de la derrota trumpista de noviembre de 2020, Rubio se distanció de la teoría del fraude electoral sostenida por Trump y condenó el asalto al Capitolio de enero de 2021. Paso al frente y de nuevo al centro.

Logró ser reelecto senador en 2022 con más votos que nunca, y renovó su postura de máxima presión hacia Cuba, Venezuela y Nicaragua, aunque criticando la asistencia militar de Biden a Ucrania por considerarla “poco realista”. Paso a la derecha.

El senador Rubio causaba buena impresión incluso entre sus adversarios: afable en el trato, buen conversador, lector voraz, autor de sus propios discursos, favorito de la audiencia televisiva.

Fuertemente posicionado en el establishment washingtoniano, Marco no escribe Miami-Dade en pasado. La casa paterna, los vecinos, los amigos de la infancia, el cafecito del Versalles y, sobre todo, su sólida alianza con los “Crazy Cubans” —los legisladores federales Carlos Giménez, María Elvira Salazar y Mario Díaz-Balart— forman parte esencial de su identidad, acción y compromiso políticos. De otro lado, sus vínculos con la élite antioqueña, y en especial con el expresidente Álvaro Uribe, son más que conocidos, y se expresan en su oposición férrea a los diálogos y acuerdos de paz de La Habana, así como en su influencia en la descertificación de Colombia bajo el gobierno de Gustavo Petro. Paso a la derecha.

CONCENTRACIÓN DE PODER RELATIVO

A medida que se acercaban las elecciones de 2024, Rubio estaba en la lista de candidatos para vicepresidente, pero, a diferencia de JD Vance, no hizo campaña para el puesto. “¿Por qué no me llama?”, preguntó Trump varias veces a su entorno. Se rumorea incluso que cada vez que Vance hacía una declaración torpe, Trump murmuraba que habría estado mejor con Rubio. Trump evidentemente lo quería cerca. Finalmente, Rubio se incorporó al segundo gobierno MAGA, y el presidente lo premió con cuatro cargos: secretario de Estado, consejero de Seguridad Nacional (en funciones), administrador interino de la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional (USAID) y jefe en funciones de la Administración Nacional de Archivos y Registros (NARA). Pero los republicanos recordaban su derrotero como senador neoconservador, afanado en imponer la democracia en todo el mundo. ¿Cómo iba a gestionar la política del America First?

Delineada en el Proyecto 2025 de la Fundación Heritage, la nueva política exterior de Trump se centraría en dominar el hemisferio occidental, dejando Eurasia para China y Rusia. El objetivo no sería la diplomacia sino el comercio, con aranceles sobre casi todos los bienes importados, y reducir gastos de política exterior para el contribuyente norteamericano. Tom Shannon, diplomático con treinta y cuatro años de carrera y secretario de Estado interino durante el primer gobierno de Trump, señala que el punto de quiebre de la decadencia estadounidense que los obligaba a ese repliegue comenzó tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, cuando Estados Unidos se lanzó a guerras que salieron terriblemente mal. “Gastamos miles de millones de dólares en Irak y Afganistán, y todo lo que obtuvimos fueron chicos muertos”, dijo. “¿Cuántos hospitales en los Estados Unidos, cuántas escuelas, cuántas carreteras, cuántas universidades gratuitas podríamos haber construido con ese dinero?”.

Se rumorea incluso que cada vez que Vance hacía una declaración torpe, Trump murmuraba que habría estado mejor con Rubio. Trump evidentemente lo quería cerca.

Una vez más, Rubio supo adaptarse. Un funcionario trumpista lo explica así: “El partido ha cambiado. Marco ha evolucionado. El presidente ha evolucionado en sentido contrario. Así que, para cuando se reunieron en enero, realmente no había mucha diferencia. Y en la mente de Marco no hay duda alguna de quién manda”. El propio Rubio había anticipado ese giro en su libro Decades of Decadence: How Our Spoiled Elites Blew America’s Inheritance of Liberty, Security, and Prosperity escrito en 2023, en el que atacaba a los dirigentes republicanos y demócratas, acusándolos de confabular para destruir a la clase trabajadora exportando empleos al extranjero, y abogaba por un despliegue de recursos más focalizado, orientado a confrontar a China.

Ya como secretario de Estado —Rubio confirmó sus cuatro puestos gubernamentales en el Senado en una votación de noventa y nueve contra cero— afirmó que “la principal prioridad del Departamento de Estado será Estados Unidos. Cada decisión debe responder a tres preguntas: ¿Hace que EE.UU. sea más seguro?, ¿más fuerte?, ¿más próspero?”. Este enfoque retóricamente aislacionista del America First convive, sin embargo, con un intervencionismo activo en América Latina. En su papel de ejecutor y habilitador de la política exterior trumpista, la posición de Rubio es de influencia incierta y cambiante. Trump no cree en mantener relaciones estables con sus aliados y socios comerciales, que es la principal tarea del secretario de Estado por fuera de resolver crisis. El trabajo más relevante de Rubio termina siendo asesorar al presidente en privado. “Marco ve al presidente más que cualquier otra persona”, dijo un alto funcionario de la Casa Blanca. Algunos observadores creen que Rubio está tratando de aportar consistencia y equilibrio a una administración turbulenta. “Está haciendo todo lo posible por moderar los peores impulsos de Trump”, dijo un ministro de Relaciones Exteriores europeo. “Le susurra al oído a Trump. Pero su influencia tiene límites”. Debe competir por el oído del presidente en política exterior con su jefa de gabinete, Susie Wiles —hoy con una licencia médica—, con el secretario del Tesoro, Scott Bessent, con JD Vance y hasta con Stephen Miller.

Por otro lado, la Casa Blanca puso comisarios políticos en el Departamento de Estado. Ni Christopher Landau ni Jacob Helberg, los subsecretarios, ni Michael Anton, director de la Oficina de Planificación de Políticas, son de su entorno de confianza. “Marco tiene a su alrededor personas que claramente no eligió y que lo vigilan”, afirmó un funcionario. Y parte de su poder como consejero de Seguridad Nacional fue arrebatado. El Consejo fue drásticamente reducido y las tres cuestiones de seguridad nacional más apremiantes —las guerras en Gaza, Ucrania e Irán— han sido cedidas en gran medida a Steve Witkoff, un empresario neoyorquino que es amigo de Trump desde sus primeros días como promotor inmobiliario, cuyo enfoque consiste en minimizar los compromisos de Estados Unidos e impulsar el comercio y la inversión, y ahora al vicepresidente. En muchos de los lugares en donde el gobierno de Trump ha centrado sus esfuerzos diplomáticos, parientes de altos funcionarios —incluidos los hijos de Witkoff, los hijos de Trump y Jared Kushner— han firmado lucrativos acuerdos comerciales. Rubio es el único en este panteón que no tiene dinero propio.

“Le susurra al oído a Trump. Pero su influencia tiene límites”. Debe competir por el oído del presidente en política exterior con su jefa de gabinete, Susie Wiles —hoy con una licencia médica—, con el secretario del Tesoro, Scott Bessent, con JD Vance y hasta con Stephen Miller.

Así, Rubio debe elegir sus batallas. “No quiere tocar Gaza de ninguna manera, forma ni fondo ―dicen en la Casa Blanca―. No quiere ser el que decida cuándo ser duro con Bibi. Solo quiere ser pro-Israel. Por otro lado, Marco tiene un interés mayor en América Latina que el presidente”.

Rubio fue uno de los principales defensores de la Operación Epic Fury de ataques militares conjuntos con Israel contra Irán. Durante una visita a Guatemala, también describió la propuesta de Trump de que los palestinos abandonen “temporalmente” la Franja de Gaza para reconstruirla como una oferta “generosa” y no “hostil”. En otros casos, se puso al frente de decisiones contradictorias con su propia trayectoria. Celebró los recortes de USAID, “el cierre de una agencia que hace tiempo se descarriló”, a pesar de que en 2022 urgió a Biden a aumentar el presupuesto de la agencia para contrarrestar la influencia china. En la entrevista del Miércoles de Ceniza, se refirió al conflicto en Ucrania: “Pedimos a los ucranianos que no saboteen la paz”, en contra de su propia postura proucraniana de 2014. También se puso al frente de la política inmigratoria de Trump, revocando las visas de al menos ochenta y cinco mil personas, muchas de ellas estudiantes en universidades estadounidenses, alegando que representan una amenaza para los “ciudadanos, la cultura, el gobierno, las instituciones o los principios fundacionales” de los Estados Unidos. Muchos de los inmigrantes expulsados eran cubanos. Rubio acusó a Cuba, Nicaragua y Venezuela de ser los causantes de la crisis migratoria: “si no fuera por esos tres regímenes no habría una crisis migratoria, porque son países donde sus sistemas no funcionan. Son enemigos de la humanidad”.

En febrero de este año, Rubio fue expositor en la Conferencia de Seguridad de Múnich, donde reorientó varias posturas y desplegó un discurso más conciliador  no solamente con Europa sino con China, lo que fue tomado por propios y extraños con sorpresa y como el lanzamiento de su camino a la Casa Blanca al mostrar un rostro más cercano a los cánones de la diplomacia. “Como las dos mayores economías del mundo, dos de las grandes potencias del planeta, tenemos la obligación de comunicarnos y dialogar. Lo mismo ocurre con muchos de ustedes a nivel bilateral. Sería un error geopolítico no dialogar con China”, sostuvo en aquella ocasión.

AMÉRICA LATINA Y EL FUTURO POLÍTICO DE RUBIO

Sin embargo, la prioridad de Rubio es a todas luces América Latina, primera región del mundo que visitó como secretario de Estado y con la que tiene un vínculo que lo determina. Hasta tal punto que pareciera que el orden jerárquico trumpista se invierte: Ross Douthat, del New York Times, argumentó que la política belicista que podría haberse esperado de un hipotético presidente Rubio hacia la región está presente en el segundo mandato de Trump, con Rubio como su principal ejecutor. La presencia de Rubio parece suficiente para romper el aislacionismo MAGA hacia un intervencionismo propio de un neoconservador.

…la prioridad de Rubio es a todas luces América Latina, primera región del mundo que visitó como secretario de Estado y con la que tiene un vínculo que lo determina.

Durante la Cumbre del Escudo de las Américas que se celebró el 6 de marzo de 2026 en el Trump National Doral Miami, Trump recibió a más de una docena de jefes de Estado latinoamericanos alineados con su administración. Allí Rubio habló en español fluido ante los mandatarios, y se dirigió al presidente: “En el pasado, muchos presidentes prometieron priorizar Latinoamérica y no lo hicieron, y usted lo está haciendo en este momento, en el hemisferio. Gracias por su liderazgo audaz. Los países que están aquí representados son más que aliados, son amigos”.

En el primer gobierno de Trump, Rubio se concentró en Venezuela como plataforma para alcanzar el cambio de régimen en Cuba. En el segundo mandato, con mucho más poder acumulado, pasó de la presión diplomática y económica a la acción militar directa. Al principio, Trump encomendó la tarea de lidiar con Venezuela no a Rubio sino a su enviado Richard Grenell, un exembajador en Alemania que buscaba un acuerdo con el régimen venezolano: logró la liberación de seis prisioneros estadounidenses, un acuerdo para aceptar deportados de los Estados Unidos e inició conversaciones para dar a las compañías petroleras estadounidenses mayor acceso a Venezuela. “Maduro estaba totalmente dispuesto a dar prioridad a las empresas estadounidenses”, dijo un empresario de esa nacionalidad que habló con Trump. Pero el acuerdo de Grenell se cayó cuando los congresistas cubanoamericanos de Miami protestaron por el hecho de que Trump estaba haciendo negocios con un dictador. Dejaron claro que, a menos que retomara su línea dura contra Maduro, votarían en contra de su proyecto de ley de impuestos. No faltó quien sospechara del exsenador Rubio como gestor de esa maniobra parlamentaria.

La nueva estrategia para Venezuela fue elaborada en reuniones en la Casa Blanca con Stephen Miller: cerrar progresivamente el cerco a Maduro, incluir al improbable Cártel de los Soles en la lista de organizaciones terroristas, duplicar la recompensa por la captura del presidente y desplegar buques estadounidenses en el Caribe. En la madrugada del 3 de enero de 2026 el cerco llegó a su punto máximo: fuerzas estadounidenses ingresaron a territorio venezolano y secuestraron al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores. Rubio fue el encargado de defender el operativo ante la prensa: “Esto no fue una invasión, no ocupamos ningún país… Esto no es Medio Oriente y nuestra misión aquí es muy diferente. Esto es el hemisferio occidental” y de comunicarse con la presidenta interina venezolana, con quien mantiene un vínculo de estrecha coordinación hasta hoy. Esto último debe haber sido una pastilla dura de tragar: en lugar de trabajar con su aliada María Corina Machado, Rubio se vio obligado a tratar directamente con Delcy Rodríguez y legitimar así la continuidad del chavismo que ha combatido durante años, en lugar de apostar por un cambio de régimen.

…en lugar de trabajar con su aliada María Corina Machado, Rubio se vio obligado a tratar directamente con Delcy Rodríguez y legitimar así la continuidad del chavismo que ha combatido durante años, en lugar de apostar por un cambio de régimen.

El operativo fue la culminación de años de trabajo de Rubio, el logro más importante de su carrera: hacer confluir en torno a Venezuela los intereses de actores dispares del gobierno estadounidense, incluyendo al secretario de Guerra Pete Hegseth y al vicepresidente Vance. El secuestro de Maduro también restauró la popularidad de Rubio entre su base de latinos conservadores, después de que la cancelación del programa de visas humanitarias para venezolanos y cubanos hubiera provocado la aparición de grafitis con la palabra “traidor” bajo su nombre en Miami-Dade. Además, reforzó el cerco sobre Cuba, otra de sus prioridades.

Dado que Trump no puede buscar la reelección en 2028 según la Constitución, la nominación republicana está abierta. El heredero natural debiera ser el vicepresidente JD Vance. Pero las operaciones de Venezuela e Irán recotizaron la candidatura de Rubio. Los mercados de predicción reflejan ese cambio: en Kalshi, las probabilidades de Rubio para la nominación republicana subieron a un máximo del 32%, desde alrededor del 20% antes de la Operación Epic Fury en Irán. Vance lidera aún las probabilidades con el 38%. En Polymarket, la brecha sigue siendo amplia: 38,5% para Vance y 26% para Rubio.

Rubio prometió públicamente apoyar a Vance si este se postula en 2028. Pero varios analistas consideran que estas declaraciones no excluyen una candidatura propia. Y todos recuerdan la dudosa lealtad de Rubio con su mentor Jeb Bush en las primarias de 2016. En todo caso, y de manera paradójica para una administración que sostuvo la bandera aislacionista, la suerte de los candidatos MAGA se define en buena medida por su actuar en el exterior. Sin embargo, la consultora política Brittany Martinez advirtió a Newsweek que la visibilidad en una crisis externa no se traduce automáticamente en fuerza política interna duradera, especialmente cuando los conflictos subyacentes son complicados y no inteligibles para todo el público.

Venezuela, por su parte, es la prueba más importante para Rubio. Un cambio de régimen pacífico bajo presión sería un triunfo. Pero también es fácil imaginar un escenario de connivencia con los restos domesticados del régimen chavista. En cuanto a Cuba, actuar de forma precipitada podría ser contraproducente. Como dijo el escritor Fernando de Morais, autor del libro Los últimos soldados de la Guerra Fría: “El gobierno de Trump ya aprendió que Venezuela no es Irak. Quizás no se ha dado cuenta de que Cuba podría ser el nuevo Vietnam”. E Irán podría ser el nuevo Irak.

Sin embargo, Rubio es un hombre que tiene un talento nato para sobrevivir a los cambios y turbulencias. Como buen político construye historias, sabe medir los tiempos y baila al son de la música que suene en el momento. A sus 54 años sabe que le espera todavía un largo camino en la política y su horizonte puede extenderse más allá de 2028.

Rubio es un hombre que tiene un talento nato para sobrevivir a los cambios y turbulencias. Como buen político construye historias, sabe medir los tiempos y baila al son de la música que suene en el momento.