El presidente saliente Gustavo Petro realizó su último acto público en el Parque Principal de Soacha, donde despidió su mandato con un discurso cargado de denuncias políticas. En su alocución, Petro insistió en su tesis de un presunto fraude electoral digital en favor de su sucesor, Abelardo de la Espriella, asegurando que hubo manipulación algorítmica y 500 mil votos falsos, y señaló al registrador como un supuesto cómplice. Sin embargo, esa versión fue contrastada horas antes por el informe final de la auditoría externa del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH), que respondió al presidente que no existe evidencia de alteración sistemática en los comicios del 21 de junio.
El mandatario lanzó además un pronóstico controversial al asegurar que el gobierno entrante “no duraría los cuatro años” y que, según sus fuentes, en círculos estadounidenses ya se refieren a De la Espriella como “Abelardo el Breve”. Petro convocó a la ciudadanía a una “desobediencia pacífica” para frenar el desmonte de sus reformas y advirtió sobre un supuesto plan para decretar un estado de conmoción interior el día de la posesión. En un tono más grave, alertó sobre un plan para capturarlo, a la que respondería con la convocatoria a una huelga general indefinida si esa situación llegara a ocurrir; aunque, al igual que con respecto al fraude, no presentó pruebas documentales sobre estas amenazas durante su intervención.
El acto tuvo un cierre para algunos emotivo y familiar, para otros desatinado, cuando Antonella Petro, hija del presidente, tomó la palabra para exclamar que su padre “fue nuestro presidente”, un momento que acaparó la atención en redes sociales con reacciones divididas. Con este evento en Soacha, Gustavo Petro cierra formalmente su ciclo como jefe de Estado y anuncia su retorno a la oposición, en medio de un clima político polarizado y con la promesa de una resistencia popular que, según sus propias palabras, apenas comienza frente al nuevo gobierno que asumió este viernes 7 de agosto.

