Durante el inicio de su gira por Europa, la participación del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en la IV Cumbre en Defensa de la Democracia, realizada en Barcelona, y sus agendas paralelas como la “Global Progressive Mobilisation” destacaron en los medios locales por la importancia de la reactivación de la relación bilateral con España y el liderazgo de Lula en agendas globales.
A pesar de las críticas que este encuentro generó en la derecha brasileña, tuvo una respuesta positiva en los medios de comunicación en general, destacando su llamado de “no a la guerra” y enfatizando la importancia de atraer oportunidades de inversión gracias a los encuentros que el mandatario sostuvo con empresarios españoles, lo cual ayudaría a la generación de empleos e incentivación económica. En este sentido, se destacó el hecho de que España sea el segundo socio comercial de Brasil y el acierto de haber realizado estas reuniones.
En tanto, en el marco de su participación en la Hannover Messe 2026, Lula sostuvo reuniones con el canciller Friedrich Merz con el objetivo de fortalecer la relación bilateral y ampliar la cooperación en temas como transición energética, innovación industrial y multilateralismo. Asimismo, destacó avances internos de Brasil en materia social y económica así como su agenda de neoindustrialización.
En Lisboa, destacó que Portugal puede ser la principal puerta de entrada de empresas brasileñas a la Unión Europea ante la entrada en vigor del Acuerdo Mercosur-UE. Además, respaldó la candidatura de Michelle Bachelet, ex presidenta de Chile, para la Secretaría General de la ONU, subrayando la importancia de reforzar la cooperación internacional.
En general, cabe señalar que, si bien la participación del presidente Lula da Silva en estos encuentros fortaleció su imagen entre simpatizantes, dejó relativamente indiferente a una parte del público general según analistas, evidenciando los límites y alcances del impacto político de este tipo de foros en la percepción ciudadana.

