El 16 de junio, la Primera Sala del Tribunal Supremo Federal de Brasil condenó al exdiputado Eduardo Bolsonaro a cuatro años y dos meses de prisión por coacción, además de imponerle ocho años de inhabilitación para ejercer cargos públicos, al considerar que impulsó presiones desde Estados Unidos contra Brasil para que Washington interfiriera a favor de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado por el intento de golpe de Estado que cometió en 2022.
Al respecto, la defensa de Bolsonaro sostuvo que únicamente mantuvo un diálogo político sin capacidad de decisión sobre la política exterior estadounidense; no obstante, el juez Alexandre de Moraes y los demás magistrados concluyeron que difundió información falsa y sus acciones perjudicaron a Brasil. Eduardo Bolsonaro, quien reside en Estados Unidos desde el año pasado y perdió su escaño por ausencia en la Cámara de Diputados, no deberá cumplir la pena mientras permanezca fuera del país.
La condena provocó que Donald Trump, presidente de los Estados Unidos –quien se encontraba en Francia atendiendo la cumbre del G7, a la que también asistió Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil– calificara a Brasil como un país turbulento y peligroso políticamente; sin embargo, medios de comunicación aseguraron que confundió la sentencia con un arresto y también identificó erróneamente al exdiputado con su hermano, el senador Flávio Bolsonaro, candidato en las elecciones del 4 de octubre.
A las declaraciones del mandatario estadounidense, el mandatario brasileño respondió que sabe poco de su país y le pidió no interferir en los comicios al ser asunto interno, lo que volvió a tensar la relación bilateral.

