A días de la posesión presidencial, que finalmente se celebrará en Cali luego de que el Congreso de la República otorgara su autorización definitiva, el gobierno entrante de Abelardo de la Espriella se encuentra inmerso en un proceso de transición. La designación de su gabinete avanza con casi la totalidad de ministerios ya confirmados, cumpliendo con la ley de cuotas que exige paridad de género, por lo que las carteras restantes deberán ser ocupadas por mujeres. El mandatario electo ha iniciado con una serie de consejos de ministros y encuentros regionales; el primero de ellos se llevó a cabo en Barranquilla, donde se revisaron los informes de empalme entregados por su vicepresidente, José Manuel Restrepo, y se abordaron temas críticos como la crisis de seguridad y el estado de las finanzas públicas heredadas del gobierno de Gustavo Petro.
En el frente internacional, Restrepo ha acelerado su agenda diplomática con una gira que incluyó una reunión con la ministra de Economía de El Salvador, María Lucía Hayem, acompañado del designado ministro de Comercio, Industria y Turismo, Mauricio Gómez Amín. El encuentro buscó establecer una ruta de trabajo para identificar espacios para los productos y servicios colombianos, promover proyectos de inversión y facilitar la participación de las pymes en el intercambio bilateral. Esta actividad se suma a la visita que Restrepo realizó el 28 de julio a Perú, donde asistió a la posesión de Keiko Fujimori y sostuvo conversaciones con mandatarios como el presidente de Argentina, Javier Milei.
En el plano interno, una de las promesas que más ruido ha generado es la de la descentralización. De la Espriella ha impulsado una narrativa de gobernanza desde las regiones, materializada en empalmes territoriales que ya cubren un cuarto de los departamentos, con citas en Cúcuta, Casanare y próximas paradas en Santander y Antioquia. Su intención de resignificar la oficina de la Presidencia, estableciendo sedes rotativas en Cali, Medellín y Barranquilla, y convirtiendo a esta última en una capital alterna, ha sido recibida con escepticismo por varios mandatarios locales. Estos líderes consideran que la verdadera descentralización exige mayores retos de ejecución y la necesidad de destrabar en el Congreso la reforma al flujo de recursos y competencias, criticando que, pese al discurso regionalista, el equipo entrante no ha respaldado el aumento de las transferencias territoriales y prefiere mantener el control del presupuesto.
Finalmente, el escenario político se ha tensado con la irrupción del abelardismo en el espectro de la derecha, desatando una lucha abierta por el liderazgo ideológico de cara a las elecciones de 2027. A pesar del respaldo inicial que el Centro Democrático, liderado por el expresidente Álvaro Uribe, brindó al nuevo gobierno, los choques en redes sociales y las posturas de algunos senadores uribistas han escalado hasta convertirse en una disputa por la vocería de la oposición. El senador Rafael Nieto se opuso a la posesión en un recinto militar y denunció una “guerra sucia” contra el nuevo movimiento, aunque luego moderó sus declaraciones. Mientras tanto, el mensaje de Carlos Suárez, estratega de De la Espriella, pidiendo a Uribe “pasar la página”, ha encendido las alarmas en el uribismo, que teme ser desplazado del mapa político. A este pulso se suma el favorable mapa de fuerzas en las presidencias de comisiones del Congreso que ya empieza a dibujarse para el primer año legislativo, lo que evidencia el respaldo inicial con el que cuenta el nuevo mandatario en el Legislativo, en un tablero que promete definir los primeros movimientos de su gobierno y el equilibrio de poder en los próximos meses.

