El secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco Álvarez, se reunió el miércoles 26 de agosto en Washington con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en el primer encuentro formal entre ambos. Tras el encuentro, ambos difundieron sus respectivos balances: Velasco destacó los avances alcanzados y calificó el esquema de cooperación en seguridad como el que “ha dado los mayores resultados en la región”, mientras Rubio afirmó haber pedido “acciones decisivas” para poner fin a la inmigración ilegal, detener el tráfico de fentanilo y desmantelar a las organizaciones terroristas extranjeras y los cárteles.
El canciller mexicano reiteró que la relación se sostiene en “el respeto a la soberanía y a la integridad territorial, la responsabilidad compartida, la confianza mutua y la colaboración sin subordinación”, una fórmula que el gobierno mexicano repite invariablemente. La visita incluyó además reuniones con el subsecretario de Estado para Asuntos Económicos, Jacob Helberg, sobre innovación, inteligencia artificial, semiconductores y cadenas de suministro, y con el subsecretario del Departamento de Seguridad Interior, Troy Edgar, ante quien Velasco reclamó medidas para frenar las muertes de personas mexicanas en centros de detención migratoria. El embajador de México en Estados Unidos, Roberto Lazzeri Montaño, que acompañó al canciller, subrayó después que la interlocución directa y permanente es fundamental para seguir avanzando.
El acercamiento ocurre sobre un fondo de expedientes abiertos. El gobierno estadounidense reclama la entrega de 10 funcionarios y exfuncionarios señalados por presuntos vínculos con la facción de Los Chapitos del cártel de Sinaloa, entre ellos el gobernador con licencia de ese estado, Rubén Rocha Moya. A ello se suman la presencia de agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en operaciones de campo en Chihuahua y el retiro de la visa a Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, que el gobierno mexicano interpretó como injerencia política.
En paralelo, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, negociaba en la misma ciudad un acuerdo que evite nuevos aranceles. México busca reducir el gravamen del 25% que enfrenta el sector automotriz y el del 50% aplicado al acero, ambos derivados de la Sección 232 y distintos de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), cuya cuarta ronda formal se prevé para septiembre sin fecha definida. El telón de fondo es la ruptura entre Washington y Ottawa, que derivó en aranceles del 50% sobre productos canadienses por unos 20 mil millones de dólares y en represalias anunciadas para el 8 de septiembre. Ebrard advirtió que esa tensión no favorece a México y rechazó estar aprovechándola, aunque sostuvo que México conserva hoy la mejor posición comercial frente a los demás socios de Estados Unidos.

