La inflación de julio, según el INDEC, se aceleró y alcanzó el 1,9%, superando las previsiones del mercado y manteniéndose por debajo del índice porteño, que fue del 2,5%. De esta manera, el Índice de Precios al Consumidor acumula un alza de 17,3% en lo que va del año y de 36,6% en los últimos doce meses. Este dato refleja un leve repunte inflacionario en el contexto de una economía marcada por la inestabilidad y la presión de distintas variables macroeconómicas.
En paralelo, el impacto de los aumentos de precios en la vida cotidiana se evidencia con claridad: en julio, una familia tipo necesitó un millón 149 mil pesos para no ser pobre, casi cuatro salarios mínimos, según la Canasta Básica Total del INDEC. Tanto la CBT como la alimentaria crecieron al mismo ritmo que la inflación general. El Salario Mínimo actual se sitúa en 317 mil 800 pesos, mostrando una brecha preocupante entre ingresos y necesidades básicas. Incluso llenar un carrito de supermercado cuesta más de dos salarios mínimos en cualquier provincia; en Santa Cruz, el costo trepa a 769 mil 319 pesos, mientras que en Misiones el valor más bajo ronda los 691 mil 579, ambos muy por encima de los ingresos mínimos establecidos.
El mercado financiero atraviesa semanas de alta tensión: mientras en Wall Street los activos argentinos sufrieron importantes caídas, el mercado local se vio alterado por medidas contractivas del Banco Central, como la suba de encajes y la severización de multas para bancos. Pilar fundamental de la estrategia oficial para absorber la liquidez excedente, estas medidas buscan limitar la presión sobre el dólar y la inflación, pero generan efectos negativos en los activos y la actividad económica. El fracaso de la última licitación de deuda, donde solo se renovó el 61% de los vencimientos y fue necesario aceptar tasas de hasta 69% anual, revela la desconfianza de los inversores y la fragilidad de la política financiera actual.
La industria nacional, por su parte, continúa en terreno negativo. El informe de la Unión Industrial Argentina alerta que en julio la actividad se mantuvo estancada respecto a junio y acumula una caída del 10% en lo que va del año comparado con 2023. Las altas tasas de interés, la mayor competencia de bienes importados y la caída del mercado interno complican la recuperación del sector. Aunque algunos rubros muestran tímidos repuntes por la baja base de comparación, la mayoría permanece lejos de los niveles previos al actual gobierno, lo que debilita el entramado productivo y dificulta la salida de la recesión.
Por último, el traslado a precios del salto cambiario de fin de julio comienza a ser perceptible en los levantamientos privados, especialmente en alimentos. La consultora LCG detectó una subida de precios del 3,1% en la primera quincena de agosto. La proyección es que la inflación mensual de agosto rondará el 2%, aunque el dato aún es preliminar y está influido por la reciente estabilización del dólar. Sin embargo, la volatilidad del billete y el exceso de liquidez tras la licitación fallida alimentan la expectativa de nuevos ajustes inflacionarios en el corto plazo, intensificando la presión sobre los hogares y el mercado.

