Canadá y Estados Unidos abrirán a mediados de enero de 2026 conversaciones formales para encarar la revisión del T-MEC, un hito que Ottawa busca ordenar políticamente con las provincias y encuadrar como “discusión continental” más amplia. La oficina del primer ministro Mark Carney informó que el enviado para la relación comercial, Dominic LeBlanc, será quien lance el diálogo con sus contrapartes estadounidenses, en la antesala de un proceso que Washington también viene preparando institucionalmente de cara a 2026.
El tono, sin embargo, llega condicionado por la trastienda de los últimos meses: las negociaciones para un alivio arancelario sectorial (acero, aluminio y autos) habían estado cerca de cerrarse, pero quedaron congeladas en octubre cuando el presidente Donald Trump suspendió las conversaciones tras una campaña publicitaria antiaranceles del gobierno de Ontario. Carney admitió esta semana que, con los tiempos encima, es poco probable un acuerdo por carril separado y que esos expedientes tienden a “rodar” dentro de la renegociación más grande del T-MEC.
Del lado estadounidense, el enviado de EE UU para el acuerdo, Jamieson Greer ya empezó a marcar el terreno: la revisión, dijo, dependerá de destrabar reclamos sobre políticas canadienses en lácteos, alcohol y servicios digitales, y presentó al Congreso un informe sobre el funcionamiento del acuerdo “en avance” de la revisión conjunta del 1 de julio de 2026. En Ottawa, el gobierno subraya lo que está en juego: Canadá sigue siendo el principal mercado de exportación para decenas de estados de EE. UU. y miles de millones en bienes y servicios cruzan la frontera cada día, mientras Carney insiste en que la negociación también toca insumos estratégicos —energía y minerales críticos— donde Canadá tiene alternativas globales.

