Esta semana la fricción comercial con Washington sumó un episodio nuevo en el sector aeronáutico. Donald Trump anunció que EE. UU. avanzaría con el retiro de certificaciones de aeronaves fabricadas en Canadá —mencionando a los Bombardier Global Express— y amenazó con un arancel del 50% a aviones canadienses vendidos en el mercado estadounidense. Según su planteo público, la medida responde a la falta de certificación en Canadá de varios modelos de Gulfstream.
En el plano empresarial e institucional, la empresa Bombardier informó que está en conversaciones con el gobierno canadiens a raíz de la amenaza de Trump. En paralelo, parte de la cobertura técnica subrayó que el uso de la certificación como herramienta de presión comercial abre una zona gris, porque los reguladores suelen fundamentar revocaciones en criterios de seguridad, no económicos.
Un día antes, Mark Carney reunió en Ottawa a los premiers y presentó el enfoque de coordinación federal-provincial “Team Canada”, con un objetivo económico explícito: duplicar las exportaciones no estadounidenses en la próxima década. En ese marco anunció el Team Canada Trade Hub para coordinar esfuerzos internacionales de promoción de inversiones y comercio, y acordó con los gobiernos provinciales sostener apoyo a sectores ya impactados por disputas arancelarias.
Un mismo telón de fondo cubre estos hechos: la preparación para la revisión del T-MEC. En el comunicado oficial, Carney actualizó a los premiers sobre el proceso y se comprometió a mantenerlos informados con reuniones mensuales; días antes, además, había anticipado que la revisión será “robusta”.


