Del 24 al 27 de febrero se celebró en Basseterre, capital de Basseterre, la 50ª Reunión Ordinaria de Jefes de Gobierno de la Comunidad del Caribe (CARICOM), bloque de integración regional conformado por 15 países insulares del Caribe. La cumbre tuvo como principal desafío poder pasar de las declaraciones políticas a la implementación concreta de los compromisos regionales, en un contexto marcado por presiones externas, desafíos de seguridad y vulnerabilidades estructurales.
Entre los principales temas abordados figuraron el impacto de la nueva “Doctrina Donroe”, la grave situación en Haití, la asfixia energética a Cuba y cuestiones estratégicas como la integración económica y el cambio climático. El encuentro se desarrolló además en medio de fuertes presiones de Washington, que durante el último año ha impulsado una política activa para que los pequeños Estados insulares rechacen las misiones médicas cubanas y autoricen una mayor presencia militar estadounidense en el Caribe.
En materia de integración, la reunión incluyó como punto central la implementación del CARICOM Single Market and Economy (CSME) —un espacio de libre comercio en común—. Al cierre, los líderes anunciaron la aprobación de un marco de Política Industrial Comunitaria (Community Industrial Policy Strategy and Framework) orientado a fortalecer la producción regional, promover la diversificación y aumentar el valor agregado caribeño. Los acuerdos apuntan a profundizar la libre circulación de bienes, servicios, capital y, en parte, personas; armonizar regulaciones e incentivos industriales; y articular el CSME con estrategias de digitalización, infraestructura y energía para reforzar la autosuficiencia económica de la región.
Se acordó avanzar en reformas legislativas que permitan operacionalizar en todos los Estados miembros la orden de arresto caribeña (CARICOM arrest warrant), consolidando así un espacio judicial más coordinado.
La cumbre también abrió la puerta a la colaboración internacional en materia de seguridad, incluido Estados Unidos, pero subrayando que cualquier cooperación externa debe inscribirse en una arquitectura de seguridad diseñada y liderada por CARICOM. Los líderes insistieron en vincular el control del crimen con oportunidades económicas y desarrollo comunitario, como estrategia para reducir la vulnerabilidad social que alimenta la violencia.
En el ámbito económico y social, se reafirmó la meta de reducir drásticamente la dependencia de importaciones de alimentos, acelerando la agenda de seguridad alimentaria y nutricional acordada en cumbres anteriores. Ello implica expandir la producción agrícola y pesquera regional, invertir en cadenas de valor —procesamiento local, almacenamiento en frío y logística—, fortalecer la cooperación técnica entre Estados y movilizar financiamiento para infraestructuras rurales resilientes frente a huracanes y sequías.
Durante el discurso de apertura, el primer ministro de Jamaica, Andrew Holness, quien dejó la presidencia rotatoria del bloque, expresó su preocupación ante el riesgo de violaciones de las fronteras caribeñas y defendió el derecho soberano de cada miembro a decidir cómo proteger su territorio y su dominio marítimo.
Aunque crítico del sistema político cubano, sostuvo que la cuestión de Cuba debe abordarse “con claridad y valentía”, recordando que médicos y educadores cubanos han prestado servicios en toda la región y advirtiendo que una crisis prolongada en la isla tendría efectos en migración, seguridad y estabilidad económica para todo el Caribe.

