A menos de un mes para las elecciones presidenciales, las encuestas más recientes revelan que Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Rafael López Aliaga (Renovación Popular) han experimentado una caída en su intención de voto, obteniendo un 9,4% y 11,7% de las preferencias respectivamente. En contraste, figuras como Alfonso López Chau y Wolfgang Grozo han registrado un aumento en su popularidad, alcanzando un 6,8% y 4,3% cada uno. Este movimiento sugiere un desgaste de las opciones de derecha tradicional y una búsqueda del electorado por alternativas que se posicionen fuera del esquema establecido.
El desarrollo de la campaña parece reforzar esta tendencia. La candidata de Fuerza Popular, enfrentó momentos de tensión durante una entrevista con la cadena internacional CNN. Al ser consultada sobre la presencia de candidatos sentenciados en sus listas, Fujimori no supo responder inicialmente, lo que generó críticas sobre el filtro ético de su agrupación. Posteriormente, la candidata sostuvo que todas las personas inscritas en su partido y que hoy aspiran a un cargo público están «rehabilitadas» legalmente para postular, intentando cerrar la controversia.
Wolfgang Grozo por su parte, candidato de Integridad Democrática, se perfila como una sorpresa en los sondeos; sin embargo, su ascenso ha sido empañado por revelaciones recientes. Aunque Grozo negó tener una relación de amistad con el polémico empresario Zamir Villaverde, la difusión de chats lo contradice, mostrando comunicaciones donde lo llamaba «hermano» y le enviaba sus bendiciones. Estas filtraciones, que lo vinculan también con candidatos con sentencias por hurtos y violencia, plantean dudas sobre sus nexos con redes de cuestionada reputación en el pasado político reciente.
Además de la situación de algunos de los candidatos mejor posicionados, la campaña electoral parece carecer de propuestas de fondo que aborden los problemas estructurales del país. En efecto, el debate se ha centrado en medidas consideradas superficiales o demagógicas, como la propuesta de que los presos paguen por su propia comida o la creación de un documento de identidad para fetos. Mientras tanto, la carrera se perfila como una disputa entre un populismo de derecha y un “centro” fragmentado que intenta encontrar su espacio sin éxito claro hasta el momento. La dispersión de la oferta política y la crisis de representación es de tal magnitud, que los ciudadanos tendrán que optar entre 36 binomios presidenciales.

