El Pentágono formalizó esta semana una nueva etapa de su estrategia de inteligencia artificial: acuerdos con SpaceX, OpenAI, Google, NVIDIA, Reflection, Microsoft y Amazon Web Services para desplegar capacidades avanzadas de IA en redes clasificadas de nivel IL6 e IL7 (entornos de red secretos y seguros). Según el comunicado oficial, el objetivo es acelerar la transformación de las Fuerzas Armadas en una fuerza de combate “AI-first”, con herramientas orientadas a sintetizar datos, mejorar la comprensión situacional y asistir la toma de decisiones operativas.
La medida es parte de una línea ya definida en enero por la estrategia oficial de IA del Departamento de Guerra: experimentar con modelos líderes del sector privado, eliminar barreras burocráticas e integrar la IA en funciones de combate, inteligencia y gestión interna. La plataforma GenAI.mil es presentada como el ejemplo de escala: más de 1,3 millones de usuarios del Departamento, decenas de millones de consultas y cientos de miles de agentes creados en cinco meses.
El giro confirma una militarización acelerada de la IA, pero también una dependencia creciente del Pentágono respecto de grandes empresas tecnológicas privadas. La propia documentación oficial habla de evitar el “vendor lock” (dependencia del proveedor) y de mantener flexibilidad entre proveedores; al mismo tiempo, el plan estratégico 2026-2030 identifica como objetivo específico reducir vulnerabilidades cibernéticas en sistemas que usan IA.

