Miles de personas se movilizaron en Argentina durante una nueva edición de Ni Una Menos, el movimiento feminista surgido en 2015 para denunciar la violencia de género y exigir medidas efectivas para prevenir los femicidios. A once años de su nacimiento, la consigna central se mantuvo vigente: “Vivas y libres nos queremos”.
La manifestación estuvo marcada por la conmoción generada por el reciente asesinato de Agostina Vega, una adolescente de 14 años cuyo caso reavivó el debate sobre la violencia contra mujeres y niñas. Durante la jornada también se recordó a otras víctimas recientes y a mujeres que continúan desaparecidas.
Las calles y plazas se llenaron de fotografías, nombres y mensajes en memoria de las víctimas. Muchas de las personas asistentes destacaron la importancia de mantener visible un problema que continúa afectando a miles de mujeres y familias en todo el país. Entre las consignas más repetidas se encontraban los reclamos de justicia, protección para las víctimas y una mayor responsabilidad de las instituciones estatales.
Según datos de organizaciones especializadas, en los últimos once años se registró en Argentina un femicidio aproximadamente cada 31 horas. El informe más reciente de la Corte Suprema de Justicia contabilizó 200 femicidios durante 2025. Aunque la cifra representa una disminución respecto del año anterior, especialistas advierten que no puede interpretarse aún como una tendencia sostenida.
Las estadísticas muestran patrones persistentes. El 83% de las víctimas conocía a su agresor; cerca de ocho de cada diez asesinatos ocurrieron en el hogar; el 59% de los responsables eran parejas o exparejas y otro 36% correspondía a personas conocidas por la víctima. Además, menos de una de cada cinco mujeres había realizado denuncias previas, aunque en casi la mitad de los casos existían antecedentes de violencia.
La movilización también puso el foco en la necesidad de fortalecer las políticas de prevención y asistencia. Diversas organizaciones advirtieron sobre la reducción de recursos destinados a programas de atención y protección frente a la violencia de género.
Más allá de las diferencias políticas presentes en algunos sectores de la marcha, el mensaje principal fue compartido por una amplia diversidad de participantes: la violencia contra las mujeres sigue siendo un problema estructural y la demanda de justicia, prevención y protección continúa siendo una prioridad. Al finalizar la jornada, las manifestaciones se replicaron en distintas ciudades del país, reafirmando la vigencia de uno de los movimientos sociales más importantes de América Latina en la lucha por los derechos de las mujeres.

