Cinco días después del devastador terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el pasado lunes 10 de agosto, las cifras oficiales revelan una tragedia de proporciones monumentales. El sismo ha dejado una estela de destrucción que ha puesto a prueba la capacidad de respuesta del nuevo gobierno y ha evidenciado las grietas en la infraestructura de varias regiones del país.
El balance más reciente, proporcionado por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), es desolador: 285 fallecidos, 379 desaparecidos y 3 mil 975 heridos. Las labores de rescate han logrado sacar con vida a 354 personas, pero la angustia persiste mientras los equipos de búsqueda continúan su trabajo en espacios confinados. La magnitud de la catástrofe se extiende a lo largo de 15 departamentos y 426 municipios, afectando a 45 mil 523 familias, lo que equivale a más de 102 mil personas damnificadas.
Los daños a la infraestructura son igualmente alarmantes. El Ministerio de Vivienda confirmó que hay más de 11 mil viviendas destruidas y más de 44 mil 900 averiadas, así como 162 edificios totalmente colapsados. Estas cifras se complementan con el reporte de la UNGRD, que eleva el número de viviendas destruidas a 12 mil 828 y contabiliza 121 edificios colapsados. La emergencia también ha impactado gravemente la infraestructura social: 240 centros de salud, 2 mil 205 centros educativos y 210 vías han sufrido daños, lo que complica aún más la logística de la ayuda.
En respuesta a la emergencia, el presidente Abelardo de la Espriella declaró un estado de emergencia económica, social y ecológica. La medida, anunciada desde el Palacio de San Carlos, busca crear el denominado “fondo milagro” para canalizar aportes nacionales e internacionales destinados a la reconstrucción de hospitales, centros educativos, viviendas, vías y aeropuertos afectados. De la Espriella justificó la decisión en un momento de crisis fiscal, reconociendo que el país enfrenta “el más alto nivel de endeudamiento, una estrechez total de recursos en tesorería y un presupuesto público desfinanciado”. El paquete de medidas contempla, además de la creación del fondo, alivios temporales como la suspensión del pago de servicios públicos para las familias damnificadas, subsidios de arrendamiento, alivios tributarios y apoyos a pequeños empresarios.
El gobierno ha estructurado un plan de reconstrucción en tres etapas. La primera, que ya está en marcha, se centra en atender las necesidades inmediatas de las familias afectadas. El ministro de Vivienda, Jaime Beltrán, destacó que el 80% de la ayuda que ha llegado a los territorios proviene de la “buena voluntad de los colombianos” y de la campaña liderada por la primera dama, Ana Lucía Pineda.
Uno de los episodios que ha generado controversia en el desarrollo de la emergencia es el rechazo del gobierno colombiano a la brigada de rescate de México. La presidenta de ese país, Claudia Sheinbaum, confirmó que el equipo de rescate, con experiencia en 98 países, no fue autorizado a ingresar debido a que Colombia exigió una certificación adicional. Sheinbaum aclaró que la decisión no afecta el envío de ayuda humanitaria, que ya está en curso a través de aviones de la Fuerza Aérea Mexicana. No obstante, dejó en claro que el ofrecimiento de la brigada sigue en pie y que su envío “depende de ellos”.
El Servicio Geológico Colombiano ha registrado este viernes un total de 184 réplicas del sismo principal, de las cuales 15 han tenido una magnitud superior a 3,0. Esta actividad sísmica mantiene en vilo a las comunidades y dificulta las labores de evaluación de daños.
A cinco días de la tragedia, Colombia enfrenta una emergencia de gran magnitud que ha movilizado al país entero. El gobierno de Abelardo de la Espriella, en sus primeros días de mandato, se encuentra ante el desafío de coordinar una respuesta efectiva ante uno de los desastres naturales más grandes de la historia del país. La solidaridad ciudadana y la cooperación internacional, a pesar de las falencias diplomáticas, han comenzado a fluir, pero el camino hacia la reconstrucción, especialmente en regiones como el Chocó, se vislumbra largo y complejo.

