El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden para retirar productos canadienses de la lista de importaciones sujetas a aranceles del 50%. La decisión, anunciada el viernes 23 de octubre, mantiene los gravámenes sobre otros bienes e incorpora nuevas categorías a la lista. Entre los productos que dejarán de pagar el arancel figuran ciertas láminas de madera contrachapada, productos de papel, maquinaria agrícola, equipos de refrigeración y cajas y embalajes utilizados en el transporte y procesamiento de mercancías. En contrapartida, la administración Trump incorporó otros bienes canadienses, entre ellos alfombras, pinturas, champú, ataúdes de madera, productos de desecho y algunos equipos de aire acondicionado. La modificación no supone, por tanto, una eliminación general de los gravámenes, sino un reajuste de las categorías afectadas. Los cambios entrarán en vigor el viernes 30 de octubre, a pocos días de las elecciones legislativas de medio término del 3 de noviembre, en las que el Partido Republicano busca conservar el control del Congreso.
En agosto, Trump impuso aranceles del 50% a unos 20 mil millones de dólares en productos canadienses. Canadá respondió en septiembre con gravámenes de entre el 15% y el 50% sobre un volumen similar de mercancías estadounidenses. La Casa Blanca sostiene que las medidas buscan contrarrestar lo que considera un trato discriminatorio de Canadá hacia el comercio de su país, mientras que las represalias han profundizado las tensiones entre dos economías profundamente integradas.
La reciente modificación podría aliviar los costos para empresas y productores agrícolas de estados fronterizos como Maine, cuya economía mantiene estrechos vínculos comerciales con el país vecino. En ese estado, la senadora republicana Susan Collins busca la reelección frente al demócrata Troy Jackson. En 2025, Maine exportó al país vecino bienes por valor de mil 300 millones de dólares, equivalentes al 41% de sus exportaciones totales de mercancías. Esta dependencia comercial expone a empresas y productores locales a las consecuencias de la disputa arancelaria entre Washington y Ottawa. En agosto, Collins escribió al secretario de Comercio, Howard Lutnick, y al representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, para pedirles que consideraran el impacto negativo previsto de los aranceles sobre la economía de Maine antes de aplicarlos y concedieran exenciones para determinados productos utilizados por empresas y productores agrícolas. Tras el anuncio del viernes 23 de octubre, la senadora republicana celebró las exenciones y afirmó que eran resultado de sus negociaciones con funcionarios de la administración Trump. Por su parte, Jackson cuestionó que la senadora se atribuyera el mérito de conseguir alivio arancelario después de respaldar las políticas comerciales del republicano. El rival demócrata de Collins sostuvo que la guerra comercial ha encarecido la vida de los habitantes del estado y la acusó de contribuir a generar el problema que ahora intenta mitigar. El Partido Demócrata de Maine también criticó las exenciones y sugirió que el anuncio respondía a intereses electorales, al considerar que las medidas parciales no compensan el impacto más amplio de los aranceles.
La controversia refleja el desafío de los candidatos republicanos en estados fronterizos: defender sus posiciones frente a la política comercial de Trump y, al mismo tiempo, responder a las preocupaciones de empresas, trabajadores y consumidores por el aumento de los costos. La medida deja pendiente determinar si las exenciones serán suficientes para aliviar los costos de los productores y las empresas de Maine o si Estados Unidos ampliará el alivio a otros sectores. Mientras tanto, aunque el presidente estadounidense afirmó que Canadá estaba trabajando para alcanzar un acuerdo comercial, no se ha anunciado un calendario para reanudar las negociaciones suspendidas en agosto.

