El presidente argentino, Javier Milei, realizó su octavo viaje oficial a Estados Unidos con el objetivo de fortalecer relaciones diplomáticas y económicas. La agenda incluía una gala en Mar-a-Lago, organizada por la ONG ultraderechista Make America Clean Again (MACA), donde recibiría el premio «Lion of Liberty Award». Sin embargo, el evento estuvo marcado por un desencuentro con el expresidente Donald Trump.
El episodio generó confusión y versiones contradictorias sobre quién llegó tarde. Mientras algunos informes apuntan a la demora de Trump, otros sugieren que fue Milei quien se retrasó. Lo cierto es que no hubo foto ni diálogo entre ambos líderes, lo que representó un fracaso para la diplomacia argentina. Además, durante su discurso en la gala, Milei enfrentó una recepción fría, marcada por murmullos y falta de atención por parte de los asistentes.
La visita también tenía objetivos económicos importantes. El gobierno argentino buscaba destrabar un acuerdo de financiamiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por 20 mil millones de dólares y negociar una rebaja en los aranceles que afectan las exportaciones argentinas. Sin embargo, ninguno de estos objetivos se concretó. Luis Caputo, ministro de Economía, tampoco logró establecer contactos relevantes con funcionarios de la Casa Blanca ni corredores del FMI, dejando a la delegación sin avances significativos.
Mientras tanto, el contexto económico global agravó la situación. La guerra comercial desatada por Trump con la suba de aranceles impactó negativamente en los mercados internacionales y golpeó especialmente a Argentina. Las acciones argentinas que cotizan en Nueva York sufrieron caídas superiores al 15%, el índice Merval retrocedió casi un 10%, y el riesgo país superó los 900 puntos. Este panorama financiero adverso incrementó las tensiones económicas en el país.
El regreso de Milei a Argentina estuvo acompañado por críticas y frustraciones. Con las manos vacías tras su viaje a Miami, el presidente enfrenta una creciente turbulencia política y económica. A esto se suma el rechazo del Senado al pliego de Manuel García-Mansilla (propuesto por Milei) como miembro de la Corte Suprema, lo que profundizó las dificultades para su gestión.

