El balotaje del 13 de abril en Ecuador culminó con la victoria de Daniel Noboa (56%) sobre Luisa González (44%), en un contexto de alta polarización, crisis de seguridad y creciente uso de herramientas estatales por parte del Ejecutivo. Noboa logró aglutinar apoyos de sectores conservadores y centristas, mientras que el correísmo intentó una estrategia de alianzas desde la izquierda e incluso con sectores de derecha como el de Jan Topić. A pesar de ello, González no logró mejorar su votación respecto a la primera vuelta.
Correa y González anunciaron que no reconocerían los resultados porque se habría cometido el fraude electoral “más grande del país”. Sin embargo, esta denuncia no fue respaldada ni por sus aliados ni por autoridades locales de la misma Revolución Ciudadana (RC).
Según los analistas, la victoria de Noboa fue posible gracias a una combinación de elementos: la persistencia del anticorreísmo como clivaje electoral, una institucionalidad electoral inclinada a su favor, el uso de recursos públicos para beneficios focalizados, el despliegue de una política exterior con fuerte contenido simbólico y un enfoque securitista que incluyó la alianza con una empresa militar privada extranjera para combatir a las bandas criminales.
En el plano regional se evidenciaron distintas reacciones. La victoria de Noboa fue reconocida por los presidentes de Brasil, Lula Da Silva, y Chile, Gabriel Boric. Por su parte, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum sostuvo que esperaría hasta emitir una declaración oficial al respecto, pero que por el momento México no retomaría relaciones diplomáticas con Ecuador. Finalmente, Gustavo Petro, primer mandatario colombiano, sostuvo que no puede reconocer las elecciones ecuatorianas por haber evidenciado diversas irregularidades y demandó que se entreguen las actas.
La reelección de Noboa inaugura un nuevo ciclo político marcado por la tensión entre gobernabilidad y reforma institucional. Aunque ha demostrado pragmatismo, el presidente enfrentará una Asamblea fragmentada en la que el correísmo sigue siendo primera minoría, siempre y cuando no pierda legisladores. En paralelo, se prevé que impulse una agenda de reformas, incluyendo una posible Asamblea Constituyente, y la renovación de autoridades de control clave como la Fiscalía General del Estado.

